-Todo ganador tiene que integrar al perdedor. Por eso cuando en un proceso de destrucción creativa no le das humanamente al componente que se destruye una oportunidad estamos en un problema. Hace poco leí un artículo interesantísimo que sacó la Universidad de San Andrés, que trata de medir la migración que puede haber a las provincias patagónicas, pero también a San Juan, Salta, Catamarca, Jujuy. Del artículo participa Federico Sturzenegger. ¿Y qué dice el artículo? Dice que en una transición se van a trasladar cuatro millones de personas desde Gran Buenos Aires a esas provincias. Dudo bastante de eso, pero, en todo caso, con mucha sinceridad, el artículo dice “hasta 2050”. Entonces, cuando alguien dice que una transición dura hasta 2050, creo que no está conectando el cambio estructural con la naturaleza de la democracia electoral. Quiero decir, aquí hay perdedores. Yo no creo en que los 14 millones de habitantes de los conurbanos que fueron industriales en algún momento, esperen hasta el 2047. No lo veo. Entonces, todo el tiempo va a estar latente la posibilidad de una impugnación al proceso de cambio por no integrar a los perdedores.
-No aparecen algunas palabras, pero creo que tiene idea de progreso material. En términos de la relación de Milei con la democracia creo que él pertenece a un club en donde la democracia es una cuestión secundaria, si no es un problema. Las dos cosas tienen el interés de que se insertan en un mundo en cambio y se insertan de una manera comprensible. Cuando yo iba a seminarios de historia económica, vamos a decir Berlín, por poner un ejemplo, ¿cuál era la pregunta habitual? Antes de que yo empezara a hablar alguien enseguida levantaba la mano y preguntaba, “¿qué es el peronismo?”. Esa pregunta desapareció. La pregunta de hoy es, ¿quién es Milei? Cuando yo hablo de Milei como intuición política bastante llamativa, estoy hablando de un conjunto de factores que lo colocan a él en la escena internacional, aunque mucho menos de lo que él cree, por supuesto. Milei está. Es una Argentina normalizada. Curiosamente, mirar a Milei y decir que es una Argentina normalizada, parece muy llamativo.
-Normalizada en el sentido de que cualquiera que hable de la experiencia de Milei en el mundo entiende lo que está pasando. Y entiende lo que está pasando porque está pasando en muchos lugares. Cuando yo decía: “No entiendo, estoy viendo detrás de un vidrio esmerilado”, decía lo que auténticamente pensaba. Ahora te transmito de forma balbuceante lo que creo entender de la experiencia Milei. Y creo entender, además, que la puede derrochar políticamente, puede que no sea él quien termine capitalizándola. Tiene una oportunidad y la puede desaprovechar. Si no lo aprovecha Milei lo aprovechará el que siga.
-Cuando yo digo que él puede perder la oportunidad, estoy diciendo que hay en él un espíritu tan dogmático en materia económica, tan monofiscalista en la manera en la que ve el funcionamiento de una sociedad y de una economía, que lo puede desperdiciar porque, por ejemplo, los productores agropecuarios se harten de tener que transitar la ruta 7 o la ruta 3 en el estado en el que están. Roca necesitó infraestructura. ¿Para qué? Para darle una oportunidad productiva a los nuevos sectores y para integrar al país. Esa traza ferroviaria tiene dos componentes: uno, bajarle los costos al productor agropecuario de la provincia de Buenos Aires o del sur de Santa Fe, y el otro es que el ferrocarril también tuvo un componente de transacción política. Yo le doy a Tucumán o a Mendoza la llegada del ferrocarril, porque quiero un pacto nacional. Todavía no veo en Milei ese pacto nacional. Mientras la provincia de Buenos Aires sea el último orejón del tarro de todo esto, está latente una fragmentación, una debilidad y una crisis política potencial no menor.

"Si Milei no pone el foco en los perdedores, va a ser un ajuste ciego y un proceso enormemente frágil y muy riesgoso para él" -Fabián Marelli
-Además de no integrar a los perdedores, ¿qué otro problema identificás que te lleva a decir “la macro no está bien”?
