La Prensa
25/09/8

Hace 35 años asesinaron a José Rucci

Por Santiago Senén González, Compilador del Archivo del Sindicalismo Argentino De la Universidad Torcuato Di Tella.

Hace hoy 35 años que fue asesinado el entonces secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, en un operativo que los medios denominaron Operación Traviata” por tener en su cuerpo tantas balas como los agujeros que destacaban a una popular galletita de la época.

Tenía apenas 20 años cuando llegó a Buenos Aires en un camión del diario “El Mundo” para seguir tentando fortuna. Fue lavacopas en una pizzería de Floresta, cajero en una confitería de Cabildo y Juramento y, tras ese breve paso por el rubro gastronómico, José Ignacio Rucci ingresó a la actividad metalúrgica como operario de una fábrica de cocinas, en 1944.

"En ese lugar, Rucci aprendió los secretos de la profesión gremial al lado de quien años más tarde y hasta 1953 sería el líder de la UOM, Hilario Salvo, ‘un aficionado a la guitarra’ –según la izquierda peronista- que en los días de ocio se dedicaba al contrabando”.

Luego, de su debut público en el fallido congreso normalizador de la CGT, en setiembre de 1957, vuelve a salir del primer plano. Ocupa una secretaría en la UOM Capital al año siguiente e integra la intervención a la considerada “difícil” seccional de San Nicolás. No tiene, por ende, un rol protagónico en la recuperación de la CGT en 1960 ni en la puja Alonso (José) con Vandor. Tampoco lo tendrá en la ocupación de fábricas, de mayo de 1964, previa a la caída de las primeras figuras tras la escisión cegetista de 1968, y el “Cordobazo”, un año más tarde.

Hacia 1970 el dirigente comienza a lucir camperas con flecos. Con el cuello de la camisa siempre abierto, largas patillas y sonrisa fácil, sólo fruncía el ceño cuando prendía un cigarrillo o hablaba de sus enemigos.

El 2 de julio se inicia el Congreso de la Unidad de la CGT, que lleva el nombre de “Augusto Timoteo Vandor:” se cumplía un año de su asesinato y el vacío de liderazgo era ostensible. Atrás quedaban los intentos no concretados totalmente de normalización de 1963, 1965 y 1968. También se cerraba la intervención de Valentín Suárez, que venía de cumplir similar función en la AFA.

Entre Generales: Perón y Lanusse

Luego de una década de hibernar detrás de la escena, la suerte de Rucci habría de mudar radicalmente con la reanimación de la actitud política lanzada por el presidente Alejandro Agustín Lanusse con vistas a una salida electoral negociada con la administración militar. Con ella, la CGT emerge de su anonimato y Rucci se convierte en un interlocutor válido para el gobierno.

Por primera vez, un dirigente metalúrgico, “ese soldado de Perón” –menos ampulosamente ‘el petiso’ –como lo llamarían sus compañeros del gremio, accedía a la conducción de la central obrera, y hay quienes ya veían en este giro la mano del heredero involuntario en el trono de la UOM: Lorenzo Miguel, quién además dirigía la rama política o sea las 62 organizaciones.

En marzo del 1971, el verdadero hombre fuerte, el general Lanusse, se hacía cargo del poder y designaba al frente de la cartera laboral a Rubens San Sebastián, que retornaba a la labor cumplida durante el onganiato (y conocía la trama interna desde su manejo de las relaciones laborales en los tiempos en que Alsogaray se hizo cargo de la economía en el gobierno de Frondizi), como “bisagra” con los sindicatos. El sector empresario representado en esos momentos por Josse B. Gelbard busca el entendimiento.

Un año después es cuando Rucci conoce a Perón en España en abril de 1971. Es entonces cuando inaugura la rutina de los viajes a Puerta de Hierro, peregrinaje que repite junto a Lorenzo Miguel Así nace otro mito. El general lo elige para la secretaría general por se un hombre de su absoluta confianza. Rucci se lanzó prontamente a ocupar el sitio que, según consideraba, le correspondía.

En julio de 1972, el secretario general consigue la reelección y comienza a intensificar la campaña para el regreso de Perón, que se concretaría cuatro meses después. “A partir de entonces –recordó Hugo Barrionuevo, secretario de prensa cegetista y años ,más tarde Ministro de Trabajo del gobierno del doctor Raúl Ricardo Allfonsín- Rucci embandera mucha más a la conducción cegetista. Aprobaba carteles de ‘trabajador y peronista’, como sinónimos que determinaban nuestra pugna.

