En los medios

El Tiempo de Colombia
18/02/17

Una concertación para Colombia

Para el profesor de Estudios Internacionales de la UTDT, "la paz puede ser una bandera de la elección en el 2018, pero con ello solo no basta". Para triunfar, en cambio, "se necesitará una agenda política, social y económica innovadora y creíble", afirma

Por Juan Gabriel Tokatlián

En Chile, la llamada ‘Concertación’ fue una experiencia política en la que se logró que una coalición de partidos gobernara el país entre 1990 y el 2010. Su creación, en 1988, fue el producto de la convergencia de distintas fuerzas contra la dictadura de Augusto Pinochet y su convocatoria a un plebiscito para prolongar su mandato hasta 1997. En ese plebiscito triunfó el No y se abrió el camino a las urnas.

Primero, los partidos de izquierda, centroizquierda y centro que lo conformaron se aglutinaron alrededor de la voluntad de derrotar a Pinochet y después ganar las elecciones, y no alrededor de reglas electorales o debido a la legislación sobre partidos. Segundo, la Concertación buscaba terminar con un régimen y fundar otro.

El paso del autoritarismo a la democracia mediante el voto popular exigía un amplio abanico de actores y grupos. La Concertación postuló a la presidencia, después de una negociación política, a Patricio Aylwyn, un moderado líder de la Democracia Cristiana. Para las candidaturas de 1994 (Eduardo Frei Ruiz-Tagle) y 1999 (Ricardo Lagos), la Concertación recurrió a elecciones primarias. Y tercero, el ideal reformista, en un contexto de evidentes restricciones internas, fue lo que primó en la Concertación. En un comienzo con una perspectiva gradualista y posteriormente con medidas un poco más atrevidas.

Con esa experiencia de fondo, propongo reflexionar sobre lo que podría ser una concertación para Colombia, para lo cual sugiero analizar cinco elementos: primero, quiénes. A pesar de que en Colombia las fuerzas de talante progresista están muy debilitadas y fragmentadas, hay personalidades con un relativo espíritu progresista: Sergio Fajardo, Claudia López, Antonio Navarro, Humberto de la Calle, Iván Cepeda, a los que se podrían sumar otros potenciales precandidatos producto del acuerdo con las Farc y el eventual acuerdo con el Eln.

Segundo, qué. La paz puede ser una bandera de la elección en el 2018, pero con ello solo no basta. Se necesitará una agenda política, social y económica innovadora y creíble para triunfar. Además, se requiere una capacidad de movilización significativa: no habrá posibilidades en el futuro de reformas realistas y razonables con los niveles históricos de abstención.

Tercero, cómo. La concertación colombiana debería darse un mecanismo de designación de la fórmula presidencial. El ejemplo chileno muestra que es importante comenzar con una candidatura moderada, escogida mediante un método de selección pactado: quizás más adelante se pueda institucionalizar un procedimiento de primarias partidistas. En el caso chileno había una restricción legal que impedía la reelección inmediata; en el caso colombiano podría existir un acuerdo de autorrestricción por el cual el mandatario de turno no procure ser reelegido y les abra el camino a otras fuerzas que sean parte de la coalición de partidos y movimientos.

Cuarto, alcance. El experimento de una concertación en el país debería tener un sentido fundacional: pasar de una democracia con graves déficits acumulados a una democracia inclusiva en múltiples ámbitos y niveles. Lo que no será sencillo ni expeditivo, pues los sectores retardatarios y regresivos siguen gozando de una enorme cuota de poder fáctico. De allí que la concertación colombiana necesite un mapa de ruta simultáneamente ambicioso y ponderado. Finalmente, lo dicho demanda claridad estratégica, voluntad de poder, capacidad de acción colectiva, generosidad personal y conciencia plena de la oportunidad histórica por la que atraviesa Colombia.

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella, Buenos Aires (Argentina)