-Es una macroeconomía monótonamente fiscalista. Desde el punto de vista de un macroeconomista o de un ministro de economía, hay algo que debería inquietar muchísimo, que es que, tercamente, los sectores medios y altos, los que pueden ahorrar en la Argentina siguen comprando dólares. Entonces, una pregunta posible es: “¿Todo lo que generan las nuevas producciones de materias primas se lo llevan los sectores medios y altos que compran dólares o no?” Todavía no lo sabemos, pero si eso ocurre, es una debilidad muy importante del esquema económico de Milei.
-En un diálogo con Sebastián Mazzuca publicado en Seúl el año pasado te preguntaste: “¿Milei lidera un ajuste ciego o un proceso reformista?”. Me pregunto si son términos realmente opuestos. ¿Acaso no podría estar liderando un ajuste ciego y un proceso de reforma?
-Sí, perfectamente. Lo que creo es que, si él no pone el foco en los perdedores, va a ser un ajuste ciego y un proceso enormemente frágil y muy riesgoso para él. Que la Argentina no sea, en términos competitivos, solo la Pampa húmeda, es una cosa muy novedosa. Él tiene un punto de llegada, pero lo que no tiene es una idea de transición, y no tiene una idea de transición en términos sociales y en términos electorales. Perdió la oportunidad, por lo menos en el primer tramo de su mandato, de tener una moneda menos fuerte, una moneda un poco más devaluada. Una moneda más devaluada sería oxígeno para el Gran Buenos Aires. Y, por lo tanto, la posibilidad de incorporar a su coalición, en las márgenes de esa coalición, a los perdedores, o, por lo menos, tentarlos. Te cuento brevemente una anécdota que me Felipe González el año pasado, que creo que ha contado alguna otra vez también. Claramente él era un reformista estructural. Él estaba cambiando España, estaba cerrando astilleros, estaba haciendo cosas muy duras mientras gobernaba. Mucho tiempo después fue a Asturias y se encontró con un viejo socialista asturiano, que le dice mansamente: “desde que usted hizo las reformas y cerró los astilleros, yo no volví a conseguir trabajo”. La diferencia entre Milei y Felipe González es que Felipe González casi se pone a llorar, y Milei es incapaz de llorar por eso. A eso lo llaman maldad, impiedad o lo que fuere. A mí me parece que es más interesante que eso. A mí me parece una miopía política.
-Alguna vez describiste a Milei como un hombre solo. Al mismo tiempo, es un hombre apurado. Hizo sin demora lo que dijo que iba a hacer. ¿Qué me podrías decir del vector “velocidad” en Milei?
-En el libro “La demora y la prisa” digo que todo el ritmo de la política argentina, desde 1800 hasta ahora es demora y prisa. Demora en el progreso material por la pérdida del Potosí, demora por las guerras civiles, demora por la división entre la provincia de Buenos Aires y la Confederación Argentina. De modo tal que, en el momento en que aparece una oportunidad, en que el cielo se despeja y los astros parecen alinearse, la prisa es enorme. ¡El susto que tenían los ministros de hacienda en las buenas épocas agropecuarias! ¿Por qué? Porque veían la velocidad en el progreso material desde 1880 hasta 1913, y decían, lo voy a decir en palabras actuales: “En cualquier momento nos despistamos”. Milei frena en las curvas porque tiene astucia para negociar, por ejemplo, en el Congreso. Pero su tendencia, su reflejo es no frenar en las curvas. Después, afortunadamente, se convence de que tiene que frenar, pero cuando no se toma el tiempo de hacer una conjunción entre todo este cambio que está ocurriendo y la expansión de la infraestructura, ahí simplemente está siendo dogmático. A Milei lo domina la prisa porque sabe que puede ser derrotado.

Con el año electoral a la vista, Gerchunoff cree que "rería una torpeza creer que Milei ahora puede depreciar la moneda y construir un esquema macroeconómico más consistente" - Fabián Marelli
-Es el apuro para construir poder.
