Di Tella en los medios
La Prensa
23/06/19

Pablo Guidotti: "No hay razones para que salte el dólar"

Por Gustavo García

El profesor de la Escuela de Gobierno fue entrevistado por La Prensa acerca de las medidas económicas del Gobierno, la relación con el FMI y las perspectivas económicas para el segundo semestre. "La realidad es que hoy no hay ninguna evidencia de ninguna corrida a nivel bancario", apuntó.

La Argentina vive hoy algo así como un veranito cambiario que genera distensión, alivio. No se trata, sin embargo, de tapar el sol con una mano. La estabilidad del dólar, con leve tendencia a la baja, está lejos de ocultar los números en rojo de la actividad económica, la inflación récord, la alta tasa de desempleo o las vergonzosas cifras de pobreza.

Más allá de esto, la calma de los mercados produce una tranquilidad que muchos expertos descartaban en un año electoral. Al menos por ahora, afirma 
Pablo Guidotti, economista y profesor de la Universidad Torcuata Di Tella, no hay razones para que se dispare el billete verde. Queda como tarea para el segundo semestre afianzar la política de emisión cero, respaldada en el programa crediticio del Fondo Monetario Internacional que vino a evitar males mayores.



-El dólar se mueve a la baja y hay cierto veranito. Hace poco dijo en un reportaje que no cree que la gente corra a dolarizarse. ¿Es optimista para lo que queda del año?

-En esa entrevista, que fue hace un tiempito, el mercado estaba peor que ahora y de alguna manera yo lo que decía era que creía que hubo una sobrerreacáón negativa del mercado en ese momento que no estaba justificada por lo que estaba pasando en materia económica en la Argentina. Por eso mostraba cierto optimismo.

-¿Sigue siendo optimista?

-De todas maneras sigo siendo optimista. Muchas veces lo que pasa en la Argentina, que tiene una historia larga de crisis, es que especialmente los economistas que tienen cierta edad tienden inmediatamente a acordarse de alguna vieja crisis pasada y no tienen un término medio. Pasan de que hay una tranquilidad a que hay una corrida. La realidad es que hoy no hay ninguna evidencia de ninguna corrida a nivel bancario. Diría que en general el sistema financiero es sólido, está bien regulado y en ese sentido no es una fuente de preocupación. Tampoco creo que en este momento haya razones que hagan que el dólar salte mucho.Obviamente que al tener un régimen de cambio flexible hay movimientos en el dólar.

-¿Cómo ve la dinámica de la actividad económica?

-La realidad es que en una economía que creo está en proceso de recuperación en términos de la actividad económica, que es una recuperación lenta, pero recuperación al fin, lo que estamos viendo es lo que uno esperaría desde el punto de vista de la teoría.

Hay una apreciación real de la moneda en relación a los picos que se generaron en el medio de la crisis del año pasado, que tocó fondo en noviembre y diciembre. Creo que la Argentina hoy cuenta con una línea de defensa que es el programa con el Fondo Monetario, que ha fortalecido mucho las reservas internacionales del Banco Central y que ha aislado a la Argentina de la necesidad de acceder al mercado de capitales.

Creo que eso genera condiciones para la tranquilidad financiera, además de que como parte de ese programa la Argentina dejó de emitir dinero para financiar el déficit fiscal, cosa que siguió haciendo hasta mediados del 2018.

EMISION CERO


-¿Acuerda con esta política de emisión cero para combatir el proceso inflacionario?

-Sí. Creo que haber eliminado la emisión vía adelantos transitorios era una medida necesaria para hacer bajar la tasa de inflación. De todos modos la inflación ha bajado más lentamente de lo que el Gobierno esperaba y de lo que muchos esperábamos. Eso tiene que ver obviamente con que hay todo un proceso de rezago en el efecto de la devaluación sobre los precios. Y, además, pienso que eventualmente hacia futuro hay que moverse a un modelo en el cual el Banco Central no emita pasivos remunerados.

-Entre estos pasivos están las Leliq ¿Este instrumento socava la política de emisión cero? 

-Creo que es algo que no ayuda. En el corto plazo la Argentina tiene más o menos un contexto de política monetaria y estamos, transitando estos meses de bastante incertidumbre política.
Es el marco de política que hay.

-¿Esta política económica y monetaria es la única posible a esta altura o se podría haber diseñado algo más ambicioso en términos de creció miento?

-No es necesario moverse rápidamente. Hacia futuro yo prefiero ver a ' un Banco. Central haciendo operaciones de mercado abierto-con títulos públicos y no con títulos que emite. La situación actual debe considerarse de transición. Es cierto que todos los riesgos asociados con las Leliq son menores a los que existían con las Lebacs y el stock es sustancialmente menor. Por lo tanto el problema es menor.

