UTDT Prensa Área de Educación listado_prensa.php?id_item_menu=5420 Universidad Torcuato Di Tella es mgregori@utdt.edu (Marcos Gregori) web@utdt.edu (Roby Heymann) Universidad Torcuato Di Tella 2026 Prensa Área de Educación listado_prensa.php?id_item_menu=5420 http://www.utdt.edu/Images/logo_rss_blanco.gif 144 21 Todas las universidades argentinas caen en un ranking global por el retroceso de la investigación | Clarín 01 Jun 2026 11:02:55 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23402&id_item_menu=5420 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23402&id_item_menu=5420

Estudiantes de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), una de las siete argentinas que están entre las 2.000 mejores del mundo. Foto: Archivo 

Muchos se preguntaban qué efectos podía tener la muy fuerte caída en los presupuestos de educación y ciencia de los últimos años. Algunas pistas se pueden empezar a ver en los resultados del último ranking global sobre universidades que se conoce este lunes y que muestra que todas las universidades argentinas cayeron con respecto al año pasado.

Se trata de la clasificación CWUR, del Center for World University Rankings, con sede en Arabia Saudita, que es el único ranking que no usa estudios de percepción y toma solo datos duros, con el acento en la producción científica.

Siete universidades argentinas quedaron entre las 2.000 mejores del mundo en este ranking, pero todas ellas -incluida la UBA- perdieron posiciones.

Universidades argentinas que clasificaron en el ranking CWUR


Fuente: CWUR 

Infografía: Clarín

Los autores de este estudio -uno de los más observados en rankings universitarios- atribuyen el retroceso al menor desempeño en investigación producido por “años de financiamiento insuficiente y la desvalorización de la ciencia y la educación como bienes públicos”.


Investigadores en un centro científico de la UBA. Foto: UBA

Así se lo dijo a Clarín el presidente del CWUR, Nadim Mahassen, quien agregó que “para mejorar la competitividad de las universidades argentinas, el Gobierno debería aumentar el financiamiento de largo plazo destinado a la investigación y la innovación, e implementar políticas que reduzcan la fuga de cerebros mediante la atracción y retención de talentos de primer nivel."

Los números del ajuste

El contexto es, efectivamente, el de una muy fuerte caída en la inversión en educación y ciencia. Entre 2023 y 2025 el presupuesto ejecutado a nivel nacional en Educación y Cultura cayó 47,7% en términos reales y la caída proyectada para 2026 -si sigue sin cumplirse la Ley de Financiamiento y no se hace un nuevo recorte- es de 54,4%. En Ciencia, la caída fue de 45% entre 2023 y 2025 y se proyecta que sea de 55,7% en 2026.

El ajuste en estas áreas es mucho mayor al de la Administración Pública Nacional en promedio, que registra una caída de 28,8% entre 2023 y 2025 y proyecta que sea de 36,5% al terminar 2026, señala a Clarín Javier Curcio, economista e investigador de la UBA y el CONICET.

Caída de la inversión

En Educación y Ciencia, más pronunciada que el promedio del Estado nacional.


Fuente: Javier Curcio, economista e investigador de la UBA y el CONICET.

Infografía: Clarín


En tanto, la inversión que llega a las universidades desde la Secretaría de Educación -para funcionamiento, salarios, investigación y hospitales universitarios -es la más baja de los últimos 20 años.

Presupuesto de educación superior

Ejecutado en cada año en universidades, investigación y hospitales universitarios.


Fuente: Javier Curcio, economista e investigador de la UBA y el CONICET.

Infografía: Clarín

“Creo que, efectivamente, hay una relación directa entre la caída en la posición relativa en este ranking y el financiamiento”, dijo Curcio a Clarín, aunque relativizó los estándares que usan los rankings universitarios internacionales en general.


La UBA denunció este año que peligra la atención en sus hospitales universitarios. Foto Martín Quintana

El experto subrayó que “es extraño que la universidad siga funcionando con estos niveles de ajuste. A la corta o larga vamos a una situación de reacomodamiento y no sé de qué manera”, dijo.

Curcio agregó que “la caída en el ranking también se puede explicar porque seguimos demorando reformas que necesitamos, que son urgentes, pero que, con este ajuste, son imposibles de encarar. Esto nos condena de alguna manera al subdesarrollo”.

Misión imposible

Los autores del ranking CWUR evaluaron 21.291 universidades de 95 países. El puntaje se obtiene de cuatro parámetros: educación (25%), empleabilidad (25%), cuerpo docente (10%) e investigación (40%).

Como ya es costumbre, el primer puesto de este como otros rankings volvió a quedar en manos de la Universidad de Harvard (Estados Unidos), a la que le asignaron 100 puntos. A partir de esa vara y en función de los resultados obtenidos, los autores del estudio determinaron el puntaje de las otras universidades. En el “top five” quedaron el Massachusetts Institute of Technology (MIT), Stanford, Cambridge y Oxford, en este orden.

Top 20 en el ranking CWUR de universidades

La mejor ubicada de América Latina es la Universidad de São Paulo, de Brasil (puesto 119). La UBA quedó sexta en la región (puesto 423).

Investigador de la Universidad Di Tella, Marcelo Rabossi es especialista en educación superior y le dijo a Clarín que “para comprender la caída de las universidades argentinas en el ranking CWUR, ante todo hay que tomar en cuenta que la función de investigación representa el 40% del puntaje final”, en este ranking.

“A diferencia de otras mediciones, CWUR no se basa en encuestas de percepción, sino en datos duros que correlacionan negativamente con el modelo adoptado por las instituciones nacionales. Mientras el sistema argentino está diseñado pensando en la inclusión masiva de alumnos, las universidades que lideran las primeras posiciones son de carácter fuertemente selectivo y de investigación. Las nuestras son con investigación, no de investigación. La diferencia es sustantiva y hace que escalar, aunque sea para que se posicionen dentro de las primeras 200, sea una misión casi imposible”, señala el especialista.

Retroceso de larga data

Rabossi agrega que “esta asimetría de modelo se profundiza aún más al analizar los recursos con los que las nacionales cuentan. Actualmente, casi el 90% del presupuesto de las universidades públicas argentinas se destina al pago de salarios, dejando apenas un 10% para distribuir entre gastos de capital, infraestructura, mantenimiento e investigación".

"Por ejemplo, las 72 universidades nacionales invierten en investigación y desarrollo el equivalente a unos U$S 1.400 millones anuales, mientras que solo la Universidad de Pennsylvania (EE. UU.), 7ma. en el ranking, que tiene 29.000 alumnos entre grado y posgrado (menos estudiantes que la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA), maneja un presupuesto de U$S 1.700 millones solo para investigar”, dice Rabossi, que es licenciado en Economía y doctor en educación.


Un investigador en el Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (INRAD) de CONICET-UNRN

Otro dato que juega en contra de la Argentina es la muy baja proporción de docentes con dedicación exclusiva -alrededor del 10% en contraste con el 75% a 90% que exhiben las instituciones líderes en el plano internacional-, y que hace que “intrínsecamente la función de investigación no sea prioritaria, más allá de la voluntad de los buenos investigadores con los que contamos”, dice Rabossi.

Pero señala que “la caída en la producción de conocimiento no es una particularidad que haya comenzado con la era de Milei, más allá de que las actuales políticas, si se sostienen, terminarán agravando la situación de nuestra producción científica”.


Marcha Universitaria de este año por la Ley de Financiamiento Universitario. Foto Federico Lopez Claro

“Lo que nos sucede es el resultado de un retroceso estructural de larga data. Por ejemplo, a mediados de la década de 1990 en América Latina, Argentina ocupaba el tercer lugar en la producción de papers científicos, ubicada solo detrás de Brasil y México. Para 2024, el país cae al quinto lugar, superado también por Chile y Colombia”, dice.

“Si bien durante los gobiernos de los Kirchner se registró un aumento en la cantidad de fondos distribuidos al sistema de ciencia, gran parte de la asignación de esos recursos careció de un enfoque estratégico y/o se limitó a informes con muy bajo impacto internacional”, señala.

El ranking

Con sede en Arabia Saudita, la consultora CWUR comenzó a hacer su ranking en 2012. Al principio informaban sobre las mejores cien universidades, desde 2014 las primeras mil. Ahora ya son las primeras 2.000.

Además de CWUR, hay otras organizaciones que hacen rankings globales, como QS o Times (inglesas) o Shanghai (China). Muchos expertos relativizan estos resultados. Señalan que difieren tanto metodológicamente que es muy difícil tomarlos como parámetros únicos de calidad, pero de todos modos son muy observados a nivel internacional.

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Marcelo Rabossi: "Países como Chile y Brasil son los más exitosos en cuanto a la capacidad de ofrecer universidades públicas de gran calidad" | Radio Con Vos FM 89.9 30 May 2026 09:58:27 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23401&id_item_menu=5420 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23401&id_item_menu=5420 Marcelo Rabossi, profesor de las Especializaciones y Maestrías en Educación, fue entrevistado por Damián Juárez en el programa "Huevos revueltos", de Radio Con Vos, sobre el sistema universitario público argentino. 

"Nos vamos a concentrar en América Latina porque tiene características por población, por una cuestión social y educativa histórica, similitudes con Argentina, por el modelo. A mí siempre me gusta poner un poco lo histórico que hemos heredado en el siglo XIX de de Francia. Ahora, el 50 por 100 de los alumnos en promedio en América Latina es absorbido por el sector privado, o sea, van a algún tipo de institución de educación superior privada. Entonces, es el estado que se hace, entre comillas, cargo de la otra mitad. En Argentina, y en esto se asemeja al modelo uruguayo, la relación es 80/20, o sea, 8 de cada 10 va al sistema nacional, 20 por 100 va al sector privado. Luego tenés algunos países que esto es la inversa, por ejemplo, Chile y Brasil, y nombramos estos 2 porque son de los más exitosos en cuanto a la capacidad de ofrecer universidades públicas de gran calidad. Entonces, el primer punto es que tratan los países de diversificar la fuente de ingreso al del sector superior, o sea, están enviando la mitad como en promedio al sector privado. Eso se logra a partir de exámenes de ingreso y cupos en las universidades privadas. Básicamente, Chile lo que tiene es la prueba PAES, es la prueba de acceso a educación superior. El caso de Brasil tiene los exámenes de de de finalización de secundaria. A su vez, las universidades más de elite públicas tienen una prueba de de ingreso que se llama vestibular, entonces, ahí es donde restringen. Vos nombrabas el caso de medicina, que es muy particular. Vos sabés que hoy la Argentina tiene una gran cantidad de estudiantes extranjeros en las en las universidades o en las facultades de medicina, lideradas por Brasil, y más o menos los extranjeros en medicina rondan 4 de cada 10, lo que es un porcentaje significativo, dado que los extranjeros en universidades nacionales no es tanto como se dice, o sea, no llegan a a 5, 6 por 100, acá estamos hablando del 40 por 100 de medicina. Pero te doy un dato. Por ejemplo, las universidades de élite en Brasil, como nombraba Universidad de San Pablo, Universidad de Campiñas, la federal de Río de Janeiro, tienen exámenes para medicina puntualmente muy selectivos. Hablando con el exrector de Campiñas, Marcelo Nobel, me decía que se ingresan, de los que se postulan a medicina, 1 de cada 300, o sea, que es un es un sistema ultraselectivo", sostuvo el profesor. 

