En los medios

Informe. El rompecabezas de la economía argentina en vistas a 2027
El profesor del MBA, de la Maestría en Finanzas y expresidente del BCRA analizó el escenario económico argentino.

DESAFÍOS. Uno de los grandes desafíos que tiene el Gobierno es lograr que la mejora macroeconómica de sus frutos generando empleos. (La Voz/Archivo)
El país mantiene el equilibrio fiscal, sus exportaciones vuelan, el dólar está estable, bajaron la inflación y la pobreza, y, a su vez, la economía crecerá en 2026 por segundo año consecutivo.
Sin embargo, la inflación rebotó en los últimos 12 meses; el país se encarece en dólares, subió la mora en los créditos, la economía sigue sin crear empleo y los salarios no crecen demasiado.
¿Cómo ordenamos todas estas piezas del rompecabezas que representa la economía argentina? Hacerlo es necesario para analizar cómo llegará la economía argentina al crucial 2027, año de elecciones presidenciales.
Los fundamentals
Los fundamentals macroeconómicos son los cimientos que determinan si la actividad económica podrá seguir creciendo, si la inflación continuará bajando y si se logra evitar nuevas crisis.
Hay un acuerdo unánime en que los fundamentals han mejorado muchísimo en estos casi dos años y medio del gobierno de Javier Milei. La economía arrasada, con las bombas que dejó el gobierno de Alberto Fernández, Cristina Fernández y Sergio Massa, y que podían generar una crisis aún más explosiva, ha dado lugar a una economía más ordenada, donde, por supuesto, queda mucho por hacer, pero que ya no está al borde del abismo.
El equilibrio fiscal ha sido el eje central del plan económico de Milei. El Gobierno atacó desde el primer día el desequilibrio fiscal, que había sido el talón de Aquiles de la economía argentina, principal causa de las crisis económicas en las últimas décadas.
Resulta impensable, en estos momentos, que el Gobierno abandone el equilibrio fiscal en lo que resta de 2026; y esta credibilidad de la política fiscal es uno de los principales logros de la administración nacional.
En el segundo semestre, posiblemente veamos un saludable aumento en la inversión pública, que ha sido extremadamente baja en los últimos dos años y cuyo ajuste tiene un límite (el deterioro en las rutas, por ejemplo, por falta de inversión se vuelve un problema serio si se prolonga mucho en el tiempo).
Como decía anteriormente, el Gobierno seguirá priorizando el equilibrio fiscal, así que estos aumentos de la inversión pública implicarán demoras en nuevas bajas significativas de impuestos.
El empuje exportador
El sector externo trae también buenas noticias. Por un lado, hay una mayor apertura económica, algo imprescindible, dado que nuestro país estaba en el top 10 de las economías más cerradas del mundo medido por el coeficiente de apertura económica (Comercio internacional/PBI). Esta apertura es necesaria para que Argentina se reinserte en las cadenas globales de valor.
Por el otro, de la mano de la suba del precio de las commodities, con una excelente cosecha y el desarrollo de Vaca Muerta, tendremos este año exportaciones récord, que se acercarán a casi U$S 100 mil millones. Esto permitirá lograr un fuerte superávit comercial, del orden de los U$S 19 mil millones, y una cuenta corriente prácticamente equilibrada.
El tipo de cambio
Por el lado cambiario, el Gobierno ha confirmado que no es su prioridad eliminar lo que queda del cepo. Con el dólar estable, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) ha podido comprar reservas durante toda la primera parte del año.
Ayudado por la desdolarización de carteras que se dio pasadas las elecciones legislativas, ya ha comprado cerca de U$S 7.500 millones (en promedio cerca de U$S 90 millones diario) de los cuales cerca de la mitad los utilizó el Tesoro para pagos de vencimientos de deuda. El resto ha permitido una gradual acumulación de reservas (las reservas netas, excluyendo el desembolso del FMI, son todavía negativas en casi U$S 8 mil millones).

