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“Dormir no es perder el tiempo”: Juliana Leone, la científica que investiga cómo el descanso influye en la salud y el rendimiento mental
La profesora invitada de la Escuela de Gobierno fue entrevistada sobre la importancia del sueño para tener una mejor calidad de vida.
Además, compartió hallazgos de sus investigaciones sobre la toma de decisiones, analizó cómo la música y las señales del propio cuerpo pueden influir en nuestras elecciones, y alertó sobre las consecuencias de dormir mal, poco, a deshora y sufrir jet lag social. También se refirió a la preocupante falta de sueño en los adolescentes argentinos y planteó la necesidad de repensar los horarios escolares para alinearlos mejor con los ritmos biológicos. El episodio completo puede escucharse en Spotify y YouTube.
Juliana es investigadora adjunta del CONICET, licenciada en Biotecnología y doctora en Ciencias Básicas y Aplicadas por la Universidad Nacional de Quilmes. Especialista en cronobiología y neurociencia, desarrolla su trabajo en el Laboratorio de Cronobiología de la Universidad Nacional de Quilmes y colabora con el Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella.
Sus investigaciones se enfocan en el estudio del sueño, los ritmos biológicos, la toma de decisiones y el impacto de los horarios escolares en la salud y el rendimiento cognitivo. Además, es ajedrecista y ha utilizado el ajedrez como modelo científico para analizar cómo las personas toman decisiones a lo largo del día, una línea de investigación que le permitió realizar aportes destacados en el campo de la neurociencia cognitiva.

El sueño está subestimado, impacta directamente en el rendimiento cognitivo, la prevención de enfermedades y la calidad de vida, afirma Juliana Leone (Imagen Ilustrativa Infobae)
—¿Por qué decidiste dedicarte al sueño? ¿Qué te interesaba, qué te llamaba la atención?
—Yo cuando estaba estudiando todavía la carrera, yo soy licenciada en Biotecnología, me gustaba la neurociencia y un poco por eso me acerqué en su momento al laboratorio de Diego Golombek, que estaba en la Universidad de Quilmes, donde yo me recibí, y empecé a hacer con él la tesis de licenciatura en Cronobiología, sobre al sistema inmune, la relación entre el reloj circadiano, el que controla estos ritmos biológicos, y en ratones, y el sistema inmunológico. Entonces ahí empecé a trabajar y empecé a involucrarme más en esto del tiempo, de los ritmos biológicos, de los ritmos diarios en animales. Ahí empezó un largo camino de cronobiología hasta donde estoy hoy, estudiando el sueño propiamente dicho.
—¿La inmunología vendría a ser la relación entre cómo dormimos y cómo eso después afecta a que podamos tener algún tipo de enfermedad?
—Algo así, sí. Lo que estudiaba en ese momento, que fue también parte de mi tesis doctoral después, es cómo el reloj que controla estos ritmos diarios se relaciona con el sistema inmunológico y se relacionan mutuamente, ¿sí? Uno modula al otro. Si el sistema inmunológico, cuando se activa por distintos estímulos, va a modular este reloj biológico, estos ritmos, nuestros ritmos cambian cuando el sistema inmunológico está afectado, por ejemplo, por una infección.A la vez, el reloj, este sistema circadiano, puede modular al sistema inmunológico. Hay ritmos en distintas células inmunes, en lo que nos pasa, la respuesta a enfermedades también. Así que mi tesis doctoral y mi tesis de licenciatura tuvo que ver con esa relación bidireccional entre estos dos sistemas, con además unas células que no son tan conocidas, que son las células de la glía, que en el cerebro tenemos neuronas y células de la glía. Y las células de la glía eran como el intermedio, los intermediarios entre esta relación bidireccional entre el sistema inmune y el sistema circadiano.
—¿Cuál te parece que es el punto de partida para hablar sobre cómo el sueño puede mejorar nuestra calidad de vida, qué estamos haciendo mal o cuáles son los errores más habituales que ves o que más consecuencias tienen en nuestro cuerpo?
