
El primer graduado
<DIV><DIV class=txtGrande><STRONG>Grandes economistas argentinos. Héctor Luis Diéguez.</STRONG></DIV><DIV></DIV></DIV>
Escribe: Manuel Fernández Lopez (*)
Estas son reminiscencias -recuerdos imprecisos- de uno de los economistas más laboriosos, tenaces y serios del país: Héctor Luis Diéguez (1928-1991). Era emblemático de la carrera de Licenciado en Economía Política de la UBA: uno de sus primeros inscriptos, uno de los alumnos predilectos de Olivera, y el primero en recibirse, por lo que su trayectoria es un retrato de la primera etapa de dicha carrera.
Más que una creación ab ovo, la licenciatura nació del desdoblamiento de la carrera existente, tal cual lo había propuesto Raúl Prebisch en 1945: "Preconizo la separación de las carreras de contador, economista y actuario, dividiendo el plan de estudios de contador en materias básicas y optativas; la carrera de economista podría terminar en la de Doctor en Ciencias Económicas después de trabajos muy serios de investigación personal. El plan debiera tener materias básicas con el mínimo de derecho o legislación; habría que dar mucha más intensidad al estudio de la economía y el medio social, histórico e institucional en que se desarrollan los fenómenos económicos. Las materias optativas debieran poder combinarse en grupos que permitan por lo menos estas tres espe-cializaciones: moneda, bancos y ciclos económicos; industria y comercio internacional; y finanzas y administración."
En octubre de 1958 la Comisión de Plan de Estudios de la Facultad entregó su informe sobre la creación de la Escuela de Economía Política, con grado habilitante de Licenciado en Economía Política. En noviembre el Consejo Superior aprobó el nuevo ordenamiento de carreras.
El plan se aproximaba mucho más al tipo de conocimientos que algunos alumnos habían buscado antes en la Facultad, con más carga de asignaturas económicas que de contabilidad o gestión. Este hecho motivó que, al inaugurarse la nueva Licenciatura en Economía Política, se pasasen a ella estudiantes que venían rindiendo materias de Contador Público, como Héctor Diéguez, Miguel Sidrauski, Adrián Gui-sarri, Alberto Barbeito, y muchos más, a quienes de inmediato la Facultad daba por aprobadas las materias iniciales de Economía (Fundamentos de los hechos e ideas económicas, Economía I) y se convertían en demandantes de los primeras materias específicas. Economía II, que dictaban Julio H. G Olivera y José A. Gomariz, se desdobló en Dinero, Crédito y Bancos y Economía Internacional, respectivamente, a cargo de dichos catedráticos. Más tarde, otra parte de esa materia, sobre Fluctuaciones Económicas, se confió a César A. Piaña.
Diéguez había estudiado tres años en Ingeniería, y abandonó, acaso por motivos económicos o también políticos. Militaba en el socialismo, circunstancia poco grata para el gobierno en la segunda presidencia de Perón, que había obligado a Alfredo L. Palacios a exiliarse en Montevideo. Algún oscuro espía habrá escrito debajo de su nombre: "socialista". Trabajó en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. Quizás ese contacto con el mundo económico le determinó a reanudar estudios universitarios, pero en la Facultad de Ciencias Económicas, en la carrera de Contador Público. En 1958 la escuela de capacitación sindical de la Federación de Empleados de Comercio le publicó "Teoría y práctica de la economía argentina".
Olivera dictó por primera vez Dinero, Crédito y Bancos en 1959. Para promover una enseñanza de excelencia, la Facultad creó los "cursos de promoción por pruebas parciales y coloquios complementarios", adoptado inicialmente a modo de ensayo por F. I. Toranzos en Estadística y E. A. De Cesare en Matemáticas Especiales. Se adhirió el Dr. Olivera, quien en diciembre del 61 informaba al Director de Economía Norberto González: "en el cuatrimestre anterior hubo un estudiante que completó (con calificación sobresaliente) todas las pruebas parciales". Se trataba de Diéguez. Olivera no dejaba pasar el tiempo, apenas detectaba un alumno de cualidades extraordinarias, y luego de superar el examen de su materia, lo invitaba a participar en su seminario de Análisis Económico. Ese año se "animaron" a rendir las pruebas escritas Carlos Izurieta, Ángel Fucaraccio, Enrique Blasco Gar-ma, Miguel Sidrauski, Osear Altimir. MauricioTeubal y Héctor Luis Diéguez.
