El Cronista
16/12/11

Protagonistas del 2001: bajo perfil y lejos de la sociedad

 El poder debilita a quien lo tiene y no lo usa." Anónimo Por Micaela Pérez
El poder no es eterno. Y vaya si lo sabrán algunos políticos argentinos. En apenas tres días se cumplirán 10 años del estallido del 19 y 20 de diciembre de 2001 que expulsó del poder a Fernando de la Rúa, un hombre que llegó al Gobierno en diciembre de 1999 con el 48,5% de los votos de la mano de la Alianza UCR-Frepaso, tras una exitosa carrera como senador y jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

La imagen del helicóptero que lo sacó de la Casa Rosada cuando caía la tarde del 20 de diciembre, después de una jornada de violencia y horror, en medio de la mayor crisis política, institucional, económica y social del país, todavía está fresca en la memoria de los argentinos. Casi 40 muertos y miles de heridos en todo el país, víctimas de la brutal represión con la que De la Rúa cerró su triste paso por la Presidencia, saqueos a los supermercados, el colapso del sistema bancario, cacerolazos y el grito popular a voz de cuello, "que se vayan todos", fueron las postales cotidianas del verano más "caliente" de la historia argentina. El mundo entero asistió, azorado, al vertiginoso espectáculo que vio desfilar por la Casa Rosada a cinco presidentes en sólo 13 días.

A punto de cumplirse la primera década de aquella patética etapa de la historia nacional, ¿qué fue de la vida de sus protagonistas? ¿Dónde están hoy? Sorprendentemente -o no-, algunos lograron reinsertarse en la política, pero fueron los menos. La mayoría -hay que decir- desapareció forzadamente de escena, aunque no pocos fantasearon con la posibilidad del retorno.

"Muy pocos pudieron reconvertirse. Y si lo hicieron, fueron figuras de segundo plano, que no estuvieron tan expuestas por aquellos días y hoy no tienen un rol gravitante en la política nacional", reflexiona el analista Manuel Mora y Araujo, director de la consultora homónima.
Carlos Gervasoni, politólogo de la UTDT , añade: "Es natural. Las personas de mayor responsabilidad son las que disfrutan de los beneficios de esa posición, pero también las que deben luego pagar los costos más altos si las cosas van mal".
En efecto; los hombres que integraron la Alianza -salvo escasas excepciones- cultivan ahora el bajo perfil y están bien lejos del poder, muchos de ellos volcados a la actividad privada. Ninguno logró reconstruirse con peso propio en la vida política. En el caso de Fernando de la Rúa y Domingo Cavallo, los máximos responsables de la crisis, terminaron además sumidos en un fuerte desprestigio y repudiados por la sociedad argentina.

El dolor de ya no ser
Desde su departamento de la avenida Alvear (su famoso piso de la calle Montevideo lo vendió por razones económicas), el ex presidente De la Rúa aguarda hoy el inicio del juicio oral y público por su presunta responsabilidad en el pago de coimas para que el Senado aprobara en 2000 la polémica reforma laboral. El Tribunal Oral Federal 3 de Buenos Aires había fijado para fines de noviembre su inicio, pero resolvió luego aplazarlo a petición de la defensa del ex secretario parlamentario Mario Pontaquarto, quien destapó en su momento el escándalo que terminó en la renuncia de Chacho Álvarez a la Vicepresidencia. Diez años después de su caída, el ex presidente sigue sosteniendo que hubo un complot para desalojarlo de la Rosada. Hasta escribió un frondoso libro, Operación política-La causa del Senado, en el que sostiene esa hipótesis. Hace apenas semanas, rompió el silencio y pidió disculpas "si a alguien molesté" y admitió -por fin- haber cometido "errores". Es un paso. Dos años atrás, en una entrevista con WE, el ex mandatario reconocía una sola equivocación: no haberse rodeado de incondicionales. "Tuve un gabinete inicial de primeras figuras, pienso que hubiera hecho mejor en poner gente leal, que cuidara menos su imagen y se jugara un poquito más", decía entonces ante esta cronista, sin el menor rastro de autocrítica. A sus 74 años, De la Rúa vive hoy totalmente apartado de la política, repudiado por su partido, la UCR, y dedicado a preparar las memorias de su propio naufragio. Hace poco reapareció en público cuando Mauricio Macri invitó a sus antecesores en el Gobierno de la ciudad a participar de la inauguración de una estación de subte. Pero enseguida retomó su bajísimo perfil. Contra su voluntad, este año se lo vio en las revistas del corazón desmintiendo versiones sobre un supuesto divorcio de su esposa Inés Pertiné. Hoy vive de su pensión de ex Presidente y trabaja como abogado, su profesión de toda la vida. Pero la mayor parte del tiempo ha venido ocupándola en su propia defensa: la infinidad de causas judiciales que tuvo que enfrentar desde que dejó el poder lo convirtieron casi en un habitué de tribunales. De hecho, esta semana su nombre apareció mencionado en un diario como uno de los supuestos recepetores de los sobornos que se investigan en la causa de la empresa Siemens. Él negó tal imputación.

