Di Tella en los medios
El País
6/10/17

Pablo Gerchunoff: “No hay duda de que 2011-2020 será una década perdida en Argentina”

Por Carlos Cué y Mar Centenera

El profesor emérito de la UTDT defiende el giro económico actual, pero asegura que sólo con cambios prudentes Argentina podrá evitar una nueva debacle

El 22 de octubre, Mauricio Macri se enfrenta a su primera gran prueba: las elecciones de medio término, que renuevan buena parte del Congreso. Su gran rival es Cristina Fernández de Kirchner, que se presenta a senadora en Buenos Aires. EL PAÍS presenta una serie de entrevistas a empresarios, activistas, intelectuales y artistas para analizar la situación del país. 

“No hay duda de que 2011-2020 será una década perdida en Argentina”

Pablo Gerchunoff (Buenos Aires, 1944) es profesor emérito e investigador de la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires. Es uno de los mejores conocedores de la historia económica argentina. Escribió un libro con una gran pregunta que ronda siempre en este país: ¿Por qué Argentina no fue Australia? Desde su despacho, reflexiona sobre la transformación económica iniciada por Mauricio Macri, que él apoya, y pide avanzar con prudencia para que este nuevo intento de modernización de Argentina sea irreversible y no provoque un nuevo estallido que derive en más pobreza.

Pregunta. ¿Cómo ve el cambio de Macri?

Respuesta. Es un cambio muy cauteloso. Cambiemos es una fuerza política nueva muy curiosa en su constitución que se ha propuesto algo gigantesco en términos políticos, constituir un movimiento político mayoritario o, al menos, competitivo frente al peronismo. Y tiene un objetivo económico que es modernizar la economía. Lo que Cambiemos hizo en materia de transformación económica desde noviembre de 2015 hasta este octubre de 2017 es manejarse con una extrema prudencia para no poner en peligro el triunfo electoral el 22 de octubre.

P. ¿Usted cree que Argentina está cambiando de verdad?

R. No, no todavía. Cambió muy poco, pero me parece bien ir poco a poco.

P. ¿Por qué había que ganar las elecciones?

R. Sí. La cuestión es cómo seguir a partir de ahora: mantenemos la prudencia como nuestro eje o avanzamos en aquello que los ortodoxos dicen que hay que hacer. Yo, que soy un posibilista enfermizo, me tienta regalarle a Macri los libros de Albert Hirschman porque en ningún autor encontré ese elogio a la prudencia, que me parece que hace falta hoy en la Argentina para que no estalle todo.

P. ¿Por qué en Argentina hay esa sensación tan fuerte de que puede estallar todo?

“Macri va poco a poco. Necesita prudencia para que no estalle todo”

R. En el foco corto da la impresión de que Argentina se está recuperando económicamente y cambiando. Ahora, esa mejora nos está devolviendo al punto de partida, el día que Macri llegó a la presidencia, en 2015. Con el foco medio, desde 2011 para acá, el punto en el que estamos en casi todas las variables que importan -empleos, salarios, nivel de actividad, producto bruto per cápita, exportaciones en volumen, exportaciones nominales-, estamos muy lejos del punto máximo de 2011. Tan lejos que en la mayor parte de estas variables vamos a volver al punto de 2011 en 2020.

P. Nueve años perdidos.

R. Sí, para redondear 10. En términos de los números no hay ninguna duda que 2011-2020 habrá sido una década perdida. Yo lo llamo Argentina en el pantano. Y el gobierno remando en el pantano.

"Si Argentina abre hoy su economía, tiene 500.000 desocupados y 60.000 piqueteros más"

P. ¿El Gobierno asume que sus primeros cuatro años de gobierno están perdidos?

R. No importa ir lento, porque es un campo minado, Argentina es una sociedad cruzada por un conflicto distributivo. En 1974, cuando murió Perón, recibió una herida de muerte el viejo patrón de crecimiento fundado en la industrialización. Entre 1974 y 2017, Argentina es el peor caso en términos de crecimiento después de Sudáfrica. Y Sudáfrica tuvo su guerra y su apartheid. Hay un conflicto muy tenso entre una Argentina que quiere incorporarse a la globalización y un bloque social que no tiene fuerza para proponer un patrón de crecimiento distinto pero sí para impugnar el camino de la modernización. Argentina es eso. ¿Qué pasa cuando una fuerza irresistible se enfrenta con una resistencia incontenible? Es la Argentina del empate conflictivo.

P. ¿Tiene que ganar uno de los dos lados?

R. Ahí es donde yo veo el riesgo de que Cambiemos pierda esa batalla. Porque si la perdió un gobierno militar con todo el poder en el 76 - 83 y la perdió un poder democrático con mayorías parlamentarias como fue Carlos Menem en los años 90, mi pregunta es ¿vale la pena volver a intentar el camino revolucionario? ¿No será mejor intentar el camino lento y prudente del consenso para que sea irreversible?

P. ¿Por qué esa diferencia de Argentina con Latinoamérica?

"¿Se puede dar un mensaje más contradictorio con la meritocracia que elegir al Gabinete entre tus amigos?"

R. Argentina no tiene una noción colectivamente compartida de normalidad distributiva. ¿Puede abrir la economía a la velocidad a la que la abre Chile? No. ¿Por qué? Porque Chile nunca tuvo la industria argentina. Si se hace una apertura económica hoy, en un día Argentina tiene 500.000 desocupados nuevos y 60.000 piqueteros más. Macri habla mucho de cultura del esfuerzo e igualdad de oportunidades. ¿Alguien puede estar en contra? Pero sabemos que no es verdad. ¿Se puede dar un mensaje más contradictorio con la meritocracia que elegir a tu Gabinete y a tus colaboradores entre tus amigos? Y lo digo yo que soy un votante de Cambiemos.

P. ¿Cómo cree que la historia juzgará al kirchnerismo y al macrismo?

R. El kirchnerismo fue, desde el punto de vista económico, una reacción anacrónica frente a una reforma modernizadora fallida, que quebró en diciembre de 2001. Fue un regreso a un pensamiento que puso que en el centro del crecimiento económico estaba la vieja industria. El macrismo es un tercer intento de modernización, un tercer intento de reforma e ingreso pleno a la globalización, que corre el peligro de repetir los errores de los dos intentos anteriores o tendrá la fortuna de no tropezar una vez más con la misma piedra.