
2/02/12
Pasión sin límites: por qué el "cepo" al dólar y la quita de subsidios no frenaron el consumo de los
Apenas conocidas las restricciones en el mercado cambiario y el "fin de fiesta" en las tarifas, empresarios advirtieron del posible impacto en el humor social. Hasta ahora, esos temores no se materializaron en la práctica. Analistas explican las causas y cuándo se notarán las primeras alteraciones
Para quien haya
caminado este enero las peatonales de Mar del Plata, Pinamar o Villa
Gesell, está claro que no se necesita ser economista para observar que
las predicciones sobre un enfriamiento del consumo aún no han quedado
plasmadas en la práctica.
Algo similar había sucedido antes, en las liquidaciones navideñas en shopping centers, donde los compradores corriendo y disputándose a empujón y codazo limpio un lugar en las tiendas eximían de todo tipo de análisis.
Por si a algún escéptico le hubiesen quedado dudas sobre si esa fiebre consumista era generalizada, o apenas respondía a un grupo minoritario, las encuestas terminaron de despejar toda clase de incertidumbre.
En promedio, se vendió un 10% más en esta temporada que en la del año pasado (medido en volumen y no en pesos).
Varios analistas suponían que las fiestas de fin de año iban a ser el último momento de festejos, visto el fuerte deterioro de las condiciones económicas dentro y fuera de las fronteras.
Pero no. El entusiasmo consumista continuó en las vacaciones, con cifras de ocupación hotelera también en registros históricamente altos, con picos de 85% en localidades como Villa Gesell y Pinamar, según los datos de la Federación Hotelera Gastronómica.
Fueron más de 10 millones de personas las que recorrieron el país durante enero, gastando cada una de ellas un promedio de casi $300 por día, según datos difundidos por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa.
Y semejante récord de la temporada turística (al que los empresarios ya califican de "histórica") se produce en forma simultánea con otro récord: el de los viajes de argentinos al exterior, con un 10% más de salidas de los aeropuertos.
Lo extraño del caso es que esto sucede cuando el retraso cambiario encarece los destinos turísticos locales. Y que se da, además, luego de que el Gobierno anunciara medidas que, en cualquier otro país, serían una invitación a guardar el dinero bajo el colchón y a moderar drásticamente la predisposición al gasto.
Duro de bajar
Cuando en las semanas previas a la asunción de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se anunciaban los controles que la AFIP iba a aplicar sobre el dólar, muchos temían por sus ahorros y jugaban, a suerte y verdad, para ver si estaban validados para comprar moneda extranjera.
Pasaron apenas unos pocos días y se informaba que los subsidios del Estado a los servicios públicos comenzarían, poco a poco, a ir quedando en el olvido, barrio por barrio.
Además, en cada discurso, la Presidenta y sus principales funcionarios fueron encargándose de recordar que el 2012 vendría con la tónica de una "moderación salarial" cuando se discutieran las paritarias.
Por todos estos motivos, varios analistas y ejecutivos de empresas temían por el hecho de que todo este nuevo contexto pudiera rápidamente derivar en una retracción de los hábitos de compra, habida cuenta de que muchos argentinos podían verse inducidos a moderar su pasión por "ir de shopping".
Sin embargo, esto hasta ahora no ocurrió. Por el contrario, una gran cantidad de retailers registraron altos niveles de ventas e, incluso, sus directivos hasta se animan a proyectar un buen 2012 en cuanto a facturación.
Ante este panorama, dos preguntas se vuelven inevitables: ¿cuáles son las razones que hacen que el consumo parezca imparable? Y, ¿qué ocurre con esta "cultura de compra", que desafía y resiste cualquier barrera?
Cansados de crisis
"Hasta el momento, no se observan grandes cambios en el consumo masivo. Tampoco las medidas vinculadas con el dólar y la quita de subsidios impactaron con gran fuerza en este aspecto", afirmó a iProfesional.com Diego Gizzi, desde la consultora Nielsen.
Según el experto, una de las razones de este fenómeno se vincula con la historia reciente de los argentinos.
"Ocurre que los más adultos vienen de haber sido tan golpeados por crisis previas que lo que ocurre al día de hoy se vive simplemente como un momento de transición", explicó el experto.
Otro de los hechos curiosos que destacan los analistas es que, si bien tanto las limitaciones al dólar como la baja de los subsidios en servicios públicos fueron temas de conversación a nivel nacional durante los días posteriores a los anuncios, ambas medidas parecen haber diluido su peso en la opinión pública. Al punto que las encuestas no registran ambos sucesos en el ranking de los las principales preocupaciones.