—El sueño está muy subestimado. Muchos piensan que dormir es perder el tiempo. Y piensan en usar ese tiempo para algo más “productivo”. Es un error eso, por supuesto, porque dormir es algo que nos permite sentirnos mejor, funcionar mejor, enfermarnos menos e incluso tener menos probabilidades de morirnos por cualquier causa. Es realmente muy importante, a corto y a largo plazo, dormir bien. Y cuando hablamos de dormir bien, por supuesto que hay un montón de factores. No es solo la duración del sueño, la cantidad de horas que dormimos, que eso es clave, por supuesto, y que depende de muchos factores, sobre todo de la edad.
No necesitamos dormir lo mismo cuando somos muy pequeños o cuando somos adultos mayores, por ejemplo. Pero también es importante la calidad del sueño. Si tenemos despertares durante la noche, si por ejemplo, el sueño es fragmentado, entonces ya también eso va a afectar cómo nos sentimos durante el día y a la larga también, a largo plazo, el impacto que va a tener. Y otra cosa también muy importante y que tiene que ver más con lo que yo trabajo, son los horarios en los que dormimos, ¿sí? No es lo mismo dormir de día que dormir de noche.
Los organismos tenemos estos ritmos biológicos, que son variaciones que ocurren en nuestro funcionamiento y que hacen que estemos mejor preparados, nuestra biología, pero también nuestro comportamiento, para estar activos y funcionando cognitivamente de forma adecuada durante el día las personas y descansamos durante la noche. Otros animales están en otro momento. Están activos durante la noche y duermen durante el día.
Las personas tenemos esta capacidad de elegir no dormir durante la noche y quizás dormir durante el día, y muchas personas lo tienen que hacer por su trabajo, por ejemplo. Sin embargo, eso tiene consecuencias. Subestimamos la importancia que tiene el sueño y, por otro lado, también es importante considerar que el dormir bien tiene muchas aristas: el cómo, el cuándo y cuánto dormimos. La calidad, los horarios y la duración del sueño son importantes.

La frecuencia cardíaca puede anticipar errores antes de que la persona tome consciencia de su decisión (Imagen Ilustrativa Infobae)
—Suele recomendarse dejar pantallas o evitar luces fuertes entre 30 y 60 minutos antes de dormir. ¿Eso busca mejorar la calidad del descanso una vez que ya te dormiste?
—Un poco las dos cosas. Estos ritmos circadianos, como te decía. El reloj está preparado para dormir cuando afuera no hay luz. Si nosotros antes del horario de dormir nos exponemos a una fuente de luz, como una pantalla de celular o luces muy fuertes, eso es una señal de que es de día todavía. Y eso, en general, lo que hace es retrasar el inicio del sueño, que nos cueste más quedarnos dormidos. Y eso se hace no solo a nivel comportamental, que nos cuesta más quedarnos dormidos, sino también si medimos qué pasa con melatonina, por ejemplo, cuesta que suba la melatonina, que es justamente uno de los indicadores o de las cosas necesarias que ocurran para quedarnos dormidos.
Entonces, es clave que no nos expongamos a luces de alta intensidad cuando nos estamos preparando para irnos a dormir. Y las pantallas también, por supuesto. En Argentina nos pasa que somos muy nocturnos, probablemente por múltiples motivos. Hay algo cultural, pero también nos pasa que adoptamos una zona horaria que no es la que nos corresponde debido a nuestra ubicación geográfica. Es ese debate que se está dando en el último tiempo de que Argentina está en la zona horaria correspondiente a GMT-3 o UTC-3 y deberíamos estar en UTC-4.
De hecho, es un proyecto que tiene media sanción en Diputados ya. Y eso hace que en Argentina, cuando estamos en el momento del mediodía solar, ¿sí? En vez de ser las doce en Buenos Aires, es la una, ¿sí? Entonces eso va a favor de que seamos más nocturnos también. Ahí ya tenemos un indicador, tenemos una desalineación entre nuestro horario local y el horario solar que favorece a que seamos más nocturnos. Pero por sobre eso, también, tenemos hábitos culturales que probablemente están teñidos un poco de eso. Si eso está asociado a mayor probabilidad o riesgo de tener ciertas enfermedades o lo que sea, comparando dos poblaciones, yo no me animaría a decir que es esto porque hay muchos factores que son muy diferentes.
