
¿Lavagna 2007?
<DIV><STRONG>Los nuevos escenarios. Su aspiración electoral conmovió el tablero político.<BR>El Gobierno enloqueció y la oposición se enfrascó en internas de todo tipo. Cristina Kirchner, la más agresiva, ordenó frenarlo ya.</STRONG></DIV>
El escenario electoral del 2007 podría plantear una polarización entre Néstor Kirchner y Roberto Lavagna. Es más: hasta ahora, nadie, ni Mauricio Macri, fue capaz de plantarse como alternativa polarizadora al Presidente. Con apenas unos gestos -de inevitable reproducción mediática-, Lavagna sí lo estaría logrando. A simple vista, la confrontación entre un polo de centroizquierda, presuntamente progresista, y otro de centroderecha, de naturaleza aparentemente conservadora. Sin embargo, si se revisara la composición de las respectivas fuerzas que atraerían cada uno de esos polos, aquella lectura sonaría un tanto pueril. El polo oficialista, en principio, reunirá a ex duhaldistas, caudillos radicales, piqueteros clientelistas y gremios alineados con Moyano. El alternativo convocaría a duhaldistas sobrevivientes, radicales aifonsinistas, socialistas dispersos y sindicatos manejados por los Gordos. Ambos proclaman el mismo modelo, aunque una continuidad por distintas vías. ¿Dónde quedaría la derecha entonces? ¿Quién de ellos podría reivindicarse de izquierda sin caer en el grotesco?
Por supuesto, "derecha" e "izquierda" son, a esta altura, significantes huecos, como "peronistas" un genérico aplicable a políticos casi antagónicos. ¿Qué estaría enjuego entonces? ¿Qué cosa se elegiría? ¿Las coordenadas del país futuro? ¿Las distintas formas de relatar el pasado? ¿O sería sólo una forma de consagrar al que ya maneja y ostenta el poder? ¿Los votantes preferirán al que tiene el mayor poder de compra? ¿O al que vende una imagen más racional y educada? Un hombre como Lavagna -que fue funcionario de José Ber Gelbard en la tercera presidencia de Perón, colaborador extrapartidario de Raúl Alfonsín, embajador comercial de Fernando de la Rúa y, finalmente, ministro de Economía de Eduardo Duhalde y Kirchner-, ¿podría llegar a la Presidencia en ese contexto? ¿Cuál es su fuerza impulsora? ¿Qué tiene para decir, además de lanzar atinadas críticas a la falta de políticas del kirchnerismo y a su concepción hegemónica del poder? Él mismo ensayó una respuesta en su diálogo con Noticias: "¿Por qué no voy a intentar revertir los males que padecimos tantas generaciones de argentinos? Yo me siento útil..." Lo que no dice en público, pero confiesa en privado, es su propio rescate de la exitosa gestión que realizó en el ministerio de Economía desde el 2002. Hasta admite que puede sonar inmodesto. Es su plataforma de despegue. Pero no por eso deja de ofrecerse como "alternativa superadora". Dice que la suya es una opción para evitar que la Argentina vuelva a precipitarse a un nuevo ciclo de decadencia económica, desaprovechando las excepcionales oportunidades que brindan el superávit y el crecimiento. Ese desaprovechamiento es lo que le achaca, principalmente, a su ex jefe.
"Frénenelo ya". Los bandos rumian sus próximos pasos. La senadora Cristina Fernández, por ejemplo, fue la más agresiva expositora en una reciente mini cumbre de fin de semana -realizada en la residencia de Olivos- delante del Presidente, los jefes de la SIDE Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher, el secretario Legal y Técnico Carlos Zannini y el jefe de Gabinete Alberto Fernández. La táctica aconsejada fue "atacar antes de que crezca". Lavagna se ha convertido en el mayor desvelo del oficialismo y de su aparato de inteligencia. El diputado kirchnerista Carlos Kunkel, por ejemplo, lo estaría demostrando. Dicen que ha tomado la pelea contra Lavagna con verdadero espíritu militante: organizó una suerte de contraespionaje casero -que incluye el envío de espías a los eventos donde asiste Lavagna- para "penetrar" su entorno y averiguar cuáles son las denuncias que guardaría el ex ministro para defenderse, eventualmente, de los carpetazos del Gobierno. Lavagna se ríe de la paranoia reinante. ¿Por qué será que en el Gobierno suponen que Lavagna sabe cosas que todavía no cuenta? En cualquier caso, la orden es: "Frénenlo ya". Y eso que las encuestas aseguran que el Presidente gana su reelección en la primera vuelta. Al menos si las elecciones fueran hoy.
