En los medios

Clarín
1/01/23

La fractura social que deberá enfrentar el nuevo gobierno de Lula da Silva

El profesor de los posgrados en Estudios Internacionales analizó el humor social de Brasil en el inicio del tercer mandato presidencial de Lula da Silva.

Por Carlos Pérez Llana
Veinte años han pasado desde el año 2003, cuando se inauguró con alto impacto la llegada de un sindicalista al gobierno. Ese “momento Lula” resultó fundacional, pero atención, fue también un momento único. El hombre hoy es el mismo, las circunstancias son otras. El Pte. F.H. Cardoso le entregó una democracia estabilizada, una economía ordenada y abierta al mundo, jugando en las “las grandes ligas” con aliados estratégicos que hicieron suya la idea de la transición que imaginó el Presidente-intelectual.
El país estaba cargado de esperanzas, la economía acompañaba el acceso de nuevos sectores al progreso: Lula era el símbolo del ascenso social que engarzaba nordeste e industria paulista, haciendo posible el sueño del país en el camino a la integración y al desarrollo.
Esa esperanza ahora no existe. Luego de sonados affairs, con litigios judiciales incluidos, Lula vuelve porque Bolsonaro llegó a convertirse en un peligro para la democracia y para las instituciones. El bolsonarismo, “un trumpismo tropical”, se había incorporado al amplio espacio integrado por el i-liberalismo, al que adhieren la mayoría de los autoritarismos electivos, que suman la violación de la ley, las amenazas a la prensa y la incorporación a un espacio que suma a lo que suele denominarse el “sur global”, en contraposición a la civilización occidental, siempre dispuesto a desconocer fronteras y soberanías.
Internamente, la fractura política y social, que impulsó Bolsonaro, fue visible en las urnas. Con gran esfuerzo Lula recuperó la iniciativa entre sus viejos apoyos: sectores urbanos progresistas y los beneficiarios históricos de sus activas políticas sociales que le dieron el triunfo en la mayoría de los Estados del Nordeste. El exiguo triunfo obligó a Lula a buscar alianzas con Legisladores, porque sin ellos no podrá llevar adelante algunas de sus promesas, v.g leyes sociales. En paralelo, gran parte de la transición estuvo signada por la formación de un gabinete integrado por un conjunto de sesentones leales y nuevas incorporaciones que en muchos casos colisionan entre sí. Un ejemplo, el compromiso en contra de la política de desforestación impulsada por Bolsonaro, se plasmó en la incorporación como Ministra de una abanderada del medio ambientalismo y la protección del Amazonas, Marina Silva, que comparte el gabinete con un Ministro de Agricultura del Mato Grosso, distante del ambientalismo.
El Brasil está iniciando un nuevo ciclo político en condiciones muy diferentes al primer “momento Lula”.
Es un país donde la industria perdió protagonismo, se “primarizó”, y donde el lobby de la agroindustria alcanzó un poder de propuesta y de veto insoslayable. Es un país donde las estructuras militares han alcanzado una proyección desconocida desde el retorno de la democracia, que se irradia a las Empresas Estaduales y a las estructuras policiales. Sin duda, Bolsonaro fundó un partido militar cuyo poder e influencia no pueden ignorarse.
También el Pte. Lula recibirá un país estratégicamente devaluado que sufre la pérdida de protagonismo internacional.
La mala herencia del bolsonarismo en materia de política exterior es el fruto de Ministros de Relaciones Exteriores incompetentes, e ideologizados, que se desviaron de la vieja tradición diplomática que le permitió al Brasil sumar el apoyo inestimable de aliados y socios para quienes el Brasil suscitaba confianza y seguridad.
Finalmente un dato no menor. La transición y el traspaso de gobierno no se hubieran logrado eficazmente sin el inestimable aporte del Vice- Presidente G. Alckmin. El ex_ Gobernador de San Pablo jugó un papel decisivo cuando el bolsonarismo cerril amenazaba con una estrategia de tensión.
Experiencia, vinculaciones y pragmatismo triunfaron y de ahora en más este personaje prominente de la elite paulista es un hombre que jugará un papel decisivo en el segundo “momento Lula”.