Para comparar algo así podemos, dentro del mismo país o dentro de la misma cultura, evaluar qué pasa con distintos cronotipos. Personas que son más matutinas o personas que son más nocturnas, y ver ahí qué pasa con distintas variables. Los cronotipos más nocturnos, por ejemplo, sobre todo en una sociedad que nos pide que seamos eficientes y productivos en general desde muy temprano a la mañana. Entonces, las personas que tienen cronotipos más nocturnos tienen problemas asociados a rendimiento cognitivo, por ejemplo, tienen mayor tasa de errores cuando tienen que trabajar o ir a la escuela muy temprano.
La desalineación de este reloj biológico, o sea, ser muy nocturno en momentos en que tenemos que rendir bien durante el día, hace que tengamos lo que se llama jet lag social. Una que es muy nocturna, pero tiene que levantarse todos los días a las seis de la mañana, se puede levantar. Pero después del fin de semana se va a despertar mucho más tarde, porque es lo que le está marcando su reloj biológico. Y eso hace que haya un desfasaje entre el horario de la persona, el horario de este reloj y el horario que le marca la sociedad.
Y eso es lo que se llama jet lag social, que está asociado con mayor prevalencia de muchísimas enfermedades, menor rendimiento cognitivo. Es importante intentar que el sueño sea no solo de una duración adecuada, sino en horarios adecuados y que esos sean regulares. Tratar de que todos los días, pues nos vayamos a dormir y nos levantemos aproximadamente a la misma hora.

La exposición a pantallas y luces fuertes antes de dormir puede retrasar el inicio del sueño y modificar la producción de melatonina en el organismo (Imagen Ilustrativa Infobae)
—En tu investigación sobre toma de decisiones, a medida que avanza el día decidimos más rápido, pero también cometemos más errores, y factores como escuchar música parecen influir. ¿Qué variables afectan más nuestra capacidad de decidir y qué hallazgos te sorprendieron?
—Cuando terminé mi doctorado quise cambiar un poco de tema y quería trabajar en neurociencia en humanos. Ahí empecé a investigar un poco sobre la toma de decisiones, sobre todo porque tenía que ver con el ajedrez. Yo jugaba al ajedrez de chica y traté de unir mi gusto con mi pasión por el ajedrez y mi trabajo con la neurociencia. Ahí el ajedrez se usa como modelo de toma de decisiones y lo que planteamos en ese momento, fue el proyecto de mi posdoctorado, es estudiar qué pasa cuando decidimos en el cuerpo.
Todo esto asociado al ajedrez porque nos permitía evaluar si una decisión había sido un error o había sido correcta y qué estábamos haciendo cuando estábamos decidiendo y cómo eso se veía “en el cuerpo”. Y en el cuerpo me refiero sobre todo a lo que evaluábamos en la frecuencia cardíaca. Por otro lado, evaluamos qué pasaba a lo largo del día con las tomas de decisiones, también usando ajedrez, pero acá teniendo muchísimas decisiones de gente que jugaba online y de cada decisión teníamos el tiempo que habían tardado en decidir y además si esa decisión había sido buena o no y qué tan buena había sido.
Porque hay algoritmos que nos permiten obtener eso. Teníamos además muchos participantes que jugaban durante todo el día, entonces teníamos esas decisiones a lo largo del día. Entonces, justamente eso nos permitía evaluar esta pregunta: ¿qué pasa con las decisiones a lo largo del día en el tiempo y en la calidad justamente cuando decidimos qué pasa con esa relación? Y lo que encontramos fue un poco lo que vos decías: a la mañana decidimos mejor, pero esas decisiones son más lentas. A la tarde son más rápidas, pero a costa de errores.
Que eso es el umbral: la relación entre el tiempo y la calidad es algo clave en la toma de decisiones siempre. Entonces vemos que cambia como la estrategia o política de toma de decisiones a lo largo del día. En general no es que las decisiones sean peores en calidad, pero como son más rápidas y el tiempo también es importante, hay ahí como una decisión interna de alguna manera de priorizar una cosa o la otra en distintos momentos del día. Me sorprendió ese cambio de estrategia. Yo esperaba quizás que las decisiones vayan más asociadas al cronotipo de la persona y que pueda variar a lo largo del día en distintas personas de formas distintas, pero no es lo que encontramos.
