¿Qué es el cine? / Conferencia abierta de Mariano Llinás / 2025
Mariano Llinás, uno de los directores más innovadores del cine contemporáneo, brindó un seminario exclusivo para los participantes del Programa de Cine de la Universidad Torcuato Di Tella y una conferencia abierta al público el martes 2 de septiembre a las 18h.
Martes 2 de septiembre, 18h:
¿Qué es el cine? – Conferencia abierta de Mariano Llinás en la Universidad Torcuato Di Tella (Av. Figueroa Alcorta 7350). Entrada libre y gratuita.
Miércoles 3, jueves 4, martes 9, miércoles 10 y jueves 11 de septiembre, 17h
Seminario de Mariano Llinás exclusivo para los participantes del Programa de Cine UTDT.

¿Qué es el cine?
Mariano Llinás vuelve a hacer la pregunta de André Bazin, el legendario mentor de los cineastas de la nueva ola francesa: ¿qué es el cine? La respuesta de Llinás implica un desafío: la obligación para todo cineasta que se precie de reinventar el cine con cada película. Reinventar el cine puede sonar a “inventar la rueda”. Se podría argumentar que el cine ya está inventado, desde los Lumière, o desde Méliès o Griffith o Chaplin o Ford o Godard o Akerman… Pero sólo empezar esa enumeración nos hace comprobar rápidamente que lo que hacen los grandes cineastas es precisamente eso: reinventar el cine, quitarle al lenguaje del cine el corset de lo ya inventado, de lo ya hecho, y expresar de una forma nueva la experiencia del mundo. En ese sentido, no se diferencia demasiado de la definición de Bazin. Para el crítico francés, lo que distingue al cine de otras artes, lo intrínsecamente cinematográfico, es la capacidad de representar la realidad como ningún otro medio.
Pero para reinventar el cine, Llinás también tiene que reinventarse a sí mismo. Dicho en otros términos: experimenta con el lenguaje del cine, y al mismo tiempo, se pone a sí mismo en la mesa de operaciones. El último experimento del laboratorio del Dr. Llinás es el llamado “tríptico de Mondongo”: ¿una película en tres partes o tres películas? Esa misma dificultad para definir el objeto de estudio hace parte del objetivo del experimentador.
Podríamos decir que se trata, simplemente, de un documental sobre el colectivo artístico Mondongo, integrado por Juliana Laffite y Manuel Mandanha. También podría describirse, en tres partes, como: 1) el registro documental del particular proceso artístico de los artistas en la creación de la obra El baptisterio de los colores, hecha con plastilina; 2) el retrato de una larga amistad, entre Llinás y los Mondongo; 3) un ensayo cinematográfico sobre el libro El arte del color de Johannes Itten, inspiración de la obra de los Mondongo.
El conjunto también podría describirse como un ensayo sobre el retrato, entre la pintura y el cine. En algún tramo del trabajo, se lee un texto: “Todo retrato es un autorretrato y en todo autorretrato no puede no haber autodestrucción”. En el retrato de la amistad, con toda consecuencia, Llinás procede a dinamitar la relación de 20 años que lo unía a Laffite y Mendanha. Y, de ese modo, destruirse él mismo. No hay cine posible sin desafío. En el centro neurálgico de la trilogía, Llinás propone recrear una de esas noches del pasado dorado en que los amigos se la pasaban bebiendo, cantando, bailando, y hablando: del arte y del dinero. La denomina, ambiguamente, “la noche falsa”. La recreación lleva a una pelea, en la que la incómoda realidad se impone sobre la ficción. Juliana Laffite se queja de que Llinás no la escucha y se niega a seguir filmando. “Esta película no se hace”, se la escucha decir, fuera de cuadro. “Me dan ganas de pegarte una piña”, agrega. La discusión tiene lugar casi en su totalidad sobre un prolongadísimo primer plano del director: el autorretrato que se autodestruye. En un momento de enorme vulnerabilidad, Llinás se pone a llorar delante de la cámara. Esta película no se hace pero se está haciendo.
