Di Tella en los medios
Clarín
11/06/19

Trump, la primacía ofuscada

"Con la llegada de Donald Trump se impuso una primacía ofuscada. Con un liderazgo global erosionado, optó por una diplomacia de sumisión en la que persuadir es irrelevante y chantajear es fundamental", apunta el profesor plenario del Dpto. de Ciencia Política y Estudios Internacionales UTDT.


La primacía es un tipo de estrategia que implica que un país no acepta, ni tolera, la presencia y el encumbramiento de un poder competidor de igual talla. El actor más poderoso busca así asegurar su preponderancia.

En el caso de Estados Unidos, y después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, George W. Bush ejecutó una primacía agresiva: ataques preventivos, unilateralismo activo, preeminencia del uso de la fuerza, escasa consulta diplomática con aliados y exorbitantes gastos militares. La gran recesión iniciada en 2007 le impuso, sin embargo, restricciones a esta ambiciosa estrategia.

Barack Obama prefirió una primacía calibrada: multilateralismo circunstancial, mayor diálogo con contra-partes confiables, reducción de contingentes militares en el exterior, aumento del recurso a los drones y disminución del presupuesto de defensa.

Pero una combinación de factores internos y fuerzas externas mostraron los límites de esta más sutil estrategia de una potencia en declive.

Con la llegada de Donald Trump se impuso lo que llamo una primacía ofuscada. Con un liderazgo global erosionado, optó por una diplomacia de sumisión en la que persuadir es irrelevante y chantajear es fundamental. Se trata de una tentativa de reconstruir una hegemonía ya perdida, con el propósito de satisfacer solo los intereses nacionales.

El unilateralismo pendenciero, la invocación recurrente al uso de la fuerza, el debilitamiento de las instituciones internacionales, la elevación de los gastos militares y la retórica belicosa son las notas evidentes de esa estrategia que se resume en “Estados Unidos primero”.

El gobierno de Trump ha implementado en consecuencia una serie de medidas impulsivas y coercitivas típicas de una potencia desorientada y abusiva. En materia económica impuso, en 2018, aranceles a productos provenientes de Argentina, Brasil, Canadá, Corea del Sur, India, México, Turquía y la Unión Europea. Asimismo, y con consecuencias bilaterales y efectos globales más significativos, Trump ha comenzado en 2019 una “doble guerra” contra China en materia comercial y tecnológica. Simultáneamente ha propiciado la obstaculización del Órgano de Apelación de la Organización Mundial del Comercio.

En materia de sanciones, y ante los reclamos de muchos legisladores, incrementó las aplicadas a Rusia. En el caso de Venezuela, pasó de las sanciones personales y focalizadas dirigidas contra funcionarios gubernamentales a las económicas y masivas que afectan al gobierno pero también, y mucho, a la sociedad. Después de un breve período en que parecían normalizarse las relaciones cubano- estadounidenses Trump anunció medidas severas que algunos analistas han denominado una nueva “guerra económica” contra Cuba.

En cuanto a Nicaragua, como resultado de la Orden Ejecutiva 13851 de noviembre de 2018, se incrementaron las sanciones. De forma unilateral y sin que Irán hubiera incumplido lo acordado en 2015, tal como lo reflejan los informes de la Organización Internacional de Energía Atómica, Washington reinstaló fuertes puniciones contra Teherán.

En materia diplomática, y respecto a Colombia, retiró las visas de ingreso a Estados Unidos a dos jueces de la Corte Constitucional y a uno de la Corte Suprema en momentos en que éstos se abocan a decidir sobre la justicia transicional y el uso del glifosato.

Además, a las bravatas e insultos contra México y a la decisión de ampliar la construcción de un muro fronterizo, se añadió la determinación de Trump de recortar la asistencia a El Salvador, Guatemala y Honduras.

Por último, Estados Unidos cuestionó los esfuerzos anti-narcóticos de Bolivia a pesar de que, según el informe sobre drogas ilícitas de 2019 del Departamento de Estado, el área cultivada de coca en Colombia fue de 209.000 hectáreas, en Perú 49.600 y en Bolivia 31.000 y a pesar de que la producción de cocaína fue, respectivamente, 921, 491 y 249 toneladas. Es decir; si bien Bolivia es el único de los tres países que viene reduciendo el área cultivada de coca y la cuantía de cocaína, EE.UU. decidió retener parte de la exigua ayuda a esa nación.

En materia militar, mientras la venta de armas de Rusia descendió en los últimos años, Estados Unidos detenta ahora el 36% de las exportaciones de armamentos. En 2019, Trump anunció la revocación de la firma del Tratado de Comercio de Armas, al tiempo que retiró a Estados Unidos del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio firmado con Rusia en 1987.

Por otro lado, en vez de promover el uso pacífico del espacio, el presidente determinó la creación de un Comando Espacial, lo que generará un nuevo ámbito de confrontación con Rusia y China.

Hay que adicionar la obstinación del Ejecutivo por acentuar el peligro que representan Irán y Venezuela: de allí la búsqueda del cambio de régimen en ambos países y las amenazas de atacarlos.

En el corto plazo algunos gobiernos han escogido la docilidad ante la frecuente ofuscación de la Casa Blanca. Sin embargo, en el mediano y largo plazos Washington está facilitando la gestación de coaliciones ad hoc de países para frenar y responder la estrategia de primacía de Estados Unidos. En breve, lo más probable es que se eleve la conflictividad internacional.

Por todo esto la Argentina no debiera olvidar que la realpolitik de un país intermedio de la periferia es -y seguirá siendo- reforzar el regionalismo, el derecho internacional y el multilateralismo.

El autor: Profesor plenario de la Universidad Torcuato Di Tella

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