Di Tella en los medios

El hombre sensible

Viernes 17 Febrero 2012

Oh la lá
Gaspar Libedinsky: el transformador De formación, arquitecto, y de ejercicio, artista, fue uno de los becarios Kuitca de la última carnada. Hizo una muestra a partir del intercambio con los "trapitos" que cuidan autos en la calle: armó doce trajes con distintos tipos de trapos
POR CAROLA BIRGIN. FOTO DE PAULA TELLER.
Por un rato, nada será lo que parece. Llegamos a un enorme edificio a punto de entrar en demolición, que, en realidad, no es eso (o solamente eso): es el taller de Gaspar Libedinsky. Ahí adentro, las telas no son telas, son trapos. La ropa no es ropa, es obra de arte. El creador de las prendas no es diseñador de moda, es arquitecto. Y hace arte. Acaba de terminar la beca Kuitca/UTDT, la excusa que lo retuvo en Buenos Aires por unos cuantos meses, más tiempo del que esta criatura inquieta suele permanecer en su país desde que tenía 18 años, cuando se fue a Holanda. Después, a Londres y a Nueva York. Y ya mismo vuelve a partir, esta vez, rumbo a Brasil, donde lo espera una nueva aventura artística. Haga lo que haga, lo suyo está signado por la innovación, algo que practicó desde siempre. De hecho, se jacta de haber sido el primer malabarista argentino en salir a hacer shows junto a los semáforos de Recoleta, hacia fines de los años 80.
Gaspar Libedinsky no tiene casilla. Lo que hace es "interdisciplinario": desde haber construido un jardín flotante de más de dos kilómetros en pleno Manhattan hasta haber diseñado unas peculiares pantuflas de alfombra, pasando por una intervención artística en la cárcel de Caseros y por una colección de trajes realizados con trapos. Esto sin contar el patchwork de franelas usadas que alguna vez fueron "bandera, uniforme, emblema". Sus producciones oscilan entre dos ítems como un péndulo: lo urbano y lo cotidiano. Para él, lo importante es el arte con argumento, el que contribuye a algo social. "Toda mi obra es obra política", sentencia Gaspar Libedinsky, y aclara: "Pero eso no significa que yo haga activismo político a través del arte. No lo hago. Me interesa ¡a política, y tengo mis ideas muy claras; sin embargo, no entran en mi taller. Las puedo plasmar en un proyecto que presento a un gobierno para optimizar el espacio público, por ejemplo, pero yo no hago arte con eso". Después de mucho observar a los "trapitos" y de interactuar con estos hombres y mujeres que, franela en mano, se ganan unos pesos al custodiar a los autos estacionados, entendió que ahí había algo digno de contar y encontró una estructura muy creativa donde montar su relato: "Noté que en ellos, el trapo es a la vez una herramienta de trabajo y un uniforme", explica. "Funciona como constructor de identidad, porque la persona es identificada como "trapito" simplemente porque tiene un trapo, que le habilita la apropiación de un espacio. Entonces se vuelve bandera, en el sentido de la que se planta en el terreno conquistado." Durante un tiempo, Gaspar se dedicó a interactuar con los "trapitos". El objetivo: obtener su franela. La mayoría de las que consiguió fue comprada. Pagaba $10 por cada una y hasta llegó a ofrecer más. Pero muchos por ningún monto accedieron a negociar con el distintivo que los identificaba. Una vez que reunió suficiente cantidad, unió cada parcela. Armó un manto que mide 5 x 2,50, la superficie que ocupa un auto estacionado. La obra se titula "Vitraux". Fue sólo el comienzo, porque, una vez que Gaspar se mimetizó y logró apropiarse del trapo como SU material de trabajo, pudo ir más allá. Se volvió un experto en todos los tipos y marcas de trapos disponibles en el mercado: rejilla, franela, paño, guayabera... Eligió algunos y los indagó. ¡Sí! De la misma manera que los escultores descubren en la piedra la forma que lleva en su alma, Gaspar cuenta que detectó el deseo de cada trapo: "La rejilla que quería ser cárdigan, el trapo de piso que tenía alma de mameluco...". Y concedió el deseo en lo que terminó siendo la colección de doce trajes-obras de arte reunidas bajo el título de "Mr. Trapo". Por otra parte, su proyecto "Arquitectura del cuerpo" cuadra hoy como obra de diseño y se vende en la tienda del Malba: en piezas de alfombra de altísima calidad caló la silueta de lo que luego convirtió en pantufla. El mensaje: la posibilidad de andar, pisando la mejor alfombra que existe, sobre cualquier suelo.
Haber estudiado Arquitectura en Londres le permitió formarse a la medida de lo que él buscaba: su principal desafío era borrar la frontera entre lo arquitectónico y lo artístico, fusionar. Todo lo que hizo en la universidad tenía anclaje en el arte. Pero es difícil rastrear en su formación académica las claves de lo que hace. Si bien ejerce la docencia en prestigiosas universidades del mundo (es profesor en Harvad y en la Architectural Assosiation británica), considera que el aprendizaje es algo que se da fuera de la curricula. "Tuve a grandes maestros, como Rem Koolhaas, Diller Scofidio, ahora Guillermo Kuitca... y me nutrí de ellos. Pero no de sus conceptos, sino de ellos: en el intercambio de ideas con personas fascinantes es donde yo creo que radica la posibilidad de formarse y de aprender realmen te."

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Minibío
NOMBRE Gaspar Libedinsky.
EDAD 35.
ESTADO CIVIL Soltero.
¿QUÉ HACE?
Tiene una carrera de lo más variada. Estudió Arquitectura en Londres, trabajó en upo de los principales estudios de Holanda y construyó un jardín flotante en Nueva York. Está transitando una carrera artística que fusiona conceptos de diseño y que apela a rescatar objetos de uso cotidiano y convertirlos en otra cosa.