Después la música, que es otro trabajo que también hicimos con un estudiante de doctorado, Agustín Pérez Santángelo, donde ahí básicamente lo que estudiamos es si un estímulo muy ubicuo, que todo el tiempo estamos escuchando música mientras tomamos decisiones, mientras trabajamos, etcétera, si es capaz de modificar las decisiones. Y lo que vemos también es eso, tomamos decisiones más rápidas cuando estamos escuchando música, sin que eso modifique tanto la calidad. Entonces, como que cambia otra vez la estrategia de toma de decisiones, si por un estímulo que es ubicuo.
Y entonces otra vez la toma de decisiones está siendo modulada, por distintos factores, el horario del día, la presencia de música o no, y nuestro cuerpo también reacciona a eso, que es lo que un poco te contaba antes también de la frecuencia cardíaca, que eso también a mí me sorprendió muchísimo cuando encontramos esos resultados, porque lo que hacíamos ahí era que las personas estaban jugando al ajedrez y mientras les estábamos haciendo una especie de electrocardiograma Teníamos acceso a cómo era la frecuencia cardíaca. Y lo que veíamos es qué pasaba con esa frecuencia cardíaca antes y después de distintas jugadas, decisiones.
Y esas decisiones podían ser decisiones que habían sido errores propios de la persona que estaba decidiendo justamente, o una reacción también a la jugada de la otra persona, que esa otra persona podía ser un error también lo que hacía. Y una de las cosas que más me sorprendió a mí, es que básicamente las personas cuando la otra persona con la que estaba jugando cometía un error, veíamos que aumentaba su frecuencia cardíaca después de eso. Que eso es razonable, porque si uno reconoce que fue un error, entonces de alguna manera es como me pongo un poquito nervioso porque dice: “Cometí un error”, voy a reaccionar a esto.
En ese momento no sabía si la persona se había dado cuenta que el otro había cometido un error. Pero después de cada partida de ajedrez, les preguntábamos si habían reconocido ciertos errores y esto es lo que detectábamos. Pero nosotros lo sabíamos después. Pero la persona evidentemente sí se había dado cuenta, porque es los que marcaban como errores del oponente. Y entonces lo que pasaba es que frente a esos errores aumentaba la frecuencia cardíaca de la persona que estaba enfrente, no el que había cometido el error. Entonces estás reaccionando al error del otro. La frecuencia cardíaca aumentaba frente al error de la otra persona.
Tiene mucho sentido, eso no era una sorpresa. Pero lo que sí fue una sorpresa, y considerando esto que te decía recién que nosotros les preguntábamos después de la partida qué cosas habían reconocido, los ajedrecistas son muy buenos haciendo eso. “Acá cometí un error, acá fue un error del otro” y pueden reportar eso. Entonces nosotros usábamos eso para evaluar después qué pasaba con la frecuencia cardíaca alrededor de esas jugadas. Y lo que evaluamos en las decisiones que habían sido malas, en las jugadas malas, pero propias del jugador que estaba siendo evaluada su frecuencia cardíaca, es que antes de tomar la decisión, que fue un error, la frecuencia cardíaca bajaba.
Bajaba un poquito y más allá de que, que eso fue una sorpresa en sí misma, lo llamativo, que por supuesto mirando bibliografía no es tan llamativo porque pasa esto, que el cuerpo, la frecuencia cardíaca en este caso tenía una señal, un indicador que claramente nosotros desde la conciencia no teníamos, porque si no hubiéramos hecho otra jugada. El jugador que está haciendo una jugada que va a ser un error, una decisión errónea, si supiera que va a ser un error, hace otra cosa. Y sin embargo, hay un indicador, una señal, un algo en la frecuencia cardíaca que nos permite detectar esas jugadas que van a ser errores, antes de que lo sean.

La investigación con ajedrez y frecuencia cardíaca detectó que el cuerpo puede anticipar errores antes de una decisión consciente (Imagen Ilustrativa Infobae)
—Mencionaste que, antes de cometer un error, el cuerpo puede anticiparlo con una baja de la frecuencia cardíaca, incluso antes de que haya una decisión consciente. ¿Qué evidencia hay sobre esa anticipación fisiológica y qué implica para entender cómo decidimos?
—Exacto.
—¿Y pudieron entender con qué tenía que ver eso?
—No, son cosas que todavía no tenemos respuestas. Pero es algo que se encuentra en otros estudios, en otra literatura también, que muchas veces hay marcadores en el cuerpo antes de que sepamos conscientemente si una decisión es buena o no, o que nos demos cuenta de algo más allá de que sea buena o no.