-Los tenedores también son otros, ahora recaen sólo en los bancos. ¿Eso abre la posibilidad de negociar en caso de ser necesario?

-Lo hace más controlable para el Banco Central pero al mismo tiempo es raro que sea el mismo sistema financiero el" que define la tasa dé interés que recibe sobre esos títulos. Este mecanismo surgió básicamente de la necesidad de eliminar el stock de las Lebac, pero son instrumentos que hay que revisar.

-¿Por qué esta política monetaria dura de emisión cero, dado el contexto inflacionario, no se implementó antes?

-Inicialmente se subestimó el problema y se pensó que la emisión monetaria que seguía vía adelantos transitorios podía ser esterilizada emitiendo Lebacs. Y eso fue un error porque la realidad es que las Lebacs también son dinero, lo mismo que las Leliqs. Entonces lo que parecía una absorción de liquidez en realidad no lo era. Estamos pasando de una forma de dinero a otra. Ese fue uno de los errores quizás de una excesiva confianza u optimismo inicial que tuvo el Gobierno y que generó los problemas que generó.

-¿Cree en las mesas de diálogo tripartitas para detener la escalada de los precios?

-Es difícil saber la efectividad que ese tipo de mesas puede tener con respecto a la inflación. Claramente puede ayudar. El problema realmente de la inflación, de la política monetaria en general, tiene que ver con ese término genérico al que uno llama credibilidad de la política monetaria. Y la credibilidad tiene distintos aspectos. En parte tiene que ver con los instrumentos que se utilizan y en parte tiene que ver con lo que espera el mercado. Estas mesas pueden contribuir. Inicialmente, durante 2016 y 2017, el Estado había logrado transmitir en las negociaciones paritarias la idea de que había que fijar pautas salariales que fueran acordes con las metas de inflación. Entonces uno diría que aunque no había formalmente una mesa de diálogo, creo que había un consenso. ¿Qué es lo que pasó? Como no se cumplieron las metas, al final esa actitud constructiva se fue trasladando rápidamente a las cláusulas gatillo y la indexación. Las mesas son instrumentos válidos, pueden ser útiles, pero tienen que lograr esta credibilidad.

METAS FRUSTRADAS


-¿Por qué fracasó el esquema de metas de inflación? ¿No era aplicable al contexto económico de la Argentina?

-Hubo un apuro por adoptar un esquema de metas de inflación cuando en realidad no había ni siquiera un índice de inflación creíble. De hecho el índice que publica ahora el Indec, comenzó a difundirse después de que el Banco Central anunció que se pasaba a metas de inflación. De todas maneras la experiencia de otros países indica que este proceso de lograr fortalecer la credibilidad de la política monetaria lleva años. Y muchos de los países que adoptaron tipos de cambio flexible y metas de inflación en el contexto de las crisis de los países emergentes en los '90, en ese momento no eran creíbles.

Tuvieron muchos problemas, pero como perduraron, insistieron, lo que se observó en la crisis global de 2008 es que efectivamente muchos países de América Latina que tenían como diez años de ese sistema, en ese momento pudieron hacer políticas monetarias contracíclicas. Recogieron los frutos de la inversión de una década. Acá la gente asumió que la cosa era instantánea.

-¿Un punto que nos diferencia es que aquí, además, se implementó un plan de actualización de tarifas que impactó de lleno en el proceso inflacionario? 

- Exactamente. Acá el problema era aún mayor. Las experiencias de esos países en los '90 se daban en, un marco donde la inflación había bajado. Entonces hubo un cambio de régimen de tipos de cambio fijos a tipos de cambio flexible, pero en un contexto de baja inflación. Argentina parte de un proceso de desinflación con un tipo de cambio flexible y eso es bastante raro. La mayor parte de los países que iniciaron fuertes procesos de desinflación lo hicieron anclando el tipo de cambio. Acá se trató de probar algo distinto. Y además teníamos el problema del ajuste de los precios regulados.

Eso complicaba un montón el régimen. Hay que entender que la meta de inflación que pone el Banco Central es un indicador, es una comunicación de qué es lo que quiere hacer para coordinar al sector privado. Acá existía la comunicación pero no se entendía cuál era el proceso. No es sorprendente que se comunicara una meta y que luego en la realidad se diera una cosa muy distinta. El Banco Central estaba navegando en la oscuridad.

-¿No anclar el tipo de cambio pudo haber pasado por el temor a retrasar el dólar y que eso golpee por el lado de las exportaciones?