"Normalmente, el cupo se pone por la cuestión financiera, diversificar la fuente. Ahora, lo que tenés es que con ese cupo está, en general, sobrerepresentado los quintiles o el quintil de mayores ingresos. O sea, vos ponés un un cupo. Por ejemplo, en el caso el caso de Brasil es gratuito absoluto. Pero claro, los sectores menores ingresos, el primer quintil están subsubrepresentados. Ahora, en el caso de Chile, y a partir del gobierno de de de Bachelet se pasó una ley a partir de la cual, si vos pertenecés a los primeros 6 deciles, del ingreso, no estarías pagando, pero nuevamente con cupo. Lo que vos estás planteando, Damián, es lo que a veces se denomina el impuesto al graduado. O sea, una vez que vos finalizás, durante una cantidad de años, generalmente se hace contingente al ingreso. O sea, si vos estás en ese momento desempleado no pagás, si ganás 20M pesos o si ganás 5M los montos son distintos. Eso funciona en el caso de Uruguay. Acá se ha propuesto algunas veces, pero no ha tenido eco. En el caso de Brasil y Chile, como yo te decía, que mucha gente va al sector privado, el estado en general lo que hace es otorgarle algún tipo de beca o algún tipo de préstamos a tasa subsidiada, como para que pueda costearlo. Ahora, dicho esto, cuando vos ves los números, y entonces ahí está la cuestión, hoy estamos graduando muy pocos estudiantes o muy pocos profesionales. De hecho, más allá de la gratuidad, el examen y la libertad de ingresar sin ningún tipo de cupos o exámenes, también tiene como contracara un gran desgranamiento, una gran deserción en los primeros años, y puntualmente en el primer año. Para que tengan una idea, antes de finalizar el segundo cuatrimestre, 4 de los 10 que ingresaron, ingresan al sistema nacional, más o menos, por año, unos 500000. Bueno, arriba de 200000 se pierde antes de completar el segundo semestre del primer año", expresó Rabossi. 

La entrevista completa, acá:

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Lo que (no) dejó la cuarta marcha universitaria | Clarín 15 May 2026 09:48:43 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23372&id_item_menu=5420 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23372&id_item_menu=5420
Daniel Roldán 

Luego de la cuarta marcha por mayor presupuesto y cumplimiento efectivo de la Ley de Financiamiento Universitario, la sensación es clara: no estamos ganando la batalla. No solo la presupuestaria, sino la decisiva, la que planteé la necesidad de una reforma profunda a partir de un diálogo adulto entre los principales actores (universidad y gobierno).

Hoy, sin propuestas visibles y concretas, el sistema se encuentra atrapado en una inercia incapaz de sostener calidad, equidad ni proyección científica. El problema no es solo de dinero, es de diseño institucional, incentivos, gobernanza y ausencia de mecanismos que vinculen financiamiento con resultados.

El ingreso irrestricto funciona como un mecanismo de selección por abandono. Más del 40% de los estudiantes no supera el primer año mientras que la graduación efectiva es menor al 30%. Los sistemas masivos sin mecanismos de señalización vía examen de ingreso solo reproducen desigualdades (Bailey et al., 2015).

A esto se suma la fragilidad formativa con la que llegan los estudiantes. Más del 70% no alcanza niveles satisfactorios en matemática y cerca del 50% queda por debajo de lo esperado en lengua. Dado este punto de partida, el ingreso libre se convierte en un sueño que dura menos de un año para 4 de cada 10 estudiantes.

Al momento de establecerse la gratuidad (1949), habitaban el sistema público universitario menos de 5 estudiantes por cada 1.000 habitantes. Hoy, con 45, seguimos sin rediseñar un modelo académico pensado para una población y tecnologías de mediados del siglo XX. Por cuestiones históricas e ideológicas, evitamos incorporar al debate el rol a cumplir por el sector privado y el terciario no universitario, entidades que deberían actuar, como ocurre en la región, de manera complementaria a la universidad pública no como rivales de esta.

En Chile y Brasil, por ejemplo, más del 70% de la matrícula es privada. En ambos países el sector no estatal absorbe la mayor porción de la demanda -en parte financiada por crédito estudiantil a tasa subsidiada o pagos diferidos-, política que permite descomprimir la presión sobre las universidades públicas. Se liberan así fondos a ser invertidos en investigación y formación de capital humano de calidad. En Argentina, apenas alcanza el 20%, lo que hace que el financiamiento se comporte de manera procíclica y poco sostenible en el tiempo. En definitiva, mientras Chile logra invertir alrededor del 2% de su PIB en educación superior y Brasil se acerca al 1.4%, Argentina, sumado el sector privado, escasamente alcanza el 0.7%.

En lo referente al nivel terciario, Argentina no desarrolló un modelo de calidad y articulado con la universidad. Normalmente este sector -institutos técnicos, tecnológicos, carreras cortas- es utilizado para descomprimir la demanda universitaria mientras ofrece inserción laboral rápida y contacto con el territorio.

Como consecuencia, la universidad termina absorbiendo una demanda para la cual no ha sido diseñada, la que encontraría una mejor respuesta en estos institutos. Los estudios comparados evidencian que los países con terciarios robustos logran sistemas universitarios más sostenibles y eficientes en el tiempo (OECD, 2023). Asimismo, la diversidad intra e intersectorial mejora la eficiencia en la producción de capital humano en cantidad y calidad (Brunner & Miranda, 2016).

La inversión en ciencia y tecnología revela otra brecha desconcertante. Las universidades nacionales destinan solo entre el 5% y el 7% de su presupuesto al desarrollo de nuevos conocimientos, mientras que más del 90% se consume en salarios. En Brasil, UNICAMP destina entre 16% y 19% y la USP entre 15% y 20%. En Chile, las estatales invierten entre 12% y 15%; en Colombia, entre 8% y 10%. La literatura sobre modelos de investigación muestra que la inversión sostenida y una masa crítica de investigadores a tiempo completo sostenidos en el tiempo, son condiciones necesarias para producir ciencia competitiva, rasgo decisivo para el desarrollo de un país (Kwiek & Szymula, 2025)

En este aspecto, la universidad pública presenta una bajísima proporción de docentes con dedicación exclusiva, sólo alrededor del 10% de los cargos, lo que es un signo de debilidad (SPU, 2023). Como dijimos, los sistemas dominados por docentes de baja dedicación producen menos investigación y de menor impacto, pero a su vez ofrecen menor continuidad pedagógica, tutorías débiles con evidente deterioro de la calidad institucional (Kezar & Maxey, 2016).

En un país, como el nuestro, donde los estudiantes llegan con fragilidad formativa, sostener un sistema docente basado en una amplia mayoría de dedicaciones simples es renunciar a cualquier aspiración de calidad, tanto pedagógica como en lo que hace a la función de investigación.

Hoy, la discusión pública se centra en el monto del presupuesto, pero evita la pregunta central: ¿qué modelo de universidad queremos sostener? Sin reformas en el ingreso, regularidad, carrera docente, gobernanza, incentivos a la investigación, vinculación productiva, un terciario fuerte y un sector privado integrado, el aumento presupuestario -aún si se cumple la ley- no cambiará en demasía los resultados actuales.

Argentina no necesita elegir entre defender la universidad pública o reformarla. Necesita hacer ambas cosas al mismo tiempo. Las marchas expresan un reclamo legítimo, pero sin una agenda de transformación profunda que reúna al gobierno y a las universidades en una conversación seria, inevitablemente seguiremos perdiendo la batalla del desarrollo.


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Mariano Narodowski: "Es el único sistema universitario del mundo donde las universidades del Estado no tienen ningún mecanismo de selección" | otro medio 12 May 2026 10:02:15 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23370&id_item_menu=5420 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23370&id_item_menu=5420 Mariano Narodowski, director del Área de Educación UTDT y exministro de Educación de la CABA, fue entrevistado por Diego Sehinkman en el programa "After Office Now", de FM Now, sobre el sistema universitario público argentino. 

"Este asunto, así como está planteado, no tiene manera de resolverse. Porque el esquema de la organización de la universidad estatal en la Argentina hace mucho tiempo ya que se transita en una situación de precariedad y obsolescencia, no por el financiamiento solamente, sino por la propia forma de organizarse. Solo como ejemplo, es el único sistema universitario del mundo en donde las universidades del Estado no tienen ningún mecanismo de selección. Entran todos. Es más, tienen prohibido seleccionar alumnos. Tienen prohibido un examen de ingreso, una entrevista o cualquiera de las formas más modernas que hay ahora de seleccionar alumnos. Entonces, ya eso hace imposible financiar el ingreso infinito de cualquiera que se quiera inscribir. Y por el lado del gobierno, hay, por un lado, un tema de ajuste fiscal, y por otro lado, que el gobierno toma la decisión de no transferirle a las universidades el mismo nivel que tenían los salarios en el 2023, y por otro lado no genera ninguna clase de medida de incentivo, de regulación, para que las universidades cambien. Es decir, para que se modifique la situación. Entonces, es una situación de tensión entre dos polos irreductibles. Y el resultado, la verdad, es bastante esperable. Es decir, nadie va a dar el brazo a torcer. Ni las universidades van a generar una reorganización virtuosa del sistema, llevándolo a un mínimo estándar internacional. Y el gobierno tampoco da la sensación de que vaya a cambiar el rumbo del financiamiento, que la verdad que, en términos reales, descendió mucho", sostuvo el profesor. 

"A ver, hoy tenemos 2 millones de alumnos en el sistema universitario argentino. No hay presupuesto que alcance para 2 millones de estudiantes. No hay manera de hacerlo. Nosotros tenemos un 80% de los profesores de las universidades del Estado argentino que son, que tienen dedicación simple. Es decir, 10 o 12 horas por semana solamente. Eso es una anomalía. En cualquier sistema universitario del mundo, el 80% son dedicación exclusiva, de full time. Acá es dedicación simple. Y bueno, es lógico, porque para atender una escala de 2 millones de estudiantes no podés hacerlo con profesores de tiempo completo. No hay manera. Entonces, esos profesores hoy ganan 300.000 pesos. Es un profesor de dedicación simple. Los que ganan, ¿no? Porque hay muchos que no sabemos cuántos son que están ad honorem. Los que ganan, ganan 300.000 pesos. Suponete que le vas a duplicar el salario, que sería una cosa muy buena. Lo llevás a 600.000. Tampoco solucionás un problema. El problema no es el tema salarial. El problema es la propia forma de organización del sistema. Entonces, el problema es que el gobierno lo único que hace es bajar el presupuesto. Pero no opera sobre ninguno de los problemas reales que tiene el sistema universitario. El sistema universitario tampoco quiere autoevaluarse y decir qué es lo que podría cambiar. A mí me parece que la cuestión de las auditorías o de la supuesta corrupción, yo no digo que no exista. Sí, o seguramente sí, porque es Argentina. Pero ese no es el problema principal", expresó Narodowski.

"El primer examen de ingreso es una medida medio vieja ya. Hay algunos países que todavía tienen exámenes de ingreso. En general se fue cambiando a otras formas de selección. Exámenes finales del secundario, entrevistas, promedio del secundario, una mezcla de todo. Los alumnos tienen que presentar trabajos y se los evalúa cualquiera. Hay muchas maneras. También exámenes de ingreso. Eso sí, obviamente no hay ningún sistema universitario del mundo que no tenga algún mecanismo de selección. No existe, pero no existe en serio. Arancel, yo no estoy de acuerdo con el arancel. Yo creo que la universidad del Estado tiene que ser gratuita. Ahí hay algunas discusiones razonables. Por ejemplo, ¿por qué alguien que paga una escuela privada de 1.000 dólares por mes después le vamos a dar la educación universitaria, que es lo más caro, que es más caro que el secundario? ¿Por qué se la vamos a dejar gratis? Eso es un problema. Hay muchos problemas asociados a eso. Yo miro sistemas educativos como el argentino, que funcionan bien, como el modelo brasileño", indicó el profesor. 

