La Prensa
23/03/6

Las últimas horas de Isabel Perón

<DIV>Por <STRONG>Santiago Senen Gonzalez</STRONG> (*) <P align=justify><STRONG>Se conmemoran 30 años del Golpe del 24 de marzo de 1976: El 23 de marzo, mientras la Casa de Gobierno era un hervidero de reuniones, se desplazaban tropas militares en todo el país. Por la noche, el helicóptero que usualmente llevaba a la Presidenta a Olivos aterrizó de emergencia en Aeroparque. Allí le comunicaron que había cesado en su cargo.</STRONG> </P></DIV>

La jornada se inició con el desplazamiento de tropas militares y efectivos que tomaban posición en puntos estratégicos de la ciudad de Buenos Aires. A pesar del esfuerzo puesto por algunos sectores políticos para evitar el desenlace, ya era un comentario cada vez más extendido que aquel martes 23 de marzo de 1976 se estaba en vísperas del golpe de estado de las Fuerzas Armadas. La cuenta regresiva había comenzado.
El gobierno constitucional encabezado por María Estela Martínez de Perón afrontaba una crisis profunda. Con una inflación en el orden del 330%, su gestión ostentaba un récord de cuatro ministros de Economía en un año -entre los cuales se destacó Celestino Rodrigo, propulsor de uno de los cimbronazos financieros más violentos en la Argentina y que se conoció como el "Rodrigazo".
A su vez, la violencia política estaba encarnada por distintos grupos guerrilleros, por un lado, y por la banda para-policial Alianza Anticomunista Argentina (Triple AAA), por el otro. Cometían atentados casi a diario. Esta lucha entre las extremas izquierdas y la extrema derecha cobraba 1.358 muertos -más de un millar de ellos civiles- desde 1973.
Aquella mañana los titulares de los diarios reflejaban el clima enrarecido que se estaba viviendo. La prensa escrita hacía mención en sus portadas a un discurso que el teniente general Jorge Rafael Videla había realizado tres meses atrás, el 24 de diciembre de 1975, en el cual se refirió al endeble estado de la institucionalidad en el país, y consecuentemente, en la debilidad de ésta para hacer frente a la situación de desorden y caos.
En el Parlamento la presencia de legisladores era escasa, y muchos habían comenzado a retirar sus pertenencias personales del edificio del Congreso algunos días antes. Entre los pocos asistentes se contaban el senador justicialista Italo Luder y el Presidente de la Cámara de Diputados, Nicasio Sánchez Toranzo.
Como hecho anecdótico se puede señalar que en el Juzgado en lo civil Nº 5 de San Isidro, ese mismo día martes las hermanas de Eva Perón, señoras Blanca Duarte de Alvarez Rodríguez y Erminda Duarte de Bertolini se habían presentado para promover demanda por juicio sumarísimo contra la señora María Estela Martínez de Perón, para que se la condenase a entregar a las demandantes los restos de su hermana, la señora María Eva Duarte de Perón.

Reuniones
Por la tarde, en el estudio jurídico Balbín, Rivadavia al 800, se congregaron representantes de diversos partidos políticos, con el fin de avanzar en la elaboración de un comunicado conjunto. Se habían acercado, además de los radicales, dueños de casa, los representantes de los partidos Justicialista, Revolucionario Cristiano, Intransigente, Popular Cristiano, Socialista Popular, Socialista Unificado y Comunista. Finalmente, vio la luz una declaración en el cual los presentes ratificaban la decisión de constituir una comisión parlamentaria bicameral, reafirmaban su vocación "por la vigencia de las instituciones de la República y del régimen democrático..." Era el último intento de los principales dirigentes políticos por evitar la caída del régimen democrático.
La oposición, a pesar de estos esfuerzos por mantener la vigencia del orden constitucional, criticaba duramente la gestión de Isabel Perón. A lo afirmado por el jefe de la UCR, Ricardo Balbín -quien en días anteriores reconocía que "se me acabaron las ideas"-, se le sumaron otras voces en aquel día 23.
El dirigente del Partido Intransigente, Oscar Alende, responsabilizó a las autoridades nacionales por el descontento popular, el desgobierno y la inmoralidad imperante, al tiempo que exaltaba la necesidad de la independencia económica como garante de soberanía. Y de las Fuerzas Armadas afirmó: "Las quiero integradas en una gran política, de resguardo de los valores nacionales y respeto por la voluntad del pueblo".
Por la noche, se difundió la declaración del Consejo Nacional del Partido Justicialista, en la cual, además de expresar su apoyo a la vigencia del régimen democrático, se brindaba un respaldo incondicional a Isabel como Presidenta de la Nación y jefa del movimiento peronista, y llamaba a estar alerta a los militantes de todo el país para la defensa de las instituciones y del gobierno.
Los sectores del movimiento sindical, tercera rama del partido gobernante, lógicamente también se pronunciaron sobre la situación.
La Mesa Nacional de las 62 Organizaciones denunció una campaña mediática de desestabilización, por la cual culpaba también a los grupos guerrilleros, y señalaba la posibilidad de un golpe de Estado como una irresponsabilidad.
Mientras el Consejo Directivo de la CGT, se posicionó por la defensa de la continuidad del proceso institucional: "Ni las actitudes mesiánicas, ni el revolucionarismo trasnochado, elitista y sin pueblo, son los caminos por los cuales debe transitar el país".

