¿Cómo elegir un MBA?
por Luis Pereiro, profesor del MBA de la UTDT
Globalización mediante, la demanda de programas MBA ejecutivos en la Argentina no parece detenerse. Un título de MBA ha pasado de ser una competencia discriminante —es decir, que permite diferenciarse de otro candidato que no la posee— a una habilidad calificante: es un requisito esencial para ingresar a determinadas posiciones corporativas, en particular si se desea hacer una carrera internacional. Sin embargo, dada la abundancia de ofertas existentes —solamente en Buenos Aires existen más de quince programas— es lícito preguntarse cuál es el que más le cuadra a usted como potencial participante. No hay dos programas iguales; cada uno tiene una combinación singular de estilo, objetivos, reputación, profesores y metodologías. Tiene sentido, pues, evaluar cuál es la mejor opción, atendiendo a sus propias metas y necesidades.
Este proceso de evaluación puede hacerse en dos etapas. En la primera, se califican de tres a cinco programas con la nota clásica de cero a diez en seis criterios esenciales:
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Balance teoría-práctica. Como programa profesional que es, un MBA debería combinar teoría de avanzada con práctica aplicativa. El graduado con experiencia vuelve a las aulas para recargarse de ideas que abran su mente y renueven su perspectiva; simultáneamente, busca actualizar su plataforma de habilidades operativas. Por eso el énfasis no debería estar volcado exclusivamente hacia uno u otro extremo, sino que debe invitar al participante a recorrer el ciclo de aprendizaje: del concepto a la aplicación, y de la experiencia a la reconceptualización. Esto es central en un mundo donde los conocimientos se duplican cada pocos años; más que una técnica perecedera, lo que le queda al participante, finalmente, es la habilidad para aprender a aprender. Para evaluar el balance del programa, verifique si las metodologías empleadas son eclécticas, o si se inclinan hacia un extremo particular—por ejemplo, el método del caso, la simulación informática, los e-teams (equipos de trabajo multinacionales que interactúan a través de Internet), por un lado, y la conferencia teórica que abunda en ecuaciones por el otro. Aunque ambos son necesarios, un exceso unilateral estropea la combinación.
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Internacionalidad. Esta característica es crucial para aquellos que buscan en un programa local, el nivel de enseñanza de un programa internacional. El cosmopolitismo debe ser específico y no meramente declamatorio. Verifique: (a) que los profesores full-time y part-time hayan trabajado, estudiado y enseñado en universidades y empresas del exterior; esto es mucho más que snobismo—si su tutor no ha tenido exposición internacional, mal podrá transmitirle los intangibles que ella supone. (b) que exista un buen número de profesores visitantes regulares—es decir, profesionales de la docencia a tiempo completo en EE.UU. y Europa que enseñen localmente los mismos cursos que en sus países de origen. Lamentablemente, muchos programas aducen tener internacionalidad cuando apenas alcanzan a traer a uno o dos figurones que brindan un par de conferencias edulcoradas, muy alejadas del rigor que habitualmente aplican en el exterior. Y finalmente, (c) que se trabaje con abundante material en inglés, y que existan cursos íntegramente dictados y evaluados en inglés; esta la prueba de fuego final de un programa verdaderamente internacional.
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Frontera. No debe haber programa MBA que no proclame ser "de excelencia". Pero esta se mide por la producción de sus profesores, en términos de investigación discutida en foros internacionales y consultoría activa. En una economía que, como la nuestra, se globaliza día a día, ya no funcionan muchos ofertas que son calcos aguados de programas del exterior; se necesita un team de investigación local para generar competencias diferenciales a nivel mundial. Por otra parte, si su docente está activo en proyectos de investigación internacionales, le garantizará máxima actualización en el enfoque y contenido que transmite.
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Audiencia. El 50% de lo que se aprende en un MBA no proviene de los profesores, sino de los propios compañeros: se juega mejor al tenis si el compañero juega mejor que uno. Verifique que el programa no mezcle profesionales experimentados con recién graduados. Segundo, compruebe que el procedimiento de admisión sea riguroso y exigente: puede costar más entrar, pero las recompensas son infinitamente mayores en términos de networking y transferencia de conocimientos. A quién le interesa asistir a una clase rodeado de zapallitos? Finalmente, compruebe el tamaño de la clase; las audiencias masivas bajan sustancialmente el tiempo de atención que el profesor puede dedicar a cada participante.
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Transmutación. Un MBA es un entrenamiento para el cambio personal y profesional. En buen criollo, se hace para transmutar la situación actual en una mejor posición, perspectivas y remuneración. Verifique la calidad de la tarea de enlace que la institución realiza entre sus graduados y los reclutadores corporativos (reclutamiento en campus, book de graduados, coaching laboral). Confirme que su programa hace todo lo posible para que el MBA desemboque, finalmente, en una tarea profesional más gratificante y mejor remunerada.
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Química. Este es el grado de "compatibilidad estomacal" que existe entre el programa y usted. Un MBA exige muchas horas de trabajo, demasiadas como para pasarlas en un entorno poco agradable a su corazón. Para testear la existencia de una buena química, recorra los pasillos de la institución, hable con el director, con el coordinador, con los estudiantes, con los graduados. Sienta la atmósfera y decida en consecuencia.
La calidad del programa es un intangible compuesto de los seis factores anteriores—y de otros no mencionados, como el nivel del contenido técnico y la reputación de la institución. Asigne ahora puntos de preferencia a cada factor, cuidando que la suma se conserve en 100. Multiplique ahora sus preferencias por los puntajes absolutos, y obtenga un puntaje total de calidad para cada alternativa.
A continuación es imprescindible comparar outputs con inputs. La intensidad (el número de horas efectivas de dedicación que el programa exige) es, con el precio, el mayor costo a erogar. Si bien puede ser falaz asumir que más horas conllevan mayor calidad, hay que hacer bien la comparación: a profesores igualmente buenos, claramente en dos horas se aprende más que en una. Por otra parte, una carga horaria muy exigente puede ir a contramano del participante, que hace malabares para combinar el estudio de posgrado con un trabajo full-time y una familia, que no es poco. Finalmente, compute el cociente calidad/precio del programa, y compare todos los programas entre si. Ahora si que puede decidir: Cuál es el MBA que mas le conviene?"