"Básicamente, la reformulación del sistema universitario es agarrar cualquier sistema universitario del mundo que funcione y copiarlo. No inventemos nada, copiémoslo. Acá al lado del brasileño, que es un sistema universitario que empezó 80 años después del nuestro, que hoy claramente nos supera en términos de publicaciones, en términos de producción científica, en términos de patentes. Tiene un examen de ingreso muy antiguo, es el vestibular, pero Lula hizo una reforma muy buena, que es un examen final del secundario, que si los chicos que van a escuela pública y son pobres o afrodescendientes lo aprueban, tienen más oportunidad para entrar a una buena universidad del Estado. Ahora, la idea de que hay para todos, esto no es la secundaria o la primaria. En ningún lugar del mundo existe que hay universidad para todos. Vos me preguntarás, bueno, ¿y qué hacen los que no entran? Bueno, eso es una buena pregunta. Los distintos países dan respuestas a eso, con formación profesional, terciarios no universitarios. Hay muchas maneras de resolverlo, pero nosotros acá estamos en la típica disputa argentina, que es una disputa que no es para adelante. Es una discusión vieja que va a dar un resultado viejo, que no va a resolver absolutamente nada", sostuvo Narodowski. 

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Mariano Narodowski: “A la dirigencia política argentina no le importa la educación” | Infobae.com 11 May 2026 10:49:53 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23364&id_item_menu=5420 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23364&id_item_menu=5420 Mariano Narodowski piensa la educación desde hace años, desde hace más de cuatro décadas. Es educador, profesor en la Universidad Di Tella, fue ministro de Educación en la Ciudad de Buenos Aires y ha publicado una serie de libros que piensan la situación de la enseñanza en el país. El más famoso es El colapso educativo. Este fin de semana, Narodowski estuvo invitado en el auditorio de Ticmas en la Feria del Libro para dar un cierre al ciclo de charlas que se dieron en torno al aprendizaje, los programas que se ponen en marcha en distintas jurisdicciones, las propuestas desde la política pública, la apuesta por la alfabetización. Narodowski es un referente al que siempre es bueno volver y, de hecho, ha participado en estos encuentros de Ticmas desde bastante antes de la pandemia.

--En todo este tiempo, ¿se puede decir que ha mejorado la educación?

--La respuesta corta: no mejora. La respuesta un poco más extendida: en 2022 mostramos en un estudio que, de cada cien chicos que entraban en la escuela primaria, solo dieciséis terminaban la secundaria.

--Un estudio de Argentinos por la Educación.

--Sí, lo hicimos con Martín Nistal y Víctor Volman. Solo dieciséis terminaban en el tiempo correcto. O sea: no repetían o no abandonaban y volvían, y con los conocimientos mínimos que enseña la escuela. Al año siguiente fueron trece de cada cien. De cada 100 chicos que entran a una escuela en el primer grado, el 90% no termina en tiempo y forma. Por ahí termina un poco más tarde, por ahí termina un poco más tarde con buenos aprendizajes, pero lo que debiera ser correcto, es decir, lo que debiera ser el 80%, hoy es el 10%.

--¿Por qué?

--Por varios motivos. Algunos de carácter político y otros de carácter técnico-pedagógico. El de carácter político es que claramente a la dirigencia política argentina no le importa la educación. Como se decía antes: “no demuestra interés”.No digo que no haya gente que demuestre interés: la hay. Y además no solo de la política: la dirigencia argentina política, social, sindicatos, universidades, religiones. Pero no tienen un programa específico sobre lo que hay que hacer con la educación, no se interesan, y frente a estas cifras tremendas, como élite argentina no se los ve reaccionar. Siempre se remiten a Sarmiento: qué diría Sarmiento si le mostrasen esos datos. Después de toda la innovación que hizo él hace 140 años, nos corre con una escoba a todos. No reaccionan. Repito: hay políticos, empresarios, dirigentes sindicales, dirigentes sociales que reaccionan, pero no se juntan, no hacen masa crítica, no tienen un proyecto, no se ponen exigentes, no entienden, no estudian. La verdad es dramática.


Mariano Narodowski en el auditorio de Ticmas en la Feria del Libro

--Había una ministra de Educación que decía que si la sociedad no le pide a la política que se ocupe de la educación, la política no se va a ocupar de la educación.

--Es falso eso. En Argentina y en América Latina la educación mejoró porque las élites políticas, sociales, las dirigencias empresarias y sindicales estuvieron a la cabeza. Así funcionó siempre. Acá no va a haber una pueblada por la educación. Hay puebladas por la universidad, como está pasando ahora, porque los universitarios son de cierta clase social; la mayoría son de sectores medio para arriba. Tienen contacto con el poder, con los medios. Los que van a la escuela obligatoria pública son de sectores sociales de bajos recursos. No se movilizan por eso porque tienen otras prioridades, como, por ejemplo, llegar a fin de mes, alimentar a sus hijos, vestirse, tener una vivienda digna. En algún momento teníamos una esperanza de una gran movilización por la educación, yo la he tenido. Pero de ninguna manera es cierto eso, es una ilusión y es una coartada también: como si no fuera responsabilidad de la política. Los empresarios hacen lobby por las importaciones, por los impuestos, por los subsidios, ¿por qué no hacen lobby por la educación? Hay empresarios que sí se movilizan y sí se interesan e incluso aquí hacen lobby, pero no veo el mismo lobby por la educación que el que se ve para que suba o baje el dólar.

--¿Los planes de alfabetización no son una respuesta a una situación crítica?

--Sí, son una respuesta muy importante. Una respuesta que en parte surgió de la movilización popular...

--Fue a partir de una campaña de Argentinos por la Educación.

--Eso muestra que hay cosas que se pueden hacer. Pero: punto uno, cada provincia lo resuelve como puede y ya sabemos que los resultados no van a ser iguales, sobre todo por la capacidad técnica y la capacidad financiera de cada provincia. Punto dos, siguen siendo lo que nosotros llamamos políticas educativas por debajo del radar.

--¿Qué quiere decir?

--Bajo costo financiero, bajo costo político, bajo costo mediático: que pase por abajo del radar, que no produzca conflicto. Para decirlo en latín, que no haga quilombo. Para hacer lo que hay que hacer, hace falta una reforma mucho más importante. Que va a generar conflicto, porque así es la democracia. Y que se tiene que resolver como corresponde a una democracia: con diálogo, con conversación y eventualmente con votos. Y creo que la alfabetización es una buena política. El presidente Milei había hecho un pacto con los otros candidatos. Firmaron todos: Larreta, Grabois, Massa, Schiaretti. Milei lo está cumpliendo, es correcto. Está cumpliendo con su palabra, el Gobierno Nacional lo está haciendo bien. Pero todo por debajo del radar.No es un problema del gobierno, sino cómo está estructurado. Tal vez el proyecto de ley del Gobierno, que es el de libertad educativa, quiere dar un salto. No estoy juzgando todavía, no lo estoy evaluando. Pero ahí quiere dar un salto. Ojalá se pueda dar una buena conversación sobre eso.


(Infobae en Vivo)

--¿Es necesaria una reforma educativa?

--Sí, no, no sé. Es necesario que los funcionarios dejen de desconfiar de las escuelas, de los docentes y los directivos, y les brinden apoyo y recursos para que las decisiones principales las tomen ellos de acuerdo a la realidad de su comunidad. ¿Alguien me podría decir que los funcionarios de la educación en la Argentina saben más que los docentes? Yo creo que no. Yo los conozco a muchos; es más, yo fui uno. Hay mucha desconfianza. Hiperregulan todo lo que tiene que pasar en una escuela: desde prohibir el celular hasta cómo considerar las inasistencias de un alumno o si conviene calificar con números, con letras o con conceptos. Hay otra forma de hacer política educativa en América Latina. No estoy hablando de Suecia o Finlandia o Canadá; estoy hablando de países semejantes a nuestro. Cuando salieron unas pruebas de la Unesco en el 2019, Argentina había bajado del puesto segundo en 1996 al puesto 11 en 2019. El país que más se parecía a la Argentina, que estaba en el puesto 10, era El Salvador. El Salvador es un país muy pobre que tenía Maras, violencia, que tuvieron una dictadura mucho más larga y tuvieron 100.000 muertos --de los cuales 15.000 están desaparecidos--, tuvieron una guerra con Honduras por un partido de fútbol, tuvieron paramilitares. Antes de Bukele se hicieron cargo, hicieron lo que tenían que hacer, y están mejor. No estoy poniendo el ejemplo de Chile, el país más desarrollado en América Latina, ni Suecia, que es el país más justo del mundo. Estoy hablando de El Salvador.

--Cuando se publica un índice --ERCE, PISA--, en general te da un titular, la sociedad lo recibe con malestar y… ¿Se puede cambiar el malestar para llevarlo a la acción?

--En 2012 las pruebas PISA dieron una caída al Uruguay, el presidente Pepe Mujica echó al director de escuelas secundarias y puso a otro. Sí, se puede, por supuesto que se puede. Son las dirigencias las que se tienen que hacer cargo. No es un problema de la sociedad civil. ¿Cómo lo resuelve la gente? La gente sabe que las cosas están mal y entonces dice: “Voy a tratar de mandar a mi hijo a una escuela mejor”. Si viven en el conurbano, lo mandan a una escuela de la capital. Si viven en la capital, lo mandan a una escuela privada, una escuela parroquial. Si tienen unos mangos más, lo mandan a una escuela privada --suponiendo además que el precio es sinónimo de calidad, cosa que no es, pero no importa--. ¿Cómo lo resuelve la gente? Individualmente, privadamente. Está bien: qué otras herramientas tienen para resolverlo. La gente lo resuelve como puede, pero como puede no sale bien, ni siquiera para los sectores sociales de mayores recursos.

--Lo hemos hablado alguna vez con Guillermina Tiramonti: en términos absolutos, los estudiantes de la clase más pudiente también tenían peores resultados respecto de otros países.

--Cada vez que puedo, a la gente que manda a sus hijos a escuelas privadas importantes, yo le digo: “Ojo”. Porque, por ejemplo, en las pruebas PISA 2022, que son pruebas internacionales que se toman a chicos de 15 años en cien países, los más ricos de la Argentina tienen el mismo nivel educativo que los más pobres de Turquía y los más pobres de Vietnam. Turquía es un país de desarrollo parecido al argentino, Vietnam es como El Salvador. Los ricos de la Argentina tienen el mismo nivel que los pobres de un país pobre. Eso, claramente, es un problema político. No es un problema económico, no es un problema de recursos. Ni siquiera es un problema de formación de los docentes. No creo que los docentes vietnamitas o turcos sean mucho mejores que los argentinos. Es un problema de organización, de un nivel muy importante de desidia. Incluso pasa que, cuando algunas provincias o la Nación hacen cosas que están bien y dan buenos resultados --que a veces a mí no me gustan tanto, pero se ve que le pusieron cabeza--, quedan abajo del radar, nadie se entera, cambia el gobierno y cambian eso. El título de mi próximo libro es Un país que ya no enseña. Por supuesto que hay gente que enseña y por supuesto que hay gente que aprende.Yo soy profesor de la universidad. Recibo alumnos que son brillantes, nosotros los formamos muy bien. Tengo hijos en edad escolar y aprenden. Pero no me puedo guiar por mi situación personal, sino que miro el conjunto.

--¿Funciona el Consejo Federal de Educación?

--Tenés que definir “funciona”.

--Si hay acuerdos o articulaciones entre distritos. Yo veo que muchas jurisdicciones aprendieron del vecino y empezaron a llevar programas similares a la práctica.