Hervidero

Aquel día fue un hervidero de reuniones para los miembros del Ejecutivo. La Presidenta recibió a Roberto Ares, ministro de Interior, en la residencia de Olivos. El había sido el encargado de instrumentar distintas alternativas que permitiesen la continuidad del gobierno hasta 1977, con Isabel a la cabeza, posibilidad que no pudo concretarse de ningún modo. Nunca trascendió lo charlado entre ambos en aquella cita.
Pero los encuentros más significativos fueron, sin dudas, los que concertaron los comandantes generales de las Fuerzas Armadas con el ministro de Defensa, José Deheza; primero cerca del mediodía y luego entrada la tarde. Con el correr de las horas, crecía la expectativa en la Casa de Gobierno, mientras fuera del edificio, algunos manifestantes coreaban estribillos de apoyo: "Isabel, solución, contra toda reacción" y "Perón, Evita, ahora Isabelita".

Pagamos 2,10
Eran las 0,45 cuando todo concluía en la Casa de Gobierno. Muchos de los cronistas y algunos de los acompañantes de los ministros y secretarios de estado que habían asistido a las reuniones comentaban el partido de fútbol que recién había terminado en Núñez. No era para menos: se trataba de la semifinal de una ronda de la Copa Libertadores, en la que River Plate venció uno a cero al Once venezolano de Portuguesa.
Este clima casi "autista" se incrementó con una salida jocosa de Lorenzo Miguel cuando se retiraba, ya que decía que a su parecer estaba todo normal. Y agregaba mirando a los cronistas acreditados: "Juéguense por nosotros: pagamos 2,10" en alusión al pago máximo que cobra un apostador que arriesgó dos pesos y la carrera de caballos la gana un favorito.
En tanto, desconociendo la situación real del país, Isabel se retiró por la terraza, en un helicóptero en el que solía viajar a Olivos, acompañada por su secretario privado Julio González y tres de sus custodios de la Policía Federal encabezados por el comisario Luissi.
El resto de los presentes salió a la calle, donde negaron ante los periodistas presentes que se estuviera concertando una intriga golpista. Reinaba cautela. Aparentemente los ministros interlocutores de los comandantes militares habían informado que las conversaciones seguirían al día siguiente. No hay golpe, agregó Miguel cuando el secretario de Prensa y Difusión, el periodista Osvaldo Papaleo, era saludado por otros asistentes a las reuniones con un "hasta mañana Papa".
La ciudad, con escasa presencia policial y militar en las calles, vivía una noche tranquila. Pero no era así.

Solitaria y final
En la madrugada del 24 se dio inicio a un amplio y preciso operativo militar en todo el país, en el cual las fuerzas de seguridad tomaban control de los puntos clave de la ciudad y del interior. Por esas mismas horas, moría asesinado el mayor Bernardo Alberte, quien fuera delegado del general Perón. Aquella noche, Alberte -quien había denunciado que la Triple AAA creaba condiciones para el golpe militar- estaba escribiendo una carta dirigida a Videla, en donde hacía responsables a las Fuerzas Armadas por la represión ilegal. La epístola nunca llegó a destino; poco después, efectivos militares y policiales lo arrojaron por el balcón de su departamento.
En tanto, el piloto del helicóptero que llevaba a la Presidente constitucional recibió orden de aterrizar en la zona militar del aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires aduciendo una falla mecánica.
Cuando Isabel descendió del aparato, el general José Rogelio Villareal, el contralmirante Pedro Santamaría y el brigadier Basilio Arturo Lami Dozo, en nombre de las Fuerzas Armadas le comunicaron que "había cesado en su cargo" y que sería alojada en la residencia El Messidor, provincia de Neuquén.
El director del semanario "Ultima Clave", Raúl Pondal -quien poco tiempo después quedaría desaparecido- relató que la empleada Rosario, el ama de llaves española que acompañaba a Isabel desde 1973, le alcanzó una hora más tarde dos valijas hasta la aeronave. Era la 1.50 cuando el Folker T-O2 de la flota presidencial de aviones enfilaba al sur.
En esos momentos, las emisoras desde hacia media hora transmitían en cadena. Cuando este cronista desde el Ministerio de Trabajo se dirigió al Noticioso de la radio donde cumplía sus tareas profesionales, ubicado en la calle Uruguay casi Arenales, el personal militar fuertemente armado a cargo del edificio, le impidió la entrada y le informó que debía presentarse con documentos al día siguiente.

(*) Compilador del Archivo del Sindicalismo Argentino de la Universidad Torcuato Di Tella.

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