—Volviendo un poco al sueño, ¿qué relación tiene con la toma de decisiones?
—Lo que hablamos del estudio este de toma de decisiones, que cambia la forma en que decidimos a lo largo del día, creo que eso es algo que nos pasa no solo en la toma de decisiones, sino que la cronobiología o este horario del día modula muchísimas de nuestras funciones cognitivas y tiene impactos en nuestra salud, porque todo nuestro cuerpo tiene variaciones que deben ser de una manera determinada para que funcionemos adecuadamente. Si nosotros dormimos durante el día en vez de durante la noche, eso se va a desajustar.
A mí me gusta llamarle el concierto cronobiológico, donde cada cosa, cada variable aumenta, disminuye en el momento que tiene que aumentar, como si fuera una orquesta, y que si algo se desfasa, suena mal la orquesta. Dormir poco o dormir mal, también va a modular que el rendimiento cognitivo y nuestra salud se vean afectados por eso. Por qué dormimos es una pregunta que no tenemos del todo la respuesta. Sí, en los últimos años sabemos mucho más de algunos procesos que ocurren durante el sueño, que el sueño es clave para la memoria, para el aprendizaje. Que el sueño es clave para la “limpieza” del cerebro y del cuerpo. Sí se dan procesos de restauración de distintas variables en todo el cuerpo. Eso ocurre durante el sueño.
Entonces, cuando dormimos poco o dormimos mal, eso no ocurre del todo bien y eso tiene consecuencias. Si uno dice: “Yo no duermo”, por algún motivo no pudo dormir en las últimas veinticuatro horas, ahí lo que vemos es que tenemos una privación de sueño aguda. Pero hay personas que duermen durante una semana cuatro horas todos los días y eso es privación de sueño crónica, que también tiene un efecto en el rendimiento cognitivo y a la larga va a tener efectos en la salud. Entonces, hay algo agudo y hay algo crónico también que afecta nuestro rendimiento cognitivo y nuestra salud a largo plazo.
Y una cosa que se suele preguntar es: ¿el sueño que se pierde se recupera? Porque es cierto que cuando uno duerme poco, después cuando puede, duerme más. Sin embargo, el efecto que tuvo el dormir poco, ya está. Eso quedó en el cuerpo de alguna manera y quedó en los errores que cometimos o en lo que no aprendimos en ese momento. Entonces, si bien hay como un rebote de sueño en que dormimos más después, ¿sí? El haber dormido poco ya tuvo sus consecuencias. Y el dormir poco está asociado a muchísimas enfermedades. Salió un estudio hace muy poquitos días de marcadores de envejecimiento en una base de datos gigante, en personas que duermen distinta cantidad de horas, por día.
Y lo que ven es que distintos marcadores de envejecimiento de distintos lugares del cuerpo, básicamente se asocian con una forma de U, donde dormir poco hace que esos marcadores tomen al cuerpo como más grande de la edad que tenemos, pero cuando dormimos mucho, en algunos casos también se ve eso. Lo que no sabemos es si cuando dormimos mucho, es una consecuencia de los trastornos o si es la causa. De dormir poco sabemos mucho más que hay una relación más causal o por lo menos hay mucha más información en ese sentido y es mucho más sistemático en todo el cuerpo, son marcadores no solo del cerebro, sino también de todo el cuerpo. Entonces, realmente dormir mal, dormir a deshora o dormir poco tiene consecuencias para nuestra salud y para nuestro rendimiento.

Dormir poco, mal o fuera de horario tiene consecuencias agudas y crónicas para la salud y el rendimiento cognitivo (Imagen Ilustrativa Infobae)
—¿Hubo algún descubrimiento que en el último tiempo te haya deslumbrado o sorprendido? Puede ser sobre cualquier tema de lo que estés investigando.
—Dentro de lo propio, mi tema de investigación más cercano tiene que ver con el sueño y el efecto de la falta de sueño o el impacto del horario del inicio del horario escolar en el sueño, en el cronotipo de adolescentes, que es un tema clave por lo que veníamos diciendo antes de que somos muy nocturnos en Argentina, los adolescentes son más nocturnos todavía, y qué pasa en Argentina con el horario de inicio escolar que empieza muy temprano a la mañana.