--Sí, eso pasa. Aprender del vecino pasa. Que el Consejo Federal sea un ámbito de discusión muchas veces útil, también pasa. Que en algún punto haya algún tipo de coordinación entre provincias y gobierno nacional, pasa. El Consejo Federal de Educación es la reunión de cada ministro de Educación de todo el país. Nosotros tenemos veinticuatro provincias, veinticuatro sistemas educativos, veinticuatro ministros de Educación. Esos veinticuatro se juntan en una mesa y deciden cosas. ¿Cuál es el problema? Que a esos ministros de Educación que deciden cosas no los votó nadie. Y hay alta rotación.

–Como a ningún ministro.

--No, no. En realidad los que formalmente son votados, son los de Provincia de Buenos Aires, Entre Ríos y Neuquén, porque tienen el viejo esquema del Consejo de Educación que tiene que tener la aprobación del Senado. Pero siempre se aprueba el pliego. Entonces ninguno tiene los votos, ninguno paga costos por cómo levanta la mano o cómo decide. Es una especie de Senado donde representan a una provincia sin la convalidación de la legislatura provincial ni la convalidación del gobernador. Yo fui ministro de la Ciudad de Buenos Aires: cuando iba y decidía, no le preguntaba al Jefe de Gobierno si estaba bien lo que hacía. Eran decisiones que implicaban cambios en la política educativa de mi jurisdicción, en cuestiones económicas de mi jurisdicción. ¿A qué voy con eso? Que en términos estructurales eso no funciona porque, para funcionar en términos estructurales, los ministros tendrían que tener beneficios y costos cuando las cosas van bien y cuando las cosas van mal y tener involucrado al gobernador. Si es un ámbito de consenso general o de aprendizaje: fenómeno. Para una gran reforma, se necesita mucho más que eso.

--Te hago la última pregunta: ante la situación actual, ¿hay todavía razones para el optimismo?

--No quiero caretear, no soy de ese estilo. Yo soy una persona que todo el tiempo está pensando en estos temas. Tengo 45 años de antigüedad en la docencia. Empecé como maestro de escuela en Merlo, Provincia de Buenos Aires. Pasé por todos los niveles educativos, enseñé afuera. Ya no estoy para giladas.Ahora, en tanto educador que soy, siento que la Argentina tiene un enorme potencial. Hay mucho por hacer. Si me preguntás por dónde viene eso: lamentablemente o por suerte, tiene que venir una élite dirigente que lo piense de otra manera. Tal vez la élite está muy preocupada con la inflación, con el dólar. Tal vez esa sea su prioridad.Tal vez en algún momento eso se acomode. Mientras tanto, hay educadores que son fenomenales, que son Messi. El tema es que nosotros no podemos depender de los Messi de la educación. Yo vi ejemplos en algunas provincias --en Córdoba, en Mendoza, en Entre Ríos, en Río Negro: jurisdicciones de gobiernos distintos--. que están bien. Tienen que juntarse, tienen que generar masa crítica. Tenemos que dejar de lado el discurso de la corrección política, y pensar que porque todos los chicos quedan en la escuela y nadie abandona, con eso se garantiza el derecho a la educación. Hablemos de frente. Hablemos de verdad. Hace poco, el CIAS hizo un estudio que se llamaba “Escuelas Desbordadas”. Si están desbordadas, lo primero es contener. Ahora, con contener no alcanza. Hay que tener una visión prospectiva, interesante, que convoque a la gente. No sé si soy tan optimista como querías que lo fuera, pero: es la élite dirigente.

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Música electrónica y emancipación femenina | Diario Perfil 10 May 2026 13:58:23 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23363&id_item_menu=5420 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23363&id_item_menu=5420
Judith Butler. El género es una construcción performativa. | cedoc

S
e reconoce a Maddalena Casulana (c.1544-1590), compositora del renacimiento tardío, como la primera mujer que publicó un libro de composiciones bajo su propio nombre (Muñiz Rueda, 2025). Pionera en la defensa de la participación de ellas en las artes musicales, ha sido reivindicada como un referente del feminismo musical.

Aún así, el camino de la legitimación femenina sería sumamente áspero. Nannerl Mozart (1751-1829), hermana mayor de Wolfgang, fue reconocida en su infancia como prodigio del clavecín y el violín. No obstante, por el hecho de ser mujer, se le prohibió continuar con su carrera artística.

En el siglo XIX el Código Civil napoleónico sometía legalmente a la mujer francesa a la autoridad del marido (Lentz, 2020), cuestión que para muchas compositoras se convirtió en una condena al anonimato. Al respecto, singular es la situación vivida por Augusta Holmès (1847-1903), quien se vio obligada a registrar sus primeras canciones bajo el seudónimo de Hermann Zenta. Simular ser varón fue la estrategia para que su familia no descubriera que había elegido la música como proyecto de vida.

Surge en los 1920 la voz de Virginia Woolf y su crítica a las leyes patriarcales. Ahora el feminismo actúa como un poder alternativo que no solo resiste, sino que produce nuevas formas de legitimidad y organización social (Rosa Cobo, 2017). En la genealogía de la música electrónica, tal singularidad se manifestó a partir de mujeres que, desplazadas de los circuitos tradicionales, encontraron en la experimentación sonora un territorio de emancipación.

En una suerte de cambio de época, irrumpe Else Marie Pade (1924-2016). Su figura se agiganta a partir de enfrentar al nazismo repartiendo diarios clandestinos y fabricando bombas caseras. Es encarcelada y torturada. Impedida de continuar con su carrera de pianista, se convirtió -independiente del género- en la primera compositora de música electrónica de Dinamarca.

Cofundadora del Taller Radiofónico de la BBC (1958), la inglesa Daphne Oram (1925-2003) inició sus experimentos musicales manipulando ondas sonoras de manera gráfica. Al año siguiente funda su propio estudio donde desarrolló una tecnología -Oramics- consistente en dibujar formas y patrones sobre un rollo fotográfico de 35 mm. Dichos trazos serían interpretados por una máquina de creación propia, transformándolos en sonidos electrónicos. La creatividad femenina surge como otra forma de resistencia cultural (McRobbie, 1991), rasgo que contribuyó al desarrollo del género electrónico.

Dada su inmensa popularidad, una mención especial merece Wendy Carlos (1939). Nacida con el nombre de Walter, en Rhode Island, su transición de género en un contexto cuestionador puede leerse como un acto de empoderamiento. Judith Butler (1990) sostiene que el género no es una esencia fija, sino una construcción performativa que puede ser resignificada. En ese sentido, Carlos no solo abrió un espacio de autonomía identitaria, sino que trasladó dicha libertad a su práctica musical.

A los 14 años Wendy construyó una computadora casera por la cual ganó una beca en la Feria de Ciencias de Westinghouse para estudiantes secundarios. Su encuentro posterior con Robert Moog, con quien colaboró en el perfeccionamiento del sintetizador modular, fue decisivo. Como nadie, Carlos llevó las posibilidades sonoras del instrumento a un nivel inesperado en Switched-On Bach (1968). El disco vendió más de un millón de copias, ganó tres premios Grammy y se convirtió en el primer gran triunfo comercial de la música electrónica.

Evidenciar el rol femenino en esferas de vanguardia no es un gesto de corrección política, es reconocer que la experimentación sonora con medios electrónicos nació, en buena medida, gracias a mujeres impedidas de cohabitar otros espacios artísticos. Así, la música electrónica, territorio sin tradiciones de género heredadas, fue uno de los primeros lugares donde lograron avanzar la frontera y firmar con nombre propio.

*Doctor en Educación, profesor del área de educación de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella.

** Periodista especializado en música, productor radial y locutor nacional.

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Marcelo Rabossi: "Cualquier tipo de recorte que haya por parte del Estado tiene un impacto muy grande sobre los alumnos y las universidades" | La Once Diez AM 1110 07 May 2026 12:03:09 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23360&id_item_menu=5420 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23360&id_item_menu=5420 Marcelo Rabossi, profesor de las Especializaciones y Maestrías en Educación, fue entrevistado por Sergio Danishewsky en el programa "Primer Plano", de Radio La Once Diez, sobre el presupuesto universitario.

"En la mayoría de los países de América Latina, en general los presupuestos para educación universitaria superan el 1% o 1,5%, pero tienen una particularidad. Tienen un respaldo del sector privado, porque la mitad de los alumnos en el sistema de educación universitaria van al sector privado. En el caso de Argentina el Estado absorve 8 de cada 10 alumnos, o sea que se hace cargo de la educación universitaria de un porcentaje muchísimo mayor. Entonces, cualquier tipo de recorte que haya por parte del Estado tiene un impacto muy grande sobre los alumnos y sobre las universidades. La Argentina actualmente está con estos recortes que ha sufrido que son del 35% al 38%, reflejado puntualmente en la caída de los salarios que te están explicando un 70% u 80% del gasto total que hace el Estado. El salario debería recomponerse, como mínimo, en un 40%, pero el resto también aumentar significativamente todo lo que tenga que ver con infraestructura y sobre todo inversión en investigación y desarrollo, que también Argentina está invirtiendo muy poquito y es una debilidad muy grande porque sin inversión para formar capital humano vía universidad o desarrollo e investigación, el país está atrapado y sumido en una suerte de mediocridad y con baja capacidad de desarrollo. Para tener desarrollo se necesita una gran inversión que habría que casi duplicarla. El tema es el siguiente, de dónde sacás ese dinero en un gobierno que ha hecho del recorte, que se agradecen los equilibrios fiscales, pero que ha sido un recorte bastante poco racional y sobre todo en estas áreas estratégicas donde vos deberías protegerlas", sostuvo el profesor.

"Respecto de este Gobierno yo tengo dudas profundas que vaya a alterar esta tendencia a la baja. El Subsecretario de Educación Universitaria, Sergio Álvarez, llegó de alguna forma para hacer un recorte muy grande y castigar a las universidades. Él tiene un paper que escribió antes de ser nombrado por el gobierno de Milei donde denuncia el despilfarro que hacían las universidades, la poca transparencia en la rendición de cuentas, y si bien eso es cierto, también es cierto que ellos han elegido una especie de política confrontativa con la universidad como una suerte de castigo. En vez de sentarse a la mesa y tratar de discutir de manera racional, han optado por eso. Como las universidades son muy dependientes de los fondos del estado, porque no tienen diversificado el origen de fondos, entonces son muy vulnerables a cualquier política de recorte que haga el Estado. Entonces, discuimos, nos ponemos todos de acuerdo, sin educación no hay futuro, sin inversión en capital humano no va a haber desarrollo, sin embargo, acá hay un poco más, una suerte de ideología, una mirada en la cual se sospecha de la universidad, y la universidad queda absolutamente vulnerable. La universidad también debería sentarse y llevar alguna propuesta bastante más racional como para ver cómo se sale de la coyuntura y que no termine siendo tendencia o permanente como política educativa", expresó Rabossi. 

La entrevista completa: 

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Qué le pasa al cerebro cuando tiene que tomar decisiones de dinero: la psicología detrás de los gastos impulsivos | otro medio 04 May 2026 09:32:00 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23375&id_item_menu=5420 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23375&id_item_menu=5420

Detrás de una compra apurada no siempre hay descontrol; muchas veces intervienen mecanismos automáticos que empujan a buscar alivio, placer o gratificación inmediata.

Comprar algo que no estaba previsto, aprovechar una oferta relámpago o hacer clic en pagar para después arrepentirse no siempre responde a un problema de disciplina financiera. Muchas veces, detrás de esas decisiones financieras impulsivas hay procesos cerebrales automáticos que empujan hacia la gratificación inmediata antes de que intervenga una evaluación más racional.

Aunque solemos pensar que decidir sobre el dinero es un ejercicio frío y lógico, la evidencia de las neurociencias muestra otra cosa. Las decisiones económicas están atravesadas por emociones, sesgos cognitivos, atajos mentales y mecanismos de recompensa que operan muchas veces por debajo de la conciencia.

