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Apertura revista
16/10/19

Gerardo della Paolera: “La solución a la inflación está al alcance de la mano: dolarizar”

El rector fundador de la UTDT y profesor investigador del Dpto. de Estudios Históricos y Sociales fue entrevistado por Revista Apertura acerca de la situación económica nacional y el ciclo de retroceso en el que se ve inmersa la economía. Della Paolera señaló que "la falta de moneda es el origen de todos los problemas" y que "no tiene sentido tratar de revivir al peso argentino".

Por Pablo Ortega
El economista sentencia que la falta de moneda es el origen de los problemas y cree que no tiene sentido tratar de revivir al peso, al que califica en terapia intensiva. Qué riesgos ve de una hiperinflación.

¿Por qué la Argentina no puede salir de este ciclo de retroceso?
La Argentina quedó desconectada del mundo después de la posguerra. No firmó los acuerdos de Bretton Woods, en un momento en que explotaba el comercio internacional. Y el grado de apertura de la economía se fue cerrando cuando el resto del mundo se fue abriendo. Ahí entró en un esquema forzado de distribución del ingreso con problemas de com- petitividad, por intentar copiar -mal- lo que hacían los países de Europa occidental. Al quedarse sin financiamiento, se produce una exageración de la emisión monetaria y de la inflación, con distorsión de precios relativos. Una combinación explosiva que genera el stop and go.


(Fuente: La Nación)

Y que trae el estrangulamiento de divisas...
Para mí, el fenómeno de la restricción de divisas es un resultado, un fenómeno endógeno, no un diagnóstico. Para financiar un sector mucho menos productivo se le pone un impuesto al más productivo que podría generar divisas y derrame. Como veníamos de ser un país rico, nos fuimos consumiendo los stocks, incluido el valor de la moneda. Por haber insistido con el impuesto inflacionario, no hay mercado doméstico de capitales. Y como no hay mercado de capitales, la Argentina se va acoplando al exceso de ahorro mundial desde los años ’ 70, con promesas de cambio y reformas. El endeudamiento genera atraso del tipo de cambio y financia a los sectores no transables, hasta que explota. El país tiene un problema: para engañar’ al resto del mundo, entre comillas, para que entren capitales, milita una política monetaria ortodoxa pero luego es expansivo en términos fiscales. Al principio funciona, hasta que explota.
El argentino es hiperracional y entiende que la Argentina es una economía que no genera divisas genuinamente. Entonces, cuando hay abun^ncia de dólares compra, para cubrirse de la inflación. Smnos un país que va a contramano por la autopista: 198 países en el mundo creen que no hay que vivir con inflación, y nosotros insistimos con qiip tener un poquito es bueno. A la inflación hay que matarla, pronto. No se puede tener inflaciones medias.

¿Cómo se hace?
Está al alcance de la mano. Somos una economía dolariza- da. Es la carta perdida del cuento de Edgar Alian Poe, en la que todos se vuelven locos buscando una carta y la tenían a la vista. Todos los economistas discuten sobre el tipo de cambio real alto o de equilibrio -que no tengo ni idea cuál es-, pero está a mano una solución para tener un ancla para la economía. Además, es el deseo de la mayoría de la sociedad argentina.

Dolarizar directamente...
Sí. ¿Quiénes se oponen? La clase política, el gobierno federal, porque se queda sin la capacidad de insistir con el impuesto inflacionario, y los banqueros. Los banqueros argentinos no son banqueros, son un agente de captación de depósitos para el Gobierno, para colocar Leliq. Si bien me formé en Chicago y me considero un economista neoclásico, esto no es ideológico, hago economía positiva. Como está funcionando, la diferencia entre tener una banca privada o que se estatice es cero. ¿Qué crédito le está dando al sector privado? Cero. Es así de chiquito. El impuesto inflacionario lo comparten el Gobierno y los bancos.
El tercer grupo que se opone a dolarizar somos los propios economistas, porque nos quedamos sin trabajos de consultoría. Si hay estabilidad de precios hay que hablar de organización industrial, inversiones, tecnología, pasar a cosas realmente importantes. Citando a (el expresidente de Uruguay José) Mujica, que dijo que la Argentina necesita a Mandrake el mago, las condiciones iniciales que tiene que tener en cuenta ese ministro Mandrake que llegue al gobierno son: uno, el país no tiene moneda. Dos: el país no tiene mercado doméstico de capitales. Tres: no existe la inversión. Cuatro: la presión impositiva es desopilante. Quinto: la pobreza es galopante. Esa es la cancha marcada. Si se equivoca, el hilo es sumamente delgado para que no explote.
No hay ninguna economía que pueda progresar sin moneda y sin mercado de capitales. No se puede poner el carro delante del caballo. ¿Qué prefiere la gente? ¿Ganar en pesos o en dólares? Ganar en una moneda que pierde 1,5 por ciento de su valor por año y no 60 por ciento. No creo que los trabajadores estén en contra de ganar en una moneda en la que no te roben como te roba sistemáticamente la clase política. Además, hay circulante constipado, en cajas de seguridad y el colchón. El 90 por ciento de eso está en dólares. Es un tema casi sociológico.

Cambio drástico

¿Cómo se implementaría una dolarización? ¿A qué obliga?

Una dolarización significa que hay que equilibrar las cuentas y que te quedás sin política monetaria. Dado que la presión impositiva es desopilante, en el presupuesto hay que tomar decisiones y establecer prioridades dramáticas: como no alcanza la plata, hay que cortar toda la grasa que sea posible. Nadie lo quiere hacer. También implica una reforma bancaria drástica. Los bancos dejan de ser bancos comerciales y pasan a ser fondos mutuos de inversión, que coparticipan del riesgo porque no tienen prestamista de última instancia. Pero desde el punto de vista técnico se puede hacer.

¿Qué otra reforma demanda?

Una reforma que es un problema es el sistema previsional. Una parte del agujero por el cual fracasa después la Convertibilidad fue el mal cálculo del desbalance que dejó en el sistema de reparto, al pasar a uno de capitalización. Chile tiene un mercado doméstico de capitales por la estabilidad monetaria y por las AFJP. A Estados Unidos le pasa lo mismo y en Francia hay sistema de reparto y fondos de capitalización enormes también. Yo haría un sistema en el que el empleado hace el mismo aporte, para no desfondear el sistema de reparto, y aplicaría una rebaja en Ganancias a condición de que se aporte a un sistema de capitalización. Así tendríamos la chance de armar un plafón para un mercado doméstico de capitales sin defaultear al sistema de reparto.

Sobre los impuestos, me tiraría de cabeza a bajarle los impuestos a las PyMEs, y creer un poco en la supply side economics (la economía de la oferta). ¿Qué pasaría si uno dolariza con medidas compactas? Empiezan a aparecer los dólares que están guardados. Si insistimos con revivir el peso, nos va a tomar décadas (tener una moneda). El peso está en terapia intensiva. No se va hacer esto, pero es la única posibilidad que veo y habría que estar preparado. ¿Si viene una hiperinflación, con 40 por ciento de pobreza? ¿Qué hacemos? Habría que matar la inflación de un saque y sería la única posibilidad.

¿Qué pasaría con la competitividad exportadora con una dolarización?

Exportar, primero, es una función de exceso de oferta. Y la importación, una función de exceso de demanda. Vos podés exportar si alguien te demanda ese producto en el mundo. Yo también quiero que la Argentina exporte más. Pero en la economía moderna, lo que se necesita es un fenomenal valor agregado. Eso es complejísimo y se logra si tenés reglas de juego claras. No se logra con devaluar y nada más. ¿Qué significa un tipo de cambio real alto? Si se distorsionan las cosas, vamos a fracasar nuevamente. Lo único que sé es que tengo una regla para ver cuándo explotan las cosas, y me fue bien con esa regla: cuando mi salario en pesos, sin hacer nada, está subiendo 20/21 por ciento medido en dólares, estamos cerca del crash. Pasó con el gobierno de Macri, cuando uno comparaba contra el inicio del proceso virtuoso, luego de arreglar con los holdouts.

Lo que estoy tratando de decir es que para hacer política económica y que sea consistente, hay que tener en la cabeza lo que los economistas llamamos equilibrio general, no parcial. Si hacemos un paper para exportar más, y vemos qué productos uno puede vender, hay que contemplar que eso está incluido en un sistema. Todo eso necesita una moneda estable, que te disciplina. En el presupuesto uno puede elegir después las prioridades. Poner retenciones móviles, por ejemplo, para armar un fondo anticíclico que ayude a estabilizar la economía cuando el ciclo baja. Pero la edonomía necesita un ancla. Esto no es nada monetarista. Ahorramos en dólares.

En esa hipótesis, ¿por qué no recrear algún esquema similar a la convertibilidad en vez de una dolarización directa? Mencionó también el riesgo de una hiperinflación. ¿Qué tan cerca está?

Primero, dado el maltrato a la moneda, creo que una dolarización sería una condición necesaria pero para nada suficiente. Hay que hacer todas las reformas que mencioné. Sobre una híper, es muy difícil verla llegar. Es híper rápido. La hiperinflación alemana se produjo en menos de cinco semanas, y eran períodos más lentos, en 1923. Una chispa puede incendiar todo. Una híper depende de la gente y del gobierno. Hay un juego estratégico entre los dos. Después está la velocidad de circulación, siempre agazapada. Es una función de la inflación esperada. Cuando sube el dólar crece la velocidad de circulación y baja la demanda de dinero. Se puede dar con la velocidad de un rayo. Y ningún economista la puede predecir. El único indicador es que no tenés mucho oxígeno para usar el impuesto inflacionario, porque la base monetaria es muy chiquita. Y, además, la demanda de dinero está híper sensibilizada. El argentino no tiene ilusión monetaria y es híper experto. Conoce perfectamente el sistema económico del país. 

PERFIL

CEO y director Ejecutivo de la Fundación Bunge y Bom, Gerardo della Paolera es doctor en Economía (Universidad de Chicago) y experto en historia económica. Fue rector de la Universidad Di Tella entre 1990 y 2001, donde hoy da clases, y rector de The American University of Paris en Francia, entre 2002 y 2009. Luego presidió el Global Development NetWork, en Nueva Delhi, la India.

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