otro medio
5/07/26

Tokatlian en Agenda Real sobre el Gobierno de Javier Milei: “Argentina es parte de un experimento”

El profesor del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales fue entrevistado sobre el avance global de las derechas y el rol de Argentina en el escenario internacional.


Juan Gabriel Tokatlian. Foto: Infobae

El sociólogo y especialista en política internacional Juan Gabriel Tokatlian analizó el avance global de las derechas y ubicó al gobierno de Javier Milei dentro de un fenómeno más amplio, que combina el repliegue de los Estados, el poder creciente de actores privados y una nueva disputa geopolítica entre Estados Unidos y China. En diálogo con Agenda Real, sostuvo que Argentina aparece ante el mundo como parte de un experimento político observado con atención.

“Este experimento argentino está siendo analizado y evaluado en muchos lugares, no porque se vea como un gran mérito en absoluto, sino como una sociedad acepta ser fuente de ese laboratorio”, planteó Tokatlian. Para el especialista, la pregunta internacional no pasa solo por Milei como figura, sino por “qué pasa con las y los argentinos” que aceptaron ser parte de ese proceso, incluso con reclamos y movilizaciones.

Tokatlian describió un escenario global en el que las derechas dejaron atrás su perfil conservador clásico y derivaron en expresiones más duras. Diferenció una ultraderecha de rasgos “retardatarios, reaccionarios y regresivos”, pero todavía dentro del sistema político, de una extrema derecha con rasgos más antisistema. Ambas, dijo, comparten un tronco común: la idealización de un pasado glorificado y un fuerte antiprogresismo.

En América Latina, el fenómeno tiene para Tokatlian una característica excepcional. Si Jair Bolsonaro volviera al poder en Brasil, advirtió, la región podría quedar casi completamente volcada hacia la ultraderecha y alineada con Estados Unidos, con México como una de las pocas excepciones. “Sería el dato más diferenciador del último medio siglo”, señaló, al comparar esa homogeneidad regional con la década de 1970, aunque “de otra naturaleza”.

La lectura de Tokatlian también alcanza al modo en que se observa a Milei fuera del país. Según explicó, el Presidente es visto como “extravagante” y como un “sujeto de observación internacional interesante”, pero el foco de análisis está puesto en la sociedad argentina. En ese sentido, vinculó el caso local con una dinámica más amplia de avance de las derechas en Europa, Estados Unidos y América Latina.

Para Tokatlian, sin embargo, el punto de fondo no es solamente la coyuntura argentina, sino la manera en que el país se está insertando en una disputa global que excede la política doméstica.

Jóvenes sin futuro y el avance del nihilismo

Uno de los ejes centrales de la entrevista fue el comportamiento de los jóvenes frente al avance de las derechas. Tokatlian rechazó una explicación simplista según la cual las nuevas generaciones se habrían vuelto naturalmente de derecha. Para él, el fenómeno debe leerse desde otro lugar: la falta de empleo de calidad, el deterioro educativo, la ausencia de expectativas y la expansión del crimen organizado.

“Para los jóvenes hoy, el mensaje que sistemáticamente escuchan es que no hay futuro”, afirmó. En esa línea, explicó que las tasas de desempleo juvenil son mucho más altas que las de los adultos y que la educación perdió parte de su lugar histórico como herramienta de movilidad social. “No está propuesta como una alternativa de mejoramiento, de superación”, advirtió.

Tokatlian sumó un dato especialmente duro sobre América Latina: la región no tiene grandes guerras entre países vecinos, pero es la más violenta del mundo. “Tenemos el 8,3% de la población mundial y más del 25% de todos los asesinatos del mundo”, señaló. En ese contexto, dijo, los jóvenes quedan atrapados como víctimas y victimarios de la violencia asociada al crimen organizado.

A partir de ese panorama, el especialista definió a la juventud actual como más propensa al nihilismo que a una identidad ideológica tradicional. “No es que sea de derecha, es nihilista, y en ese sentido el anti algo juega un papel fundamental”, afirmó. Para Tokatlian, ese rechazo generalizado a las instituciones, a la política y a cualquier promesa de mejora ofrece un terreno fértil para las derechas más duras.

El progresismo y la falta de un proyecto alternativo

Tokatlian también fue crítico con las experiencias progresistas de la región. Reconoció que hubo avances importantes a comienzos de siglo, pero sostuvo que no lograron consolidar una alternativa “fiable” y “sostenible en el tiempo”. A su juicio, el problema no se resuelve solo con autocrítica ni con una reconversión discursiva.

“El progresismo y la izquierda en general no tienen un proyecto alternativo, comprensivo, integral”, planteó. Según explicó, existen demandas muy concretas vinculadas al cambio climático, la precarización laboral, el derecho internacional, la convivencia democrática y la necesidad de evitar polarizaciones dramáticas. El problema, sostuvo, es que falta una fuerza capaz de articular esos reclamos.

Para Tokatlian, hay una “recesión ideológica del progresismo” que no se limita a América Latina, aunque en la región se vuelve más visible por el avance de las derechas. Ese avance, agregó, fue posible en parte por “fracasos y frustraciones” de gobiernos que no ofrecieron respuestas suficientes a sectores sociales golpeados por la incertidumbre.

Estados Unidos, Argentina y una nueva esfera de influencia

Otro tramo de la entrevista estuvo centrado en la relación entre Estados Unidos y América Latina. Tokatlian sostuvo que Washington perdió influencia regional en los últimos 25 años en términos económicos, comerciales, financieros, culturales y como “faro de la democracia”. Sin embargo, remarcó que busca recuperar su esfera de influencia en un contexto marcado por la presencia creciente de China.

