Mensaje del Director

El actual entorno en el que vivimos nos ha hecho repensar muchas cosas. Ya antes de la pandemia de covid-19, las nuevas generaciones de consumidores comenzaban a preguntarse qué tipo de productos querían consumir, quiénes los producían, en qué condiciones y si lo hacían de una forma sustentable.

Al mismo tiempo, los inversores institucionales, todavía afectados por la cuestionable conducta de muchos asset managers en la crisis financiera de 2008, comenzaron a volverse más exigentes en sus criterios de selección de fondos donde invertir. Entonces, comenzaron a escucharse más frecuentemente siglas como ESG (environmental, social and governance), IMM (impact measurement & management) o GIIN (global impact investing network).

De esta manera, el sector privado, intimado tanto por el lado de la demanda como por el de la oferta, comenzó a prestar atención a lo que los organismos multilaterales como el IFC ya realizaban desde mediados del siglo XX. Con el paso del tiempo, se fue desmitificando la creencia de que “con impacto no se puede generar ganancia” y el sector de ESG –y el subsector de impact investment– comenzó a crecer exponencialmente, a tal punto que hoy varios de los grandes asset managers globales poseen fondos de impacto.

La pausa que nos marca esta pandemia nos plantea preguntas acerca de cómo queremos invertir, qué productos queremos consumir y qué planeta queremos dejar. Esta crisis sanitaria está haciendo cada vez más visibles, a nivel global, las desigualdades y la falta de oportunidades de muchos sectores de la sociedad, la cantidad de gente completamente marginada por el sector financiero, la deficiencia en inversiones sustentables de salud y educación, y la inequidad en la producción y distribución de alimentos, entre otros.

Así, las inversiones de impacto son llevadas a cabo en compañías, organizaciones y fondos con la intención de generar impacto social, medioambiental y retorno financiero. El objetivo en estas cinco clases es compartir con ustedes mi experiencia como inversor de impacto en estos 16 años, contarles anécdotas, analizar casos emblemáticos y entusiasmarlos en un camino que, a mi entender, ya no tiene vuelta atrás.


Pablo Verra
Director Académico