Revista Ñ
24/12/11

El cuento de la buena historia

Polémica Instituto de Revisionismo Histórico: La creación por decreto del Poder Ejecutivo del Instituto Manuel Dorrego reabre el debate sobre cuánto de necesidad y cuánto de ideología auspicia esta revisión de la historia argentina.
Aquí, los hechos y opiniones a favor y en contra.

HECTOR PAVON 
La cantidad de tinta y papel que generó la noticia sobre la fundación del Instituto Dorrego bien podría ser la primera obra a publicar para dar cuenta de la producción del grupo de historiadores revisionistas convocado. Apenas se conoció el 21 de noviembre el decreto que dio inicio al Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, las luces de alarma se encendieron en "la academia" y numerosos historiadores y ensayistas en general comenzaron a responder con munición pesada a las cabezas visibles de este grupo.
Los revisionistas no se quedaron callados y contestaron con argumentos y también con chicanas.
Pocas horas antes del brindis de Navidad, la última batalla intelectual de 2011 ha dejado algunos contusos.
La Historia no es un campo ingenuo, no debería serlo, allí se refleja o se interpretan los hechos que construye la identidad de un país y naturalmente se transforma en escenario de confrontación entre quienes escriben una y otra versión del pasado. Al desaparecer la categoría de cielo protector de una "verdad histórica", surgen naturalmente o políticamente manipuladas opciones de lectura sobre el tiempo pretérito. De este modo, la Historia de los manuales escolares fue, sanamente, cuestionada y, a partir de 1983, la actualización de los programas de estudio y la posibilidad de que, en muchos casos no en todos, los docentes pudieran cuestionar el discurso repetido y utilizar materiales de lectura alternativos. Los estudios de los departamentos de las carreras de Historia pudieron dar lugar a nuevas formas investigativas y se abrieron programas novedosos para una cultura que recuperaba los espacios prohibidos por la dictadura.
Uno de esos espacios fue el de Historia Oral que desarrolló muy eficazmente la historiadora fallecida Dora Schwarzstein en la UBA; o el de los estudios de la vida privada que llevaron adelante, entre otros, historiadores como Fernando Devoto; los del movimiento obrero que desarrollaron Mirta Lobato y Juan Suriano, o los estudios históricos sobre la mujer como los que realizó Dora Barran
cos. La lista continúa, pero todos comparten el mandato de "darle voz a los sin voz".
El decreto 1880/2011 dice, entre otras cosas,"Que la finalidad del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano `Manuel Dorrego’ será estudiar, investigar y difundir la vida y la obra de personalidades y circunstancias destacadas de nuestra historia que no han recibido el reconocimiento adecuado en un ámbito institucional de carácter académico, acorde con las rigurosas exigencias del saber científico." De este modo se llama a investigar sobre aspectos supuestamente desconocidos de la historia argentina.

El decreto especifica quiénes son esos protagonistas de la historia que merecen ser iluminados en sus costados oscuros: "la actividad del Instituto permitirá profundizar el conocimiento de la vida y obra de los mayores exponentes del ideario nacional, popular, federalista e iberoamericano". Y allí mezcla personajes que, en algunos casos como el de San Martín o Perón han sido largamente estudiados. También incluye a Martín Güemes; José Gervasio Artigas; Estanislao López; Francisco Ramírez; "Chacho" Peñaloza; Felipe Varela; Facundo Quiroga; Rosas; Juan Bautista Bustos; Hipólito Yrigoyen; Eva Duarte de Perón, entre otros. La lista se engrosa con el estudio de las trayectorias de otros próceres iberoamericanos como Bolívar, O’Higgins; Sandino o Haya de la Torre.

El presidente del Instituto, el escritor Pacho O’Donnell justifica de este modo el espíritu de la empresa a desarrollar: "Algo que diferencia al revisionismo nacional, popular y federalista de la historiografía tradicional, liberal, es el protagonismo que le acuerda a los movimientos populares en los sucesos históricos. Quienes definieron la votación del 22 de mayo de 1810 fue más la chusma armada, los `chisperos’ de French y Beruti que impidieron la entrada al Cabildo de los partidarios del virrey que los discursos de Castelli y Paso. Asimismo antecedentes importantes de Mayo fueron las rebeliones indígenas americanas y no exclusivamente las contingencias políticas europeas".
Al respecto, uno de los historiadores que ha reaccionado con más vehemencia ha sido Luis Alberto Romero, ex profesor de la UBA y actual de la Torcuato Di Tella, San Martín, San Andrés y FLACSO y autor de numerosas obras. "En general, lo de la `historia no contada’ es una muletilla que apela al conspiracionismo que todos llevamos en algún rincón. El revisionismo apeló a eso desde siempre (una variante igualmente conspiracionista es la de `la historia la escriben los vencedores’ como si en el mundo sólo hubiera habido un combate único y eterno). En particular, los temas a los que alude el decreto han sido extensamente investigados en las dos o tres últimas décadas.