La otra figura estelar de aquellos años, el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, autor intelectual del corralito financiero, vive hoy en los Estados Unidos y dicta clases en universidades de ese país. Se mudó allí definitivamente hace unos años, cuando su familia ya estaba instalada, pero nunca resignó su aspiración de volver a la política argentina. A tal punto, que en 2005 hizo un amague en ese sentido, cuando anunció que iba a presentarse como candidato a diputado con su esposa Sonia en la misma lista. Pero se arrepintió cuando leyó las encuestas que reflejaban el rechazo generalizado a su figura. Hace un par de semanas, en coincidencia con el aniversario del corralito, dio varios reportajes en los que reinvindicó la polémica medida. Su punto de contacto con la política argentina se ve hoy reflejado a través de su blog (www.cavallo.com.ar), donde escribe asiduamente y no se priva, incluso, de darle consejos económicos al actual gobierno de Cristina Kirchner. Igual que para De la Rúa, el mea culpa no es lo suyo.

Chrystian Colombo tuvo un rol clave en los meses calientes de 2001 desde su cargo de jefe de Gabinete. Apenas dejó el Gobierno, el ex funcionario abandonó completamente la política para dedicarse a los negocios. Hoy es socio de los ex ejecutivos del CitiBank Carlos Giovanelli y Guillermo Stanley en D&G, fondo de inversión que debutó a inicios de la década pasada, ya con el kirchnerismo en el poder, con la compra de Havanna. Además, tiene inversiones en el sector eléctrico y, por estos días, prepara el retorno de la cadena Wendy?s al país.

Ricardo López Murphy es casi el único ex integrante de la fallida Alianza que se atrevió a someterse rápidamente al voto popular, si bien había dejado el gobierno delarruista meses antes del acto final (fue ministro de Defensa y luego tuvo un recordado y fugaz paso por el Ministerio de Economía). El Bulldog fue candidato a presidente en 2003 (salió tercero con el 18% de los votos), luego fundó Recrear, se alió a Mauricio Macri (con quien después se peleó ) y se postuló para senador por la provincia de Buenos Aires en 2005. En 2007, volvió a postularse para la Presidencia y sacó apenas el 1,45% de los votos. Este año fue candidato a jefe de gobierno por el Partido Autonomista con un pobre desempeño.

Adalberto Rodríguez Giavarini, el prolijo ex canciller de la Alianza, tampoco retornó a la política. Hoy preside el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales(CARI), un think tank gravitante en América Latina. Además, tiene su estudio profesional donde se ocupa de temas de política internacional y economía nacional e internacional.

El entonces jefe de la SIDE, el ex banquero Fernando de Santibañes, hombre de fortuna, es otro de los aliancistas que se "borró" literalmente de la escena pública. Como De la Rúa, espera ahora el juicio oral por las supuestas coimas en el Senado, al que también serán sometidos otros protagonistas de la época: el ex ministro de Trabajo Alberto Flamarique, y los ex senadores peronistas Augusto Alasino, Remo Costanzo, Alberto Tell y Ricardo Branda.
El ex secretario General de la Presidencia, Nicolás Gallo, también fue un actor importante de 2001. El ingeniero tenía una amistad personal con De la Rúa que aún conserva. Ahora se dedica a la producción agropecuaria.

