Di Tella en los medios
Revista Ñ
14/05/19

Diásporas de África alrededor del mundo

Abena Busia es embajadora de Ghana en Brasil con credenciales en doce países, entre ellos la Argentina. En abril brindó dos conferencias en la UTDT, organizadas por el Dpto. de Ciencia Política y Estudios Internacionales. En esta entrevista, hace un recorrido histórico y actual sobre la migración africana, el rol de la mujer y describe cómo pervive la desigualdad surgida con la esclavitud.



Los descendientes de esclavos y de aquellos que han abandonado el continente negro por conflictos políticos se esfuerzan por sobrevivir y mantener sus raíces en medio del racismo”. De eso habla Abena Busia, escritora, poeta, profesora, conferencista. Nacida en en Ghana, es, además, embajadora en Brasil con credenciales en doce países, entre ellos la Argentina. Invitada por la Universidad Torcuato Di Tella para ofrecer dos conferencias sobre el tema, Busia sostiene que el concepto de diáspora africana es político, una manera de “dibujar líneas en tiempos de batalla”. Postula que la esclavitud construyó el mundo moderno. Y afirma que las mujeres negras fueron históricamente ignoradas y las coloca en el último escalafón de la sociedad.

–¿Cómo describiría la identidad de la diáspora africana? –La diáspora es todo lugar donde se encuentran personas de descendencia africana.
Nos autoproclamamos africanos y lo representamos a través de la comida, la música, manteniendo nuestros festivales. Pero no hay una identidad monolítica de la diáspora africana. Somos todos diversos. Usamos el término “diáspora africana” o “identidad africana” como un gesto político, no psicológico. No es natural. Es una declaración deliberada de afiliación por razones políticas.

–¿En qué sentido?
–Esto responde a las condiciones donde uno vive –la negatividad de ser africano– o las condiciones del lugar de procedencia. Por ejemplo, en los últimos años los americanos sirios se han hecho más visibles porque se han movilizado en defensa de la gente en su país, para parar la guerra en Siria. Se dibujan líneas en tiempos de batalla, y estás de un lado o del otro. Pero eso no significa que de este lado todos estemos unidos.

–¿Cree que la historia de la esclavitud afecta a la diáspora africana?
–Por supuesto. ¿Cómo podrían no afectarla 300 años de brutal maltrato y desposeimiento? Hoy hay múltiples diásporas. La más inmediata es la posterior a la Segunda Guerra Mundial, sus padres migraron voluntariamente.
Sin embargo, hay una diáspora mucho más antigua que básicamente construyó el mundo moderno. Y esa se originó por los tres siglos de comercio trasatlántico de esclavos.

–¿Por qué dice que construyó el mundo moderno?
–Porque Europa y el nuevo mundo no hubiesen sido lo que fueron de no haber sido por el trabajo de los africanos traídos a través del Atlántico, que hizo posible la riqueza transformadora. Pero esto también trajo ideologías que no eran evidentes. Hoy vivimos como si el concepto de raza, particularmente los conceptos jerárquicos de raza, fueran evidentes. Pero no lo son. Fueron creados por razones muy específicas y enseñados. Se aprobaron leyes para que los africanos no pudieran ser educados, para que no pudieran hablar su idioma. Hasta mediados del siglo XX, personas de distintas razas no podían casarse. Se hicieron leyes para despojarlos de su herencia. No fue accidental.

–¿Cree que los descendientes aún hoy sufren la opresión de hace 300 años?
–Sí, porque las sociedades que la opresión creó no han desaparecido. La desigual distribución de la riqueza que fue creada por el comercio de esclavos todavía existe. La riqueza está en la tierra y solo ciertas personas pueden tenerla. El resto la trabaja. Y así se perpetúa el sistema. Eso no ha cambiado.

–¿Las nuevas generaciones aún tienen un fuerte sentido de pertenencia a África?
–La cultura no es estática. Entonces lo que ha pasado es que se ha tornado tan normativa que ya no se sabe que las raíces africanas todavía están ahí. La música negra, los ritmos del discurso negro, la danza negra, todo puede ser rastreado. Hay tanto en la cultura americana que es africano? Pero la generación que trajo esas prácticas ya no está, y no han contado la historia. Entonces se convirtió en una parte intrínseca. Hay tantas comidas, la manera en que los alimentos son preparados. Los platos que los brasileños identifican como nacionales son los que cruzaron el Atlántico y sobrevivieron porque son sagrados para los dioses africanos.
Y las mujeres siguieron cocinándolos.