-Sí. Es el “tengo que construir poder ahora”. Es el Perón del 46 al 48. Eso también es Roca. Eso es Néstor Kirchner. Kirchner es pura prisa. En la época de las tasas chinas se le preguntaba a Kirchner, pero ¿no da lo mismo crecer al 6 por ciento que al 8 por ciento? ¿No lo podés capitalizar políticamente de todas maneras? Y Kirchner no podía parar porque veía siempre el fantasma de la derrota en un país caudillista, en donde la derrota no es tolerada. Guido Di Tella decía que Perón había hecho en 3 años lo que Australia había hecho en 50. Eso es la prisa de Perón. Una prisa de Perón que, además, tiene el problema de que, como era un tipo muy formado y muy inteligente, él quería ser Perón, y al mismo tiempo quería ser Roca. Es decir, quería tener un proyecto de futuro. Y la verdad que las circunstancias no daban para que él tuviera un proyecto de futuro, y recién se dio cuenta que podía hacer algo en términos de horizonte productivo, una vez que su capital político era de tal magnitud que era obsceno, era imposible de desafiarlo. Y eso fue en 1951.
-Desde los años 40 en adelante, hay una continuidad en la Argentina: el tipo de cambio bajo, el peso fuerte, el salario alto en dólares. ¿Hay un hilo rojo en las experiencias de Martínez de Hoz, Menem, Macri y Milei?
-Las palabras “plata dulce” están muy vinculadas a la experiencia de Martínez de Hoz y la dictadura, pero plata dulce, moneda peso fuerte, dólar barato para poder comprar cosas en bienes en el exterior o para ahorrar rápido en dólares, no es una característica de la secuencia Martínez de Hoz, Menem, Macri, Milei. Es una unanimidad argentina. De hecho, nace con Perón en 1946, 1948. Ahí se esconde una cosa que es muy interesante, porque responde a una demanda social. Es un rasgo sociológico.
-¿Y Milei cómo lo enfrenta?
-Milei es uno más de los que dicen: “Ya la riqueza está por llegar y la productividad está por aumentar para ser sostenible este tipo de cambio”. Uno más. Lo dijo Perón. Lo dijo Martínez de Hoz. Todos los que pudieron, lo dijeron. ¿Por qué no lo dijo Alfonsín? Porque estaba en una crisis de la deuda y no podía tener el tipo de cambio bajo. Pero todos los que pudieron, lo dijeron. En ese sentido, son todos iguales con una diferencia metodológica: mecanismos distintos, herramientas distintas. El corto plazo es el dulce de la plata dulce.

"Si es capaz de haber inyectado en esta sociedad altiva una dosis importante de resignación, Milei ganó" -Fabián Marelli
-¿Decís que Milei debería devaluar en el corto plazo?
-No, yo no estoy diciendo que Milei tiene que depreciar la moneda mañana, porque hay que tener un mínimo de sensatez. ¿Cuál es ese mínimo de sensatez? Está al borde de un proceso electoral. Yo no le puedo decir a él: “Devalúa mañana”. Lo dije muchas veces hasta hace 5 o 6 meses. Ahora ya dejo de decirlo, porque sería una sería una torpeza de mi parte creer que él ahora puede depreciar la moneda y construir un esquema macroeconómico más consistente.
-Si hay tantos perdedores, ¿por qué no explota socialmente?
-Quizás haya resignación frente a lo que ven, porque el pasado ha sido tan malo, tan terrorífico, que nace algo parecido a una aceptación, a una resignación.
-Esta idea de que las transformaciones traen dolor y que inevitablemente hay que atravesar el proceso.
-Si creyeran eso que estás diciendo, entonces quiere decir que Milei ganó. Si Milei es capaz de haber inyectado en esta sociedad altiva una dosis importante de resignación, Milei ganó. Y eso es el cambio en Argentina.
-Volvemos al principio de la conversación cuando decías que Milei hace política. ¿Ha dejado de ser “el outsider”?
-Definitivamente. Solo se es un “outsider” hasta que llegás; hasta que empezás a gobernar. Cuando empezás a gobernar, se terminó. La palabra “outsider” te puede durar políticamente un tiempo más, pero después sos los claros y los oscuros de la política.
-¿Crees que aún mantiene exitosamente la narrativa del outsider puro e incontaminado?
-No, definitivamente no. ¿Por qué? Se llama $LIBRA y Adorni. En un sistema futbolístico, 4 4 2, con dos delanteros que son $LIBRA y Adorni, estamos en un problema para hacer goles.
