Di Tella en los medios
Clarín
5/10/14

“La evaluación docente no puede ser exitosa si se la rechaza desde el inicio”

Gilbert Valverde. Especialista en Estadísticas y Educación En el mundo entero se discute la relación entre mejora de la educación y calidad de los docentes. Evaluarlos es imprescindible, dice el experto, pero con herramientas serias y bien probadas.

Aunque una de las principales tareas de los docentes es evaluar a sus alumnos, pocas cosas los inquieta más que ser evaluados ellos mismos. Sin embargo, crece en el mundo la idea de que para mejorar la calidad de la educación, los países necesitan mecanismos de evaluación de sus sistemas educativos. Y entre los aspectos a medir uno de los más importantes es el de la formación y la performance de los docentes. Para hablar sobre esta espinosa cuestión, llegó a Buenos Aires Gilbert Valverde, especialista de la Universidad Albany, en Nueva York, y una autoridad internacional en la materia. Valverde estudió Filosofía en Costa Rica, donde nació, y se especializó en educación y estudios comparados en la Universidad de Chicago. Tiene esa rara combinación de conocimientos del mundo y de la región. Llegó invitado por la Torcuato Di Tella. Lo escucharon atentamente un grupo de docentes, funcionarios y otros expertos en educación. Después habló con Clarín.

¿Cuáles deberían ser, en su visión, los primeros pasos para implementar un buen sistema de evaluación docente?

Primero, hay que acordar qué es buena docencia. Hay que crear un documento, algún tipo de instrumento, que sea la definición específica de qué va a entender ese país por buena docencia. Seguro que va a haber desacuerdos y necesidad de negociación inclusive. Nosotros tenemos buenas investigaciones, que nos dan algunas ideas acerca de qué significa ser buen docente, pero es necesario que cada país llegue a un acuerdo con respecto a qué va a entender por buena docencia.

¿Hay ejemplos en los cuales mirarse? 

En Chile crearon el “Marco para la Buena Enseñanza”, un documento que establece en qué consiste ser buen docente y los estándares de lo que es una buena enseñanza. Sé que esto genera resquemor en la región y lo entiendo perfectamente, pero hay que comprender que el documento no debe convertirse en algo inamovible, estático. Idealmente, en el caso de un país que esté adoptando la evaluación docente, un acuerdo de este tipo tendría que ser consensuado y reevaluado cada 5 años.

Bueno, primer paso, establecemos qué es un buen docente. ¿Cómo seguimos?

Lo segundo sería cómo vamos a comprobar que los docentes tienen las características que establecimos como buena docencia. Para eso hay diversas herramientas, desde un instrumento escrito hasta grabación de aulas, observaciones de aulas, observación por pares evaluadores, entre otras. De esta manera se acumulan evidencias. Lo que se debe establecer es qué evidencias necesitamos para comprobar que alguien tiene estas características que hemos definido como buen docente.

¿Qué herramienta recomienda?

Yo recomiendo comenzar por la idea de que no va a haber un solo instrumento suficiente. Lo más común es empezar por algún tipo de instrumento escrito al que responde el docente.

Un examen tradicional …
Sí, no tiene nada de malo. Pero yo insistiría en que desde el principio debe contemplarse otro tipo de acopio simultáneo de datos, que sea cualitativo. Digo cualitativo por dos razones: primero, porque los docentes a menudo creen que lo cualitativo es más auténtico, y así se incluyen evidencias que ellos valoran; eso es importante, los actores deben pensar que las evidencias son válidas. Por otro lado, lo cualitativo permite acumular evidencias que difícilmente se distinguen en una prueba escrita. Por ejemplo cómo transcurre una sesión de clase.

Usted suele afirmar que la evaluación es un instrumento técnico y político. ¿Por qué?

Porque lo técnico y lo político van de la mano. Una de las cosas que me preocupa en América Latina, cuando se habla de evaluación, es que quieren hacer una separación tajante entre lo que es técnico y lo que es político. Pero lo técnico es profundamente político. Decidir ponderar la prueba escrita en 30% y al 70% la grabación no es una decisión técnica. Lo técnico es asegurar que las dos cosas están bien y calcular el promedio; pero las decisiones de ponderación son políticas.

Me llama la atención que usted nunca menciona a los sindicatos en sus análisis. ¿Por qué?

Bueno, tiendo a pensar a los docentes como individuos. Cuando pienso en el docente, siempre lo estoy imaginando en su aula, enfrentando su práctica. Pero reconozco que también es un actor político, que tiene sus gremios que lo ayudan a representar sus intereses frente al Estado y a la sociedad y deben estar incluidos. No conozco una experiencia exitosa en evaluación docente que no haya incluido desde el principio una efectiva participación del sindicato docente como socio. No significa que los socios estén de acuerdo, pero deben estar de acuerdo en que la evaluación docente merece hacerse y merece hacerse bien.

¿Y si no están de acuerdo?