Sobrevivir al naufragio
Como toda regla tiene su excepción, hubo algunos dirigentes de la Alianza (en particular los que venían del Frepaso) que sí lograron reinsertarse en la estructura del poder, pero con un rasgo distintivo que, en todo caso, permite apenas hablar de una reconversión "a medias": ninguno de ellos cuenta hoy con caudal de votos propio, y tampoco tiene mayor gravitación en la escena nacional.

"El mejor ejemplo es Carlos Chacho Alvarez, que no ha dejado de ocupar cargos medianamente relevantes en organismos regionales. Pero eso no significa que electoralmente haya recompuesto con la ciudadanía", dice a WE Diego Reynoso, politólogo e investigador de Flacso. Gervasoni matiza esa opinión: "Chacho tiene un potencial que De la Rúa no tiene. No quedó tan asociado al fracaso y podría volver. La memoria de la opinión pública es corta y tiende a recordar los últimos hechos. Depende de la capacidad del político de rescribir su historia, redefinir su imagen y generar nuevas acciones", dice.

Lo cierto es que desde el arranque de su Gobierno en 2003, Néstor Kirchner estuvo empecinado en repatriar a Chacho para la política. El ex vice de De la Rúa, que para diciembre de 2001 ya hacía casi un año que había renunciado a su cargo por el escándalo del Senado (lo hizo en octubre del 2000), meditó largo tiempo su regreso. Durante años guardó prudente silencio. En su libro Sin excusas (fruto de sus charlas con el periodista Joaquín Morales Solá) volcó su versión sobre el fracaso de la Alianza y ensayó una suerte de autocrítica. Luego, intentó reinventarse como "comentarista político" en la TV por cable, donde hizo un programa de debates académicos. Finalmente, aceptó la oferta de Kirchner para sumarse al gobierno sucediendo a Eduardo Duhalde al frente del Mercosur cuando el caudillo de Lomas de Zamora rompió lazos con el santacruceño. Este año, asumió al frente de la Aladi (Asociación Latinoamericana de Integración), desde donde sigue cultivando un bajo perfil.
Otra ex frepasista, Nilda Garré, también cumplió un rol en el gobierno delarruista, aunque bastante menos visible que el de Chacho. Fue viceministra del Interior, cargo al que renunció con el desembarco de López Murphy en Economía. No obstante, en 2001 fue electa diputada cuando el frente UCR-Frepaso ya iba camino a la extinción. "Mucha gente del Frepaso había quedado huérfana tras la caída de la Alianza. Y tanto Garré como Chacho venían del PJ, que tiene esa reputación de aceptar reincorporaciones sin hacer preguntas", apunta Gervasoni. Por cierto; Garré es hoy una de las funcionarias predilectas de Cristina. Primero fue embajadora en Caracas; luego, comandó con mano firme las Fuerzas Armadas desde el Ministerio de Defensa y, desde fines del año pasado, fue además la elegida de CFK para resolver la inseguridad. Desde allí tuvo la habilidad de debilitar el poder del entonces jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. Al hacerse cargo de la Policía Federal, descabezó a su cúpula y planteó un nuevo esquema de servicios. Su trayectoria merece una mención aparte: militó en el ala izquierda del PJ hasta que en 1973 ganó una banca como diputada por el Frejuli. Ocupó el escaño hasta 1976 y durante la dictadura colaboró activamente en la representación de presos políticos y organizaciones de derechos humanos. Siempre se la ligó a Montoneros. Fue pareja del histórico dirigente del PJ Juan Manuel Abal Medina y, paradojas del destino, el hijo de éste es hoy su jefe en el gabinete nacional.