-Sí, ese es una discusión que siempre fue muy fuerte en la Argentina. Tiene algunas cuestiones razonables y otras que no. Es cierto que el tipo de cambio es una variable que se mueve muchas veces más rápido de lo que se mueven los precios y por lo tanto las modificaciones en el tipo de cambio nominales generan cambias, en el tipo real. Eso afecta un montón de decisiones económicas.

También es cierto que en la Argentina, al estar cerrada al comercio internacional, es un país donde los empresarios siempre tratan de defender el tipo de cambio alto para que les resuelva los problemas de ineficiencia que tiene el Sistema productivo. En vez de poner la responsabilidad en cuán eficientes somos nosotros en ser competitivos, queremos que nos resuelva el problema el Banco Central.
Las investigaciones: recientes muestran que las devaluaciones no tienden a mejorar mucho las exportaciones porque los precios de los productos están denominados en dólares en su gran mayoría.

-Los empresarios suelen decir que hasta el portón de calle son competitivos, pero que los afecta la carga fiscal, entre otras cosas.

-Es cierto. Ese argumento sobre la presión impositiva es cierto y es parte de la ineficiencia que existe en toda la economía. Por un lado alguna responsabilidad la tiene el empresario que tiene que invertir y modernizarse y pensar que tiene que vender productos no porque está recontra protegido sino porque tiene que competir en el mundo con productos de buena calidad y a un precio razonable. Pero es cierto que como parte de los costos de producción tenemos los costos de la alta presión impositiva y la logística. El desafío más grande que tiene el Mercosur a futuro es precisamente reformar fuertemente el bloque para que la región se integre más al comercio. Y que se integre lo que hoy es el Mercosur con los países de la Alianza del Pacífico.

EL FONDO

-¿Le llama la atención el perfil flexible que muestra el Fondo Monetario en comparación con experiencias anteriores qué hemos tenido?

-No me sorprende pero tampoco creo que sea tan huevo. Creo que el Fondo siempre cuando, definió programas fue flexible porque la realidad económica, especialmente en países que están pasando por momentos difíciles siempre necesitan readecuáciones.

La novedad del programa argentino con el FMI es el tamaño, particularmente grande, y que fue básicamente un programa de ayuda financiera.

Tiene algunas características nuevas, pero creo que son más formales que reales. Por ejemplo cuando dicen que ahora contemplan el gasto social. Eso es pour la galarie, es un discurso diplomático. Como en broma lo dicen sus siglas en inglés It's Mostly Fiscal (IMF), es decir que lo fiscal es lo más importante. En épocas pasadas tendía a preferir tipos de cambio fijo y a partir del proceso de globalización hoy prefiere tipos de cambio flexible. Y en el caso de Argentina está bien. Estamos enfrentando un problema de crédito, con el acceso cerrado al mercado de capitales.

Hay que asegurar que los fondos que la Argentina recibe del FMI sean utilizados para que se cumplan todas las obligaciones de deuda. En ese contexto es donde uno quiere limitar las intervenciones del Banco Central en el mercado de cambio porque de pronto pueden perder muchas divisas en algo que tiene una prioridad secundaria en relación a cumplir con las obligaciones de deuda.

-Igualmente ahora se le dio luz verde al Banco Central para intervenir cuando lo considere conveniente.

-Sí, a mí no me causó mucha simpatía ese cambio. No fue anunciado de manera muy transparente. En realidad el Banco Central no ha usado esa capacidad y por ahora eso ha funcionado como una señal que da tranquilidad. 

Es impensado patear el tablero

"LA GENTE NO VOTA VOLANTAZOS". ASEGURA EL EXPERTO

-Este año hay elecciones presidenciales y en diciembre podría haber cambio de gobierno.¿Hay margen para dar un volantazo en relación a lo acordado con el FMI?

-Creo que no. Ningún político se suicida. Todo el mundo, independientemente de los discursos, más o menos tienen en claro que la Argentina enfrenta desafíos importantes. Y que, además cuenta con la ventaja de tener un programa con el Fondo que es clave para transitar ese período en el cual hay que hacerle frente a esos desafíos. Hoy ningún político seriamente piensa que puede aumentar el déficit, el gasto. La necesidad de lograr un equilibrio fiscal está entendida por todos. Obviamente que luego hay diferencias en términos de cómo se articulan las políticas económicas y el mensaje.

La crisis de alguna manera sirve para que la clase política se dé cuenta que los años de populismo desperdiciaron una oportunidad increíble. Está entendido que esas políticas generaron un daño enorme y que hoy no hay margen para volver a algo parecido.

Igualmente eso será parte de la campaña electoral y al final cuando uno mira elecciones pasadas, los argentinos como votantes han sido en general bastante responsables. No votaron Volantazos.
A la gente no le gusta los cambios bruscos.

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