En los medios

La Nación
24/02/24

Educación. La democracia, una escuela de aprendizaje

La profesora de las Especializaciones y Maestrías del Área de Educación de la Escuela de Gobierno analizó las conclusiones de un estudio de la Escuela de Gobierno UTDT que indagó en la relación entre democracia y educación en las escuelas.

Por Claudia Romero



La Argentina está entre los países con mayor valoración y apego a la democracia de América Latina; sin embargo, la satisfacción con el sistema democrático está por debajo del promedio de la región, según el último informe del Latinobarómetro. La valoramos, aunque estemos insatisfechos con ella. Al cabo de estos cuarenta años es evidente la consolidación del sistema democrático, aunque, como describió el politólogo Carlos Gervasoni, existen regímenes subnacionales híbridos con formas no democráticas. Y persisten promesas incumplidas, entre ellas aquellas de 1983 pronunciadas con el entusiasmo del renacer: con la democracia se come, se cura y se educa. Pero ¿cuánta insatisfacción tolera la democracia?, ¿es la insatisfacción un peligro para la democracia o forma parte de su naturaleza inacabada?

Lo que nos estamos preguntando, en el fondo, es cuáles son nuestras concepciones acerca de la democracia. Porque no hay una sola. Por ejemplo, son siete las concepciones sobre democracia que reconoce Varieties of Democracy (V-DEM), del Kellogg Institute de la Universidad de Notre Dame (EEUU), como variaciones globales que tienen consenso académico. Y son: democracia electoral; liberal; de mayorías; por consenso; participativa; deliberativa; igualitaria. Aunque suenen semejantes consideran valores y atributos distintos. Así la democracia liberal considera clave la libertad individual, los controles y equilibrios, y el constitucionalismo, con atributos medibles como las libertades civiles, la independencia judicial y la independencia legislativa. Y la democracia participativa propone la participación directa y activa de la ciudadanía en la toma de decisiones, evaluando atributos como la alta participación, los mecanismos de democracia directa, el activismo de la sociedad civil y la democracia local.

Es interesante conocer los modos en que la sociedad concibe la democracia, dado que las concepciones condicionan la valoración y los modos de actuar. Esas concepciones influyen en las actitudes, las expectativas y en la adhesión y apoyo a la propia democracia. Es decir, las concepciones importan, nos importan, para comprender qué democracia estamos construyendo, cuál suponemos que es la dinámica frente al conflicto y la incertidumbre y cuáles son sus verdaderos peligros.

Las concepciones se definen como un sistema organizado de ideas y creencias que nacen de la experiencia y que se van construyendo a través de las interacciones de los sujetos. De allí la indisociable relación entre democracia y educación y en particular la educación escolar, en su carácter público y abierto, lo que la hace puerta de ingreso a la experiencia democrática. Esta es la convicción central del filósofo y educador estadounidense John Dewey explicitada en su clásica obra de 1916, Democracia y educación. Dice Dewey que “la democracia tiene que nacer de nuevo en cada generación, y la educación es su partera”.

Pero las concepciones no se forman únicamente leyendo manuales escolares sobre educación cívica o incluso la Constitución, sino que, en su construcción, la experiencia social es decisiva. En los ámbitos educativos resulta relevante estudiar las concepciones de los actores en torno a la democracia porque estas alimentan sus prácticas, las que, a su vez, conforman el contexto de interacciones y experiencias educativas de los estudiantes. La concepción de democracia y democracia en la escuela que sostenga un docente o directivo dará forma a su práctica de enseñanza y a su liderazgo educativo. Esto irá conformando un ambiente más o menos democrático o con diversos énfasis en el cual los estudiantes hacen su aprendizaje experiencial de la democracia. ¿Es posible preguntar, dudar, equivocarse y volver a empezar en el trabajo en clase? ¿Todos los alumnos tienen igualdad de oportunidades a los ojos de un maestro? ¿Hay apego a las normas? ¿Se atiende a la pluralidad de ideas o se acallan las disidencias? ¿Se enseña o se adoctrina?

Con un equipo interdisciplinario de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella realizamos un estudio fenomenográfico, que forma parte de un proyecto internacional del que participan otros cinco países: España, Portugal, Reino Unido, México y Chile, que buscó precisamente conocer las concepciones de democracia y de democracia en la escuela en diversos actores escolares.

“¿Qué es la democracia?” y “¿qué es la democracia en la escuela?” fueron las dos preguntas que guiaron las 96 entrevistas que realizamos a estudiantes, docentes y directivos de escuelas argentinas en el Área Metropolitana de Buenos Aires, primarias y secundarias, de gestión pública y privada y de diversos contextos socioeconómicos. Las entrevistas se realizaron entre 2020 y 2021 y el análisis posterior fue arduo porque el método fenomenográfico se propone la obtención de relatos sin categorías teóricas previas que guíen la búsqueda, sino que las propias categorías de análisis surgen a posteriori y provienen de la narración de los sujetos. Es una verdadera exploración. Estas precisiones metodológicas pueden no interesar a los lectores de esta nota, sin embargo, me gusta contar que es trabajoso y también apasionante intentar comprender “que tienen en la cabeza” sobre la democracia quienes están en las escuelas. Llegados a este punto y antes de presentar los resultados tal vez puedan los lectores hacerse las dos preguntas y explorar sus propias concepciones.


Abstracta o concreta

El primer hallazgo fue que en el discurso que expresa las concepciones sobre democracia predomina una modalidad abstracta o conceptual. Es decir, esas concepciones se expresan como definiciones, son impersonales, generales y neutras o desprovistas de afectividad. “El pueblo gobierna a través de sus representantes, es una forma de gestión de lo público que tiene 25 siglos”, dice un docente. “La democracia es libertad, derechos, votar”, expresa un estudiante.

