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27/06/16

El Brexit inglés le dice “NO” a un fracaso histórico: la Zona Euro de Alemania

Por Germán Fermo

El viernes pasado tuve la más hermosa charla de economía de mi vida. La razón es que por primera vez mi hijo mayor, Enzo de 17 años, me preguntó qué era el liberalismo. Esa charla ciertamente inspira esta nota y se la dedico a Enzo Fermo, un grande. Comienzo entonces con el final: "No me sorprende que el primero en darle vuelta la espalda a Alemania y a su ineficiente Zona Euro sea precisamente Inglaterra, la cuna del liberalismo económico".


Filosofando sobre lo que más disfruto: economía. El Brexit despertó el economista que de vez en cuando vive en mí, por lo que hoy el asset managerda un paso al costado para que el economista filosofe en libertad y quede expuesto a insultos varios. Adelanto, este articulo, como muchos otros ya, le caerá mal a mucha gente, así que me preparo para una secuencia intensa de puteadas en twitter y en mi blog: welcome, los espero uno por uno. Vivimos en una sociedad en donde ir contra la hipocresía, contra la burocracia política y contra un statu-quo deficitario, holgazán y endeudado cae mal porque corregirlo implicaría sacrificio, austeridad, trabajo y ajuste; ciertamente nada de eso coincide con el espíritu nacional y popular de este mundo socialdemócrata y progresista en el que vivo. ¿Para qué corregir si podemos simplemente enchufarle el problema a la generación que viene? Adam Smith y David Ricardo, los padres del liberalismo económico, eran ingleses. ¿Será el Brexit un punto de inflexión que nos permita escuchar más a Smith y a Ricardo que a Keynes? ¿Podremos alguna vez volver a observar democracias occidentales resolviendo sus problemas vía innovación, creatividad y aumentos de productividad en contraposición a aumentos de gasto público, deuda y déficit fiscal?

El mercado puede jugar a que el Brexit sea una tragedia aun cuando nunca se convierta en tal. El viernes pasado quedó en evidencia nuevamente lo que un evento "no 'priceado'" puede hacerle a un mercado que esperaba el resultado opuesto. El Brexit generó un swing voluptuoso en todos los asset classes del mundo con la libra británica haciendo 1500 pips (caída de 15 centavos de dólar) en sólo unas horas y un S&P culminado en 3,50% negativo, con un VIX cerrando en máximos del día arañando los 26 y un IBEX casi en 13% negativo, el mayor colapso del mercado de acciones español en un día. Una sola jornada devoró años enteros de carry en este mundo incomprensible, donde casi todas las tasas de bonos a 10 años (10yr yields) del G10 están cerca del 0% e incluso negativas. A esta altura resulta imposible imaginar cómo puede seguir esta historia y qué tan bearish se puede poner el mercado. Recuerden que sólo hace falta que el mercado "juegue" a que el Brexit sea una tragedia, para que se intensifique el selloff global. No hace falta que una tragedia se convierta en tal para generar capitulación y caos en los activos financieros, sólo basta con anticiparla vía expectativas y "pricearla".

"La Zona Euro se convirtió más en el reflejo de Alemania que en el del resto de sus integrantes"

El tiempo dirá si lo actuado por Gran Bretaña fue un acto de sincericidio. Lo cierto es que con puntos a favor y en contra del Brexit, hace años que resulta bastante evidente que la Zona Euro, hecha a imagen y semejanza de Alemania, es en lo económico al menos un fracaso formidable. Las naciones que pertenecen a la subsidiadora Zona Euro han sido forzadas a vivir con una misma moneda y política monetaria, aun cuando cada una en lo local padece de diferencias enormes en productividad, un elemento determinante del tipo de cambio y tasas de interés. La Zona Euro se convirtió más en el reflejo de Alemania que en el promedio de todas sus nacionales constituyentes, basta con observar lo actuado en materia monetaria durante la crisis de deuda griega (2010/2011) en donde incomprensiblemente observábamos a un BCE actuando hawkish cuando la Zona Euro se encaminaba a una de sus mayores recesiones. Hoy la Zona Euro de Alemania describe un bloque de naciones sumamente endeudadas, en estado deflacionario y con una tendencia crónica al desempleo y a la baja productividad. En este contexto, no sorprendería comenzar a observar que Inglaterra quizá no sea la única nación que esté pensando en deshacerse de este criatura inútil y deficitaria. El fracaso de la Zona Euro es tan evidente que se comienza a observar paradójicamente una coincidencia entre derecha e izquierda respecto de sincerar una realidad que no cierra por ningún lado. Al fin de cuentas, el gradualismo y "no ajuste" que implicó evitar la salida de Grecia (Grexit) le costó a Alemania la pérdida de su aliado más relevante: Gran Bretaña (Brexit).

