Instituto Di Tella

La vocación filantrópica del Ing. Torcuato Di Tella y su concepción de la empresa “como algo más que una actividad lucrativa” inspiraron a sus hijos Guido y Torcuato a instaurar, en 1958, la Fundación Torcuato Di Tella y el Instituto de igual nombre, en homenaje a la memoria de su padre.

El Instituto fue creado con la misión de “promover el estudio y la investigación de alto nivel, en cuanto atañe al desarrollo científico, cultural y artístico del país, sin perder de vista el contexto latinoamericano donde está ubicada Argentina”. Financiado por la Fundación y el apoyo de organismos nacionales y extranjeros, la entidad cristalizaba sus actividades a través de diez centros de investigación especializados en distintas temáticas, tales como artes, economía, ciencias sociales y urbanismo.

Al tiempo, “el Di Tella” se convirtió en un hito cultural, un centro de diseminación e investigación de ideas de avanzada, con un ambiente genuinamente plural. Contribuyó a la formación de varias generaciones de artistas, profesionales y académicos de destacada actuación nacional e internacional como Marta Minujín, León Ferrari, Antonio Berni, Antonio Seguí, Edgardo Giménez, Juan Carlos Distéfano, Jorge de la Vega, Julio Le Parc, Dalila Puzzovio, Luis Wells y Gyula Kosice (artes plásticas y pintura), Gerardo Gandini y Les Luthiers (música), Tulio Halperin Donghi y Ezequiel Gallo (historia), Héctor Diéguez y Rolf Mantel (economía), Clorindo Testa (arquitectura), Natalio Botana (ciencia política) y Juan Carlos Torre (sociología).

A fines de los años sesenta, por diversos motivos, se dificultó su continuidad y varios centros debieron cerrar sus puertas. No obstante, el Instituto Torcuato Di Tella mantuvo su independencia intelectual. Actualmente, continúa produciendo conocimiento a través de los centros de investigación en economía y ciencias sociales.

El Instituto es famoso por su Centro de Artes Visuales (1963-1969), una entidad que modificó para siempre la percepción de los fenómenos artísticos en la Argentina. Su director, Jorge Romero Brest (1905-1989), una de las máximas autoridades nacionales en materia de arte, fue responsable del centro experimental que, con el tiempo, se convirtió no solo en sinónimo de vanguardia y provocación, sino en uno de los mitos más emblemáticos de los años sesenta. Romero Brest encarnó  como pocos el característico espíritu ditelliano de vivir con “ese grado correcto de inconformismo creativo”.