La movida del ex ministro generó también un súbito reacomodamiento en las frágiles líneas opositoras. Entre los gobernadores e intendentes K del radicalismo -hasta ahora, dispuestos a pasarse con armas y bagajes al territorio infinitamente más cálido del poder de turno-, empezó a sonar una pequeña alarma. Algunos de ellos temen que sus negocios con el oficialismo puedan ser expuestos a la luz pública por sus propios correligionarios alfonsinistas, hoy agrandados por el efecto Lavagna entre sus filas. Uno de esos caudillos provinciales, que visitó recientemente al presidente del Comité porteño de la UCR, Jesús Rodríguez, le habría reconocido: Ya les dije que bajáramos el perfil, que no podemos aparecer ante la gente regalándonos ante el Gobierno, mientras el partido levanta la candidatura de Lavagna desde una postura opositora". Claro, antes de Lavagna, el alfonsinismo no tenía ni siquiera candidato.
La propia Elisa Carrió, ya totalmente fuera del radicalismo pero una segura heredera de los dispersos votos radicales de centro izquierda, admitió que la candidatura de Lavagna le restará apoyos. Ricardo López Murphy sería la otra víctima: ¿para que votar su alianza de centroderecha con Macri si Lavagna expresa propuestas más consistentes para ese electorado, y con el respaldo de una gestión exitosa que el ex efímero ministro de De la Rúa no puede exhibir?
En el macrismo, el ex ministro produjo un impacto bastante parecido al descalabro. Mauricio Macri tuvo que abandonar su diletantismo entre una probable candidatura presidencial y la más realista candidatura a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la que él íntimamente prefiere. Una tapa de Clarín intentó reposicionarlo en el escenario nacional, pero él apenas esbozó: "Estoy preparado para ser candidato" Así, su ex compañero de fórmula, Horacio Rodríguez Larreta, despejaba en parte su propia candidatura a Jefe de Gobierno porteño. Pero aquí las cosas no están cerradas, ni mucho menos: los ex duhaldistas, Juan José Álvarez mediante, le han sugerido a Macri que apoye a Lavagna en la Nación y se postule como candidato en la Capital, con respaldo peronista. El diputado macrista Eugenio Burzaco blanquea la disyuntiva: "Si vamos separados, le hacemos el caldo gordo a los kirchneristas".
Fortalezas y debilidades. En cualquier caso, falta un largo camino. Mientras tanto, aliados potenciales, analistas, encuestadores y operadores oficialistas, se dedican a escanear a Lavagna. Sus fortalezas y oportunidades tanto como sus debilidades y limitaciones. Según el politólogo Sergio Berensztein, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y socio de la consultora Poliarquía, entre las ventajas objetivas con que contaría Lavagna, figuran: su imagen pública positiva luego de la gestión en Economía, el alto nivel de conocimiento de su figura en todo el país y en los sectores clave del empresariado y los sindicatos, su relación sin prejuicios con la vieja política y, simultáneamente, un discurso acorde con la política de los Estados Unidos y una estrategia compatible con Brasil y el Mercosur.
El ex ministro conoce profundamente la lógica negociadora y así pudo torcerle el brazo al FMI y los acreedores. ¿Por qué no lo intentaría con Kirchner?
En cambio, según Berensztein, sería vulnerable por una serie de razones que tienen que ver más con la dinámica a la que se habría acostumbrado la sociedad argentina que con los actos del actual Gobierno. Su discurso moderado, de país razonable, podría ser incompatible con una cultura que prioriza la confrontación. La prueba es la popularidad alcanzada por Kirchner con sus retos públicos a los distintos sectores. A la vez, su buena relación y eventual dependencia de la vieja política -Lavagna no disimula a sus padrinos- podría convertirse en un salvavidas de plomo, tanto como poco confiable su cambio desde el rol de oficialista exitoso al de opositor maldito. Es difícil "salir" y "desresponsabilizarse". Pero la principal debilidad de su candidatura es que la coalición que empieza a construir difícilmente llegue a tener el valor de la que arma Kirchner: las estructuras de poder real. ¿Por qué un gobernador o intendente peronista o radical apoyarían a Lavagna si el que es parte y reparte ese poder está en la Rosada y piensa seguir por un largo rato?
Paradójicamente, Lavagna -aunque no lo pueda explicitar en público-, debería apostar a la degradación del actual proceso económico que él mismo ayudó a construir, o a un abrupto cambio de escenario internacional que descoloque a Kirchner. Así podría imaginar un escenario donde el Presidente no alcance el 45% de los votos o no alcance una diferencia de 10 puntos en la primera vuelta, para competir en un ballottage. Es una variante que el propio Lavagna rechaza en su propia especulación: el ex funcionario jamás aparecerá liderando una dialéctica de confrontación política o ideológica con el Gobierno que desnude una mera especulación electoralista. No se lo permite su propia escala de valores. Lo único que está dispuesto a plantear es el presunto "viraje a la izquierda" del Presidente, una interpretación por demás discutible si se analiza en profundidad la gestión oficial. Obviamente, ese cuestionamiento lavagnista, derivado de su constante prédica contra el líder venezolano Hugo Chávez, mejora su calificación en el establishment local y en las cancillerías de los países desarrollados. Pero podría ahuyentarle las simpatías de la izquierda rosa que admira a la socialdemocracia europea.
