Universidad Torcuato Di Tella

Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos

Introducción

Proyectamos edificios, grandes, medianos y chicos y, sobre todo últimamente, edificios gigantes y edificios minúsculos, tamaños más allá de lo que la escala humana puede concebir, duraciones más allá de lo que nuestras vidas permiten entender, edificios-tiempo, edificios-ciudad, edificios-territorio, edificios-ecología, edificios-robot, nano-edificios, edificiosornamento, refugios en los que ni siquiera cabemos, pero en los que nos proyectamos, humanos demasiado humanos. Proyectamos edificios virtuales, arquitecturas que permanecen invisibles, pero que no son sino materia de trabajo, arquitecturas que regulan el funcionamiento y determinan la estructura artificiosa de las cosas, edificios información, edificios-programa, edificios-matriz, edificios-simulacro. Proyectamos figuras, símbolos y emblemas –edificios imagen, edificios ícono, edificios-marca, edificios-propaganda–, alucinaciones, representaciones y manifiestos –edificios-sensación, edificios-comunidad, edificios-utopía–. Proyectamos del mismo modo pensamientos, ideas, historias, teorías, conversaciones, debates, polémicas, amistades y enemistades, diversas formas del diálogo social, políticas culturales y les damos forma en sistemas de orden arquitectónicamente modulados que insinúan o dan lugar a modos de vida, estilos, experiencias. Proyectamos planos consistentes donde pueden concebirse esas materias tan incorpóreas, tan abstractas y tan resbaladizas. Los proyectamos y por ende los construimos. Nada escapa del pensamiento arquitectónico, toda realidad es arquitectura en potencia. ¿Qué arquitecto no ha dicho o pensado alguna vez aquella famosa frase que dice que «todo es arquitectura»? Y no solo proyectamos: también investigamos, pensamos y escribimos. Para justificar, para convencer, para seducir, para explicar, para conceptualizar o, simplemente, para describir. Se trata de otros modos, de otros medios, de otras economías del proyectar. Analizamos, evaluamos, diagnosticamos, restringimos y normativizamos. Experimentamos, especulamos, testeamos, probamos y erramos. Hasta jugamos, con seria irresponsabilidad. Construimos ficciones que eventualmente se vuelven reales. Reconocemos datos embebidos en los fenómenos naturales y en los procesos artificiales. Relevamos atributos característicos de las cosas, intuimos tendencias, buscamos evidencias, sacamos conclusiones. Participamos en el desarrollo físico de porciones enteras del territorio del planeta y, para ello, nos introducimos y coordinamos roles en procesos altamente complejos de integración de los modos de pericia más diversos: ingenierías, políticas, regulaciones, redes comunitarias, dinámicas naturales, discursos ideológicos. Construimos con ellos edificios complejos, ciudades nuevas, paisajes artificiales, planes urbanos, diagramas ambientales, mapas territoriales. Intervenimos en los procesos de construcción más inverosímiles y generamos segundas naturalezas, embebiendo de orden, claridad, jerarquías, lógicas, criterios y verosimilitud a lo aún inexistente. Otorgamos forma y constituimos organización desde y mediante el caos del mundo. Imaginamos. Ensamblamos piezas estandarizadas, tradiciones constructivas, sistemas industrializados, y los utilizamos. O los ponemos en crisis, cuando es necesario. Concebimos futuros casi sin querer, abriendo cándidamente nuevas potencias en lo existente. Diseñamos materiales nuevos. Colaboramos con científicos y técnicos. Incorporamos libertad en la investigación dura y rigor material en las ciencias sociales. Diseñamos hasta aquello que «no nos corresponde». ¿Cuántos diseñadores industriales, gráficos y de moda, cuántos chefs son en realidad arquitectos en su base –y arquitectos hasta el fin–? ¿Cuántos cineastas, cuántos pintores, cuántos artistas? Diseñamos incluso nuestro propio destino profesional. Tan generalista, tan fértil y tan codicioso es el trabajo del arquitecto que se crea a sí mismo. Nos interesa tanto lo propio como lo ajeno. Pero nos interesa en particular «lo otro» de la arquitectura, ya que eso mismo es arquitectura: hacer propio lo ajeno y volverlo campo de trabajo. Tal es nuestro oficio: vislumbrar organización donde aparentemente no la hay, con voracidad por lo desconocido, por lo impensable, por lo aún inexistente, y constituir con ello disciplina material.

Decano: Ciro Najle.
Arquitecto, Universidad de Buenos Aires (hons).
Master of Science in Advanced Architectural Design, Columbia University (hons).

Plan

Este es el momento y este es el lugar para un proyecto de esta índole. La Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos tiene, y esa es su fuerza, la capacidad de pensar la arquitectura argentina del futuro en ese lugar donde, en nuestro imaginario centro-periférico, impregnado de modernidad, siempre estuvo: en el medio del debate internacional. Quedan cordialmente invitados a ser parte de este proyecto abierto, que esta publicación pone sintéticamente a su disposición.

Extracto del discurso inaugural de Ciro Najle como Decano de la Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos.


Miembros del Comité Evaluador Académico Externo de la Escuela:

Werner Oechslin (ETH Zürich). Doktor in Kunstgeschichte, Universität Zürich.

Jorge Silvetti (Harvard University). Master of Architecture, University of California, Berkeley.

Rafael Viñoly (Estudio Viñoly). Magíster en Arquitectura, Universidad de Buenos Aires.