Colección Carlos Escudé


La colección Carlos Escudé está compuesta por documentos provenientes de las United States Central Files for Argentina, de la Central Intelligence Agency (CIA), del Office of Strategic Services, y de los archivos militares de los Estados Unidos abarcando un extenso período, desde el siglo XIX hasta 1976, entre otros.

El portal del edificio de los Archivos Nacionales de Washington DC está flanqueado por dos mármoles con inscripciones talladas. Una reza: “el pasado es prólogo” y la otra: “estudiemos el pasado”. Estas consignas sintetizan la filosofía que inspira la política norteamericana respecto de la investigación histórica sobre asuntos vinculados con la política nacional e internacional. Porque, el presente y el futuro se emparientan con el pasado, que es prólogo del porvenir, la previsión exige el estudio del pasado. No es sólo por afición erudita o por necesidad identitaria que se bucea en procesos pretéritos, sino porque, para aumentar las probabilidades de éxito en la instrumentación de una política, es imperativo comprender qué fue lo que en el pasado condujo al éxito y al fracaso.

Por ello también en muchos países se sancionaron leyes de libertad de información, que facilitan el acceso del público a documentos que fueron secretos. En los Estados Unidos, todos los documentos que ya carecen de vigencia política y no pueden causar un daño tangible se liberan veinticinco años después de su gestación. En Inglaterra, el plazo es de treinta años. No importa cuán embarazosas e incluso incriminatorias resulten las revelaciones de los papeles desclasificados. Si permanecen secretos, sólo un puñado de personas tendrá acceso a ellos, y el aprendizaje colectivo no se realizará. En cambio, si la totalidad de la comunidad académica los puede consultar, la ebullición resultante generará sabiduría y anticuerpos en la sociedad civil, que aumentarán las posibilidades de éxito del Estado en el futuro.

Por otra parte, cuando un investigador tiene acceso a material que fue secreto (o cuando es transitoriamente miembro de un gobierno y trabaja con datos confidenciales), comprende lo patéticamente insuficientes que son los datos públicos que habitualmente manejan los politólogos, si se aspira a comprender el proceso histórico. Para quien ha buceado en un archivo antes secreto y para quien tiene acceso a los datos confidenciales de un gobierno, las elucubraciones de cientistas sociales que no tienen acceso a información especial frecuentemente resultan meras especulaciones ingenuamente pedantes y estérilmente pretenciosas. Poco y nada contribuyen a comprender lo que realmente ocurre. 

Naturalmente que es mejor intentar comprender los procesos políticos e históricos, aun con insuficiencia de datos, que renunciar a ello. Nuestros colegas deben ser alentados incluso cuando creen llegar a conclusiones significativas que resultan irrisorias para quien posee información confidencial. Estos esfuerzos también enriquecen la cultura y aumentan las posibilidades de éxitos futuros, ya que un porcentaje de ellos dará en la tecla y, además, la mera activación de la energía del investigador significa que la sociedad civil posee el potencial necesario para su auto escrutinio y superación.

No obstante, la diferencia gnoseológica entre poseer y no poseer el dato confidencial es abismal, y el conocimiento de esta diferencia debe formar parte del proceso educativo de estudiantes de Ciencia Política y Estudios Internacionales. Personalmente, descubrí la diferencia cuando en 1977 fui a Oxford a cursar estudios de posgrado y penetré en el Public Record Office, repositorio de los documentos del gobierno británico. Tuve la suerte de ser el primer investigador en tener acceso a los documentos recién abiertos al público sobre el boicot económico contra la Argentina en la década de 1940, desencadenado por el gobierno de los Estados Unidos como represalia a la neutralidad de nuestro país durante la Segunda Guerra Mundial.

Este hecho cambió mi tesis doctoral (finalmente presentada en Yale) y mi vida entera. A su vez, el producto intelectual de este bautismo modificó parcialmente las interpretaciones vigentes sobre la declinación argentina posterior a la Segunda Guerra Mundial. Eventualmente, también dio lugar a la acuñación de mi doctrina sobre política exterior, el “realismo periférico”, la que contribuyó a cambiar la política exterior argentina durante la década de 1990.

Siempre pensé que era importante que los estudiantes argentinos tuvieran acceso a este tipo de material, para tener un primer contacto con datos que alguna vez fueron confidenciales, antes de salir al exterior en pos de algún posgrado. Por ello, una vez que di por concluidas mis investigaciones históricas, doné a la Biblioteca de la Universidad Torcuato Di Tella muchos miles de documentos de los Archivos Nacionales de Washington DC, contenidos en los 344 rollos de microfilmes de la colección que lleva mi nombre.

Los documentos provienen de las United States Central Files for Argentina (Departamento de Estado), de la Central Intelligence Agency (CIA), del Office of Strategic Services, y de los archivos militares de los Estados Unidos. Abarcan un período muy extenso, desde el siglo XIX hasta 1976. Incluyen todas las series de documentos vinculados a las relaciones argentino-norteamericanas que los Archivos Nacionales de Washington DC han microfilmado, catalogado y puesto a la venta. También incluyen otras series de documentos que es posible consultar en los archivos en papel, pero que no están preseleccionados para su venta en forma de microfilmes. Estos fueron oportunamente seleccionados por mí para su microfilmación porque eran indispensables para mis investigaciones. La suma de los dos conjuntos de documentos constituye la colección de mentas, que se encuentra a disposición de alumnos y estudiosos en la Biblioteca de la Universidad Torcuato Di Tella.

Carlos Escudé

Es importante que los estudiantes argentinos tengan acceso a datos que alguna vez fueron confidenciales, antes de salir al exterior en pos de algún posgrado. Por ello, una vez que di por concluidas mis investigaciones históricas, doné a la Biblioteca de la Universidad Torcuato Di Tella muchos miles de documentos de los Archivos Nacionales de Washington DC.