El ano 1961 trajo otra novedad. En octubre la Facultad creó el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, y puso a su frente a Olivera, que entonces era Subgerente General del Banco Central. Además, el decano Chapman poco después le invitó a acogerse a la dedicación exclusiva. No había aún graduados de la nueva carrera, y propuso integrar laplan-ta con "investigadores y ayudantes de investigación suficientemente calificados". Esa calificación la alcanzaban "algunos estudiantes sobresalientes de la Licenciatura en Economía (en especial del nuevo plan de estudios) y del Doctorado". Elevó su pedido de cinco ayudantes de investigación en marzo del 62. En el grupo se contaba Diéguez. quien de pronto se vio proyectando investigaciones con el doctor Olivera, Osear Altimir, Mario Marzana,, Miguel Sidrauski, Mauricio Teubal y Alberto Chazelle.
En el año 1962 se dieron pasos notables. El doctor Olivera dejó la gerencia del Banco Central y se acogió al régimen de dedicación exclusiva. Además del Curso de Dinero, en mayo ofreció dos seminarios: uno sobre Dinámica económica (con especial referencia a fluctuaciones y modelos de crecimiento cíclico) y otro sobre Teoría Lineal (programación lineal, modelos de insumo producto, introducción a la teoría de los juegos). Ese mes Sir John Hicks visitó la Facultad y expresó su coincidencia con el enfoque de Olivera sobre inflación.
Comenzaron los seminarios del Programa Ford: llegaron aquel año William B. Reddaway (Desarrollo económico), Leonard Joy (Economía agraria), Walter T. Newlyn (Teoría monetaria) y Edward J. Mishan (Economía del bienestar). Entre algunos alumnos que cursaron el programa, figuraban Héctor L. Diéguez, Miguel Sidrauski, Miguel Teubal, Osear Braun,Angel Fucaraccio, Arturo Meyer, Enrique Blasco Gar-ma y Jorge Katz.
Entre el 22 y el 24 de noviembre se realizaron en la Facultad las Primeras Jornadas Anuales de Economía, con veinticinco trabajos presentados, de los que once se publicaron en la "Revista de Ciencias Económicas", entre ellos, el de Sidrauski y Diéguez, "Reconsideración de la teoría Ricardia-na del Crecimiento".
El año 62 se cerró con la renuncia de Norberto González al Departamento de Economía (reemplazado por Manuel San Miguel y luego por José A. Gomariz) y la designación del doctor Olivera como rector de la Universidad. Para Sidrauski y Diéguez, significó, en la segunda mitad de sus carreras, replantear sus cursos de acción. Tenían en principio dos caminos: acelerar el paso y completar la carrera, o irse al mejor lugar posible, Diéguez y Braun eligieron el primer camino. Sidrauski y Katz, el segundo.
En el primer cuatrimestre del 63 se llamó a concurso para ayudantes segundos del grupo de asignaturas de Teoría Económica. El jurado, que integraba el profesor Gomariz, nos designó (el 3 de junio) a Diéguez, Braun, a mí y a otros, ayudantes segundos del grupo de materias de Teoría Económica. A cada uno se lo mandó a colaborar con una materia específica de la carrera. Diéguez colaboró en Economía Internacional, que dictaba el profesor Gomariz, y que con la partida de Sidrauski se quedaba sin ayudante. El titular usaba el texto de Kindleberger, publicado en castellano por Aguilar. La elección era útil para el estudiante medio, pero no reflejaba la frontera de la ciencia. En voz baja se comentaba que el titular debía actualizarse, o quedaría relegado. Se consideraba obra más actual a "Trade and Economic Structure" (I960) de Richard E. Caves, ganadora del premio David A. Wells, de Harvard.
Gomariz le asignó a Héctor enseñar la parte "nueva" de la materia, el enfoque de Heckscher-Ohlin, que Diéguez encaró según la tecnología del momento, mediante el diagrama de caja debido a Lancaster (1957), más algunos complementos, como el artículo de Rybczynski (1955). Eran clases brillantes, y el propio titular del curso hizo grabar en un aparato Geloso la clase sobre Heckscher-Ohlin. La tecnología usada hasta entonces era la curva de posibilidades de producción, introducida por Haberler en 1933, y explotada muy hábilmente por Meade en "Geometría del comercio internacional". Si la curva de transformación y el diagrama de caja eran representaciones igualmente válidas, ¿cuál era el vínculo analítico entre ellas? El asunto lo desveló largo tiempo. Se propuso agotar la bibliografía: buscó sin éxito el artículo de Edgeworth "Teoría de los valores internacionales", publicado en tres números del "Economic Journal" de 1894, que no estaban ni en la Facultad ni en el Banco Central. Finalmente, sus lecturas le sirvieron para cumplir con un requisito de graduación: elegir una materia del ciclo económico y llevar a cabo un trabajo práctico de carácter bibliográfico. Héctor eligió Economía Internacional y compuso la monografía de 21 páginas. "El diagrama de caja y la función de transformación", incorporada en 1964 a la bibliografía de Teoría del Crecimiento Económico.