De hecho, tal como diera cuenta este medio, el indicador de confianza en el Gobierno -que mide la Universidad Di Tella- no sólo que no se ha retraído, desde que esas medidas fueron anunciadas, sino que se mantiene en sus máximos niveles de los últimos ocho años.
Sobre este tema, iProfesional.com consultó a Adrián Kittner, director de Econsultora, quien aseguró que, a pesar del shock inicial negativo que pudo implicar la noticia de que las facturas de electricidad, gas y agua vendrán con aumentos de $200 o $300, el impacto en el ingreso familiar no será tan fuerte como para frenar la predisposición al gasto.
"El humor social hasta ahora no se vio modificado", advirtió en este sentido Kittner.
Ahondando en el tema, el economista Gabriel Caamaño Gómez, del Estudio Ledesma, opina que aun cuando los incrementos en los servicios se podrían duplicar o triplicar, "esto sería en base a tarifas que estaban muy atrasadas y que perdieron mucho peso en la canasta de consumo. Por eso, el cimbronazo de los aumentos no sería tan fuerte en lo nominal para los bolsillos de la gente".
Sus expresiones fueron compartidas por Gizzi, de Nielsen: "Es verdad que algo impactó, pero eso quedó circunscripto a los primeros días de resueltas las decisiones".
Y, por si quedaba alguna duda, destacó que "todo eso hoy parece se mantiene en un segundo plano".
Los argentinos y sus percepciones
Las cifras registradas de ventas en el arranque del año dejaron plasmadas en la práctica que la pasión consumista de los argentinos aún se encuentra en niveles altos.
De hecho, ciertos rubros muestran, inclusive, un alza en sus ventas respecto de los guarismos de años anteriores.
Un ejemplo de esto es lo que ocurre en el caso de los electrodomésticos.
Sobre este punto, el economista Fernando Moiguer destacó que "algunas marcas se encuentran un 20% por arriba de los repuntes que habían logrado en 2010".
Y advirtió que "todos los sectores sociales compran algo de electro cada 40 días".
Los expertos destacaron que uno de los motivos por los cuales las decisiones recientes no afectaron de manera tajante al consumo tienen que ver con el pacto que el kirchnerismo estableció con sus votantes desde el día uno.
Al respecto, Moiguer explicó a iProfesional.com que los argentinos aún sienten que "la promesa del Gobierno todavía se mantiene".
Según el especialista el "pacto implícito" se sustenta en dos afirmaciones:
• Que el consumo interno se va a mantener fuerte y el Gobierno hará todo lo posible para que ello ocurra.
• Que el Ejecutivo, al igual que lo sucedido en la crisis de 2009, buscará proteger el nivel de empleo.
Moiguer insistió en que, mientras que tales percepciones sigan en pie, la credibilidad y la propensión a mantener el ritmo de compras seguirá siendo alta.
Por otro lado, según el analista, en ningún momento "se ha puesto en duda la gobernabilidad".
Con trabajo asegurado, se pagan las cuentas y el resto va a consumo
Los expertos consultados por iProfesional.com aseguraron que hoy existe una irrefrenable costumbre de comprar y que los argentinos se rehúsan a dejarla de lado.
De allí que, según Gizzi, para la clase media, el único factor que puede llegar a inhibir su ánimo consumista es la pérdida del trabajo, algo que actualmente no figura entre los principales temores de la sociedad, con una tasa de desempleo que sigue en baja y que ya se ubica por debajo del 7 por ciento.
"Mientras que haya subas salariales y no exista temor al desempleo, no va a haber grandes modificaciones", explicaron desde Nielsen.
En tanto, para Kittner, otro de los factores que viene impulsando con fuerza a los argentinos a consumir es la dificultad económica de poder acceder a una vivienda propia.
"Como el costo de adquirir una propiedad sin crédito es muy alto, todo el dinero que antes se ahorraba con ese objetivo ahora se vuelca al consumo", destacó.
Y agregó que "lo que ocurre es que hoy se necesitan muchos más sueldos que hace unos años para adquirir una vivienda. Por eso, el que ya sabe que no va a llegar no se preocupa por ahorrar".
El placer de consumir, difícil de frenar
Cuando se le pregunta acerca de qué hubiera sucedido con los consumidores si las recientes medidas (cepo cambiario y quita de subsidios) se hubieran tomado en otro momento de la historia, Kittner no dejó lugar a dudas. "En otras circunstancias, las restricciones vinculadas con el dólar hubieran impactado de otra manera", reconoció.
Y aseguró que una de las razones por las cuales los argentinos aún se muestran reacios a bajarse del tren consumista tiene que ver con el crecimiento continuo en el poder de compra registrado hasta el momento.
