Di Tella en los medios
Revista Noticias
2/04/11

¿Voto cuota o voto empleo?

BOOM DE CONSUMO Y ELECCIONES: Al consumidor le preocupa más el desempleo que la inflación. La nueva pirámide social.:

Cuando en julio del 2002 el ex presidente Eduardo Duhalde anunció el fin de la recesión, prácticamente nadie le creyó. Meses más tarde, Roberto Lavagna –ya como ministro de Néstor Kirchner–, confirmaba que la economía argentina entraba en una senda de recuperación fuerte y consistente, pero tampoco se le creyó demasiado.
Se dijo: "Es un veranito", entre varias otras profecías no cumplidas.
Pero ¿de dónde veníamos? En 1994, por primera vez en la década, el desempleo había superado la barrera de los 10 puntos. Un año después, cuando Carlos Menem fue reelecto, ya trepaba al 18.4%. Por aquel entonces, el empleo no parecía ser una variable que estuviera en el centro de la agenda. Y mucho menos, como quedó demostrado, que tuviera la capacidad de alterar el resultado electoral. Para quienes no lo sufrían, no existía. Era un fenómeno nuevo para la sociedad argentina. Lo que técnicamente podría definirse como "un punto ciego" colectivo. Algo que, aún siendo presente, está ausente para la mirada de la gran mayoría.

En octubre del 2001 nuevamente se llegó a una tasa de desempleo por encima del 18%. Al estallar la crisis y tras la devaluación, el índice alcanzó el 25%. El país estuvo al borde de la disolución. Se llegó a hablar de una potencial "guerra civil". Si a los desempleados se le sumaban los subempleados –empleos temporarios y muy precarios–, el universo castigado sumaba 6,3 millones de personas.
Dado que el desempleo es un problema familiar y no individual, se puede decir que afectaba a 6 de cada 10 hogares del país. Y que su impacto psicológico llegaba prácticamente a todos. Desde cualquier punto de vista, una catástrofe económica, social y espiritual. Aquella era una sociedad abatida.
Pero el 1º de marzo del 2007 se anunciaba que, por primera vez en 13 años, el desempleo lograba romper el piso de los 10 puntos. La medición del cuarto trimestre del 2006 había registrado una tasa del 8,7%.

Recién en ese momento la sociedad creyó que habíamos superado la crisis. Visto así, los años de "vacas flacas" abarcaron prácticamente una década. Tengamos en cuenta que la caída libre de la economía argentina comenzó en el segundo semestre de 1998. Solo el conflicto entre el Gobierno y el campo durante el 2008 y el póker de malas noticias del 2009 –crisis internacional + sequía con caída de la cosecha del 35% + Gripe A + Incertidumbre electoral por el 29J– revivieron los
fantasmas. La sociedad pareció verse otra vez como un país "CC", en "Crisis Crónica".

MUERTE Y BALANCE. Todo cambió el 27 de octubre del año pasado. Al producirse la repentina e inesperada muerte de Kirchner, la gente miró hacia atrás y decidió hacer un balance.
Fue en ese momento cuando los hechos que venimos describiendo hasta aquí conectaron y se resignificaron para modificar el clima social. Nada de lo que hoy sucede en términos de consumo y de imagen del Gobierno, y de lo que puede suceder hasta las presidenciales del 23 de octubre, puede comprenderse sin analizar esta sucesión de hechos. Por ejemplo: desde que experimentaron en carne propia el desempleo masivo, los argentinos redefinieron su importancia.
Aún hoy, cuando la tasa se ubica en el 7,3%, lo siguen ubicando como el segundo problema más importante del país. Según una reciente investigación de Ipsos, el 73% piensa que es la inseguridad, el 42% sostiene que es el desempleo, el 26% que es la educación y recién el 21% que es la inflación. No es que la inflación no importe. El 74% de la población, de acuerdo con un estudio de Poliarquía, se siente afectado "mucho o bastante" por la suba de precios.
Pero su ponderación es menor a la del desempleo.

El sociólogo americano Richard Sennet, quien se ha dedicado a estudiar la dinámica del trabajo en la nueva economía capitalista, reivindica en su libro "El Artesano" el valor que tiene el trabajo como fuente de realización y de plenitud, más allá del dinero. El economista británico Robert Skidelsky, principal biógrafo de Keynes, afirma que "la gran idea de Keynes se basaba en utilizar la política macroeconómica para mantener el pleno empleo".
La Argentina vive hoy un boom de consumo. Durante el 2010, los argentinos compraron 2,3 vehículos 0 km ¡por minuto!, 660.000 autos y 550.000 motos. Si se compara el 2010 con el 2009, y despejamos el efecto inflacionario, la venta de electrodomésticos en general creció un 25%, la de la de televisores planos, 150%; la de motos, 54%; la de autos, 32%; la de teléfonos celulares, 22%; la de smartphones, 185%; la de inmuebles, 22%; la de entradas de cine, 14%; el nivel de actividad del sector de la construcción, 11%; la venta en shoppings,
12%, y la de las cadenas de supermercados y autoservicios, 6%. Desde una perspectiva macroeconómica, el Producto Bruto de la Argentina creció por encima del 8%, la producción industrial se expandió un 10%, las exportaciones el 23% (llegaron a los 68.500 millones de dólares), el desempleo se redujo del 9,1% al 7,3%, la recaudación impositiva se expandió un 34,4%, las reservas se ubican alrededor de los 52.000 millones de dólares, las importaciones crecieron un 45% (56.400 millones de dólares) y el superávit comercial redondeó 12.100 millones de dólares.

