Umbral - Muestra del Pograma de Cine 2025/26
El Centro de Arte de la Universidad Torcuato Di Tella presentó Umbral, exposición de obras en proceso de lxs participantes del Programa de Cine, edición 205/26, los días viernes 8, sábado 9 y domingo 10 de mayo, en el Centro Cultural Recoleta.Se exhibieron películas en proceso de lxs participantes del Programa de Cine 2025/26: Mateo Allerand, Lautaro Bakir, Julia Bonetto, Andrés Brandariz, Manuel Del Médico, Laura García Lombardi, Pablo Gómez Samela, Juana González Posse, Sofía Guerrini, Ana Iramain, Nicole Kaplan, Dana Oblitas, Franco Passarelli, Tadeo Pestaña Caro, Ana Piñero, Iara Portillo, Daniela Prado Sarasúa, Chiara Romero Ribaudo, Lucía Rovasio Aguirre, Ana Scheimberg, Varvara Smirnova, Florencia Vallejos, Joaquín Wall.
+ Película invitada: Atlas de espectros naturales (proyecto en proceso de Ile Dell'Unti y Franco Palazzo)
Viernes 8, sábado 9 y domingo 10 de mayo de 17 a 20:30h
Centro Cultural Recoleta
(Junín 1930, C.A.B.A.)
-Viernes 8-
17:15h
Practicar conversaciones - Lucía Belén Rovasio Aguirre
Todo el mundo duerme - Andrés Brandariz
Elena Tolkacheva - Daniela Prado Sarasúa
La vida de las belugas - Ana Iramain
19:15h
El videoclub de Ichi - Manuel Del Médico
En busca del éxito - Iara Portillo
A dónde van las sirenas - Nicole Kaplan
Nueve tiros - Tadeo Pestaña Caro

-Sábado 9-
17:15h
ENCENDERÉ UN FUEGO BAJO EL NIVEL DEL MAR - Joaquín Wall
Lo que el Ruido Sumerge - Chiara Romero Ribaudo
Camalotes - Franco Passarelli
18:15h
Atlas de espectros naturales - película invitada, proyecto en proceso de Ile Dell’Unti y Franco Palazzo
19:15h
no me queda nada más - Varvara Smirnova
Cómo convertirte en bailarina - Laura García Lombardi
Tengo que pintar el techo, todo lo mío se descascara - Dana Oblitas
Las Flores - Juana González Posse

-Domingo 10-
17:15h
Este verano quiero tener romances - Pablo Gómez Samela
Las Chicas - Ana Piñero
Ensayo - Lautaro Bakir
Los cuerpos extraños - Sofía Guerrini
19:15h
Elegir la tradición - Ana Scheimberg
PELO PROMESA - Julia Bonetto
La promesa de la nieve - Florencia Vallejos
Una vuelta más - Mateo Allerand
Umbral
Hay lugares en los que no se puede entrar como si nada. Al cruzar el umbral de una iglesia o de un templo, cambia la mirada y la actitud, por lo menos en consideración de los miles de personas que allí han desnudado su alma y han elevado sus plegarias al cielo. Aunque no seamos creyentes, no vamos a alzar la voz, quizás vamos a dar nuestros pasos con mayor lentitud, hacer nuestros movimientos más deliberados. No vamos a andar como en la calle. En la India, por ejemplo, para entrar a un templo hay que descalzarse. Da ternura el acceso al templo lleno de zapatos. En la iglesia, los creyentes se persignan o se sacan el sombrero. Un gesto, quitarse los zapatos o santiguarse, que acompaña el momento de cruzar el umbral es, de hecho, un reconocimiento del lugar. El reconocimiento de que se trata de un lugar especial donde, quizás, nos vaya a pasar algo. El umbral anuncia un lugar: el lugar de una ceremonia, donde se celebra la comunión, porque no hay lugar sin encuentro. Hay un silencio que no hay afuera, hay a veces otra luz incluso. Hay, en todo caso, otra vibración. El gesto también puede realizarse con el alma: un movimiento del alma que indica el cambio de actitud, una mirada distinta, una escucha nueva.
La puerta del aula de cine María Luis Bemberg, donde se desarrollan las sesiones del programa de cine, es como un umbral. Adentro, pasa algo distinto. Nos pasa. El umbral separa y, a la vez, junta dos espacios. Lo que pasa adentro también consiste en traer y procesar lo que pasa afuera. La sala oscura se ilumina con imágenes del mundo. Y los que entraron vuelven a cruzar el umbral para salir, acaso iluminados por lo que pasó adentro, acaso provistos de una luz que pueda alumbrar el exterior. Si hubiera una filosofía del umbral, se enfocaría tanto en la diferencia como en la unidad de los espacios que distingue un umbral. El umbral ofrece al mismo tiempo la bienvenida y, después, el adiós. Al terminar el programa de cine, los participantes alumbran películas. Estas películas y muchas más que harán con el tiempo.
Salvando las distancias, al cruzar el umbral del aula de cine se produce, como mínimo, un cambio de predisposición. Estamos dispuestos a hacer silencio, a enfocar la concentración, a escuchar con interés, a observar con atención, a hablar con delicadeza. Dar sin especular, bajar las defensas para recibir, ejercer la generosidad de mirarnos y de mostrarnos, exponernos como quizás no haríamos afuera. Y lo más importante: dejarnos transformar por el trabajo de hacer películas y de ver películas.
En la oscuridad de la sala, junto a los demás participantes, la película que rodamos esa semana -y se hacen cuatro películas por semana durante todo el año- ya no es la misma película que hicimos afuera. Con la mirada de los demás, cobra otra dimensión. Tan importante como hacer una película es mirar la película que hicieron otros. Aprender a expresar lo que vemos, con sinceridad, precisión y respeto, resulta a veces más difícil que hacer una película. Lo mismo pasa con los textos que leemos en clase. La escucha del aula los cambia, hace que tomen otro sentido.
Aunque no es un espacio sagrado ni somos religiosos, en el aula se produce un fenómeno de fe. Hay que creer que es posible hacer una película en una semana, algo que cualquier evaluación razonable descartaría de entrada. Hay que creer que un ejercicio hecho a las corridas puede ser una película. Hay que creer que ver una película, hablar de una película, en ese lugar, es estar haciendo cine. Hay que creer que la mirada y la palabra de otro puede ser una llave, o incluso una puerta. Ahí también hay un umbral. Si bien cada película tiene una directora o un autor, ese individuo ya no está solo. La película la hacen todos los que están presentes en el aula. Se ha transformado, en el aula, en un fenómeno colectivo. Se produce, en ese mismo movimiento, lo que Raúl Ruiz llama la “transmisión del mando”. El director ya no tiene que tomar ninguna decisión, es la misma película la que manda, la que establece sus propias leyes. Hemos cruzado otro umbral.
No hay lugar sin encuentro. “No sé si alguna vez llegaremos a entender y a valorar suficientemente el sentido de esta experiencia del encuentro, en el sentido fuerte, cuando un alma comienza a ser tocada por otra alma", escribe Josep María Esquirol, el filósofo de la proximidad. “Los buenos encuentros comienzan y ya no terminan”.
Andrés Di Tella
Director, Programa de Cine