Cualquiera que está en el oficio lo sabe. Le doy referentes a los que podría consultar: sobre Dorrego y los sectores populares de Buenos Aires en esa época hay un excelente libro de Gabriel Di Meglio (él es conocido por su trabajo en el canal Encuentro). Sobre la mujer y las cuestiones de género, Dora Barrancos (que ahora es directora del Conicet) puede dar amplias referencias, que incluyen su propia y extensa obra. Sobre el pensamiento iberoamericano, Carlos Altamirano ha publicado recientemente una Historia en dos tomos, con muchas colaboraciones. Y así sucesivamente".

La idea de "rever" la historia no es nueva en nuestro país. El antecedente fundamental y clave es la fundación del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas en 1938, creado por un grupo de estudiosos interesados en difundir la "verdad histórica con referencia a Juan Manuel de Rosas y la época de la Confederación Argentina".

Durante el gobierno de Carlos Menem obtuvo legalidad a través de los decretos del Poder Ejecutivo Nacional nº 26/97 y 940/97. Después de la aparición del libro Juan Manuel de Rosas, su historia, su vida, su drama (1930) por Carlos Ibarguren, se va estructurando todo un movimiento de historiadores que se identifican con el rótulo de "revisionistas". Es decir, los que consideran necesario "revisar" la historia escrita por los historiadores de letra liberal. Este Instituto continúa trabajando y suelen festejar los 20 de noviembre el aniversario de la batalla de La Vuelta de Obligado que desde 2010 se ha transformado en feriado nacional.

El Instituto también se plantea trabajar sobre figuras conocidas que se supone que no han sido exploradas en su total magnitud histórica y personal. "San Martín nos fue legado como incuestionable prócer máximo pero mutilado de sus ideas por su conflicto con la oligarquía porteña debido a su inclinación hacia el federalismo popular y sus caudillos, y por su apoyo a Rosas ­sostiene O’Donnell­.
"El promotor del voto obligatorio, universal y secreto no fue Rodríguez Peña sino que éste interpretó la ya intolerable presión del pueblo que anhelaba tener participación en las cosas públicas. Quien llevó al poder a Perón y Evita no fue el golpe del GOU sino, como decía Discepolín, `los trajo esta lucha salvaje de gobernar creando miseria, los trajo la ausencia total de leyes sociales’. ¿Será eso lo que asusta a algunos?", concluye preguntándose el presidente del Instituto Dorrego.

"Por supuesto nunca un tema está cerrado y siempre estamos produciendo cosas nuevas. Sobre el Instituto, el problema es que para producir conocimiento nuevo hay que tener las herramientas y el conocimiento profesional.

Y no hay allí ningún historiador (quizá podemos esperar que Aníbal Fernández se dedique ahora a estudiar historia)", concluye irónicamente Romero.

El desarrollo de la historia de la vida privada, la de los personajes que siempre quedaron al margen tuvo amplio desarrollo en Europa y halló eco en la pregunta que enuncia el lector obrero de Bertold Brecht, citado por el historiador italiano Carlo Ginzburg "¿Quién construyó Tebas de las siete puertas?". El historiador francés Jacques Revel, que fue secretario de redacción de la revista Annales, entrevistado en Buenos Aires en 2004, decía que ésta es una época en la que la demanda de historia en las sociedades es muy fuerte especialmente en el área de lo que se llama la petite histoire, donde ubicaba a Félix Luna. "Pienso que la historia no está hecha para proveernos de ancestros. Está hecha para ayudarnos a reflexionar sobre situaciones que tienen lugar una vez y que no se reproducirán pero respecto de las cuales es útil rever cómo se produjeron. No creo en absoluto que haya que buscar ejemplos en la historia y menos modelos para imitar. El tiempo cambia y no vuelve".
La tarea de revisar la historia siempre puede ser necesaria e interesante especialmente cuando surge como una reacción, como una toma de posición frente a lo que es intocable. Pero su valor se agiganta, como ocurrió en Europa con la "microhistoria", cuando reconoce los trabajos ya realizados y los toma como fuentes de retroalimentación y no como partes de un aparato ideológico inútil. 
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ME PARECE
El megáfono de los sin voz
PABLO VAZQUEZ. POLITOLOGO