Escenarios para armar. Tanto en el Gobierno como en el campo opositor se ha puesto de moda, desde el virtual lanzamiento de Lavagna, el diseño de los probables escenarios futuros:
• Escenario 1. Una elección altamente polarizada entre Kirchner y Lavagna. Aún sumando los eventuales votos nacionales del macrismo, los radicales dispersos, los peronistas anti-K y la izquierda suelta, el Presidente liquidaría su reelección en la primera vuelta. Los otros candidatos, incluida Elisa Carrió, obtendrían un porcentaje insignificante.
• Escenario 2. La confrontación principal se daría entre Cristina Fernández de Kirchner y Lavagna. El oficialismo no ganaría en primera vuelta. Previsiblemente, Lavagna acapararía en la segunda los votos de todo el espectro opositor de derecha a izquierda, incluyendo al ARI, con la gran oportunidadad de capitalizar, incluso, el sentimiento de las capas medias refractarias al estilo frivolo de la Primera Dama.
• Escenario 3. Se presentan Kirchner, Lavagna, Macri y Carrió y la oposición se resiente y se restan votos mutuamente. Según van marcando las encuestas, los tres grandes candidatos que irían contra la reelección kirchnerista comparten zonas comunes a derecha e izquierda del espectro. El Presidente triunfaría en primera vuelta.
• Escenario 4. Una amplia coalición anti-K donde todos los candidatos opositores se bajan de sus postulaciones para levantar un programa común, consensuando el liderazgo de Lavagna. Esta polarización extrema antes de la primera vuelta suena hoy distante, pero la podrían acelerar, hasta octubre del 2007, algunos malos índices macroeconómi-cos, sobre todo en materia de inflación, y alguna recaída autoritaria del Presidente. O el estallido de un caso de flagrante corrupción en áreas sensibles como la obra pública o los subsidios. Lavagna lograría ir al ballottage.
El plan Lavagna
Por ahora, bajar el perfil y esperar y procesar las reacciones, las encuestas y la disposición de los posibles aliados. Todavía no está convencido de que las elecciones se vayan a dar en octubre, por lo que sus hombres especulan con el arco de posibilidades que se le presentaría en una segunda vuelta, su gran estrategia. Hasta fin de año, la consigna es acumular, abrirse a todos los sectores, negociar eventuales apoyos y construir un discurso más abarcador y propositivo. Es increíble cómo se alteró el humor del ex funcionario: exhibe una capacidad de seducción ante sus interlocutores casi desconocida para quienes también lo frecuentaban en Economía. Él mismo reconoce que está dotado de una paciencia infinita. Pero también está dispuesto a bajarse de una candidatura si las encuestas y el clima político le demostraran que es inconducente. Acumular primero, buscar alianzas después y lanzar la campaña al final: las tres fases de un desafío que todavía se presenta lejano.
Un factor, casi psicológico, que podría conspirar contra Lavagna es que la sociedad no vive un clima de renovación política, de desocultamiento de los secretos del poder y de ebullición de alternativas al actual esquema. Para la mayoría de los encuestadores, no existe un debate abierto sobre "el país en serio" que prometió el Presidente y su contraste con la creciente concentración de los tres poderes en el Ejecutivo que, eventualmente,
podría aunar los esfuerzos opositores. ¿Cuál es la fuerza capaz de transformar al Kirchner, militante insurgente en los "70, en un astuto abogado que supo aprovechar la usuraria Circular 1050? La hipocresía y el doble discurso de la política empiezan recién a ser desenmascarados sólo en tiempos de crisis o en las situaciones exactamente contrarias, aparentemente estabilizadas por el crecimiento económico y una mejor redistribución de ingresos. No estaríamos próximos a ninguna de esas hipótesis.
El politólogo Guillermo O"Donnell ha escrito que los procesos de institucionalización ocurridos en América Latina siempre estuvieron caracterizados por un constante zigzagueo entre autoritarimos y democracias. Y que la consolidación de cualquiera de los modelos tiene repercusiones directas tanto en los principios de la responsabilidad horizontal, colectiva, como en el ejercicio de la responsabilidad vertical, gubernamental. Por lo que la consolidación económica e institucional, como la que está viviendo la Argentina, contiene elementos muchas veces ambiguos y contradictorios que conviven precariamente. Kirchner y Lavagna están indisolublemente asociados al esquema en marcha, con sus más y sus menos. Es improbable que la sociedad, sometida a otras urgencias, pueda disociarlos en un acto electoral tan próximo como si esta pugna fuera una competencia entre buenos y malos. ¿Acaso puede existir un kirchnerismo prolijo? ¿Es viable proponer más de lo mismo pero con menos apriete y más racionalidad? ¿Conviene que continúe el autor original o que vuelva el artífice de la economía recuperada? Lavagna no propone cambiar el modelo, no habla de un proyecto alternativo, no desarrolla una idea de país radicalmente diferente a la de Kirchner, sobre todo porque no podría negar sus casi tres años junto al Presidente. Tampoco se lo ve muy abocado a construir poder real, conseguir recursos y acumular alianzas. Por ahora, se presenta como una suerte de kirchnerista disidente. Una alternativa atractiva, pero ¿será suficiente?