“Somos mucho más irracionales que racionales”, planteó Andrea Goldin, neurocientífica e investigadora del CONICET que trabaja en la Universidad Di Tella, en diálogo con POST, al explicar que gran parte de nuestras decisiones cotidianas provienen de respuestas automáticas. Con el dinero, según comentó, ocurre algo similar. Primero aparece el impulso y, solo si logramos frenar, entra en juego una evaluación más deliberada.

En ese punto, entender las decisiones financieras impulsivas permite analizar por qué el cerebro prioriza la gratificación inmediata antes que la evaluación racional.

Cuando el cerebro decide antes que la razón

Desde la neuropsicología, María Luján Naury, psicóloga especializada en neuropsicología y neurociencia, le comentó a POST que una compra impulsiva puede entenderse como un desequilibrio transitorio entre sistemas cerebrales que compiten entre sí.

Por un lado, se activa el sistema de recompensa, en particular el circuito dopaminérgico asociado a la anticipación de obtener algo deseado. Por otro lado, las funciones ejecutivas, vinculadas a la corteza prefrontal, intentan evaluar consecuencias, regular impulsos y sostener objetivos a largo plazo.

“El control inhibitorio no desaparece, pero queda disminuido frente a la intensidad de la señal de recompensa”, explicó Naury. Pero el impulso no actúa por sí solo. A ese funcionamiento cerebral se le suman sesgos y atajos mentales que también moldean la forma en que percibimos oportunidades y riesgos.

Cómo percibimos el valor

Uno de los aportes más interesantes de la economía conductual es haber demostrado que no decidimos según el valor absoluto de las cosas, sino según cómo las percibimos.

Goldin mencionó investigaciones clásicas que muestran que una persona puede hacer grandes esfuerzos para ahorrar una pequeña suma si representa una diferencia importante en términos relativos, pero no movería un dedo para ahorrar ese mismo monto en una compra mucho más costosa.

Ese tipo de comportamiento no es accidental. Responde a las heurísticas. Es decir, a los atajos mentales que el cerebro utiliza para ahorrar energía y decidir rápido. “El cerebro es muy costoso de sostener. Entonces encontró formas de economizar usando caminos prearmados para decidir”, explicó la investigadora.

Decisiones financieras impulsivas en el consumo digital

Esos atajos son útiles, pero también abren la puerta a sesgos que afectan el consumo. Uno de ellos es el anclaje, ese sesgo que hace que un precio inicial alto vuelva una oferta aparentemente irresistible, aunque no necesariamente lo sea. Otro es la aversión a la pérdida, en la que tendemos a actuar con urgencia para no perder una oportunidad, incluso si no necesitamos lo que compramos.

No es casual que mensajes como “últimas unidades”, “solo por hoy” o “quedan dos disponibles” funcionen. Activan ese miedo a quedarse afuera (el famoso FOMO) y empujan a tomar decisiones impulsivas. Estos estímulos refuerzan las decisiones financieras impulsivas, al reducir el tiempo de evaluación y aumentar la urgencia

Naury coincidió en que esos estímulos pueden intensificar un mecanismo ya activo. “Hoy mucho está diseñado para comprar sin pensar”, advirtió. En ese escenario, la recompensa inmediata convive con un entorno digital diseñado para eliminar cualquier fricción antes del clic.

Ese tipo de estímulos no aparece de manera aislada. También forma parte de un ecosistema de consumo que, en los últimos años, se volvió más veloz, más personalizado y con menos fricciones.

Un relevamiento de McKinsey sobre consumidores en Estados Unidos en 2026 advirtió que lo que se está transformando con rapidez es la forma en que las personas buscan información y toman decisiones de compra, cada vez más mediadas por herramientas como la inteligencia artificial. En la práctica, eso puede volver más veloz y más opaco el recorrido entre el deseo y el clic final.

Estrés, cansancio y decisiones financieras impulsivas

Si decidir con dinero ya implica una tensión entre impulso y control, esa dinámica puede volverse todavía más frágil bajo estrés. La fatiga mental o el cansancio afectan justamente los sistemas vinculados con la regulación y el juicio.

“Cuando una persona está bajo ansiedad, agotamiento o presión, el cerebro tiende a buscar un alivio inmediato”, dijo Naury. En esos casos, comprar puede funcionar como una estrategia de regulación emocional más que como una decisión económica.Por eso,  muchas compras impulsivas responden a una necesidad afectiva.

Goldin, por su parte, añadió que la impulsividad suele exacerbarse cuando no hay “resto cognitivo”. Si una persona está cansada, triste, enojada o con hambre, resulta más difícil poner ese “manto de racionalidad”, como lo llama, sobre una respuesta automática.

También por eso, muchas decisiones de consumo tomadas en momentos de agotamiento suelen parecer razonables en el instante y cuestionables después. “El arrepentimiento aparece cuando ese estado emocional baja y se recupera una evaluación más reflexiva”, remarcó Naury.

Pero el problema no termina cuando baja el cansancio ni cuando pasa el impulso. Incluso en estados de mayor calma, pueden intervenir otros sesgos que distorsionan la forma en que evaluamos nuestras decisiones.

La trampa de la sobreconfianza

Otro factor que puede empujar gastos impulsivos es la sobreconfianza. Goldin señaló que solemos creer que decidimos mejor de lo que realmente hacemos. Ese sesgo puede llevar a pensar que sabemos detectar oportunidades o “ganarle al sistema”, cuando muchas veces solo estamos racionalizando una reacción impulsiva.

A eso se le suma la memoria selectiva. “Nos acordamos de cuando la pegamos y tendemos a borrar todas las veces que nos equivocamos”, resumió. Ese mecanismo, además de manifestarse en inversiones o apuestas, también aparece en decisiones cotidianas de consumo. Ese fenómeno, combinado con recompensas inmediatas, puede reforzar patrones difíciles de detectar.

Cuando el gasto deja de ser ocasional

No toda compra emocional es problemática. Pero cuando el gasto se convierte en una respuesta recurrente ante el malestar, puede ser una señal de alerta.

Naury enfatizó que ciertos perfiles pueden presentar una mayor vulnerabilidad. En personas con ansiedad, por ejemplo, la compra puede funcionar como un alivio transitorio. El problema es que muchas veces se instala el siguiente ciclo:

  1. Malestar
  2. Compra
  3. Alivio momentáneo
  4. Culpa…
  5. Y nuevamente malestar

En personas con TDAH, en cambio, puede haber más dificultad para postergar la recompensa y mayor sensibilidad a estímulos atractivos.

En ambos casos, el punto no es la conducta de compra en sí, sino la función que cumple. “Más que centrarnos solo en la conducta, hay que entender para qué está funcionando esa compra”, planteó.

Goldin agregó que la historia personal también moldea cómo decidimos. Experiencias de escasez, inestabilidad o pérdida pueden intensificar la lógica del “más vale pájaro en mano”, favoreciendo elecciones orientadas al corto plazo. Eso también es psicología económica.

Cómo poner pausa antes de sacar la tarjeta

Si el impulso es automático, la solución no pasa solo por “tener más voluntad”. Ambas especialistas coincidieron en que la clave está en introducir pausas que permitan salir del piloto automático.

Una estrategia simple es la demora deliberada, como esperar 24 horas antes de concretar una compra no esencial. Puede parecer básico, pero tiene respaldo neurocognitivo. “Cuando baja la intensidad del impulso, los sistemas de control vuelven a participar con más claridad”, señaló Naury. Goldin propuso algo similar con otra imagen: “discutirlo con la almohada”.

También puede servir pensar la decisión en tercera persona. ¿Qué le recomendaría a un amigo si estuviera en mi lugar? Ese cambio de perspectiva suele introducir distancia y criterio.

Otra herramienta es aumentar la fricción. Quitar tarjetas guardadas, borrar apps de compras o sumar pasos antes de pagar obliga a interrumpir automatismos.

Naury suma otra estrategia llamada las tres P:

  • Parar
  • Pensar
  • Poner en palabras

Primero, hacer una pausa. Después, identificar qué emoción está presente. Y finalmente nombrarla. Parece mínimo, pero poner en palabras lo que sentimos puede reducir la reactividad emocional. Incluso una pausa con movimiento, como caminar o cambiar de ambiente, puede ayudar a regular el estado interno desde el que se toma la decisión. Porque, como resumió Naury, “cuando cambia el estado, cambia la decisión”.

Decidir mejor no es eliminar la emoción

La idea de que las buenas decisiones financieras deberían ser puramente racionales es, en parte, un mito. Las emociones, los sesgos y los atajos mentales son parte de cómo funciona el cerebro. La diferencia está en reconocer cuándo están tomando el volante.

Para Goldin, se trata de aprender a generar ese instante de pausa en el que puede entrar una evaluación más consciente. Naury coincidió y remarcó que el objetivo no es prohibir el impulso, sino equilibrarlo. Por eso, las decisiones financieras impulsivas requieren pausas, contexto y herramientas concretas.

Tal vez la herramienta más sofisticada esté en detenerse un momento antes de actuar, más que en pensar más. Porque a veces, entre el deseo y el clic, ese pequeño espacio es donde aparece una mejor decisión.

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Marcelo Rabossi: “En la Argentina, el gasto estatal en universidad pública es del 0,4 por ciento del PBI mientras que en Chile es del 0,8 por ciento” | La Nación 03 May 2026 10:19:51 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23344&id_item_menu=5420 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23344&id_item_menu=5420 Hoy, el gasto en universidad pública está entre 0,4 y 0,5 puntos del PBI. En Brasil, el gasto universitario del Estado está en torno al 0,7 del PBI, y la contribución privada suma algo más del 1 por ciento. En Chile, la contribución estatal representa un 0,8 por ciento, pero el 80 por ciento va a las universidades privadas, con lo que el gasto total en educación superior supera el 2 por ciento”, describe. “En la Argentina, el financiamiento al sistema universitario no llega al 1 por ciento del PBI, sumando aporte estatal y contribución privada, que es a través de los alumnos que van a la universidad privada”, compara. “La política universitaria del mileísmo es la confrontación”, afirma. “Busca romper cierta estructura burocrática que definen como de nichos o quioscos. El justificativo es la poca eficiencia que muestra la universidad y sobre todo, la baja transparencia”, sigue. “Es cierto lo que se plantea, pero desde ninguno de los dos frentes, ni la universidad ni la subsecretaría de Políticas Universitarias, se está haciendo algún tipo de diseño de política universitaria racional”, cuestiona.