El especialista explicó que Estados Unidos ya no tiene la capacidad de moldear el mundo como en el pasado y que atraviesa un proceso de repliegue selectivo. Mencionó Medio Oriente, Europa y el Pacífico como ejemplos de una potencia que reconoce sus límites, pero que intenta recuperar peso en el continente americano. “No es que se va del mundo, es un Estados Unidos que entiende que tiene limitaciones”, resumió.

En ese marco, advirtió sobre una redefinición geopolítica que incorpora a América del Sur dentro de una idea ampliada de defensa estadounidense. Según Tokatlian, el riesgo para la región no es solo perder autonomía, sino caer en una forma de aquiescencia ante Washington. “Este no es un Estados Unidos que viene con recursos, con promesas, con inversiones masivas. Es un Estados Unidos que exige pero no da nada”, afirmó.

Ese vínculo, sostuvo, ayuda a entender la política exterior de Milei. Tokatlian remarcó que al Presidente no le interesan los foros multilaterales, ni Naciones Unidas, ni el Mercosur, ni las cumbres internacionales como espacios para construir acuerdos comerciales o tecnológicos. “Va a hablar con, por un lado, ultraderechistas y por otro lado con magnates. Ese es su mundo”, definió.

La presencia de figuras como Peter Thiel en Argentina fue interpretada por Tokatlian dentro de un fenómeno más amplio: el poder creciente de actores no estatales, en especial las grandes tecnológicas. Para dimensionarlo, señaló que la riqueza acumulada por las diez principales empresas de Silicon Valley equivale al Producto Interno Bruto de China. Son, dijo, actores con influencia decisiva en la política internacional.

En esa dirección, Tokatlian planteó que Venezuela y Argentina funcionan como dos experimentos distintos para el proyecto estadounidense: uno impuesto y otro “por invitación”. En el caso argentino, habló de una “concesión unilateral” y advirtió que no existe una comprensión suficiente sobre “la envergadura de lo que hay en juego”.

China, ciencia y el “tiro en el pie” de no tener estrategia

El último eje fuerte de la entrevista fue China. Tokatlian recordó que el país asiático pasó, desde las reformas iniciadas en 1978, a convertirse en una potencia de gravitación global. Lo definió como un sistema capitalista altamente competitivo, controlado desde el Estado y con el Partido Comunista como estructura política central.

Para el especialista, China fue la gran beneficiaria de una globalización que Occidente imaginó favorable a sus propios intereses. A esa expansión económica le sumó una inversión creciente en ciencia y tecnología. Como ejemplo, mencionó estudios sobre tecnologías críticas: Estados Unidos lideraba 60 de 64 áreas a comienzos de siglo, mientras que desde 2019 China lidera 57 de esas 64.

Tokatlian aclaró que China no está en condiciones ni busca desafiar militarmente a Estados Unidos en América Latina. Su estrategia, explicó, será comercial, económica y financiera. Aprovechará, entre otras cosas, la apertura de países que bajen sus protecciones y mantendrá una relación fuerte con actores regionales clave, como Brasil.

La comparación con Argentina fue directa. Tokatlian señaló que China y Brasil firmaron 37 acuerdos de inversión y cooperación, mientras que Argentina recibió en 2025 una inversión neta mucho menor desde todo el mundo. Para el especialista, el problema argentino es que el Gobierno delega la relación con China en los privados y renuncia a una política estatal hacia una potencia decisiva.

“Hoy todos los países tienen una política hacia China. Puede gustar o disgustar, puede ser más integral o menos integral, pero tienen una política hacia China”, sostuvo. Y remató con una de las frases más fuertes de la entrevista: “No tener una política hacia China es pegarse un tiro en el pie”.

Ese razonamiento se conecta con otra advertencia de Tokatlian: ningún país que aspire a una economía robusta destruye su capacidad científica y tecnológica. “¿En qué país del mundo que quiera tener una economía robusta y mejorar el bienestar de su población se destruye la capacidad científica y tecnológica?”, preguntó. En ese punto, contrapuso el crecimiento de la inversión en investigación y desarrollo de países asiáticos con la caída de América Latina.

La reflexión aparece en un contexto local donde la discusión sobre ciencia, universidad y desarrollo también ocupó la agenda pública, con críticas al ajuste nacional y defensas del sistema científico como las expresadas en el debate por industria nacional, ciencia y soberanía. Para Tokatlian, la ciencia aplicada no es un lujo, sino una condición de posibilidad para cualquier proyecto de desarrollo.

Israel como mensaje a Washington

Tokatlian también analizó el alineamiento del Gobierno con Israel. Lo vinculó, por un lado, con una convicción personal e ideológica de Milei, a quien describió como un presidente católico adscripto a una versión “exegética y ultraconservadora del judaísmo”. Pero aclaró que el significado político excede a Israel en sí mismo.

Según explicó, ese alineamiento funciona como una señal hacia Washington y Wall Street. Implica, sostuvo, una reorientación plena de la política exterior argentina y un corrimiento respecto de posiciones tradicionales del país en materia de derecho internacional, derechos humanos, solución pacífica de controversias y Malvinas.

Es un mensaje, más que el significado en sí de tal o cual país”, afirmó. Para Tokatlian, ese mensaje indica que Argentina está dispuesta a llevar “este proyecto a fondo”. Y, por ahora, agregó, ese mensaje “se escucha” y “se acepta”.