Por eso, afirmó que "como hay vientos de cola de años atrás, con buenos indicadores económicos, aún no le dieron tanta importancia al tema".
Pero el consumo no sólo implica placer, sino también una estrategia defensiva de los ingresos familiares. Ocurre que, en un entorno inflacionario, si los pesos no son gastados, rápidamente se erosionan ante la suba de precios.
En este sentido, aunque parezca paradójico, lo que se constató es que las noticias, inicialmente negativas, terminaron exacerbando la propensión a consumir en el corto plazo.
El caso del control a la compra de billetes verdes fue el más claro: ante la imposibilidad de cambiar pesos por dólares, ese dinero en moneda local terminó volcándose, en gran medida, a los comercios.
El ahorro, una cultura lejana en el tiempo
Más allá de eso, existen otras razones que llevan a los consumidores a seguir asistiendo a los shoppings en busca de los "deliciosos" descuentos.
Una de ellas tiene que ver con una pérdida de la denominada "cultura del ahorro", lo que hace que, mientras que los argentinos no vean restringida sus posibilidades de compra y dispongan de un excedente en pesos -luego de haber pagado sus gastos mensuales- sigan de compras.
En este punto, Gizzi distinguió que "hoy, lo que tienen, lo gastan. Lo que se le aumenta en salarios no lo invierten sino que lo devuelven al mercado".
Y, sobre este tema, sostuvo que "se trata de cuestiones vinculadas con la idiosincrasia".
Claro está, que estos fundamentos culturales no implican que el boom consumista pueda seguir en forma indefinida.
Los expertos creen que es factible que haya algunos síntomas de enfriamiento en algunos rubros, en la medida en que el entorno económico comience a mostrarse menos favorable.
Pero descartan que el freno sea brusco. Más bien, esperan una adecuación gradual.
En este sentido, Guillermo Oliveto, desde la consultora W, apuntó que "la quita de subsidios, por ahora, sólo se dio en los barrios de mayor poder adquisitivo". Aunque aclaró que cuando "llegue a la totalidad de la clase media, el panorama va a ser otro".
Oliveto agregó que "hasta el momento, no hay una situación de quiebre o de fuerte cambio de tendencia".
Según su visión, son dos los factores que podrían representar un freno al consumo: el desempleo y la relación salarios versus inflación. Pero ninguno de los dos tiene perspectivas de desmejora en el corto plazo.
En otras palabras, a pesar de las malas noticias, los incentivos para que los argentinos sigan volcándose a los comercios aún se mantienen firmes, y sirven para para empujar las ventas, al menos, en los primeros meses del año.
Algo similar había sucedido antes, en las liquidaciones navideñas en shopping centers, donde los compradores corriendo y disputándose a empujón y codazo limpio un lugar en las tiendas eximían de todo tipo de análisis.
Por si a algún escéptico le hubiesen quedado dudas sobre si esa fiebre consumista era generalizada, o apenas respondía a un grupo minoritario, las encuestas terminaron de despejar toda clase de incertidumbre.
En promedio, se vendió un 10% más en esta temporada que en la del año pasado (medido en volumen y no en pesos).
Varios analistas suponían que las fiestas de fin de año iban a ser el último momento de festejos, visto el fuerte deterioro de las condiciones económicas dentro y fuera de las fronteras.
Pero no. El entusiasmo consumista continuó en las vacaciones, con cifras de ocupación hotelera también en registros históricamente altos, con picos de 85% en localidades como Villa Gesell y Pinamar, según los datos de la Federación Hotelera Gastronómica.
Fueron más de 10 millones de personas las que recorrieron el país durante enero, gastando cada una de ellas un promedio de casi $300 por día, según datos difundidos por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa.
Y semejante récord de la temporada turística (al que los empresarios ya califican de "histórica") se produce en forma simultánea con otro récord: el de los viajes de argentinos al exterior, con un 10% más de salidas de los aeropuertos.
Lo extraño del caso es que esto sucede cuando el retraso cambiario encarece los destinos turísticos locales. Y que se da, además, luego de que el Gobierno anunciara medidas que, en cualquier otro país, serían una invitación a guardar el dinero bajo el colchón y a moderar drásticamente la predisposición al gasto.
Duro de bajar
Cuando en las semanas previas a la asunción de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se anunciaban los controles que la AFIP iba a aplicar sobre el dólar, muchos temían por sus ahorros y jugaban, a suerte y verdad, para ver si estaban validados para comprar moneda extranjera.
Pasaron apenas unos pocos días y se informaba que los subsidios del Estado a los servicios públicos comenzarían, poco a poco, a ir quedando en el olvido, barrio por barrio.
