Di Tella en los medios
La Nación
22/05/15

La Argentina puede ayudar a la paz en Colombia

La posibilidad de que se firme la paz en Colombia está más cerca. Con progresos y contramarchas, ante una sociedad expectante y fatigada por medio siglo de conflicto armado y ante la exacerbación de guerras irregulares en diversos continentes, la paz colombiana sería un hecho afortunado no sólo para los colombianos, sino también para América latina. Si la confrontación armada en Colombia cesa, nuestra región podrá, con razón, asegurar su condición mundial de zona de paz, lo que contribuirá a su bienestar, seguridad y autonomía.

Los avances de las conversaciones entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -a las que podría sumarse el Ejército de Liberación Nacional- han sido elocuentes pese a fricciones, tropiezos y torpezas desde el inicio del diálogo, en octubre de 2012. Ahora bien, si los diálogos progresan y se alcanza un acuerdo definitivo, ¿qué hará América del Sur frente a ese suceso histórico? Es seguro que habrá un gran reconocimiento y un amplio respaldo político. Pero ¿es eso suficiente?

Lo que sabemos a través de rigurosos estudios de resolución de conflicto y pacificación es que las soluciones políticas a luchas armadas prolongadas han sido escasas. Una de las dificultades principales es la implementación de lo acordado. El fracaso de lo pactado obedece a la ausencia de garantías efectivas para la desmovilización, el desarme y la protección de los ex combatientes, así como para el cumplimiento de los compromisos firmados. Una salida pacífica exitosa es aquella que asegura la supervivencia de los ex insurgentes y en la que lo convenido entre las partes, en términos de justicia y reformas, se materialice. Lo primero implica una tarea inmediata y de corto plazo; lo segundo, una de mediano y largo plazos. Lo primero tiende a requerir un decidido apoyo y una activa participación de actores externos; lo segundo es más propio de las dinámicas políticas, sociales e institucionales internas, aunque el aporte externo puede resultar importante.

Así entonces, la pregunta más específica es: ¿está dispuesta América del Sur, y la Argentina en particular, a comprometerse en la provisión de certidumbre y credibilidad para garantizar que se desmovilice, se desarme y se proteja a los ex combatientes? Si la respuesta fuese positiva implicará involucrar a las Fuerzas Armadas en un tipo de misión distinta de las que se han hecho en años recientes en el marco de la ONU.

En ese contexto, la Argentina podría aportar con algunas estrategias de apoyo. El país cuenta con un Centro de Entrenamiento en Desminado Humanitario y tiene en el Ministerio de Defensa una Dirección General de Cooperación para el Mantenimiento de la Paz. El gobierno y las FARC han establecido recientemente una "hoja de ruta" en ese frente y sería clave indicar la disposición de la Argentina a facilitar su conocimiento, experiencia y personal correspondiente.

Como país sede del Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa del Consejo de Defensa Sudamericano de la Unasur, la Argentina podría procurar la preparación específica de personal para un despliegue muy singular, como sería el caso colombiano. Después de estudiar los ejemplos internacionales que se conocen y extraer lecciones y de evaluar la situación colombiana, sería interesante contar con una investigación exhaustiva sobre Colombia y entregarla a las autoridades en Bogotá para contemplar su ejecución. También es parte del Ministerio de Defensa la Dirección Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, entre cuyas funciones están el asesoramiento y la coordinación de programas en materia de capacitación, implementación y difusión de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario; algo que sería útil para las fuerzas armadas del posconflicto colombiano.

Adicionalmente, la Argentina y Chile cuentan con una Fuerza de Paz Binacional que podría ser convocada para comprobar la desmovilización, así como para verificar el desarme de los insurgentes. En la medida en que se asegure lo anterior se podría proceder a que un contingente de efectivos ya no solo argentino-chileno auxilie a las autoridades colombianas en la fundamental labor de protección de los ex combatientes.

Es evidente que si lo señalado fuese factible y si hubiera la necesaria voluntad política, será prioritario contar con reglas y procedimientos claros de participación en el proceso de pacificación en Colombia, así como términos y plazos de salida del país andino. La Argentina puede aportar a la paz colombiana e incluso podría impulsar a algunos pares en la región a vincularse positivamente para que, por fin, termine el cruento conflicto armado en el corazón de América del Sur, el último vigente en América latina.

(*) Director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Torcuato Di Tella.