La CGT se dobla, pero no se rompe
Ideológicamente, el movimiento sindical estuvo bajo la esfera del peronismo en los últimos 60 años. Actualmente hay tres centrales sindicales: las dos CGT y la CTA. Por <STRONG>Santiago Senén González,</STRONG> compilador del Archivo del Sindicalismo Argentino de la <STRONG><FONT color=#ff0000>Universidad Torcuato Di Tella</FONT></STRONG>.
El damero sindical es entramado y con muchos vericuetos. No sólo ahora, sino desde su nacimiento como instrumento de lucha social. En estos momentos y por primera vez en más de medio siglo desde el nacimiento en 1945 del llamado ‘sindicalismo de Estado’, o sea, la necesidad de la personería gremial para la actuación plena, hay tres centrales sindicales. La Confederación General del Trabajo (CGT), cuya fecha de fundación fue en 1930, y la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), nacida en 1992 y reconocida cinco años más tarde. Pero desde días atrás un sector disputa a quienes conducen al movimiento sindical: es la ‘Azul y Blanca’, que también ostenta el ambicioso título de CGT. La orienta el dirigente de los gastronómicos Luis Barrionuevo. Todas ellas contienen sus peculiares rompimientos.
La CGT oficial tuvo, en sus casi 80 años de historia, varias divisiones. Todas respondieron a diferencias ideológicas. Antes del peronismo, entre socialistas, sindicalistas y comunistas y después, sólo entre fracciones del peronismo. Después de 1945 también fueron fracturas por metodologías pero todos los núcleos manifestaban adhesión al peronismo. Si nos remontamos a la década de 1960, la división más importante fue la registrada en 1968 con el nacimiento de la CGT de Paseo Colón o de los Argentinos, con el liderazgo del gráfico Raimundo Ongaro. Las últimas fracturas fueron, en 1989, entre la CGT de Saúl Ubaldini del gremio cervecero y la CGT a cargo del mercantil Guerino Andreoni. Mientras que en el 2000, cuando el camionero Hugo Moyano crea una CGT disidente al transformar el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA), para enfrentar a la oficial, que tenía como líder a Adolfo Daer de la Alimentación.
En tanto, la CTA, si bien no tiene personería gremial, ha logrado que sus reclamos sean aceptados mediante una ‘Observación’ en la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Pero el otorgamiento del instrumento legal debería ser precedido por una reforma de la ley de Asociaciones Profesionales. En lo que hace a su ideología la conducción está cercana al Gobierno pero con matices diferenciadores. Aunque por ser su conformación la de un movimiento, tiene afiliación directa de sus adherentes. Las posiciones políticas entre algunos de los grupos que la integran responden a disímiles fracciones. Cabe señalar que actualmente comparte con la CGT el espacio sociolaboral en organismos como el Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y del Salario Mínimo, Vital y Móvil y está unida con la CGT en la cúspide de ese organismo, compartiendo además la dirección en dos organismos internacionales.
En efecto, al fusionarse las dos centrales sindicales internacionales preexistentes (CIOSL y CMT) en la Confederación Sindical Internacional, a fines de 2006, tanto la CGT como la CTA se integraron en esa organización, en un congreso donde participaron 306 centrales de 170 países, realizado en Viena al terminar ese año. Dos años más tarde, los delegados de la CGT, Gerardo Martínez, de Uocra, y de la CTA, Hugo Yasky, de Docentes, deliberaron en Uruguay para conformar la rama sudamericana de la CSI. Estas adhesiones complejas implican que, en última instancia, las dos centrales en pugna, por personería gremial y por representación, mantienen una ‘entente cordial’ en la cúspide.
CUARTO SECTOR
Al margen de los tres núcleos del gremialismo -las dos CGT y la CTA- hay un cuarto sector que no es orgánico pero que actúa en la confrontación sindical. Se trata de las “comisiones internas” en lugares donde los trabajadores manifiestan que no se sienten representados por la organización central a la que pertenecen y decretan medidas de fuerza. Uno de los casos emblemáticos fue el del hospital Garrahan y también el de los subterráneos metropolitanos, así como los Petroleros en el Sur. En muchos casos sus acciones contestatarias determinan que las organizaciones centrales de estos núcleos deben ponerse al frente de la acción para no ser rebasados. Su acción de enfrentamiento, salvando las distancias pero no los matices doctrinarios, se asimila al de los sindicatos llamados “clasistas” Sitrac-Sitram que actuaron en Córdoba en 1968.
¿DOS CGT?
En forma coincidente con el Congreso de la CGT, que reeligió a Hugo Moyano como secretario general (también vicepresidente del PJ), Luis Barrionuevo (asimismo diputado nacional peronista) anunció la nueva CGT disidente, denominada ‘Azul y Blanca’. La central sindical oficial -acusada por su rival de ser ‘‘de Kirchner y De Vido’’- se nutrió para su nueva etapa con los representantes de los sindicatos con mayor cantidad de afiliados y poder económico, sector conocido como ‘los gordos’, cuyos máximos dirigentes entre otros son Armando Cavalieri, de mercantiles; José Pedraza, de Ferroviarios; Oscar Lescano, de Luz y Fuerza, y West Ocampo, de la Sanidad. También anunciaron que se incorporan al Consejo Directivo Amadeo Genta, Municipales de la Ciudad de Buenos Aires, y Juan Belén, de la Unión Obrera Metalúrgica. Como dato significativo, esta importante organización designó para ocupar el cargo en la central a un veterano titular de la seccional de Avellaneda, y no a su secretario general, Antonio Caló. Otro hecho interesante es que mantienen sus puestos en el secretariado dos dirigentes que han sido críticos de Moyano, y a quienes se adjudica el rol de “independientes”, Andrés Rodríguez, de la Unión de Personal Civil de la Nación, y Gerardo Martínez, de la Unión Obrera de la Construcción.