Además, en cada discurso, la Presidenta y sus principales funcionarios fueron encargándose de recordar que el 2012 vendría con la tónica de una "moderación salarial" cuando se discutieran las paritarias.
Por todos estos motivos, varios analistas y ejecutivos de empresas temían por el hecho de que todo este nuevo contexto pudiera rápidamente derivar en una retracción de los hábitos de compra, habida cuenta de que muchos argentinos podían verse inducidos a moderar su pasión por "ir de shopping".
Sin embargo, esto hasta ahora no ocurrió. Por el contrario, una gran cantidad de retailers registraron altos niveles de ventas e, incluso, sus directivos hasta se animan a proyectar un buen 2012 en cuanto a facturación.
Ante este panorama, dos preguntas se vuelven inevitables: ¿cuáles son las razones que hacen que el consumo parezca imparable? Y, ¿qué ocurre con esta "cultura de compra", que desafía y resiste cualquier barrera?
Cansados de crisis
"Hasta el momento, no se observan grandes cambios en el consumo masivo. Tampoco las medidas vinculadas con el dólar y la quita de subsidios impactaron con gran fuerza en este aspecto", afirmó a iProfesional.com Diego Gizzi, desde la consultora Nielsen.
Según el experto, una de las razones de este fenómeno se vincula con la historia reciente de los argentinos.
"Ocurre que los más adultos vienen de haber sido tan golpeados por crisis previas que lo que ocurre al día de hoy se vive simplemente como un momento de transición", explicó el experto.
Otro de los hechos curiosos que destacan los analistas es que, si bien tanto las limitaciones al dólar como la baja de los subsidios en servicios públicos fueron temas de conversación a nivel nacional durante los días posteriores a los anuncios, ambas medidas parecen haber diluido su peso en la opinión pública. Al punto que las encuestas no registran ambos sucesos en el ranking de los las principales preocupaciones.
De hecho, tal como diera cuenta este medio, el indicador de confianza en el Gobierno -que mide la Universidad Di Tella- no sólo que no se ha retraído, desde que esas medidas fueron anunciadas, sino que se mantiene en sus máximos niveles de los últimos ocho años.
Sobre este tema, iProfesional.com consultó a Adrián Kittner, director de Econsultora, quien aseguró que, a pesar del shock inicial negativo que pudo implicar la noticia de que las facturas de electricidad, gas y agua vendrán con aumentos de $200 o $300, el impacto en el ingreso familiar no será tan fuerte como para frenar la predisposición al gasto.
"El humor social hasta ahora no se vio modificado", advirtió en este sentido Kittner.
Ahondando en el tema, el economista Gabriel Caamaño Gómez, del Estudio Ledesma, opina que aun cuando los incrementos en los servicios se podrían duplicar o triplicar, "esto sería en base a tarifas que estaban muy atrasadas y que perdieron mucho peso en la canasta de consumo. Por eso, el cimbronazo de los aumentos no sería tan fuerte en lo nominal para los bolsillos de la gente".
Sus expresiones fueron compartidas por Gizzi, de Nielsen: "Es verdad que algo impactó, pero eso quedó circunscripto a los primeros días de resueltas las decisiones".
Y, por si quedaba alguna duda, destacó que "todo eso hoy parece se mantiene en un segundo plano".
Los argentinos y sus percepciones
Las cifras registradas de ventas en el arranque del año dejaron plasmadas en la práctica que la pasión consumista de los argentinos aún se encuentra en niveles altos.
De hecho, ciertos rubros muestran, inclusive, un alza en sus ventas respecto de los guarismos de años anteriores.
Un ejemplo de esto es lo que ocurre en el caso de los electrodomésticos.
Sobre este punto, el economista Fernando Moiguer destacó que "algunas marcas se encuentran un 20% por arriba de los repuntes que habían logrado en 2010".
Y advirtió que "todos los sectores sociales compran algo de electro cada 40 días".
Los expertos destacaron que uno de los motivos por los cuales las decisiones recientes no afectaron de manera tajante al consumo tienen que ver con el pacto que el kirchnerismo estableció con sus votantes desde el día uno.
Al respecto, Moiguer explicó a iProfesional.com que los argentinos aún sienten que "la promesa del Gobierno todavía se mantiene".
Según el especialista el "pacto implícito" se sustenta en dos afirmaciones:
• Que el consumo interno se va a mantener fuerte y el Gobierno hará todo lo posible para que ello ocurra.
• Que el Ejecutivo, al igual que lo sucedido en la crisis de 2009, buscará proteger el nivel de empleo.