En una reflexión final, vemos a Llinás escribiendo en la pantalla de su computadora: “No imaginé que esta película era una trampa”. Borra la palabra “trampa” y la reemplaza por “pesadilla”. Borra todo y pone: “No imaginé este final”. Pero lo anterior, lo borrado, queda dicho. En otro momento, anterior, se había referido del mismo modo a la propuesta de hacer un retrato de Mondongo: “El negocio es así”. Al leer en voz alta el guión, Mendanha objeta el uso de la palabra “negocio”. Llinás contesta: “De acuerdo, hay que borrar lo del negocio”. Pero al mismo tiempo que lo dice estamos viendo en la pantalla de su computadora un plano detalle de la palabra objetada: “negocio”.
Llinás borra con el codo lo que escribe con la mano. O al revés; escribe lo que borra. Decir y no decir al mismo tiempo. Aceptar y negar. Hacer un retrato y no hacerlo. En esa operación imposible, Llinás filma la ambivalencia, o la ambigüedad, que es, quizás, lo propio de la imagen: significar algo y no significar nada. En esa ambivalencia o indefinición está el poder del cine: el lugar donde nos alojamos como espectadores.
El mismo movimiento de hacer tres películas en una tiene que ver con ese espíritu de ensayo y error, de hacer y deshacer. La flor, probablemente la obra maestra de Llinás, tiene idas y vueltas semejantes, durante sus famosas 14 horas de duración. Hay partes que le salen “mal”, y partes que le salen “bien”. Pero el “todo” de esas partes resulta algo nunca visto precisamente porque no deja afuera las partes fallidas sino que las incorpora, como elementos indispensables de la economía artística de la película. En su fuga hacia adelante, dentro de una misma película, o de película en película, Llinás inventa la rueda una y otra vez. Perdón: borro “la rueda”. Escribo: “el cine”.
En un diálogo con Alan Pauls, César Aira cuenta una especie de fábula de Henry James. “Cuando no sé cómo seguir, la experiencia me ha enseñado que la única solución es seguir. Una de las felicidades de la literatura es que después de un libro siempre hay otro. Vale para el lector como para el escritor. Pero hay felicidades de doble fondo. Hay un cuento de Henry James que se llama precisamente así, The Next Time, la próxima vez, donde está, en clave humorística, esa lógica sobre la que vivimos: la próxima vez me va a salir bien. Pero la idea de la próxima vez solo sirve para seguir. En el cuento, un personaje se juega entero a que la próxima vez le salga mal (para que el libro se venda y su familia no quede en la miseria), y le sale mejor que nunca; y su antagonista se juega entera a que le salga bien (no le importa que no se venda porque ya se ha hecho rica con sus libros malísimos), y le sale peor que nunca. Conclusión: no hay próxima vez, la próxima vez ya pasó”.
-Andrés Di Tella
Buenos Aires, Septiembre 2025

Mariano Llinás es director, productor, guionista y actor de cine. En 2002 estrena su primera película, Balnearios, y en 2003 funda junto a Alejo Moguillansky, Laura Citarella y Agustín Mendilaharzu la compañía cinematográfica El Pampero. En 2008 estrena Historias extraordinarias, que obtiene el Premio Especial del Jurado y el Premio del Público en el BAFICI. En 2011 obtiene el Premio Konex como uno de los cinco mejores directores de cine de la década en Argentina. En 2018 estrena La flor, film de 14 horas de duración que se convierte en un hito de la cinematografía nacional. Entre sus films más recientes se destacan Popular tradición de esta tierra (2024) y el “tríptico de Mondongo” (2024), conformado por las películas El equilibrista, Retrato de Mondongo y Kunst der Farbe.
Las actividades del Programa de Cine cuentan con el apoyo de la Fundación Torcuato Di Tella y de la Fundación Simón Rodríguez.





