Di Tella en los medios
Clarín
21/07/19

Bernardo Kosacoff: “Podemos volver a crecer sin que los platos rotos los paguen los de menores ingresos”

Por Cledis Candelaresi

Para el economista y profesor de la Escuela de Negocios UTDT, el endeudamiento de los últimos años fue el único mecanismo posible para no recurrir a un fuerte ajuste fiscal. A su juicio, la abultada deuda pública no es un obstáculo para el crecimiento y las decisiones de inversión son independientes de quién ocupe la Casa Rosada.



La independencia y solidez académica le permitió al economista de la Universidad de Buenos Aires y profesor de la Di TellaBernardo Kosacoff, ser el interlocutor escuchado por el gobierno actual y por el anterior y, al mismo tiempo, expositor habitual en los eventos de empresarios, donde está bien reputado. A ellos les reconoce capacidad emprendedora y, al mismo tiempo, voracidad de vikingos. A su juicio, la abultada deuda pública no es un obstáculo para el crecimiento y las decisiones de inversión son independientes de quién ocupe la Casa Rosada.

—¿En términos globales, el acuerdo de libre comercio Unión Europea- Mercosur favorece o perjudica a la industria local?
—Lo único que hay hasta ahora es un acuerdo político que permite definir, luego, la letra fina con intervención de todos los parlamentos. Ahí se verán claramente los costos y beneficios. La estructura productiva argentina se transformó y el mundo es más complejo. La especialización en materias primas no es actual: también importan los drones, la tecnología, los servicios financieros. Vivimos en la economía más volátil del mundo y el país tiene la ineludible tarea de lograr la consistencia macro y frenar los procesos inflacionarios. Eso servirá para lo importante: diseñar una estrategia de desarrollo. El acuerdo hizo que se empiecen a discutir cosas en esa línea. Cómo nos especializamos, cómo nos insertamos en el mundo y recuperamos el empleo formal de calidad. Eso es positivo.

—Desarrollo implica inversiones y usted ya señaló que desde el 2011 se detuvo la formación de capital. ¿Por qué bajo un gobierno presuntamente amigable con las empresas eso no se revirtió?
—La tasa de inversión es notoriamente baja: la que tenemos este año ni sirve para amortizar el capital.
Con 12 ó 13 puntos del producto estamos en problemas. Tampoco mejoró la productividad y desde 2011 no generamos empleo formal en el sector privado.

—¿Pero por qué el macrismo no logró seducir inversiones?
—El problema de inversión es sistémico: la empresa no invierte según el gobierno de turno sino en base a sus posibilidades de ganancias, entre otros ítems. Argentina tiene una gran heterogeneidad productiva. Hay un sector muy eficiente, al que no sólo le interesan las utilidades sino conservar la riqueza de su posición en el mercado: si la descuida, lo compran. Este sector tiene que invertir sí o sí y durante este gobierno fue, además, alentado con buenas regulaciones. Los incentivos a Vaca Muerta son un ejemplo. También otras actividades energéticas, la minería y algún área ligada al conocimiento.
El problema es el resto de la economía que para actualizarse necesita hacer un enorme esfuerzo de inversión y tiene que lidiar con problemas estructurales no resueltos como los altos costos logísticos, alta presión impositiva, rigideces del mercado de trabajo y un mercado de capitales que no le da herramientas. Ahí no se invierte.

—¿Y cómo cree que fue el relato oficial en este sentido?
—El relato oficial fue un tanto ingenuo. La promesa de nuevas reglas y la inserción en el mundo pueden ser condición necesaria pero no suficiente para estimular inversiones. El relato tampoco fue atrayente por la falta de una propuesta de desarrollo. Pensar que el campo es bueno y la industria es mala es no entender el dinamismo de la biotecnología que se dio por la ruptura de esa falsa dicotomía. Si pasamos de producir 20 millones de granos a 140 es por la gente que desarrolla biotecnología y servicios financieros. El proceso de cambio de reglas es lento y muchas empresas en estos años temieron quedarse a mitad del río, con inversiones que no podrían recuperar y personal ocioso.

—¿Y qué pasa cuando el Estado controla la estructura de costos de un sector y la renta?
—En esos esquemas, las empresas tienen que dar información y a cambio tienen un reaseguro de su negocio sin necesidad de invertir para cambiar la estructura productiva. Frente a río revuelto los empresarios siempre saben cómo actuar?