En cambio, la CGT disidente tuvo la inspiración de Luis Barrionuevo, quien fue hace dos años ‘factotum’ para lograr que Moyano accediera a la conducción cegetista. El dirigente gastronómico esta vez quería ser parte de la conducción y, al no conseguir su propósito, operó con la fractura.
Es evidente que el mayor poder de presión ante el Gobierno y los empresarios está en la CGT de Moyano, mientras el sector de Barrionuevo tratará de subir apuestas de reivindicaciones. Pero es de señalar también que el grupo de sindicatos que acompaña al gastronómico tiene características muy disímiles. Personajes muy conocidos, como el titular del gremio de los árbitros Guillermo Marcó, o de sectores claves como Ricardo Cirielli, de Técnicos de Vuelos. Hasta se podría especular de nexos con el macrismo, a través de Daniel Amoroso, de Juegos de Azar, y de Alberto Roberti, que representa a un sector estratégico: la Federación Argentina del Petróleo y Gas Privado.
Cabe, sin embargo, una especulación: Hugo Moyano tiene el apoyo explícito de la Casa Rosada. El jefe del partido, el ex presidente Néstor Kirchner, y su esposa, la actual titular del Ejecutivo, estuvieron en la sede de la Confederación General del Trabajo -a propósito del homenaje a un abogado laboral desaparecido- el día antes de su consagración como titular de la central sindical. Fue una demostración de apoyo más que explícito. Es que el dirigente camionero ha sido funcional a la política salarial del Gobierno durante toda la gestión del ex presidente y ahora con su esposa. Y eso es de singular importancia para la gobernabilidad.
SINDICALISMO Y PERONISMO
En lo que hace a ideología, el movimiento sindical -como señalamos- estuvo bajo la esfera del partido peronista en los últimos 60 años. Su afianzamiento se produjo luego de los hechos del 17 de octubre de 1945, fecha que es ‘ícono’ para ese movimiento. Constituida por nuevas organizaciones que adoptaron igual signo, fueron incorporando a los sectores independientes al compás de la creación de otros gremios.
Así nacieron, entre otros sindicatos, la Unión Obrera Metalúrgica en 1944 que se hizo en paralelo a un gremio de esa especialidad que manejaban los comunistas; los Trabajadores Rurales en 1947 y Luz y Fuerza un año más tarde.
En esos años también se registraron acciones de lucha a la par que se producían conflictos en algunos sindicatos -el más fuerte fue el de marítimos- pero también se destacó el de gráficos en 1949. Fue recién en el Congreso de 1950 que la CGT modifica sus Estatutos y el Preámbulo, y se proclama “fiel ejecutora de los postulados que alientan la Doctrina Justicialista y en leal custodio de la Constitución de Perón...”. Durante ese Congreso Extraordinario se aprueba una resolución “encomendando a las organizaciones afiliadas y a los trabajadores en general, la eliminación de elementos comunistas, francos o encubiertos de los puestos de conducción e impidiendo que puedan ejercer su perniciosa influencia en los medios obreros...”.
En 1955, tras el golpe militar liderado por el general Eduardo Lonardi que derroca al presidente Perón, se produce un acuerdo, que dura 60 días, entre el gobierno militar y la central obrera, que queda a cargo de dos dirigentes sindicales peronistas: Andrés Framini y Luis Natalini. Al ser desplazado Lonardi por el general Aramburu, se dispuso la intervención de los gremios y la prohibición de usar símbolos de ese partido. Dos años más tarde se llama a los gremios a un Congreso Normalizador de la CGT que se frustra. De ese congreso nacen las 62 Organizaciones, que al principio integran comunistas e independientes, para luego volver al peronismo a raíz del pacto Perón-Frondizi, que hace vislumbrar a los gremios peronistas la posibilidad de retomar el poder.
PRAGMATISMO
En todos los casos, en estos años conservó un envidiable pragmatismo. Su táctica fue ideada por Augusto Timoteo ‘el Lobo’ Vandor y consiste en “golpear y negociar”. Así fue como sus seguidores apoyaron totalmente plenarios y congreso con el ‘leit motiv’ de la “vuelta” de Perón. Hasta sus adversarios en el campo gremial la adoptaron y sólo la censuran aquellos que postulan la lucha como fin en sí misma. Sin embargo, el líder metalúrgico en un momento se enfrentó con el caudillo propugnando un “peronismo sin Perón”. Cuando Vandor fue asesinado, hace 39 años, ya había logrado nuevamente “volver a las fuentes”.
Tras un período en el que hubo únicamente peronistas, los socialistas ocuparon cargos en la CGT en 1961, hasta que el sector dirigente decidió forzar la vuelta de Perón con paros y “toma de fábricas” unos años más tarde. Durante ese tiempo la “fiebre” de la división llegó hasta la misma médula del gremialismo peronista.