La desdolarización de las carteras fue clave para la estabilidad del tipo de cambio. (La Voz/Archivo) (Archivo)
Reservas débiles
La falta de reservas internacionales es un problema heredado del gobierno de Alberto Fernández, que recibió reservas positivas de Mauricio Macri por casi U$S 13 mil millones y que no sólo se las gastó todas, sino que además dejó reservas negativas por casi U$S 11 mil millones.
La urgencia por resolver esta debilidad es, posiblemente, el mayor punto de debate en lo que respecta a la política económica. Hacerlo requeriría dos elementos: volver a los mercados internacionales de crédito, para que el Tesoro no tenga que usar reservas para pagar vencimientos, y mayores compras por parte del BCRA.
En lo monetario, la estabilidad del dólar pasadas las elecciones ha permitido al Banco Central convalidar una fuerte baja en las tasas de interés, que ha llevado a que nuevamente tengamos tasas de interés reales negativas. De la mano de esta baja en la tasa deberíamos ver en los próximos meses una caída en la mora en los créditos y una nueva expansión del crédito que podría ayudar a impulsar la actividad económica.
En resumen, la economía llegará a 2027 con fundamentals mucho más sólidos que los que había en 2023, pero todavía con algunas vulnerabilidades asociadas a la falta de reservas internacionales.
El bienestar en un año electoral
Pensando en 2027, un factor clave para el resultado electoral será cómo llega la gente en términos de bienestar. ¿Cómo está el “bolsillo” de la gente? ¿Mejoró su metro cuadrado? Mientras que el resultado del análisis de los fundamentals muestra una mejora contundente, el análisis del bienestar tiene más matices, especialmente porque el arco se va moviendo.
El gran éxito del Gobierno, en este sentido, es la baja de la inflación. Desde 211% en 2023, en el último año del gobierno de Alberto Fernández, a 31,5% el año pasado. La gente recompensó esta baja de la inflación con un fuerte apoyo al Gobierno en las elecciones legislativas de 2025. Para este año, proyectamos una inflación del orden del 30%, similar a la del año pasado.
Aun cuando la inflación sigue siendo alta para los estándares internacionales, pareciera que ya no es una de las preocupaciones centrales de la gente, como lo fue durante buena parte de los primeros dos años de gobierno de Milei. Las preocupaciones centrales vienen por el lado del empleo y los salarios (“llegar a fin de mes”).
El empleo no termina de recuperarse
La creación de empleos, es probablemente la parte del “metro cuadrado” con resultados menos alentadores. A pesar de que 2026 sería el segundo año consecutivo de crecimiento en la actividad económica, prácticamente no ha habido creación de empleo en términos netos y, de hecho, se observa cierto reemplazo de trabajo formal por cuentapropismo o trabajo informal.
La reforma laboral aprobada este año puede ayudar a revertir esta tendencia en el mediano plazo, pero difícilmente veamos un impacto relevante en 2026.
Parte de la dificultad con la creación de empleo y también con los salarios que no terminan de recuperarse tiene que ver con que los sectores que más han crecido en estos dos años (agro, energía, minería) son poco mano de obra intensivos, mientras que los sectores que se han achicado (industria, construcción, comercio) son más mano de obra intensivos. Sostener el apoyo popular al programa económico requerirá manejar con sabiduría la transición laboral, en un proceso asociado a los cambios estructurales que está viviendo la economía argentina.
Dos grandes desafíos
En resumen, de cara a 2027, hay dos grandes desafíos económicos.
El primero es consolidar la mejora en los fundamentals macroeconómicos para evitar una nueva crisis. Aquí la clave será acumular reservas y evitar el atraso cambiario para reducir las vulnerabilidades.
El segundo es lograr que cada vez más gente reciba los frutos del orden macroeconómico. Se logró con la baja de la inflación, ahora las demandas vienen también por el lado del empleo y los salarios.
La suerte del Gobierno y del programa económico en 2027 se jugará en estas dos canchas.
(*) Presidente Fundación Ecosur, entidad de la Bolsa de Comercio de Córdoba. Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) y de la Johns Hopkins University (JHU)