—¿Por eso usted dice que los empresarios son “vikingos”?
—Efectivamente. Es una figura que suelo usar con mis alumnos. Los empresarios argentinos son de los mejores emprendedores. Pero esa capacidad se usa en función de las reglas de juego. Los poderosos vikingos salen a ultramar con armas y mercancías. Si en la orilla se topan con gente armada, la combatirán. Si está desarmada, serán buenos piratas. Si los incentivos están mal puestos y pueden captar renta sin esfuerzo, de corto plazo y sin produ- cir, utilizarán así sus capacidades.

—¿Poner eje en el mercado interno es descuidar el perfil exportador?
—En absoluto. Y debemos rescatar que Argentina tiene un muy buen mercado interno: estamos entre los 10 primeros del mundo, luego de los países desarrollados, y con notables capacidades. Así, estamos en el foco de las 500 trasnacionales del mundo. Para desarrollar exportaciones hay que generar antes la oferta productiva. Invap puede exportar reactores nucleares o fabricar satélites con la Nasa porque, en décadas previas, hubo 5.000 profesionales argentinos que montaron usinas atómicas y porque se creó el Instituto Balseiro. No son ejes antagónicos. Desarrollar el mercado doméstico nos permitirá exportar más.

—¿Qué diferencia esta coyuntura económica compleja de las crisis previas?
—No podemos decir que la situación económica es buena si atendemos al deterioro del poder adquisitivo, el desorden de las cuentas fiscales y la falta de creación de empleo. Pero los registros macro son mejores a los de hace un año y podemos volver a crecer sin que los platos rotos los paguen los de menores ingresos, que fueron quienes financiaron las crisis desde el Rodrigazo a la salida de la Convertibilidad, con la vergonzosa exclusión social que tenemos.

—¿La alta deuda pública no condiciona una estrategia de desarrollo?
—La deuda fue el único mecanismo para transitar sin recurrir a un fuerte ajuste, que era inviable. Una parte de esa deuda se generó por beneficios financieros, que no son los que sirven. Pero si Argentina vuelve a crecer tenemos niveles de deuda sustentables, independientemente de algunos procesos de renegociación que puedan concretarse.

—¿Y el sector privado hasta qué punto puede autofinanciar sus inversiones, sin acudir al mercado?
—Tras la caída de la Convertibilidad se saneó el aparato productivo. Una parte del dinero que ganaron las empresas lo usaron para sanearse financieramente y hoy el nivel de deuda privada es bajo, al igual que la morosidad; otra parte fue para equiparse con autofinanciamiento, incluyendo emprendimientos fuera de su área natural de negocios, como viñedos o fideicomisos de construcción; el otro tercio fue para construir un fenomenal fondo anticíclico, indisponible para eventual inversión ofensiva y reestructuración. Hay US$300.000 ó US$400.000 millones que no buscaron con codicia una tasa de interés sino que están guardados como mecanismo de liquidez y flexibilidad.

ACTIVIDAD ECONÓMICA: 
¿Es viable una reactivación ahora?
De la mano de la estabilidad del dólar, en las últimas semanas comenzaron a aparecer algunos datos económicos que permiten entrever que la recesión ya tocó piso y que la reactivación empieza a ganar terreno.
Según los datos de la consultora de Orlando Ferreres, en junio la economía empezó a dar la vuelta y a registrar número positivos con respecto al mismo mes de 2019. En concreto, la actividad habría crecido entre 2% y 3%. Para los próximos meses se esperan también números positivos, lo que no evitará que el año cierre con una caída del PBI del 1,4% según las estimaciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado que realiza mes a mes el Banco Central.
También la inflación empieza a dar señales alentadoras con el dato del 2,7% en junio, lo que marca una caída por tercer mes consecutivo con relación al registro anterior. Para julio los analistas calculan que podría ubicarse entre el 2% y el 2,5%.
Con el agro y la energía como motores, las exportaciones también muestran datos positivos — crecieron 16% en junio— que compensan solo en parte la retracción que sigue exhibiendo el mercado interno pese a los anabólicos como los planes de Ahora 12 y los créditos del Anses con los que el Gobierno busca estimular al consumo para llegar mejor posiciondo a las elecciones.
En negativo se sigue moviendo la industria, que muestra caídas interanuales de 9,8% en los primeros cinco meses del año con la mayoría de los sectores con escasas perspectivas de salir de la zona roja. Lo mismo pasa con el desempleo, que ya alcanza el 10,1%, con expectativas de seguir subiendo en lo que queda del año, y con la pobreza, que según los cálculos de la UCA roza el 35%.
Para el año próximo hay perspectivas de mejora. De acuerdo a las estimaciones del BBVA, “para 2020 la economía ya habrá procesado las tensiones por la incertidumbre electoral y crecerá 2,5% de la mano de la recuperación de la demanda interna privada”, mientras que las exportaciones se expandirán 10%.

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