Su compañera del Gabinete, Débora Giorgi, es otra de las ex aliancistas que se las ingenió para llegar a buen puerto, tras el naufragio de la coalición UCR-Frepaso. Se reinventó dentro del kirchnerismo, si bien su perfil siempre fue técnico y no tuvo gran exposición en la crisis de 2001. Como sea, hoy integra junto con Garré y Alicia Kirchner el trío de féminas incondicionales a Cristina. Entre 1999 y 2001, fue sucesivamente secretaria de Industria, de Comecio y de Energía, de José Luis Machinea y Domingo Cavallo. Esa marca en su curriculum no le impidió, sin embargo, sumarse en 2008 al gabinete nacional, cuando fue nombrada al frente del Ministerio de Producción. Tras una reestructuración ministerial, en 2009 pasó a desempeñarse como ministra de Industria, cargo en el que fue reconfirmada para esta nueva etapa cristinista. Antes, había ocupado diversas funciones en el gobierno de Buenos Aires, al que llegó en 2005, con Felipe Solá.

Otra dirigente que al igual que Garré hizo sus primeras armas en el peronismo (siempre se la vinculó con Montoneros, pero ella lo niega) es Patricia Bullrich, quien supo pasar por varios procesos de reconversión para mantenerse a flote. Durante su gestión frente al Ministerio de Trabajo con el delarruismo (renunció en noviembre de 2001) se ganó el apodo de "La Piba", autoría de Hugo Moyano, con quien mantuvo un duro enfrentamiento desde esa cartera. Antes de sumarse a la Alianza, se había asociado con Domingo Cavallo y Gustavo Beliz, y después también se acercó a López Murphy. En 2007, se acercó a Lilita Carrió, pero al final rompió con la Coalición Cívica tras ser reelecta diputada en octubre pasado (fue la única que renovó la banca por esa fuerza) y hoy forma el monobloque Unión por Todos.
Paradojas de la Argentina, la pregunta se impone: ¿Por qué algunos aliancistas fueron capaces de volver al ruedo y otros quedaron en el camino? "La sociedad castiga rápido, pero perdona lento. La política es un sube y baja, y más en la Argentina, que tiene una sociedad volátil y ciclotímica", sentencia Mora y Araujo.
Reynoso, aporta otro matiz: "No creo que se trate de que tal cosa llamada ?la sociedad? perdona a algunos y a otros no. Cada quien tiene sus ideas acerca de las causas de la crisis y hará su evaluación respecto de cada actor. Lo que queda claro es que sobre De la Rúa y Cavallo hay una consenso amplio acerca de su responsabilidad". Para ellos, al parecer, el telón ya cayó. z we
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El sushi que pasó de moda
El célebre Grupo Sushi liderado por Antonio de la Rúa ejerció una influencia notoria en el entorno presidencial y su sello distintitivo fue su estética elitista. Usina de ideas del Gobierno, tomó su nombre de la costumbre de sus integrantes de juntarse a degustar pescado crudo en el barrio de Las Cañitas, reducto de moda por excelencia de aquellos años. Sus ahora ex miembros siguieron caminos disímiles, la mayoría ajenos a la política. La excepción fue Hernán Lombardi, de origen radical, quien fue ministro de Cultura, Turismo y Deportes de De la Rúa, y hoy es ministro de Cultura de Mauricio Macri. Lombardi se encargó este año de acercar al PRO a otro ex sushi, su amigo Darío Lopérfido, director artístico de la última edición del Festival Internacional de la Ciudad de Buenos Aires (FIBA).

Pero el ex vocero presidencial asegura que su regreso a la gestión pública tiene que ver sólo con lo artístico, que está desencantado de la política y que no tiene en sus planes volver a ese metier.

De hecho, fue uno de los primeros que se apuró a tomar distancia después de la debacle aliancista. En 2002, se fue a vivir a España.
Allí asesoró al grupo PRISA. Volvió al país en 2008, cuando conoció a su pareja, Esmeralda Mitre, hija de Bartolomé Mitre, dueño de La Nación. Otro que dejó la Argentina cuando sobrevino la crisis fue el hijo del ex presidente. Antonito se instaló en Miami y se recicló en el mundo del show business de la mano de su ahora ex novia, Shakira, con quien estuvo en pareja 11 años. Pese a la ruptura, sigue ligado comercialmente a la cantante colombiana, al igual que su hermano, Aíto de la Rúa. También tiene una productora.

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