“La dependencia del Estado nacional de las 66 universidades nacionales es casi absoluta. En promedio, el 80 u 85 por ciento de los fondos que reciben las universidades viene del Estado Nacional”, alerta. “La universidad pública absorbe el 80 por ciento de la cantidad de alumnos en el sistema y no cobra ningún tipo de arancel. En Chile y Brasil, el número es el inverso. El 80 por ciento está en el sector privado”, contrasta. “Para expandir la matrícula universitaria, tanto Brasil como Chile utilizaron el sector privado para descomprimir la presión que se genera desde un punto de vista fiscal”, agrega. “Las universidades públicas de Chile y Brasil reciben muy pocos alumnos porque tienen exámenes de ingreso muy selectivos y cuidan su posición de élite”, señala. “En cambio, la Argentina ha optado por un modelo más de inclusión y tiene desafíos al absorber esa gran cantidad de alumnos”, reflexiona y desarrolla: “Sumale que el país está estancado en la producción de riqueza y el aumento de ingresantes, que hoy es de 50 alumnos cada mil habitantes para un PBI que no ha crecido demasiado. Todo eso tensiona y genera problemas”. “Hoy Chile está produciendo la misma cantidad de graduados por año que la Argentina. Las universidades públicas argentinas están graduando alrededor de 100 mil graduados por año, más o menos la misma cantidad de graduados por año que Chile, que tiene la mitad de la población”, advierte, y agrega: “La eficiencia de la universidad chilena es el doble que la Argentina. En Brasil, en las universidades públicas de élite, los números también duplican a los de la Argentina”. “Pero si tomás el promedio de los sistemas en el mundo y excluís el primer año del CBC, que es un gran filtro, o excluís los distintos cursos propedéutico de otras universidades argentinas, la eficiencia de la universidad pública argentina en relación a la cantidad de graduados se asemeja bastante a los modelos internacionales”, aclara. “El sistema argentino tiene una selección endógena, una selección dentro del sistema, mientras que Chile y Brasil lo hacen a través de las pruebas PAES, la prueba de acceso a la educación superior en Chile, o el ENEM, que es la prueba de finalización del secundario de Brasil, que también tiene el vestibular, otro examen de ingreso a las universidades de élite. En esos casos se hace una selección exógena o por fuera del sistema”, explica. “El sistema argentino es ineficiente. Lo pongo en números: en la Argentina, se está sosteniendo una infraestructura para que ingresen alrededor de 500 mil alumnos por año a las universidades nacionales de los cuales 200 mil se pierden antes de que finalice el segundo cuatrimestre del primer año”, subraya. “El mercado reconoce mucho más a un alumno que hizo una carrera corta de dos años y la completó aunque sea en un terciario no universitario que a aquel que tiene dos años de universidad”, asegura. “Hay un problema de choque entre la calidad de alumno que envía el secundario y lo que recibe la universidad. Y la universidad no se apiada de sus alumnos como sí lo hizo el secundario”, sostiene. “Desde un punto de vista económico y de eficiencia es mejor la opción de una carrera corta en un terciario terminada que lo ilusorio de hacer un año en la universidad”, plantea. “Los estudios que analizan la tasa de retorno muestran que la rentabilidad medida en el salario por haber hecho el CBC es mayor que quien ni siquiera ingresó. Pero la rentabilidad es mucho mayor si se tiene una carrera completa en un terciario aunque desde un punto de vista de status, tontamente, están desprestigiados”, concluye.
 

Marcelo Rabossi, especialista en educación superior - Augusto Famulari

El destacado especialista en educación superior, Marcelo Rabossi, estuvo en La Repregunta. Rabossi es investigador y profesor en las maestrías de educación de la Universidad Di Tella, donde fue director del área de Educación de la Escuela de Gobierno. Fue investigador visitante en la State University of New York, Albany, en el área de economía de la educación y de administración y política comparada en educación superior. Es doctor en Educación por esa universidad.

Crece la tensión entre el Gobierno de Javier Milei y las universidades públicas: ¿hay una política universitaria mileísta? “Confrontación”, ¿el signo de la política universitaria de Capital Humano y el subsecretario Alejandro Alvarez? Gobierno y universidades, ¿la batalla más irracional? Universidades, deudas históricas de transparencia y eficiencia. Transparencia, ¿también está en la política universitaria nacional? Financiamiento, graduación, datos públicos: ¿el debate eterno? Argentina v Brasil: ¿hay modelos de universidad pública más eficientes? ¿Por qué el alumno que abandona pierde en el mercado ante el graduado de una carrera terciaria? Capital humano, ¿se estanca en la Argentina? Rabossi hizo su análisis.

Aquí, la entrevista completa

¿Cómo es la política universitaria mileísta? ¿Hay política universitaria mileísta?

-Quiero empezar por la coyuntura para después saltar a cuestiones estructurales ¿Cómo describiría la política universitaria que tiene el Gobierno de Javier Milei, que se diseña desde el Ministerio de Capital Humano? ¿Hay una política universitaria mileísta?

-Desde mi punto de vista, la política universitaria del mileísmo es la confrontación. No hay una línea de política universitaria muy clara. Lo que sí buscan es romper cierta estructura burocrática, una estructura de, tal como ellos la definen, de nichos o quioscos. Voy a usar esa palabra no tan académica. El justificativo es la poca eficiencia que muestra la universidad y sobre todo, la baja transparencia. Estoy hablando desde la mirada de la Subsecretaría de Educación Universitaria. 


Alejandro Álvarez, subsecretario de Políticas Universitarias

-A cargo de Alejandro Álvarez.

-Sí, a cargo de Alejandro Álvarez. Hay una especie de pelea, de encono. Alejandro Álvarez ya lo había manifestado en un paper que escribió antes de llegar a la Subsecretaría: ya se veía que iba a ser una política confrontativa. Por otro lado, la universidad reaccionó de una manera, para mí poco, racional. Todo terminó siendo, o sigue siendo, una especie de pelea casi callejera en donde ninguna de las dos partes está proponiendo algún plan de acción racional para hacer más eficiente y más transparente a la universidad y para que la universidad tenga realmente mejores resultados o mejores indicadores. Porque ése es uno de los problemas, que es cierto lo que se plantea, pero desde ninguno de los dos frentes, ni la universidad ni la Subsecretaría, se está haciendo algún tipo de diseño de política universitaria racional.

Una política racional para la universidad pública. ¿Cómo debería ser? Financiamiento, ¿el gran obstáculo?

-Me interesa ese punto. ¿Cuál sería una política universitaria racional? En la Argentina, la educación básica, el nivel inicial, es decir, el jardín de infantes, primaria y secundaria, están a cargo de las provincias en su financiamiento y en la definición de parte del diseño de esas políticas. La política universitaria depende directamente del Poder Ejecutivo nacional. ¿Qué componentes debería incluir una política universitaria que sea productiva?

-Hay muchos frentes a tener en cuenta. Está el frente de financiamiento. Como bien dijiste, Luciana, la dependencia del Estado nacional de las 66 universidades nacionales es casi absoluta. En promedio, el 80 u 85 por ciento de los fondos que reciben las universidades viene del Estado Nacional. O sea que el Estado nacional tiene capacidad de amenaza y de ejecución de este tipo de castigo y la universidad no tiene ninguna forma de contrarrestarla porque está estructurada sobre la base de ese financiamiento único. Por ejemplo, la capacidad para recaudar fondos propios es muy baja. Eso depende de cada universidad. En la UBA, la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA tiene mucho más capacidad que la Universidad Nacional de Entre Ríos, que tiene mucho menos capacidad.

Universidades públicas. ¿Podrían generar sus propios recursos?

-En ese aspecto, la capacidad de generar fondos propios aprovechando el capital intelectual y tecnológico que generan, ¿las universidades tienen un déficit? ¿Podrían apuntar a mejorar el grado de aprovechamiento social y económico de los saberes que generan?

-Sí, yo creo que sí. Por ejemplo, la Fundación 1821 de la UBA, formada por exalumnos que se dedican a recaudar fondos, es activa en una política de fundraising. Por supuesto que esa capacidad tiene un cierto límite, pero hay que pensar que, por año, se están recibiendo alrededor de 80 o 90 mil graduados, unos 100 mil en promedio, de la universidad nacional. Si se toman los graduados de los últimos diez años, se llega a un millón de graduados. Es un pool muy grande para poder conseguir fondos adicionales.

-Eso como fundraising. ¿Pero desde las universidades, generando servicios técnicos, de asesoramiento, de consultoría, o en una especie de asociación público privada, ¿es posible mejorar esa vía de ingreso de fondos?

-Sí, es posible, pero tiene un relativo límite. La Argentina importa mucha tecnología y entonces las universidades… Pongo un ejemplo: en Ciencias Exactas de la UBA, y puntualmente en Química, habían hecho una asociación para tratar de desarrollar un producto que reemplazara los diskettes. Cuando terminaron de desarrollarlo, por todo el proceso burocrático, ya había ingresado algo equivalente desde China a mitad de precio. Toda esa burocracia que se genera hace que la posibilidad de poder competir contra otras industrias mucho más ágiles resulte difícil. Pero se podría mejorar. Se podrían generar al menos entre un 10 o 12 por ciento y un 15 por ciento de los ingresos si se lo hace de una manera mucho más profesional. Pero la universidad nacional está un poco aletargada porque la dependencia de los fondos nacionales es muy grande y es histórica. Hay una especie de dependencia del pasado.

Argentina vs. Chile y Brasil. Universidad pública y financiamiento: ¿el Estado o los privados?

-El sistema universitario nacional que depende en un 85 por ciento de fondos que le adjudica el Poder Ejecutivo. Por ley, la educación universitaria es gratuita. Este modelo de financiamiento argentino, con la gratuidad absoluta al menos en las carreras de grado, ¿cómo se compara con el resto de países parecidos? Pienso en Chile, por ejemplo, o Brasil, con las diferencias que puede tener. ¿Cómo funcionan estos sistemas en relación al financiamiento?

-Es interesante la pregunta porque permite ver que la Argentina tiene una particularidad muy distintiva que solamente se asemeja al modelo uruguayo. La gratuidad es del año 1949, con pequeños cambios que hubo en algunos momentos, cuando se cobró un arancel medio simbólico. Pero hay dos cuestiones. Por un lado, las carreras de grado explican casi el 93 por ciento de la totalidad de masa de alumnos…

-Algo más de 2 millones de alumnos, 2.200.000 aproximadamente.

-O sea que la universidad pública absorbe el 80 por ciento de la cantidad de alumnos en el sistema y no cobra ningún tipo de arancel. Desde ese punto de vista, si lo comparás con Chile y con Brasil, el número es el inverso. El 80 por ciento está en el sector privado. Para expandirse, tanto Brasil como Chile utilizaron el sector privado para descomprimir la presión que se genera desde un punto de vista fiscal.

La Argentina vs. Chile y Brasil. ¿Universidad pública inclusiva pero ineficiente vs. de élite pero eficiente?

-¿En Brasil, el 80 por ciento de los alumnos estudia en el sector privado?

-Sí, estudia en el sector privado. Vos pusiste los ejemplos de Chile y de Brasil porque son dos modelos particulares y estrella en cuanto a la calidad de las universidades, sobre todo, de las universidades públicas. Pero por otro lado, y es la otra cuestión, las universidades públicas de esos países reciben muy pocos alumnos porque tienen exámenes de ingreso muy selectivos y cuidan su posición de élite. En cambio, la Argentina ha optado por un modelo más de inclusión y tiene desafíos al absorber esa gran cantidad de alumnos. Sumale, Luciana, que el país está estancado en la producción de riqueza. Tenemos el mismo PBI per cápita de los últimos quince años. Sumale la cantidad de alumnos que ingresó al sistema. Cuando se puso la gratuidad en 1949, había tres alumnos cada mil habitantes. Hoy ese número es de 50 alumnos cada mil para un PBI que no ha crecido demasiado. Todo eso tensiona y se genera este problema.

-Los sistemas de universidad pública de Chile y Brasil que, según usted señala, han privilegiado a la universidad pública como la nave insignia de la excelencia y de la producción de conocimiento, ¿cómo se financian?

-En el caso del modelo chileno, que es un modelo oneroso, cobra aranceles. Durante el gobierno de Bachelet se pasó una ley por la cual si pertenecés a los seis primeros deciles del ingreso, no pagás, pero no es automático porque tenés que dar un examen de ingreso. Los alumnos de esos primeros seis deciles están subrepresentados en la universidad. En el caso de Brasil es gratuidad absoluta, pero el sistema no es nacional, sino que es estadual. Cada uno de los estados financia y en general, los estados más ricos, como San Pablo, tienen las mejores universidades. San Pablo tiene la Universidad Estadual de Campinas, la Universidad de San Pablo, la Universidad Estadual Paulista, la Unesp. Tienen una mayor capacidad de contar con recursos. Te lo pongo en números, en términos del PBI, que es como normalmente se mira cómo se financia el sistema universitario. Hoy la Argentina está entre 0,4 y 0,5 puntos del PBI: son las transferencias que le hace el Estado nacional a las universidades nacionales, que explican el 85 por ciento de su financiamiento. En el caso de Brasil, el gasto universitario del Estado está en torno al 0,7 del PBI, y la contribución privada suma algo más del 1 por ciento. En el caso de Chile, la contribución estatal representa un 0,8 por ciento, pero en Chile, el 80 por ciento a las universidades privadas, con lo que el gasto total en educación superior supera el 2 por ciento. A su vez, gran parte de los que van a la universidad pública paga aranceles. Así llegás a casi dos puntos del producto. En la Argentina, el financiamiento al sistema universitario no llega al 1 por ciento del PBI aún sumando aporte estatal y contribución privada, que es a través de los alumnos que van a la universidad privada.