Moiguer insistió en que, mientras que tales percepciones sigan en pie, la credibilidad y la propensión a mantener el ritmo de compras seguirá siendo alta.
Por otro lado, según el analista, en ningún momento "se ha puesto en duda la gobernabilidad".
Con trabajo asegurado, se pagan las cuentas y el resto va a consumo
Los expertos consultados por iProfesional.com aseguraron que hoy existe una irrefrenable costumbre de comprar y que los argentinos se rehúsan a dejarla de lado.
De allí que, según Gizzi, para la clase media, el único factor que puede llegar a inhibir su ánimo consumista es la pérdida del trabajo, algo que actualmente no figura entre los principales temores de la sociedad, con una tasa de desempleo que sigue en baja y que ya se ubica por debajo del 7 por ciento.
"Mientras que haya subas salariales y no exista temor al desempleo, no va a haber grandes modificaciones", explicaron desde Nielsen.
En tanto, para Kittner, otro de los factores que viene impulsando con fuerza a los argentinos a consumir es la dificultad económica de poder acceder a una vivienda propia.
"Como el costo de adquirir una propiedad sin crédito es muy alto, todo el dinero que antes se ahorraba con ese objetivo ahora se vuelca al consumo", destacó.
Y agregó que "lo que ocurre es que hoy se necesitan muchos más sueldos que hace unos años para adquirir una vivienda. Por eso, el que ya sabe que no va a llegar no se preocupa por ahorrar".
El placer de consumir, difícil de frenar
Cuando se le pregunta acerca de qué hubiera sucedido con los consumidores si las recientes medidas (cepo cambiario y quita de subsidios) se hubieran tomado en otro momento de la historia, Kittner no dejó lugar a dudas. "En otras circunstancias, las restricciones vinculadas con el dólar hubieran impactado de otra manera", reconoció.
Y aseguró que una de las razones por las cuales los argentinos aún se muestran reacios a bajarse del tren consumista tiene que ver con el crecimiento continuo en el poder de compra registrado hasta el momento.
Por eso, afirmó que "como hay vientos de cola de años atrás, con buenos indicadores económicos, aún no le dieron tanta importancia al tema".
Pero el consumo no sólo implica placer, sino también una estrategia defensiva de los ingresos familiares. Ocurre que, en un entorno inflacionario, si los pesos no son gastados, rápidamente se erosionan ante la suba de precios.
En este sentido, aunque parezca paradójico, lo que se constató es que las noticias, inicialmente negativas, terminaron exacerbando la propensión a consumir en el corto plazo.
El caso del control a la compra de billetes verdes fue el más claro: ante la imposibilidad de cambiar pesos por dólares, ese dinero en moneda local terminó volcándose, en gran medida, a los comercios.
El ahorro, una cultura lejana en el tiempo
Más allá de eso, existen otras razones que llevan a los consumidores a seguir asistiendo a los shoppings en busca de los "deliciosos" descuentos.
Una de ellas tiene que ver con una pérdida de la denominada "cultura del ahorro", lo que hace que, mientras que los argentinos no vean restringida sus posibilidades de compra y dispongan de un excedente en pesos -luego de haber pagado sus gastos mensuales- sigan de compras.
En este punto, Gizzi distinguió que "hoy, lo que tienen, lo gastan. Lo que se le aumenta en salarios no lo invierten sino que lo devuelven al mercado".
Y, sobre este tema, sostuvo que "se trata de cuestiones vinculadas con la idiosincrasia".
Claro está, que estos fundamentos culturales no implican que el boom consumista pueda seguir en forma indefinida.
Los expertos creen que es factible que haya algunos síntomas de enfriamiento en algunos rubros, en la medida en que el entorno económico comience a mostrarse menos favorable.
Pero descartan que el freno sea brusco. Más bien, esperan una adecuación gradual.
En este sentido, Guillermo Oliveto, desde la consultora W, apuntó que "la quita de subsidios, por ahora, sólo se dio en los barrios de mayor poder adquisitivo". Aunque aclaró que cuando "llegue a la totalidad de la clase media, el panorama va a ser otro".
Oliveto agregó que "hasta el momento, no hay una situación de quiebre o de fuerte cambio de tendencia".
Según su visión, son dos los factores que podrían representar un freno al consumo: el desempleo y la relación salarios versus inflación. Pero ninguno de los dos tiene perspectivas de desmejora en el corto plazo.
En otras palabras, a pesar de las malas noticias, los incentivos para que los argentinos sigan volcándose a los comercios aún se mantienen firmes, y sirven para para empujar las ventas, al menos, en los primeros meses del año.
