Di Tella en los medios
Clarín
31/03/17

"Vexit": la salida venezolana de la democracia

Para el profesor de Relaciones Internacionales de la Di Tella "los regímenes híbridos se multiplican en el mundo y América Latina no es la excepción. El caso venezolano es un ejemplo de esa morfología cambiante del poder".

La revolución bolivariana en Venezuela es cada vez más un sueño más lejano y una pesadilla más real. El fracaso es doble: por el lado “bolivariano” y por el lado “revolucionario”. Ya sea que la observemos desde una perspectiva más republicana y liberal o desde el lado más “nacional y popular”, los déficits se agravan y acrecientan. Desde la tradicional democracia liberal, el régimen que comanda Maduro es percibido como dictatorial. Venezuela es el único país del continente –con Cuba- “no libre” de acuerdo al Índice de Libertad en el mundo 2017 que elabora Freedom House. Si bien las elecciones han hasta el momento sido transparentes, los servicios de inteligencia regularmente llevan a cabo espionaje, intimidación y encarcelamiento de la prensa y los partidos políticos de la oposición. La Secretaría General de la OEA y el Centro Carter se expidieron en septiembre de 2016, condenando conjuntamente la existencia constatada de presos políticos en el país. Amnistía Internacional constata, en su informe 2017, el deterioro de la situación de los derechos humanos en el país, incluyendo denuncias de tortura y uso excesivo e innecesario de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad. El Observatorio Venezolano de Violencia estimó 28.479 muertes violentas en 2016, o 91.8 cada 100.000 habitantes. Venezuela es así el segundo país más violento del mundo fuera de los que no están en guerra. Lo mismo se repite para la situación económica. El Índice de Libertad Económica 2017 de la Heritage Foundation pone a Venezuela en el puesto 179 de 180, entre Cuba y Corea del Norte. De acuerdo al informe Doing Business 2017 Banco Mundial, es más fácil hacer negocios en Siria o Afganistán que en Venezuela. El FMI espera para 2017 una inflación del 1640%.

Si tomamos la perspectiva bolivariana, la revolución también ha fallado. John William Cooke le dice a Eva Perón en una conocida ficción que “cuando una revolución es una dictadura, se justifica. Ahora, cuando una dictadura es meramente una dictadura y no es además una revolución, es algo lamentable.” Venezuela ha caído precisamente en este casillero. No desde el liberalismo sino desde la concepción más pura del populismo revolucionario. Como enseñaba el maestro Samuel Huntington: “no es el tipo de régimen sino el grado de régimen”. El chavismo de Maduro ha perdido la capacidad de gobernar. Es desde esta mirada huntingtoniana más parecido al fujimorismo que a los mejores tiempos de la Cuba de Fidel. Y si la democracia “institucional” fue deliberadamente dejada de lado en favor de una concepción “radicalizada” (al estilo de Laclau), ello no parece haber sido logrado en Venezuela.

Los regímenes híbridos se multiplican en el mundo y América Latina no es la excepción. El caso venezolano es un ejemplo de esa morfología cambiante del poder: democracias delegativas o “ iliberales”, autoritarismos competitivos y demás caracterizaciones expresan una diversidad conceptual que refleja una realidad heterogénea y compleja de este momento de (des)orden mundial que atravesamos. Con la medida tomada ayer, al disolver el Congreso, el presidente Nicolás Maduro disipa dudas: cruzó el límite y se refrendó en el campo de las dictaduras.

Mariano Turzi es profesor de Relaciones Internacionales de la Torcuato Di Tella. Es autor de "Todo sobre el desorden mundial" (Paidós, 2017)