Marcha en defensa de la universidad pública y por aumento del presupuesto universitario, en Rosario - Marcelo Manera - LA NACION

-Y de eso, no deriva nada a la universidad pública.

-Sí, exactamente. La diferencia es que no tenés diversificada la cartera de inversión en educación universitaria en la Argentina versus Chile y Brasil.

Ingresantes v.s graduados. La Argentina vs. Chile y Brasil: ¿quién tiene mejores ratios?

-Muy interesante. Estamos hablando de problemas del siglo XX, de los grandes problemas que arrastra la discusión universitaria argentina: las fuentes de financiamiento y también su eficiencia en relación a la cantidad de egresados, el ratio ingresantes versus graduados. En el fondo, lo que usted señala es que hay una especie de tormenta perfecta cuando se conjuga la gratuidad absoluta y un financiamiento absoluto del Estado. Ese esquema se topa con una restricción cuando la economía no funciona, y en general, los Estados tienen enormes desafíos para poder financiar esa expansión tan extrema de matrícula universitaria y de derechos sociales, jubilaciones, por ejemplo, o gratuidad universitaria. En relación a la eficiencia de ingresantes versus graduados, ¿cómo se da esa comparación entre Argentina, Chile y Brasil?

-Cuando se mira el número crudo y defino “crudo” a los ingresantes versus la cantidad de egresados, lo que se denomina “eficiencia interna”, la Argentina es muy pobre en relación a lo que es Chile y Brasil. Estamos hablando del sistema público, de las universidades públicas.

-¿Qué quiere decir “pobre”? ¿Tiene algún número presente?

-Tengo algún número. En el caso de la Argentina, de cada diez que ingresan los que egresan no llegan a tres. Se pierden siete ingresantes.

-Estos es en promedio en todas las carreras.

-Sí. Cuatro de esos diez, se pierden antes de finalizar el segundo cuatrimestre. Y en Chile y Brasil, cuando tomás las universidades públicas, que son las elitistas, las tasas de graduación se duplican. Hoy Chile está produciendo la misma cantidad de graduados por año que la Argentina. Las universidades argentinas están graduando alrededor de 100 mil graduados por año, aparte de los graduados privados, que representa más o menos la misma cantidad de graduados por año que Chile, que tiene la mitad de la población. Desde el punto de vista de la eficiencia, la eficiencia de la universidad chilena es el doble que la Argentina. En el caso de Brasil, cuando tomás las universidades públicas de élite, los números también duplican los de la Argentina.


Sede del CBC Drago - NOELIA MARCIA GUEVARA / AFV

Universidad argentina y filtros ocultos: ¿la misma cantidad de graduados que Brasil y Chile?

-Hay un detalle que hay que aclarar: como bien lo explica usted, Brasil y Chile tienen una selección inicial de ingresantes muy contundente y sólo ingresan aquellos estudiantes que pueden sostener ese esfuerzo para finalmente graduarse. En la Argentina, la falta de examen de ingreso y de cualquier filtro al finalizar el secundario hace que ingresen quienes no necesariamente están totalmente decididos o listos para encarar el esfuerzo universitario. Entonces el ratio ingresantes/graduados está armado sobre distintos universos en cada país. Si por ejemplo, en la Universidad de Buenos Aires, contempla ese ratio de eficiencia excluido el CBC, el panorama cambia. Una cosa es el ratio de ingresantes al CBC que termina la carrera, que es muy bajo. Otra cosa es el ratio pasado el primer año del CBC, que funciona como filtro, con los que quedan en el primer año efectivo de carrera post CBC y se gradúan. ¿Ese ratio ingresante/graduado se equipara mucho al de Brasil?

-Sí, totalmente. Y se compara en promedio no con las universidades de élite como las Ivy League, por ejemplo Harvard, que tiene una tasa de graduación del 95 por ciento. Pero si tomás el promedio de los sistemas en el mundo y sacás ese primer año del CBC que es el gran filtro o de los distintos cursos propedéuticos que tengan las otras universidades, la eficiencia en la cantidad de graduados se asemeja bastante a los modelos internacionales.

CBC y otras variantes de filtros ocultos: ¿una inversión irracional de la universidad pública?

-Se puede sacar una conclusión: que uno de los desafíos de la universidad argentina es que está invirtiendo recursos en estudiantes que no están listos para encarar esa carrera o que eventualmente no están realmente enfocados en hacerlo.

-Sí, definitivamente. El sistema argentino tiene una selección endógena, una selección dentro del sistema, mientras que Chile y Brasil lo hacen a través de las pruebas PAES, la prueba de acceso a la educación superior en Chile, o el ENEM, que es la prueba de finalización del secundario de Brasil, que también tiene el vestibular, otro examen de ingreso a las universidades de élite. En esos casos se hace una selección exógena o por fuera del sistema. En ese punto, el sistema argentino es ineficiente. Lo pongo en números: en la Argentina, se está sosteniendo una infraestructura para que ingresen alrededor de 500 mil alumnos por año a las universidades nacionales de los cuales 200 mil se pierden antes de que finalice el segundo cuatrimestre del primer año.

-Volvamos a aclarar: con “primer año” se refiere al CBC, por ejemplo.

-O a los cursos propedéuticos que sean. Se está creando una infraestructura que se termina desperdiciando. El problema del secundario es que los alumnos llegan y pasan. Se aumentó mucho la tasa de graduación del secundario inclusive en los en los primeros quintiles, donde la terminación del secundario pasó en diez años del 40 por ciento entre los alumnos de más bajos recursos al 60 por ciento. Pero eso fue una política laxa: pasan sin los saberes y sin los conocimientos. Hay un problema de articulación, un problema de choque entre la calidad de alumno que envía el secundario y lo que recibe la universidad. Y la universidad no se apiada de sus alumnos como sí lo hizo el secundario.

Universidad pública argentina: ¿una ficción de igualdad e inclusión?

-Ese dato dispara una pregunta. Hay una especie de ficción o de promesa ilusoria de inclusión universitaria cuando el sistema educativo tiene tantos problemas que no le puede garantizar conocimientos básicos a los egresados del secundario como para ingresar a la universidad y graduarse exitosamente. ¿La gratuidad y el acceso irrestricto en realidad es una ilusión vana?

-Sí, exactamente, es una ilusión, es crear una especie de ficción. Se puede discutir si un año o dos años de universidad es mejor que no tener nada: creo que sí, pero se podría hacer un sistema mucho más eficiente. Inclusive el mercado paga mucho más por otro tipo de sistema. Hay un trabajo del Banco Mundial muy interesante sobre las carreras cortas. El mercado reconoce mucho más a un alumno que hizo una carrera corta de dos años y la completó aunque sea en un terciario no universitario que a aquel que tiene dos años de universidad. El retorno privado por haber completado la carrera, aunque sea corta, paga. Ir a la universidad otorga algún tipo de conocimientos y hay modelos que explican que hay una especie de traslado intergeneracional: si tu papá hizo un año de universidad, la descendencia, los hijos tienen una mayor propensión a ir a la universidad. Pero desde un punto de vista económico y de eficiencia es mejor la opción de una carrera corta en un terciario terminada que lo ilusorio de hacer un año en la universidad, que desde un punto de vista del mercado, no te lo paga tanto.

CBC y abandono vs. carreras terciarias cortas. ¿Qué premia el mercado?

-Es interesante porque uno de los argumentos que se suelen dar, y lo he hablado con rectores de la UBA de otras gestiones, es que el valor agregado que aporta haber cursado el CBC aunque quedes afuera ya es una experiencia académica que esa persona se lleva para toda su vida. Usted está planteando las limitaciones que tiene esa opción a los ojos del mercado laboral: no es una buena señal haber hecho solo el CBC total o parcialmente y abandonar y, en cambio, es una buena señal terminar una tecnicatura más corta.

-Sí, totalmente. Los estudios que analizan la tasa de retorno, o sea, la rentabilidad medida en el salario por haber hecho el CBC es mayor que quien ni siquiera ingresó. Pero la rentabilidad es mucho mayor si se tiene una carrera completa en un terciario aunque desde un punto de vista de status, tontamente, están desprestigiados.

Universidad y transparencia. ¿Una deuda de los gobiernos y de las universidades?

-A la política universitaria mileísta, usted la definió muy claramente: confrontación sin una profundización interesante de los desafíos. Señala los déficit que tiene la universidad, pero se los usa como munición en una batalla cultural. Sobre las universidades públicas, hay una percepción bastante compartida en la sociedad de falta de transparencia de las grandes universidades no sólo en relación a los indicadores, sino también en relación al manejo de los recursos. Quiero ir a una pregunta sobre una vaca sagrada del sistema universitario argentino: la autonomía universitaria, que hace que las universidades además sean autárquicas. ¿Cómo puede mejorarse ese diálogo entre las universidades y la sociedad, entre las universidades con su autonomía y el Poder Ejecutivo y sus políticas públicas, para que los datos estén expuestos? Me refiero a datos estadísticos en serio, de graduación, de ingreso de estudiantes, de tasas de eficiencia, de cantidad de docentes por alumno. Estamos en la era de la inteligencia artificial: si esos indicadores no se ponen sobre la mesa, ¿es porque no se quieren poner?

-No sé si no se quieren poner sobre la mesa o es una cuestión burocrática o una inercia, pero es exactamente lo que vos decís. La autonomía universitaria se ganó a partir de la famosa reforma de Córdoba de 1918: es algo saldado. Es importante porque antes el rector era elegido por el Poder Ejecutivo; para nombrar docentes, la universidad tenía que enviarle terna al Ejecutivo, que tenía la última palabra en la elección de los docentes. A partir de 1918, la universidad tiene esa autonomía. Ahora, voy a decir algo provocador: si esa autonomía es ejercida de manera exagerada o muy fuerte, una entidad pública comienza a tener rasgos cuasi privados; se habla a sí misma de cara a la sociedad.

Universidades. ¿Gastos opacos?

-Pero las entidades privadas tienen sistemas de transparencia de sus balances, por ejemplo. En cambio, nunca se sabe bien cómo las universidades públicas están manejando los fondos, cómo los distribuyen, cuánto ganan los directivos, con qué recursos extra cuentan; se habla mucho de los choferes que tienen los rectores, por ejemplo.

-No me quiero meter con esas cuestiones porque no tengo esos datos. Pero es cierto que en la sociedad existe ese rumor y esa especie de creencia.

-Si el rumor es falso, la transparencia permitiría que ese rumor no exista.

-La transparencia permitiría evitarlo o quitarlo del imaginario con datos concretos. Por estatuto interno, que varía por cada universidad, la universidad pública nacional tiene que realizar censos de docentes y de alumnos cada tres años o cada cinco años según cada universidad. Cuando los investigadores queremos acceder a esos datos, es muy raro encontrarlos. Hay censos de hace diez o quince años que a nosotros, como investigadores, también nos complica.

“Fuga” de docentes universitarios. ¿Es real o está basado en datos parciales?