En octubre del 63 la Facultad celebró su primer cincuentenario con una emotiva ceremonia en el segundo piso, en la que estuvo presente el Doctor José Arce y se escuchó la palabra del rector Olivera. El brillante evento también mostró cuan alto había subido Olivera y cuan lejos estaba del trato cotidiano. Héctor no podía esperar mucho de lo que ofrecía la Facultad: Sidrauski ya en Chicago, el plan Ford de apoyo a la carrera, desinflándose de a poco. Debía pensar en otro centro de estudios. El Banco Central a principios de los cuarenta había concretado con éxito becar a dos funcionarios cada año para estudiar en Harvard. Así lo recordó Prebisch en 1945: "Debiera ofrecerse a los mejores egresados la oportunidad de proseguir los estudios en grandes universidades del extranjero. Dos años de trabajo metódico y excluyente de otras preocupaciones probarían ser de benéficos resultados, según demuestra la experiencia que de algunos años atrás viene realizando el Banco Central con gente joven que envía a la Universidad de Harvard. Vuelven con muy buenos conocimientos y sobre todo con la aptitud de pensar por sí mismos, que tan poco se cultiva entre nosotros".
"Trabajo metódico", "excluyente de otras preocupaciones" y "muy buenos conocimientos", era una fórmula muy atractiva para Héctor. También lo era la fama que entonces se había hecho de Harvard como una universidad que hacía énfasis en el tratamiento estadístico y econométrico. Además, Gomariz había sido uno entre aquella "gente joven" enviada por el Central a Harvard, de lo que hacía gran alarde por haber estudiado con Leontief y otros grandes, y haberse recibido con honores. También, en aquel momento, colaboraba con Leontief nuestro José María Dagnino Pastore.
El 21 de Julio de 1964 Diéguez, Braun y el que escribe, rendimos examen de Historia del Pensamiento Económico ante Miguel Teubal y José A. Gomariz. Para Héctor era su última materia y su graduación como Licenciado.
El comienzo del segundo período en las universidades del norte se avecinaba y debía apurarse la documentación para el viaje, realizada ante la Policía Federal. Algún oscuro burócrata halló aquella ficha polvorienta, nunca tirada a la basura, y se demoró la entrega del pasaporte. Se habló de un escrito de Héctor (¿quizá "Sugerencias para un plan económico socialista", de 1959?). Era la nueva Inquisición, que nunca se fue del todo, y Héctor, como Galileo, debió abjurar de su creencia, declarando que se trataba de un homónimo. Héctor estuvo tres años en Harvard. Al regresar procuró reintegrarse a la docencia en la Facultad, sin éxito. Se incorporó al Instituto Torcuato Di Tella y a la Universidad Nacional de La Plata, de donde fue echado en marzo de 1975. por un delegado interventor, el mismo que en 1945 había jubilado a la fuerza a L. R. Gondra en la UBA. Héctor falleció el 3 de agosto de 1991. Dijo de él Alberto Petrecolla: "Lo primero que se presenta delante de uno es una mezcla de atributos personales encomiables -su bondad, su honestidad intelectual y de la otra, su capacidad de dedicación a causas y personas- con otros, igualmente encomiables, en el orden intelectual: rigor académico, amplitud de intereses, relevancia de las cosas que trataba ...fue uno de esos economistas que eligieron serlo... porque le interesaba sobre todo el aspecto humano y social de la economía. Nunca ... abandonó su interés profundo por los problemas sociales y en particular por la condición de los más pobres. Eligió responder a esa vocación tan clara desde el ámbito académico y científico."
Como homenaje bien merecido, llevan su nombre un aula de la Universidad Nacional de La Plata y el salón de conferencias de la Universidad Torcuato Di Tella.
(*) Académico titular. Academia Nacional de Ciencias Económicas.