Tapando el sol con la mano. Pero lo del Brexit y lo de la Zona Euro no termina aquí: la dimisión de la Zona Euro es el fracaso del gradualismo, un gradualismo que caracteriza a casi todas las democracias occidentales con Estados Unidos y Europa a la cabeza del enguizgado. La crisis del 2008 nunca sinceró sus raíces originales. Lo único que ha hecho occidente es tapar con una orgía monetaria un equilibrio real que no da para más y cuando digo "no da para más" no estoy insinuando una implosión inminente. Este desequilibrio ridículo de tasas negativas cortas y largas, de déficits fiscales inmanejables, desempleo crónico y bloques enteros endeudados al 200% del PBI puede perdurar por décadas enteras y esto es lo verdaderamente preocupante. Siempre detrás, una sociedad haragana y despreocupada que vive sustentada en una noción de riqueza superior a la que produce. Los mercados de renta fija son hoy la burbuja más enorme e incomprensible que pudieron observar los mercados mundiales: Suiza a 25 años rinde 0% y Japón hace lo propio a 16 años. Estamos en un mundo tan incomprensible por momentos que para ocultar lo indefendible los bancos centrales invirtieron el concepto mismo de valor presente.

Vivimos en un mundo mucho más peronista de lo que estamos preparados para reconocer. El gradualismo de Macri es el reflejo de gran parte de las sociedades occidentales que, ante la opción: ajuste hoy o traspaso de los problemas hacia el futuro, votan y convalidan la segunda opción. Somos parte de una democracia occidental que se acostumbró a vivir por encima de sus capacidades utilizando para ello dos artilugios familiares: política monetaria ultra dovish y endeudamiento. Obviamente que la alquimia no existe en economía y alguien deberá pagar alguna vez los excesos de la generación actual. Hacer esto es comerse la torta intertemporal y es hipotecar de deuda a la generación que sigue. Esta generación, la actual, prefirió monetizar el problema y disfrazarlo de deuda y tasa negativa ante la alternativa de resolver el mismo vía incrementos de productividad y achicamiento de déficit.

Al mundo entero le hace falta más liberalismo. Vivimos en una sociedad hipócritamente socialista y subsidiadora que olvidó la esencia básica de cómo generar riqueza. Nos acostumbramos a vivir por sobre nuestras capacidades y a ajustar nuestros problemas recurriendo a un estado gordo, ignorante, deficitario, corrupto e ineficiente, como recurso de última instancia. Quizá alguna vez volvamos a la esencia básica del liberalismo y a redimensionar sus principios esenciales acuñados en la reducción del Estado, en el sacrificio y el trabajo como factor principal de generación de riqueza y en no desentendernos de nuestros problemas descargándolos en gobiernos inútiles. Quizá, lo que aconteció en Gran Bretaña el viernes pasado sea el comienzo de un proceso dolorosísimo de sinceramiento ante acuerdos políticos y económicos que no funcionan y sólo esconden burocracia, ineptitud e ineficiencia. ¿Y saben qué? No me sorprende que el primero en darle vuelta la espalda a Alemania y a su ineficiente Zona Euro, sea precisamente Inglaterra, la cuna del liberalismo económico.


(*) Germán Fermo. Ph.D. in Economics, UCLA, Máster en Economía CEMA. Actualmente se desempeña como Director de MacroFinance y como Director de la Maestría en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella.