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Diario Perfil
10/03/19

Eduardo Levy Yeyati: "La causalidad entre política y desarrollo es bidireccional"

El decano de la Escuela de Gobierno UTDT fue entrevistado por Perfil sobre los "setenta años de crisis", explicación dada por el Gobierno sobre los problemas económicos coyunturales: aseguran que se enfrentan al legado de siete décadas de problemas económicos. ¿Qué significa y cuáles son las consecuencias?

Por Jairo Straccia


El Gobierno asegura que hay problemas económicos hace setenta años. ¿Qué opina?

—Si miramos nuestro producto per cápita relativo a los EE.UU. o Australia (comparadores usuales en la hipótesis de la riqueza perdida), vemos cocientes estables desde el fin de la Segunda Guerra hasta mediados de los 70, cuando el modelo de sustitución de importaciones entra en crisis por su falta de competitividad y de divisas. Esta crisis en varios capítulos incluye un endeudamiento a tasas bajas en la dictadura que culmina en la crisis de deuda de los 80 y en la década perdida. Más atrás en el tiempo, otros puntos de derrape sería la gran depresión de los 30 y la Primera Guerra. De todo esto no surge una fecha puntual, sino reflejos de nuestra concentración de exportaciones y dependencia de los bienes primarios.

¿Por qué sería relevante hacer ahí un corte en términos históricos?
—La hipótesis de que nuestro desarrollo interrumpido tiene fecha de inicio insinúa que el culpable es el peronismo, que nace en 1945. Esto pasa por alto dos cosas. Primero, que nuestra divergencia de los países modelo es anterior (y como dije antes, también posterior, ya que se profundiza treinta años después). Segundo, que la supervivencia del peronismo es en parte el resultado de este semidesarrollo, es decir, de la falta de una experiencia exitosa de crecimiento inclusivo sustentable que compita con el mito alternativo al de la riqueza perdida: el de la distribución peronista. La causalidad entre política y desarrollo es bidireccional.

¿Qué continuidades habría en setenta años en materia económica que habría que modificar?
—Creo que pocas, salvo la mencionada dependencia de las exportaciones primarias. Necesitamos ampliar nuestras exportaciones, pero hacerlo requiere, entre otras cosas, la expectativa de un tipo de cambio estable y competitivo, y un menor costo financiero. Es un círculo vicioso: la falta de exportaciones limita el crecimiento y nos lleva a sobre endeudarnos; los dólares de la deuda aprecian la moneda, hasta que salen todos juntos y generan una crisis cambiaria; y este patrón de apreciación y volatilidad inhibe las exportaciones no primarias. El ciclo cambiario electoral, es decir, frenar el dólar para contener transitoriamente la inflación también contribuye al patrón antiexportador. Naturalmente, también necesitamos elevar nuestra competitividad con formación e inversión, pero es como el huevo y la gallina: ¿quién va a invertir en actividades exportadores si tenemos altos costos y expectativas de apreciación casi todo el tiempo?

¿Cuánto de idiosincrático hay en la recurrencia de las crisis?
—Tengo la impresión de que la puja distributiva argentina (y su variante tribal: la polarización) tiene en parte su origen en la ilusión de riqueza perdida, de sociedad europea, a la que no podemos solventar. El desarrollo supone reformas constantes que a su vez implican una distribución de costos. Si todos pensamos que hoy merecemos más, que ya pusimos lo suficiente, es difícil negociar una reforma aunque sea de suma positiva. El déficit fiscal, el ajuste draconiano, el riesgo y el estancamiento son hijos de la postergación de estas reformas. Las crisis reflejan la dinámica de tironeos de la sábana corta: cuando todos tiran a la vez, la sábana se rompe. Sé que suena ingenuo, pero si el Gobierno no logra promover una lógica de la cooperación, no hay programa de desarrollo que sea viable. 
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