-La semana pasada hubo una disputa en X entre el subsecretario Álvarez y algunos docentes de universidades nacionales que planteaban que, por las condiciones salariales, había una fuga de docentes. Recordemos que los docentes tienen la mayor caída del salario real respecto de noviembre de 2023, cerca de un 38 por ciento a esta altura, contra una caída del 20 por ciento del salario real de los empleados públicos y un 5 por ciento de los privados. Álvarez mostraba datos oficiales con los que cuenta la Subsecretaría y sostuvo que en realidad algunas facultades y universidades están sumando profesores, no restando. ¿Esa falta de transparencia de los datos genera ese tipo de confusión?

-Sí. No sé si llamarla “fuga”, pero hay ciertos docentes investigadores que han sido tentados, sobre todo cuando son de la élite. Se van al sector privado o, por ejemplo, a las universidades de Brasil o Chile. Pero lo que no hay es un éxodo masivo.


Paro docente Universitario; afiche en la Facultad de Ciencias Sociales - Nicolás Suárez

Transparencia estadística y universidades. ¿Avanzó o no el Gobierno con las auditorías?

-¿Desde la subsecretaría de Políticas Universitaria y desde las universidades hay una deuda pendiente en relación a la transparencia de los datos y a la frecuencia con la que se recoge?

-Sí, absolutamente. Cuando intentás ingresar a los sistemas de información para ver los balances de las universidades, los activos y los pasivos, no tenés acceso. Y he visto balances que son una fotocopia mal hecha, medio sesgada, donde tenés que adivinar la columna de activos y pasivos y patrimonio neto, y además tienen diez o quince años. Si querés hacer investigación de ese tipo, te tenés que ir a Brasil o a Chile, y por supuesto a Estados Unidos o países de Europa.

-¿La Subsecretaría de Políticas Universitarias no avanzó con las famosas auditorías? Si usted quiere acceder a datos duros precisos de la Subsecretaría, ¿es posible obtenerlos como investigador?

-No hay datos. Se mejoró un poco la información, pero no es la información que realmente uno estaría esperando recibir.

Universidad del futuro. ¿Cómo recuperar su sentido? ¿Por qué el título universitario ya no garantiza empleo?

-Última cuestión: pasemos del siglo XX al futuro. La inteligencia artificial lo está transformando todo, también la discusión sobre el rol de las universidades y de las carreras cortas. Usted señaló el valor de las carreras cortas como nueva manera de insertarse en el mercado y adaptarse continuamente. ¿Cuál es la discusión central en relación al sentido de las universidades de aquí en adelante en el mundo o en la región?

-Es una excelente pregunta. En general, se está observando una especie de desgano de los jóvenes de ingresar a la universidad en carreras largas. Por ejemplo, en Estados Unidos, Deloitte and Touche hizo una encuesta hace muy poco y lo que se observa es una preferencia por carreras cortas, por carreras de dos años con mayor salida laboral. O sea, utilizar la universidad o las instituciones de educación superior para eso. Va a comenzar una especie de competencia con el sistema informal de educación, con empresas o instituciones que se dedican a capacitarte. Puede ser Microsoft, empresas tecnológicas que van a dar cursos cortos. El mercado empieza a creer en esas credenciales. La universidad está quedando relativamente obsoleta, y no solamente en relación a los planes de estudios largos, aunque se está tratando de acortar la duración. En Chile pasa lo mismo. No es que la universidad se está desacreditando, pero no hay tanta necesidad de hacer la universidad y esas carreras largas para conseguir un buen empleo.

-Hay algo de puja entre la hiperespecialización y la integralidad del saber: ¿un saber integral demasiado largo saca flexibilidad para estas adaptaciones impensadas que va a haber que hacer en el mundo laboral?

-Hay una formación universitaria muy orientada al mercado de trabajo. El modelo de universidad argentino es muy profesionalista. Es el famoso modelo continental que se importa de Francia. Con los cambios tecnológicos y el avance tecnológico día a día, muchos de esos conocimientos quedan obsoletos. Comienzan a ser reemplazados por la inteligencia artificial. ¿Cuál es el tipo de graduados que se necesita? Un graduado que se forme en lo que se llaman las “habilidades blandas”, la capacidad de liderazgo, armar equipos, hacer buenas preguntas, manejar bien el tiempo.

Capital humano argentino, ¿estancado? El futuro: ¿carreras universitarias más nano títulos?

-Pero a veces eso parece un poco blablá. Le planteo otra manera de ver el tema: ¿un estudiante que se quiere estudiante universitario debería construir cimientos cognitivos muy sólidos en saberes como matemática, por ejemplo, pero con carreras más razonables de cuatro años, y después obtener nanodegrees, nano títulos, para ir adaptándose a los cambios del mercado laboral que van a ser impredecibles? ¿Podría ser una manera de recuperar el sentido de la universidad?

-Sí, definitivamente. Hay que ir hacia eso. Cuando hablo de habilidades blandas, también digo que no solamente habilidades blandas: por supuesto deberías poder resolver, por lo menos, una regla de tres simple. Pero es cierto, hay que acortar las carreras de grado y comenzar una especialización muy puntual, sea a través de los posgrados, una especialización de un año y medio, una maestría de dos años o lo que vos estás planteando, los microcréditos, o sea, cursos de sesenta u ochenta horas. Hay que utilizar el sistema universitario como una especie de puerta giratoria: recibís una formación para poder desarrollar tu potencial de acuerdo a las necesidades del mercado. Hoy hay que formar profesionales muy flexibles. Cuando las condiciones del mercado cambian por cambios tecnológicos, por avances en los procesos en las formas de hacer las cosas, volvés a la universidad, volvés a capacitarte durante seis meses, sesenta horas, un año, y volvés al mercado. Es el lifelong learning, la capacitación de por vida. Si no, seguimos con estas especies de mamuts de carreras que vienen de fines del siglo XIX, que están absolutamente obsoletas. La Argentina está produciendo la mitad de graduados universitarios, sea en carreras cortas, sea en carreras un poquito más largas, que los países OECD. O sea que el capital humano de la Argentina es muy bajo para una economía del conocimiento que ya es una realidad.

-El capital humano está estancado como tantas cosas en la Argentina.

-No sólo hay que pensar la cuestión de financiamiento. Hay que pensar de manera integral y que las dos partes, la política universitaria del Gobierno y la posición de las universidades, sean racionales y no se comporten como chicos caprichosos. Tienen que pensar en el futuro del país.

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La Universidad, entre la asfixia y la reconversión | Clarín 21 Abr 2026 09:49:38 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23318&id_item_menu=5420 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23318&id_item_menu=5420
Daniel Roldán

La asfixia presupuestaria que atraviesa a la Universidad Nacional no es solo un desacuerdo contable, es el síntoma de una crisis más profunda que surge de la falta de un proyecto educativo que articule autonomía universitaria y financiamiento racional, dentro de un plan que tome en cuenta las ventajas competitivas, actuales y potenciales, del país.

Limitar la discusión a partidas y recortes es soslayar que lo que está en juego es el futuro desarrollo de la nación. Como advirtió Jürgen Habermas, “reducir la universidad a un cálculo presupuestario es negar su función emancipadora”.

Es innegable que la universidad tiene derecho a defenderse de los malos tratos recibidos. La caída del salario docente es un claro ejemplo y a su vez, un tema preocupante -aproximadamente 38% desde fines de 2023 según mis propios cálculos-. Como consecuencia, se observa un principio de emigración de investigadores hacia otras instituciones locales e internacionales.

A su vez, laboratorios que ven cada día más lejos el acceso a tecnología de punta. Y lo que más preocupa, es que la universidad pareciera ser castigada por razones ideológicas, más allá de que dicha presión no debe ocultar su propia obligación a modernizarse. Resulta insólito, por ejemplo, que se mantenga una infraestructura para recibir a 520.000 nuevos estudiantes cada año, siendo que 220.000 de éstos abandonará antes de finalizar el segundo cuatrimestre.

Asimismo, rige una suerte de laissez faire en lo que hace a la elección de carreras. Se reproduce la lógica del mercado y no las necesidades de formación en campos estratégicos para el desarrollo del país. Se forman profesionales en áreas saturadas, como derecho o psicología, mientras se descuidan sectores clave como ingeniería, tecnología y las ciencias de base. Tal desarticulación entre oferta académica y necesidades productivas de un país que busca desarrollarse es otro de los nudos de la crisis.

Un modelo de cara al desarrollo requiere de carreras más cortas y flexibles que potencien el acceso a la educación de posgrado, nivel donde se ofrece formación específica y ajustada a las necesidades puntuales del estudiante y del mercado de trabajo. Hoy, apenas 7 de cada 100 alumnos cursan posgrados frente al 20-25% en los principales sistemas europeos.

Asimismo, la articulación con los más de mil institutos terciarios técnicos evitaría la duplicación de saberes y fortalecería la complementariedad entre trayectos formativos.

A ello se suma la necesidad de crear universidades de clase mundial -cada una en las ocho regiones del país- con respaldo estatal, aportes privados y cuerpos docentes de dedicación exclusiva del más alto nivel y un riguroso examen de ingreso. El objetivo es transformarlas en polos de atracción capaces de formar la élite intelectual, política y científica que la Argentina necesita para competir globalmente.

La crisis presupuestaria también exige creatividad. Si bien existen centros de recaudación de fondos -la Fundación 1821 en la UBA es un ejemplo-, se necesita una política más agresiva que alcance a cada uno de los graduados que se beneficiaron de la gratuidad -1,6 millones de profesionales se recibieron entre 2004 y 2023-. El ingreso de dólares provenientes de Vaca Muerta y del valle minero de Catamarca también abre una oportunidad histórica de financiamiento.

Destinar parte de esos recursos para fortalecer el sistema de educación e impulsar la investigación de base y aplicada resultará fundamental. El Estado deberá administrar esos ingresos con una lógica anticíclica, similar a la de Noruega, que utiliza sus fondos soberanos para estabilizar la economía y financiar proyectos estratégicos de largo plazo.

En paralelo, es imprescindible aprovechar la capacidad instalada de la industria que hoy opera apenas al 53,6% (INDEC, 2026). Para ello se requieren políticas activas de reconversión industrial, capaces de detectar sectores con potencial, ayudar a modernizarlos y formar mano de obra acorde a una industria competitiva. Aquí cobran relevancia los terciarios técnicos -a los que hay que jerarquizar- y los programas de microcréditos, que ofrecen capacitación en saberes específicos de manera ágil y corta.

En contraste, Argentina sostiene privilegios fiscales de dudosa eficacia. Sin mejoras en productividad ni transferencia tecnológica, el régimen de promoción industrial de Tierra del Fuego implica un costo cercano a los mil millones de dólares anuales (Hallak et al., 2024), lo que aproximadamente equivale al 25% del presupuesto total de las 64 universidades nacionales.

Al mismo tiempo, la industria nacional sufre los efectos de una apertura sin estrategia. Sin un plan de desarrollo para las pymes que reduzca la carga tributaria y las ayude a escalar, el país seguirá debilitando su tejido productivo. Apuntalar a las pequeñas y medianas empresas es también sostener a la clase media, núcleo de cohesión social.

La universidad argentina necesita más que un aumento presupuestario, requiere de un pacto nacional que defina prioridades en función del desarrollo. Autonomía con responsabilidad, financiamiento sostenible, planificación estratégica, universidades de élite regionalizadas, fuentes alternativas de recursos, salarios dignos, apoyo a las pymes y reconversión industrial con formación técnica son los fundamentos de ese acuerdo. Si no se revierte la actual situación, el país corre el riesgo de perder uno de sus pilares históricos de desarrollo y democracia. La universidad no puede ser rehén de la coyuntura fiscal, debe ser el motor de transformación que Argentina necesita.w

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