Estudiando eso, que ya hace varios de los primeros de estos estudios, sobre cuánto duermen los estudiantes que ingresan a los establecimientos 7.45 de la mañana, lo que realmente me sorprendió es lo poco que duermen y eso fue algo consistente que venimos encontrando en distintos estudios y duermen realmente mucho menos que en otros países. Menos de 6 horas en quinto año, en promedio, en días hábiles, que es muy poco. Cuándo se recomienda que duerman 8 horas como mínimo. Duermen poco y además tienen estos niveles de jet lag social, que mencionaba antes, que es esta diferencia en la regularidad del sueño entre días hábiles y días libres, muy alto, que eso también está asociado con problemas de todo tipo.
Eso me impactó y no desde la primera vez que lo vimos sino que, en distintos estudios, seguimos viendo esos resultados. Junto con Pablo Jerez, sociólogo, hicimos el primer mapa nacional de horarios de inicio escolar y el horario promedio del turno mañana en Argentina es a las 7.31 de la mañana. En Estados Unidos se propone que las clases en escuelas secundarias no tienen que comenzar antes de las 8.30. Elegir el horario ideal depende de un montón de factores, por ejemplo, no es lo mismo que a las 7.30 haya amanecido, que no haya amanecido.
Esa es otra cosa que pasa en Argentina. No sólo 7.30 es muy temprano sino que hay variabilidad en las provincias. En Santa Fe por ejemplo el horario es 7.07, es muy temprano; y en La Rioja es casi a las 8, es 7.58 en promedio. El horario del amanecer cambia con la estación del año y la ubicación geográfica, en un país como el nuestro, tan amplio, son dos variables que modulan cuándo amanece. Lo que vemos es que en abril, casi el 50 por ciento de las escuelas del país, comienzan las clases cuando todavía es de noche, lo cual es realmente muy preocupante. Porque cuando a mí me preguntan cuál es el horario ideal, no sé la respuesta porque depende de muchos factores.
Pero seguro deberían empezar cuando hay luz, como mínimo; y en un horario que permita que los chicos duerman al menos 8 horas antes de asistir. Hay zonas del país donde hay casi 100 días donde los chicos entran a clases de noche. En junio casi todas las escuelas del país inician de noche y eso es realmente crítico. Entonces, ¿qué hacemos con eso? Porque cambiar el horario de inicio de clases es una de las medidas que se podía tomar, de hecho en varios estados de EEUU se está haciendo. Pero tiene un montón de problemas operativos para llevarlo a cabo.
Se hizo una prueba en Mar del Plata y tenemos ahí algunos resultados preliminares que parece haber tenido un efecto y es el primero que se evalúa acá en Argentina. La otra, que yo la digo medio en broma a veces, es cambiar el horario del amanecer. O hacemos que la escuela empiece más tarde o cambiamos el horario del amanecer. Una de dos. ¿Cómo se cambia el horario del amanecer? Cambiando la zona horaria. Y volvemos a que Argentina adopta una zona horaria que no es la que le corresponde según su zona geográfica. Adoptar el UTC-4, que es el que le corresponde a la mayoría de nuestro territorio nacional, haría que la escuela automáticamente empiece una hora más alineada con el amanecer.

Cambiar el horario escolar o ajustar la zona horaria podría mejorar el descanso y el rendimiento de los adolescentes, sugiere la investigadora (Imagen Ilustrativa Infobae)
—Voy a hacerte la última pregunta, con la que cierro todas mis entrevistas. Más que una pregunta, es una invitación a que nos dejes una recomendación. Puede ser algo relacionado con lo que venimos hablando o: un libro, una película, una frase que te inspire o cualquier idea que te gustaría compartir como reflexión final.
—Que duerman bien y que presten atención a cuándo duermen, cuánto duermen y cómo duermen. Que le den la importancia que tiene el sueño y que si no duermen bien que vayan a un médico como vamos cuando nos duele algo. Si no podemos dormir bien hay que saber por qué y hay que resolverlo porque realmente es muy importante. Es algo clave desde la política pública empujar para que el sueño tenga la importancia que se merece en todas las edades. Dormir bien nos hace enfermar menos, rendir mejor, tener menos accidentes y también hay beneficios económicos. Dormir es importante, démosle la importancia que se merece.
