VIGILIA - Muestra del Programa de Cine 2022

El Departamento de Arte de la Universidad Torcuato Di Tella tuvo el agrado de invitar a Vigilia, exposición de obras en proceso de lxs participantes del Programa de Cine 2022, con la participación de cineastas invitadxs.

El evento ocurrió el sábado 17 de diciembre desde las 15:30h
Departamento de Arte + Aula de Cine


Exhibición de trabajos en proceso de lxs participantes del Programa de Cine 2022:  Martín Aliaga, Paula Martel, Lola Dacal, Paz Elduayen, Bel Gatti, Miguel Ángel Gutiérrez, Estrella Herrera, Sofía Jamardo, Renata Juncadella, Daniel Amir Kalim, Michael Labarca, Julieta Lande, Julia Lucesole, Delfina Magnoni, Vareila Mairanga, Manuel Muñoz, Paloma Navarro Nicoletti, Anahí Ojeda, Marco Rossi, Maxine Swann, Lena Szankay, Guido Turtula, Celina Wolffelt.


++ Películas invitadas:

Sol de Campinas (Jessica Sarah Rinland, 2021, invitada)

Durante los últimos diez años, un grupo de arqueólogos han estado excavando un anillo de montículos que rodean una plaza central dentro de un territorio actualmente conocido como el Estado de Acre, Brasil. Pasan del campo al laboratorio, interpretando cómo se construyó la tierra, qué patrones se emplearon en el uso de la misma en los asentamientos y la composición antropogénica que queda.

De verdad quiero verte pero llevará mucho tiempo (Julieta Amalric, 2022, invitada)

En el borde entre la realidad y el residuo virtual, extraños de distintas procedencias discurren en pensamientos y conversaciones sobre el amor, el dinero, los asuntos de una fábrica y un llamativo conjunto de reglas del universo que habitan.

Otacustas (Mercedes Gaviria Jaramillo, 2020, invitada)

Las flores han decidido escuchar el ruido de una desconocida.



Tomar la escucha

Roland Barthes describe su seminario, o su ideal de seminario, como un espacio donde los participantes no se turnan para tomar la palabra sino para tomar la escucha. “Es la escucha la que marea, embriaga, transporta, subvierte; en la escucha aparece la falla de la Ley”. Si algo se enseña en el programa de cine, se me ocurre, es a escuchar. 

La mecánica de trabajo del programa -no se estudia, se trabaja- radica en la realización de cuatro cortometrajes por semana, durante los nueve meses que dura el curso. La realización es grupal pero los miembros del grupo se turnan para dirigir. Las clases consisten, básicamente, en la exhibición y discusión de los trabajos. El detalle es que el equipo que presenta su ejercicio no puede hablar. No puede explicar, ni justificar, ni defender, lo que quiso hacer. La obra habla sola. La clase escucha. Y responde. Las realizadoras o realizadores no tienen más remedio que escuchar: escuchar lo que dice la película, escuchar lo que dicen sus compañeros. El otro detalle es que el “maestro” -es decir, yo mismo- tampoco puede hablar. Los demás participantes deben asumir ese lugar del maestro, con toda la responsabilidad que demanda. La enseñanza se produce al aprender a llenar, con el mayor compromiso posible, el vacío generado por el docente. Más que enseñar, éste opera como el anfitrión de una séance, canalizando energías y voces. En ese sentido, el maestro da el ejemplo: se dedica a escuchar. Podría hablar -le sobran las palabras- pero decide escuchar. Las devoluciones son tan importantes como las mismas películas. A medida que avanza el curso, los comentarios cobran un nivel sorprendente de profundidad en el análisis y, a la vez, exhiben una delicadeza enorme en relación con los sentimientos de los compañeros. El ejercicio funciona para quien habla y para quien escucha. Recién al final pueden hablar las realizadoras, una vez escuchados todos los comentarios. A menudo resulta que no tienen demasiado para agregar, cuando al principio de la discusión hubieran querido decir un montón de cosas. Es como si el ejercicio de la escucha las hubiera dejado vacías y, al mismo tiempo, extrañamente satisfechas. Una tarea de una exigencia insospechada: escuchar.

El ritmo de trabajo del año tuvo tres estaciones en el camino, donde cambiaba la dinámica. Son los seminarios intensivos, a cargo de primeras figuras del panorama cinematográfico mundial. Radu Jude, el gran cineasta rumano, partió de un examen sorprendente de sus propios errores, en un seminario que nombró “Ensayo y error”, para después explicar cómo Andy Warhol le enseñó a filmar “mal”, es decir, romper las reglas de lo que supuestamente hay que hacer. La falla de la Ley, en términos de Barthes. La participación de Radu Jude fue en el marco de las segundas Jornadas de cine ensayo, que contaron también con la intervención de los cineastas Jonathan Perel y Lucila Podestá y de los  críticos Milagros Porta y Álvaro Bretal. Los ex participantes del programa Julieta Amalric, Marilina Giménez, Humberto González Bustillo y Malen Otaño presentaron sendos ensayos cinematográficos realizados para la ocasión a partir de materiales provenientes del acervo del Museo del Cine Pablo Pablo Ducrós Hicken. Los mismos fueron exhibidos, posteriormente, en una sesión especial del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. El mayor experimento de las jornadas -que fueron apenas un experimento más dentro del experimento mayor, que es el mismo Programa de Cine- probablemente haya sido Po otoreto, la instalación-performance-proyección de Ayelén Coccoz, ex participante del Programa de Artistas de la universidad. Los “retratos vivientes” de Coccoz tensaron, al punto de romperse, no sólo la definición de “ensayo” sino, más aún, la de “cine”. 

Hubo durante este curso dos seminarios más, a cargo del argentino Mariano Llinás y de la catalana Marta Andreu. Marta Andreu, referente mundial del documental, exploró con su habitual originalidad, que nunca deja de asombrar, la dicotomía libertad-repetición en el lenguaje cinematográfico. Mariano Llinás, director de Historias extraordinarias y La flor, dedicó su seminario a “Autos, plantas y animales”, descubriendo con esas claves el tratamiento del color, del movimiento y del azar en los trabajos de los participantes. Por su parte, Mercedes Gaviria, cineasta y sonidista colombiana, consagró su clase especial a un ejercicio, precisamente, de deep listening o escucha profunda. También contamos con una presentación performática a cargo de Matias Piñeiro, cineasta argentino residente en Estados Unidos, y la proyección de El perro que no calla, con la presencia de su directora Ana Katz. Fueron momentos privilegiados de escucha, que retroalimentaban las discusiones semanales de las clases regulares. El mantra de “ensayo y error”, de gran afinidad con la forma de trabajo del programa, se oyó una y otra vez.

El ensayo de Barthes que mencioné al principio se titula, en francés, Au séminaire, que en castellano sería En el seminario. También podría traducirse Al seminario, como un elogio, o como una dedicatoria, “del mismo modo -agrega Barthes- que el poeta von Schober y el compositor Schubert dirigieron su dedicatoria o elogio A la música”. No me parece un mal término para resumir el trabajo de todos los que participan del programa de cine: dedicación.


-Andrés Di Tella

Director, Programa de Cine UTDT



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