Podríamos suponer erróneamente que esta avalancha de datos positivos componen una mirada de corto plazo, sesgada por la baja performance del año 2009. Pero si miramos los números de largo plazo, podemos apreciar que la propensión al consumo es estructural y creciente tras la salida de la crisis 2001/2002. Por citar solo algunos casos: la venta de los productos más básicos como alimentos, bebidas, cosméticos y artículos de limpieza, que se compran en todos los hogares, pero que demandan buena parte del ingreso de los de menor poder adquisitivo –entre el 50 y el 70%–, se expandió un 63% (medido en unidades entre el 2002 y el 2010), pero también crecieron la venta de autos 0 km, 580%; las tarjetas de crédito en circulación, 124%, y el nivel de actividad de la construcción, un 180%.
¿Por qué no se cumple hasta aquí la previsión de que la inflación frenaría el consumo? La explicación hay que buscarla en el empleo. No es lo mismo darle pelea al aumento de precios con trabajo que sin trabajo.
Quienes tienen empleo, y están bajo convenio, tienen salarios que ganan o empatan con la inflación. Quienes no están bajo convenio, en muchos casos no le ganan a la inflación, pero suelen tener tarjeta de crédito y comprar en supermercados y shoppings.
Aprovechan así todos los "anabólicos" al consumo que ofrece el mercado –promociones, descuentos, ofertas, clubes de afinidad– y compensar. Los independientes y cuentapropistas ven subir sus costos, pero también su facturación, a la par del crecimiento económico general. Y aquellos más postergados, reciben la Asignación Universal por Hijo, que les permite paliar mejor la situación.

VARIOS PAÍSES EN UNO. El empleo es un factor clave a la hora de explicar el actual boom del consumo. Su impacto no se limita a una cuestión económica. Luego del aprendizaje que dejó la crisis, para los argentinos, el empleo se transformó en un factor determinante a la hora de definir no solo su propensión a consumir, sino también el humor social y su correlato con la evaluación de la gestión gubernamental. Hoy, cuando el desempleo ha descendido casi 2 puntos respecto de las elecciones del 2009, el Índice de Confianza del Consumidor se ubica nuevamente por encima de los 55 puntos y el de Confianza en el Gobierno alcanzó el nivel previo al del conflicto con el campo (ambos elaborados por la Universidad Torcuato Di Tella). La imagen positiva del Gobierno está en el orden del 55% al 60%, según la mayor parte de las recientes encuestas de opinión pública. El triángulo "Empleo/Consumo/Imagen del Gobierno" se retroalimenta entre sí. Tanto positiva, como negativamente.
Subestimar su importancia implica dejar fuera del análisis un elemento central y de impacto concreto sobre el devenir de los acontecimientos. Algo similar está comenzando a suceder en el mundo. Si queremos prever el futuro tendremos que estar muy atentos a la dinámica de este triángulo que puede ser virtuoso o vicioso y tiene consecuencias de fondo en la gobernabilidad.
La Argentina actual encierra varios países en uno. A lo largo de los últimos 30 años dejó atrás su histórica homogeneidad de "clase media" para volverse una "sociedad fragmentada".
Hoy, en el "techo" de la pirámide social, el 7% de los hogares más ricos tienen un ingreso familiar promedio mensual de 35.000 pesos, mientras que en la "base de la pirámide", el 15% de los hogares más pobres, tienen un ingreso familiar promedio mensual que no llega a los 1.000.
En lo que hace al consumo podríamos dividir a la sociedad argentina en tres grandes grupos. Un primer 25% constituido por los niveles más altos con cierta holgura económica y diversidad de posibilidades; un segundo grupo, el 50%, que consume pero con mayores restricciones y debe optar permanentemente y otro 25% acotado al consumo básico.

RÉCORD HISTÓRICO. Al día de hoy, el actual "modelo", tal como lo demuestran los números, ha sido capaz de generar crecimiento económico, y traducirlo en generación real de empleo, durante prácticamente una década.
Todo un récord histórico. El PBI creció un 84% acumulado entre el 2002 y 2011 y la tasa de desempleo se redujo del 25% al 7,3% actual. ¿Podrá seguir haciéndolo desde el 2012 en adelante? ¿Las inconsistencias podrían trabar en el mediano plazo el "círculo virtuoso"? ¿Son corregibles? ¿Qué candidato y qué equipo de gobierno estará más preparado para hacerlo? ¿Quién puede garantizar a la gente que será capaz de construir sobre lo construido sin que sea necesario caer nuevamente en la "crisis crónica"? ¿Quién está en condiciones de plantear de un modo creíble que los argentinos no perderán lo que han logrado recuperar tras la debacle del 2001/2002? La respuesta que "las múltiples Argentinas" encuentren a estas preguntas, seguramente definirá, en buena parte, si el próximo 23 de octubre se vota continuidad o cambio.
* PRESIDENTE de la Consultora W, asesor estratégico, especialista en tendencias sociales y de consumo.
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EL MUNDO
COMPARACIÓN
o es que la inflación no importe.
Pero el eventual desempleo preocupa mucho más. Esta perspectiva se agudiza cuando, además de lo que muestran los medios, se reciben noticias de primera mano que llegan de parte de los amigos o parientes que, en plena crisis, se fueron a España o a los Estados Unidos.
Creían dejar atrás para siempre esa pesadilla precisamente.
Hoy España tiene la peor tasa de desempleo de toda Europa.
Supera el 20% y sin perspectivas de modificarse en el corto plazo.
En los Estados Unidos ronda el 9%. Y se prevén reducciones muy lentas y graduales para los próximos años. El promedio de la Eurozona es del 10%.
SÍMBOLO.
Las compras en cuotas confirman la superación de la crisis.

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