–¿Y en cuanto a la crianza de los hijos? ¿Hay algo que se mantenga?
–Las personas de la diáspora han mantenido muchas ideologías sobre la familia, siempre lo han hecho. Sociólogos europeos han escrito que son patológicas y disfuncionales pero no lo son. Es otra manera de criar, es un sentido más comunitario de lo qu significa ser madre. No tenés que ser la esposa de un hombre para cuidar a los niños de tu comunidad. Todos son los hijos de todos. Si algo le sucede a un niño, nadie va a preguntar quién es la madre. Van a decir “necesita ayuda”. Estoy hablando de la ética que los convierte a todos en el guardián de su hermano. Eso ha sobrevivido a las vicisitudes de la pobreza. El concepto de vecindario viene de ese tipo de actitud.

–¿Las mujeres son las que transmiten la cultura?
–Sí, pero no creo que eso sea particular de las mujeres de la diáspora. Creo que las mujeres son quienes transmiten la cultura en todas las comunidades. Pero las condiciones de diáspora y exilio nos vuelven más vigilantes porque no podemos dar por sentado que las cosas que nos importan continuarán existiendo.

–¿La gente de la diáspora contribuye de algún modo con quienes viven en África?
–Sí, todo el tiempo. Solo basta con ir a cualquier ministerio de finanzas en África y preguntarles por las remesas de las perso nas en la diáspora. Los han venido apoyando familiarmente, en términos de infraestructura, en términos del doctor que moviliza su hospital en Nueva Jersey para volver cada verano y hacer una clínica.

–¿Y hay una reciprocidad?
–La reciprocidad no es financiera pero toma otras formas y funciona para los que aún nos identificamos con nuestro hogar. Nuestro hogar es siempre nuestro hogar. Hay algo que nosotros llamamos “paquetes de cuidado”.
Las cosas que las personas envían, las conexiones emocionales y afectivas.

–¿Cree que hay una nueva ola de panafricanismo por ejemplo con el movimiento Black Lives Matter?
–Creo que es cíclico y depende de lo que las circunstancias exijan. África siempre ha representado algo en el nuevo mundo. ¿Por qué tendríamos que tener un movimiento como Black Lives Matter? Además quiero aclarar que fue un movimiento maravilloso comenzado por mujeres negras. Pero ahora hay otro movimiento, “Say My Name”. Porque en Black Lives Matter se han enfocado en la vida de los hombres negros. Es verdad, están en peligro. ¿Pero qué hay de las mujeres negras?¿Quién se acuerda de las mujeres que han venido sufriendo el mismo tipo de abuso?¿O han sido asesinadas? ¿O han sido ignoradas? Siempre pasa.

–¿Podría decirse que las mujeres negras tienen aún menos derechos que los hombres negros?
–No es que podríamos decirlo, lo sabemos. Si hablamos del movimiento de derechos civiles de los 60, todos conocen el nombre de Martin Luther King. Y de todos los hombres. Ocasionalmente se habla de Rosa Parks y el boicot de autobuses de Montgomery, y ella es presentada como una mujer de edad que un día decidió no levantarse de su asiento y dijo “no me voy a mover”. Nunca nadie piensa por qué ese movimiento tuvo éxito. Y es porque había una red de mujeres. De hecho Rosa Parks no fue la opción original. La opción original era una joven mujer negra, pero quedó embarazada. Y la gente negra de clase media sabía que iba a ser devastador para el movimiento que una adolescente joven, embarazada y soltera fuera el símbolo de la lucha.

ABENA BUSIA GHANA, 1953. CRÍTICA CULTURAL.
Fue directora del Departamento de Estudios de la Mujer y el Género en la Universidad de Rutgers, Estados Unidos, donde también enseñó literatura comparada. Presidió la Asociación del Estudio de la Diáspora Africana Mundial y la Asociación de Literatura Africana. Es hija de Kofi Abreva Busia, príncipe y último primer ministro de Ghana. Junto a su familia, vivió exiliada en Inglaterra, México y Países Bajos. En abril brindó conferencias en la Universidad Torcuato Di Tella.

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