En los medios

Revista Ñ
30/03/19

Conflictos de género y clase en la oficina

La graduada del Máster en Historia del Dpto. de Estudios Históricos y Sociales UTDT es autora de "Mujeres en las oficinas: trabajo, género y clase en el sector administrativo", fue entrevistada acerca de esta publicación y su inserción en la coyuntura actual.

Por Gisela Daus
Me interesé por el trabajo de las mujeres de una manera algo extraña: había trabajado con unas crónicas de Alfonsina Storni donde las protagonistas eran trabajadoras; obreras, domésticas, costureras y dactilógrafas pero hay una crónica suya, "La perfecta dactilógrafa" que fue la puerta a todo un mundo que fui a investigar sin saber bien de qué se trataba... Eso se unió con la biografía de mi propia madre, que había trabajado en los años 60 y por veinte años, como secretaria ejecutiva en una gran empresa. Sabía escribir a máquina y era taquígrafa; tengo muchos recuerdos de mi infancia", explica la historiadora Graciela Queirolo, autora de Mujeres en las oficinas: trabajo, género y clase en el sector administrativo (Buenos Aires, 1910-1950), (Biblos).

"Ese contacto azaroso con Storni y esos recuerdos me empujaron al mundo del trabajo femenino primero y al de las empleadas administrativas después. Abrí una puerta y se fue complejizando, resolvía unos problemas y aparecían otros...". Esta obra es el fruto de una meticulosa investigación que a la autora le tomó diez años (con financiación de una beca doctoral de la UBA), sumados a los dos que tardó en volverla libro. Está repleto de voces y fuentes en forma de cifras, cuadros comparativos, viñetas de la época, ilustraciones, citas de artículos, etc. que invitan a sumergirse en aquel tiempo y querer saber más sobre el universo de estas Mujeres en las oficinas...

-¿Cuál es la paradoja social - en género y clase- que constituye la identidad laboral de estas trabajadoras y por qué?

-Son experiencias laborales atravesadas por el bienestar, la inequidad y el estigma - claves de la paradoja-. Es importante reconstruirlo para ver la diversidad de ocupaciones que convocaban a las mujeres en el mundo del trabajo. El ingreso al mercado laboral no las desvinculó de las responsabilidades domésticas, dobles tareas que las condicionaron. Mirando para atrás se encuentran continuidades no resueltas, movimientos expansivos que permiten pensar el desarrollo de la actividad laboral de las mujeres en la sociedad.

-Sobre las jerarquías de género explicás que a igual trabajo había desigual retribución e inequidad laboral. ¿Una situación que persiste?

-Estas mujeres ingresan al mercado laboral y hacen una carrera con un desarrollo profesional, pueden ascender de dactilógrafa a taquígrafa-dactilógrafa y a secretaria.
Comparativamente con otras ocupaciones (obreras, telefonistas, costureras) que desempeñan las mujeres en esos años es importante, pero nunca van a poder convertirse en jefas o directoras de la empresa y ganan menos que igual tarea realizada por varones. Un gran desafío de este 2019 son los problemas del trabajo: permiten la inclusión pero la inequidad sigue estando ahí.

-Abordás la feminización de las ocupaciones administrativas y tomás los conceptos: "ángel de la oficina", "hada del teclado" y "empleada oprimida". ¿Qué representa cada uno de ellos?

-El ángel de la oficina es una categoría del historiador colombiano Ricardo López que me pareció inspirador: analiza a las empleadas administrativas y encuentra que no son trabajadoras, son "ángeles que ayudan". Son formas de descalificar e invisibilizar ese trabajo de oficina (asociado a lo doméstico, al asistir a un superior). La del honguito que pulula -remite al hada del teclado- es una imagen muy gráfica que crea la revista Para ti, una infantilización y ridiculización de la dactilógrafa. Son empleadas capacitadas pero inútiles: trabajan mal y no tienen la disciplina laboral exigida. La revista también publicó la tira cómica "Mangacha, la dactilógrafa", que ridiculiza esa figura. Convive en paralelo con 'la empleada oprimida' que va a la oficina, está agobiada y encorvada sobre la máquina de escribir: todo es explotación, opresión, acoso. Son estereotipos que se construyen estigmatizando la presencia de las mujeres en el mercado laboral: no son capaces o el trabajo las corrompe.