En cambio, al hablar de democracia en la escuela apelan a una modalidad discursiva concreta y experiencial; utilizan una narrativa que incluye ejemplos, circunstancias, emocionalidad, acción, donde se involucran personalmente. “Cuando después de leer un texto la maestra nos pregunta ustedes qué opinan, y discutimos nuestras ideas, eso es democracia en la escuela”, dice un estudiante. “Democracia es cuando en mi aula se vota al que va a la bandera”, dice otro. “Democracia en la escuela es saber que no gestiono en el vacío, que la escuela es de una comunidad, que tengo que dialogar con las familias”, define un director.


Concepciones diversas

El análisis de las ideas centrales de los relatos nos permitió agrupar en unidades de sentido que constituyen tres concepciones predominantes y una cuarta no tan extendida, pero intensa.

La primera es la democracia como cultura, que predomina entre los adultos, los directivos y docentes. Se trata de una concepción centrada en la idea de libertad y respeto a los derechos individuales. Es una concepción que liga con la idea de “forma de vida”, que sobrepasa las cuestiones institucionales y procedimentales y donde se sostiene una visión individualista de la libertad, un estilo de vida que permite hacer, decir, pensar sin censura. “La democracia es más que una forma de gobierno, es una forma de vida”; “Es libertad de expresión, de pensamiento”; “Es ejercicio pleno de tus derechos, sin censura”.

La segunda concepción identificada es la democracia como representación que predomina entre los estudiantes. Es una concepción centrada en una visión normativa, asociada a herramientas, procedimientos e instituciones, relacionada con las formulaciones del curriculum y los textos escolares. “Es el gobierno del pueblo a través de sus representantes”; “Es votar, que haya un Congreso que dicta las leyes”

La tercera es la democracia como participación que predomina en las respuestas sobre la democracia en la escuela, tanto para estudiantes, docentes y directivos. Se trata de una concepción que visualiza a la escuela como proyecto común que se construye colectivamente. Existen matices dentro de esta concepción entre quienes enfatizan la horizontalidad y quienes defienden la asimetría de los diversos actores, y reconocen lugares diferenciados de participación para docentes, alumnos y familias. “Es que se escuchen todas las voces”; “poder tomar decisiones conjuntas”; “cuando juntamos firmas para pedir al municipio que ponga un semáforo en la esquina de la escuela porque hay muchos accidentes”.

De manera contraintuitiva y también a diferencia de otros estudios no encontramos variaciones en las concepciones según el tipo de gestión escolar (estatal o privado) si bien en el ámbito privado las respuestas son más extensas y detalladas.

Es interesante analizar las concepciones de los estudiantes como grupo. A diferencia de los adultos, en los estudiantes se observa una concepción más institucionalista de la democracia. Probablemente porque ellos acuden a respuestas “aprendidas teóricamente” para definirla, lo cual resulta razonable, dado que no hay experiencia del ejercicio ciudadano. En cambio, al hablar de democracia en la escuela emerge la propia experiencia escolar que sí conocen y aparece la idea de participación, el proyecto colectivo, el diálogo, el consenso.

Cuando a fines de 2023, presentamos los resultados en la universidad en un panel de académicos, nuestra colega de España se sorprendía por la calidad de las respuestas de los estudiantes argentinos y refirió que los niños españoles entrevistados tenían respuestas poco consistentes. “Nos respondían: ‘no sé…. ni idea; ¿democracia… es algo que tiene que ver con el Rey?’”, dijo y agregó: “Ustedes en la Argentina no reconocen lo suficiente la cultura política de sus chicos”.

En los relatos de los actores, la vivencia escolar aparece separada de la experiencia social, como si se trataran de dos mundos diferentes. Nadie expresa que la escuela juegue un papel fundamental en la consolidación de la democracia social. Y este es un punto importante para detenernos y revisar el sentido actual de la experiencia escolar. Porque, como dice Dewey, la escuela está llamada a ser un laboratorio de la vida democrática donde se aprendan prácticas que luego se trasladan fuera de la escuela. Un laboratorio de pruebas, no una burbuja.

Encontramos una cuarta concepción de la democracia y la democracia en la escuela que hemos denominado como “Democracia en sentido crítico”. Denota frustración, desconfianza, muestra los límites y las promesas incumplidas. Se observa una marcada presencia de esta expresión en docentes de contextos desfavorecidos, aunque aparece también en otros actores. “Para mí democracia es justamente lo que llevamos 40 años tratando de construir y aún no logramos”; “no es posible hablar de democracia cuando hay desigualdad”; “cuando la participación no es real se pierde interés en lo político y la democracia se hace frágil”; “la frustración con la democracia es más grave en la Argentina porque hay injusticia”.

¿Es esta una concepción antidemocrática? ¿Implica que la democracia está en peligro? Nuestra conclusión es que no; esta concepción que se registró únicamente en la Argentina y no en los otros países, y que podríamos denominarla también “Democracia como decepción”, muestra precisamente la distancia entre la realidad y un ideal que se valora.

La democracia es, sobre todo, un proceso de aprendizaje. A diferencia de los sistemas políticos autocráticos o fundamentalistas, la democracia no tiene más remedio que afrontar su naturaleza abierta y aprender a lidiar con la pluralidad, la disidencia, la incertidumbre.

La capacidad de aprendizaje de las sociedades democráticas, señala el filósofo Daniel Innerarity, se asegura a través de instituciones, entre ellas la escuela, que no sólo deben producir saber y normas sino también la facultad de tramitar la incertidumbre, la complejidad y asumir la decepción como motor para la acción.