No hay experiencias de éxitos donde simplemente hay rechazos por parte del sindicato. Así no se puede ni comenzar.

Siguiendo entonces con este criterio, ¿cuánto tiempo calcula que puede demorar un proceso de evaluación docente? Porque son negociaciones complejas ...

Yo diría que para armar las bases de datos y tener instrumentos que permitan empezar a tomar decisiones en el sistema, podría tomar unos 5 años. Pero para tomar decisiones acerca de los docentes individuales, pienso que fácilmente una década. Por eso muchos se desincentivan.

Sobre todo los políticos, que suelen planificar a 4 años.

Yo tenía un profesor que decía que cualquier reforma educativa tardaba 20 a 25 años para hacer notar sus efectos, y por eso nadie tiene la paciencia de esperar si será exitosa o no. No sé si 20 años es correcto, pero si queremos que sea menos se necesita un compromiso serio con la evaluación. Si se contratan equipos por sólo tres meses o algo así, ni cinco años serán suficientes. A eso se llega con buena inversión, con buen cuerpo técnico, con buen trabajo en el ámbito político, con genuina consulta con el sindicato, con genuina consulta con padres de familia y otros actores, que tienen opiniones relevantes y legítimas sobre educación.

¿Conviene empezar con una prueba piloto?

Nada debiera hacerse antes de que se haya hechos pruebas piloto ampliamente y tengamos evidencia de que contamos con un buen instrumento. Es muy caro hacer esto mal y no sólo monetariamente. Políticamente es muy caro. Si se hace mal, por 20 años nadie va a querer una evaluación.

¿Toda la información que se obtenga tiene que hacerse pública?

No deberían ser públicos los resultados de un docente con su nombre, apellido, número de identidad. Debe haber protecciones de la privacidad. Pero el resto de la información, sí debe ser transparente. Los padres de familia tienen derecho a saber cómo se comparan las oportunidades de sus hijos con respecto a sus pares en otras escuelas. Los padres tienen legítimas demandas de información. Los medios también: siempre van a querer información para publicar rankings. En Estados Unidos trabajamos mucho con los medios de comunicación respecto de cómo se hacen los rankings, sabiendo que iban a informar de todas maneras. Les mostramos cómo hacerlo bien o cómo pensamos que se hace bien. Esto es político, profundamente político: la relación de los medios con la escuela, con el sistema educativo; del ministerio con las escuelas, con los padres de familia, con los otros actores, los empleadores por ejemplo. Todos tienen derecho de saber algo respecto a la calidad de la educación. El truco es decidir quién tiene derecho a qué tipo de información.

¿Estas evaluaciones deben ser obligatorias o voluntarias?

Creo que el sistema voluntario tiene varias ventajas. Por ejemplo, deja tiempo para mejorar el instrumento, así como la estrategia de comunicación. Permite hacer más pruebas previas.

Pero entre los sistemas que salieron mal está el de los Estados Unidos ...

Claro y muchas veces fue porque no se probó bien antes: las cosas fueron directamente a escala. Hubo ocasiones, en algunas regiones de Estados Unidos, que ningún docente pasó la prueba que tienen que dar para entrar a ejercer por primera vez. Bueno, imagínese el costo político de eso. Claro, mágicamente, después de negociaciones, pasó un porcentaje. Si usted examina con cuidado cuántos docentes en Chile realmente reciben una evaluación mala, no es una proporción muy alta, pero esto es consecuencia del instrumento que use. Hay que ser humildes: reconocer errores es especialmente importante cuando tomamos decisiones acerca del futuro de individuos. Ahí nuestra responsabilidad es mayor, porque hay vidas profesionales o de estudiantes que están en juego.

Muchos piensan que la educación tiene otras prioridades antes que la evaluación, como mejorar la infraestructura escolar ...

No sé, cada país tendrá que tomar decisiones. Yo estoy de acuerdo con cualquiera que diga que debe haber una infraestructura básica con que todo docente y estudiante cuente antes de empezar a juzgar cuan mal o cuan bien se aprende y se enseña. Si no hay condiciones materiales, es inclusive deshonesto hacer evaluación docente. Pero se puede tener en cuenta esto y ponderar los resultados con información acerca del contexto de las escuelas. En Nueva York tenemos el Índice de Escuelas Similares, que toma en cuenta a cuántos niños se les subvenciona el almuerzo escolar, cuántos vienen de hogares incompletos o por debajo de la línea de pobreza. Así, no se comparan de igual modo dos escuelas con contextos muy distintos. Se sabe que no todos los docentes ni estudiantes trabajan en iguales condiciones.

¿Puede servir la evaluación docente, entonces, para acortar la brecha entre las escuelas?

Podría. En América Latina dicen que la escuela privada es mejor. Puede que sea cierto. ¿Pero será mejor porque es privada o porque el privado también está asociado con otras características? Si descubrimos bien cuáles son esas características y las introducimos en otros contextos, podríamos disminuir la brecha. Tengo la esperanza de que sea posible.

Por Ricardo Braginski