-¿A qué se deben esa banalidad y menosprecio del trabajo femenino, a los que hacés mención?

-A cómo esta sociedad de la primera mitad del siglo XX piensa la experiencia de trabajo femenino como una tarea excepcional: lo hacen porque lo necesitan o hay un problema con el proveedor de su grupo familiar.
Si van al mercado es por un tiempo hasta que se casen, para tener dinero, comprarse una ropita o pagar sus hobbies. La banalidad y frivolidad reproducen esta idea de excepcionalidad del trabajo, incluso en el sentido de opresión del trabajo: si tanto daño les hace, es mejor que no estén.

-¿Cómo era ser oficinista en aquella época?

-Una experiencia que les abrió la cabeza a muchas mujeres: viajaban solas, estaban solas en la calle, percibían un dinero que administraban, sabían leer y escribir en un mundo que recién dejaba de ser analfabeto, manejaban una tecnología de punta como era la mecanografía. Una experiencia enriquecedora vinculada con la alfabetización y la tecnología.

-¿Cómo era la educación a distancia, vía correspondencia?

-Se compraban cursos en pequeños fascículos que venían por correo con ejercicios y en tres meses se podían hacer distintos cursos, incluidos los comerciales. Esta enseñanza postal es una primitiva modalidad de educación a distancia, también había cursos presenciales que ofrecían las Academias Pitman (la institución más famosa).
Era favorable para las clases trabajadoras: resolvían todo en cuestión de meses y salían a trabajar.

-¿Cuál es el aporte más valioso de tu obra?

-El libro ilumina una zona que no conocíamos en profundidad como es rescatar la presencia y características de la participación femenina en los empleos administrativos.
Un aporte contributivo, dentro del espíritu de la historia de las mujeres: el gran desafío y la puerta que quiero abrir es el pensar las carreras laborales -en el mundo del trabajo- como una vía de integración social, enmarcada en procesos más grandes de transformación económica.

-¿Cómo te manejaste metodológicamente para sostener tu narración con tanta información historiográfica?

-La metodología que usé es ecléctica, combina varias estrategias: hay una reconstrucción cuantitativa, metodología involucrada en la investigación; otra parte con fuentes y de trabajo con análisis del discurso e imágenes. Puse en diálogo lo que dicen esas representaciones con otras y así reconstruí los imaginarios de la época. También hay cosas que no están en las fuentes, se pueden presentar como hipótesis y no confirmar como evidencia... El libro demuestra que las empleadas existían y tenían una presencia material consolidada.

-A 109 años del período de inicio de tu investigación: ¿en qué estado se encuentra el papel de la mujer en la oficina, en el presente?

-Hubo avances y retrocesos: el trabajo administrativo se modificó y en esto tiene que ver la llegada de la informática a las oficinas... Es indiscutible la capacidad que tienen las mujeres para trabajar pero quedan por resolver la inequidad y la jerarquización profesional que siguen presentes, hay que seguir trabajando.

-¿Qué opinión te merece el lema utilizado por la Federación de Asociaciones Católicas de Empleadas (FACE) en 1922: "Todas para una y una para todas", hoy?

-Cuando la FACE propone este eslogan es en oposición a otro sindicato que llamaba a la lucha de los trabajadores contra los empleadores: en contexto es nefasto pero si uno lo extrapola a hoy, creo que las acciones colectivas de las mujeres -y de todesson más interesantes que las individuales, más productivas, creativas y con resultados más potentes.

Graciela Queirolo
(BUENOS AIRES 1969. HISTORIADORA.)
Está especializada en género y trabajo.
Profesora y doctora en Historia por la UBA. Máster en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella.
Su investigación recibió la mención honorífica del premio a la mejor tesis doctoral en Historia Social otorgado por la Asociación Latinoamericana e Ibérica de Historia Social (ALIHS). Es docente universitaria e investigadora independiente. Autora de numerosos artículos sobre género y trabajo.
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