El Instituto Nacional de Revisionismo Histórico e Iberoamericano Manuel Dorrego nació de la idea de Pacho O’ Donnell y un grupo de escritores del pensamiento nacional para institucionalizar acciones individuales y esfuerzos colectivos.
Investigar y divulgar la Historia desde la corriente Nacional, Popular y Federal fue y es nuestra premisa: ser el megáfono de los sin voz.
Se privó de la palabra al pueblo argentino y demás pueblos iberoamericanos: mujeres, pueblos originarios, movimiento obrero, excluidos por color de piel, orientación sexual y pertenencia ideológica, entre otros.
Aún la contradicción principal es liberación versus dependencia: dependencia política, económica, cultural, comunicacional, mental y del deseo.
Nuestra tarea es visibilizar el poder popular, reflejo fiel de las diversas fuerzas organizadas de nuestra comunidad política, planteando una conciencia histórica del hacer.
De allí los trabajos de Pacho O’ Donnell sobre los relegados en nuestra Historia; los de Eduardo Luis Duhalde sobre caudillos; los de Araceli Bellota sobre mujeres argentinas; los de Hugo Chumbita sobre nuestras raíces aborígenes; los de Hernán Brienza sobre el federalismo; los de Marcelo Gullo sobre integración política regional; los de Francisco Pestanha sobre pensamiento nacional; los de Pablo Hernández sobre la resistencia peronista; los de Enrique Manson sobre el Proceso; los de Ana Jaramillo sobre Malvinas; y los míos sobre Forja, entre muchos otros investigadores del Instituto Dorrego.
Los valiosos aportes de la corriente oficializada por Mitre, de la Nueva Escuela Histórica de Levene, y de la corriente de Historia Social encarnada por Romero son insuficientes. Falta sentido político a favor de los postergados en nuestra Historia. Tenemos admiración por investigadores del Conicet, la UBA y demás centros de estudio. Somos compañeros de ruta. Venimos a polemizar, pero no a destruir, sin relegar nuestra identidad.
Entroncar nuestro estudio con el camino del pueblo es nuestro objetivo principal, que se conjuga con el grito de las montoneras, de los orilleros y el de los descamisados, y como el Nunca Más contra la Dictadura.

VAZQUEZ ES DOCENTE DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE LOMAS DE ZAMORA Y UNIVERSIDAD NACIONAL DE MORENO. MIEMBRO DEL INSTITUTO NACIONAL DE REVISIONISMO HISTORICO ARGENTINO E IBEROAMERICANO MANUEL DORREGO.

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ME PARECE
Se niegan años de investigación
MIRTA LOBATO. HISTORIADORA UBA

En la creación del Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego se plantea la necesidad de reivindicar la importancia de los sectores populares y la participación femenina pues se ha "pretendido oscurecerlos y relegarlos de la memoria colectiva del pueblo argentino". Esta afirmación soslaya la producción de las últimas décadas en el campo de la historia social y cultural.
En efecto, desde la década de 1960, la historia de los grandes hombres como los sujetos privilegiados de la historia fue discutida. Ese proceso de producción de conocimientos realizado por personas de diferentes generaciones se profundizó al calor de las transformaciones institucionales pos dictadura. A lo largo de más de 25 años, profesores e investigadores universitarios y del Conicet se dedicaron a estudiar a las clases populares, a los trabajadores urbanos y rurales, a los gauchos, a las poblaciones indígenas y su cultura, a las organizaciones sindicales, a las ideologías del movimiento obrero (anarquismo, sindicalismo, socialismo, comunismo, peronismo), a las diversas manifestaciones de protesta, a las culturas obreras y populares, a las condiciones de vida y de labor. De esa forma de hacer historia, apoyada en una diversidad de herramientas teóricas y metodológicas, la corriente revisionista estuvo ausente, pues ha privilegiado la historia de los hombres, dividida en buenos y malos, y esas no son herramientas que ayuden a pensar la complejidad de los comportamientos humanos.
Por otro lado, la historia de las mujeres fue abordada por sociólogas, demógrafas, filósofas e historiadoras desde la década de 1970 y especialmente desde finales de los años ochenta y noventa. La historia de las mujeres, la historia feminista y los estudios de género pusieron patas para arriba las formas de pensar el pasado y abrieron las puertas para analizar no sólo las relaciones de poder entre varones y mujeres sino también las asincronías en la adquisición de derechos. Se estudiaron la diferencia sexual, el matrimonio, la familia y las identidades de género. Para atestiguarlo basta recorrer los edificios universitarios.
Allí están los centros de estudios de mujeres y de género, sus bibliotecas y publicaciones. Son el resultado de mucho trabajo ad honorem y de las mejoras salariales y de recursos destinados a la investigación. Por eso llama la atención la creación de una institución con objetivos que demuestran un poco de ignorancia de lo que circula por cualquier librería.

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