El 17 de noviembre de 1972 había sido uno de los días más felices de su vida. Regresaba Perón, y él tuvo el “ privilegio” de cubrirlo con su paraguas de la intensa lluvia en el aeropuerto Pistarini de Ezeiza. Ese día fue declarado “de júbilo nacional” por la CGT para permitir la concentración en el aeropuerto internacional, cosa que fue impedida por las Fuerzas Armadas. Allí, acompañado por Juan Manuel Abal Medina recibió al general que, frente a los simpatizantes (sólo 200 habían sido autorizados para pasar los controles militares del camino de Ezeiza) hizo su clásico saludo levantando los brazos.

No eran momentos muy gratos para la dirigencia gremial. Varios ministerios y fábricas habían sido ocupados por activistas contrarios a la CGT que utilizaban cánticos como “se va a acabar, se va a acabar, la burocracia sindical”.
Estaban en la superficie dos modelos, según los analistas de la época: la “patria peronista” con la Juventud Sindical (JSP) por un lado, y la “patria socialista”, con la Juventud Trabajadora (JTP), por el otro. Ambos apoyados por grupos de choque de los dos extremos del arco ideológico, amparados por poco tiempo más bajo la efigie del general.

El 20 de junio se produce el segundo, definitivo y traumático regreso de Perón al país. El avión no puede descender en Ezeiza, donde se producen sangrientos enfrentamientos entre ambos sectores, pero horas después reivindica a la CGT de Rucci condenando a otros grupos.

El 4 de julio renuncia el presidente Héctpr Cámpora y el líder cegetista hace un llamado a “la unidad”, proclamando “la candidatura del general Juan Domingo Perón para la presidencia de los argentinos, Un mes antes, el 8 de junio, se había concertado el Pacto Social. Lo firman el ahora titular de Economía, José Gelbard, el de la Confederación General Económica, Julio Broner, y el de la CGT, José Rucci.

Pero el 10 de septiembre, Rucci anuncia que en diciembre serían denunciados los convenios colectivos de trabajo, para que pudieran ser discutidos en las comisiones paritarias de acuerdo a la ley 14.250. Por ese motivo solicita con premura una entrevista al presidente interino Raúl Lastiri. Un día después del triunfo de la fórmula Perón-Perón, con un 62% de los votos, Adelino Romero llamó a su compañero de conducción para señalarle la oportunidad de adelantar la denuncia de los contratos laborales.

Lo concreto es que el 25 de septiembre debía grabar en Canal 13 un mensaje sobre el resultado electoral en el que señalaría “la etapa de la lucha ha sido superada”. No llegó a pronunciar esas palabras. Ese martes, a los 48 años, caía asesinado.

A las 12:10 del 25 de septiembre, Rucci caía acribillado a balazos al intentar subir a su automóvil, cuando salía de su departamento ubicado en Avellaneda 2953, en el barrio porteño de Flores. La vivienda era ocupada ocasionalmente, pues en ella estaba su familia, y era propiedad de Antonio Iannini. Este último era copropietario de una agencia de publicidad que dirigía el veterano periodista Federico Vistalli, quien la fundó al quedar cesante años antes en la oficina de prensa del Ministerio de Educación.

Recuadro: El tema Rucci y los libros

En 1971 el autor de la nota escribió “El Sindicalismo Después de Perón” que publicó editorial Galerna donde se hacían referencias al nacimiento de José Ignacio Rucci a la vida sindical por su actuación en el Congreso Normalizador de la CGT realizado en 1957 y que motivó el renacimiento del sindicalismo peronista luego de la Revolución Libertadora.

Más adelante en 1983 el profesor Rubén H. Zorrilla en su libro editado por Siglo Veinte “El Liderazgo Sindical Argentino” hace un estudio sobre la personalidad de Rucci.

Pasan tres años y Editorial Perfil, saca a luz con la firma de Cernadas Lamadrid y Ricardo Halac la biografía Rucci y el Sindicalismo Peronista y un año más tarde -1987- el profesor inglés Richard Gillespie en su documentada obra “Los Montoneros-Soldados de Perón (Ed.Grijalbo) se hace eco de que esa organización se adjudicó el asesinato.

Varias otras obras destacan pasajes de la vida del que fuera Secretario General de la CGT durante los períodos 1970-1973. Pero concretamente a su historia hay tres:” El Hombre de Hierro” que el autor de la nota escribiera con el politólogo Fabián Bosoer y que editó Corregidor en 1993 que es una biografía desde su nacimiento hasta su fin pasando al hecho cuando conoce a Perón en 1971; El otro “José Ignacio Rucci” del profesor de Historia Luis Fernando Beraza de Ediciones B que apareció en 2007 con apreciaciones tanto sobre la U.O.M. como de las 62 organizaciones y por último es año el de Sudamericana llamado Operación Traviata (¿Quién mató a Rucci ?) del periodista Ceferino Reato que centra, como su nombre lo indica, en una investigación sobre el crimen.

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