Seminario Temas de Historia Europea Contemporánea II
Posgado en HistoriaTercer trimestre 2012
Etnos y antipolítica:
Perspectivas sobre el nacionalismo radical, Europa 1880s-1930s
Andrés H. Reggiani
Inicio: jueves 20 de Septiembre de 2012
Finalización: jueves 6 de diciembre de 2012
Horario de clases: 19 a 21.30 hrs.
Sede Miñones: Miñones 2177
Actividad arancelada | Requiere inscripción previa.
Presentación del tema
El seminario tiene como objetivo re-examinar la producción historiográfica sobre las transformaciones del nacionalismo en la era de la sociedad de masas. El eje principal lo constituye la aparición de una forma más radical y populista de movilización nacionalista, impregnada de elementos racistas, y articulada como un rechazo de la “política”. A partir de la crisis económica de 1873 el orden liberal clásico comenzó a crujir bajo la presión conjunta de la re-estructuración del capitalismo, la agudización de las rivalidades internacionales y el cuestionamiento de los mecanismos tradicionales de representación. Tanto en la ideología como en los modos de movilización el nacionalismo de fin de siglo presentaba elementos que lo distinguían de las corrientes liberales precedentes:
• Articulaba una crítica de la política en términos del desacople entre el país “real”—la nación—y el país “legal”—el Estado (para tomar la célebre fórmula de Maurras). Esta lectura binaria impugnaba la legitimidad de las instituciones (constitución, partidos, parlamento) y prácticas liberales (elecciones, representación) como mecanismos abstractos que distorsionaban la voluntad popular en beneficio de una clase política al servicio de oscuros “intereses”. La naturaleza populista de esta postura residía en su doble carácter de estrategia de movilización y en la apelación al “pueblo” como objeto supremo de la política.
• La oposición entre la nación (o patria) como comunidad de sentimientos y el Estado como organización de intereses derivaba su fuerza de una cosmovisión romántica fundada en tradiciones “inventadas” o en particularidades culturales que no encontraban cabida en el sistema de valores consagrado por el régimen imperante—los católicos franceses en la república anticlerical, la pequeña burguesía protestante en el imperio alemán y austrohúngaro, las clases medias vascas bajo la Restauración.
• El otro elemento que daba al nuevo nacionalismo su potencial radical era una concepción sincrética que fundía la cuestión “nacional” y la cuestión “social”. En algunos casos, como en el del sindicalismo revolucionario franco-italiano inspirado en Sorel, esta articulación se acompañaba de una reflexión teórico-política que intentaba conciliar tradiciones intelectuales muy divergentes. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la reivindicación antielitista de un etnos arraigado en la geografía y la historia (en la “tierra y los muertos”, como diría Barrès) o en la raza biológica se hizo de una manera poco razonada, pero no por ello menos efectiva, a partir de consignas sencillas que explotaban miedos y prejuicios.
• La gran crisis europea que se inició con la primera guerra mundial armó al nacionalismo con un nuevo repertorio de lenguajes e imágenes. En este sentido la guerra fue la “escuela” que forjó las legiones de un nacionalismo militarizado o “soldadesco”, tanto más fanático y violento cuanto mayor el impacto psicológico de la derrota. Las grupos de “voluntarios” –Cuerpos Francos, milicias ciudadanas—que proliferaron en la Europa centro-oriental sometida a la doble conmoción del derrumbe del viejo orden y la revolución socialista anticiparon muchos de los rasgos que caracterizarían a los movimientos fascistas; pero ante todo dieron expresión a una derivación ultraelitista que concebía la nación como una comunidad cerrada de elegidos y dispuestos al máximo sacrificio.
• La depresión de 1930 habilitó el escenario que hizo posible la ofensiva nacionalista contra el Estado. Este proceso, sin embargo, tuvo matices muy divergentes según los casos. En Alemania e Italia, ello fue posible, inicialmente, gracias a la alianza entre distintas corrientes nacionalistas—entre ellas las dirigidas por Hitler—para liquidar el régimen constitucional. En el caso español, las reivindicaciones autonómicas de los nacionalismos periféricos aumentaron los frentes de conflicto de la II República, debilitando a la joven democracia y confirmando los temores de sus enemigos de que España se encaminaba hacia su desintegración. En la Francia del Frente Popular, el surgimiento de un nacionalismo de masas con tintes fascistas no logró sellar las grietas producidas por las desavenencias entre las distintas vertientes que convivían en su seno. La derrota de 1940 les abrió las puertas del Estado, pero al precio de la colaboración con el enemigo alemán.
TEMAS
20 - 27 de septiembre: Antipolítica y nación en el fin de siglo
4 - 11 de octubre: Mitos de una nueva religión
18 de octubre: Sincretismos y confluencias
1 de noviembre: La escuela de la guerra
8 - 15 de noviembre: La nación contra el Estado
22 - 29 de noviembre, 6 de diciembre: Reuniones de seguimiento de proyectos
Informes:
Posgrado en Historia
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5169-7153