UTDT Prensa Departamento de Estudios Históricos y Sociales listado_prensa.php?id_item_menu=438 Universidad Torcuato Di Tella es mgregori@utdt.edu (Marcos Gregori) web@utdt.edu (Roby Heymann) Universidad Torcuato Di Tella 2026 Prensa Departamento de Estudios Históricos y Sociales listado_prensa.php?id_item_menu=438 http://www.utdt.edu/Images/logo_rss_blanco.gif 144 21 Pablo Gerchunoff. “Si el Central acercara el dólar al techo de la banda, Milei casi se aseguraría la reelección” | La Nación 06 Jun 2026 10:46:01 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23410&id_item_menu=438 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23410&id_item_menu=438

“En un proceso de ‘destrucción creativa’ no darles una salida a los perdedores no es una crueldad. Es, antes que nada, un error político”, dice Pablo Gerchunoff sobre el actual momento de la Argentina en el que conviven datos económicos alentadores con altos índices de pérdida de empleo, cierre de empresas y aumento de la informalidad. Si Milei no atiende a los perdedores, liderará un “ajuste ciego” y frágil; y la crisis social y la fragmentación pueden poner en riesgo su capitalización política y electoral.

Para Gerchunoff, destacado historiador económico y profesor emérito de la Universidad Di Tella, Milei supo identificar y capitalizar cambios estructurales, transformándolos en oportunidades. Menciona dos: el nuevo patrón productivo de la ruta 40 que va de la Patagonia al norte argentino y la relación con Estados Unidos. Al mismo tiempo, alerta: el Presidente tiene un horizonte claro de largo plazo, una idea de destino final, pero desatiende una doble transición, social y electoral. “Tiene una oportunidad y la puede desaprovechar. Si no lo aprovecha Milei, lo aprovechará el que siga”, sostiene Gerchunoff, que acaba de publicar “La demora y la prisa” (Edhasa), un ensayo histórico que va desde el Virreinato hasta 2023 y aborda la historia de los (des) equilibrios sociales argentinos.


La tapa del último libro de Pablo Gerchunoff, "La demora y la prisa"

Gerchunoff disiente con aquellos que cree que “la macro está bien”, advierte sobre grandes problemas en la administración económica de corto plazo y subraya una dinámica inquietante, un problema argentino que trasciende las ideologías e hilvana distintos momentos históricos: el atraso cambiario, el dólar barato. “Tercamente, los sectores medios y altos, los que pueden ahorrar en la Argentina, obstinadamente, siguen comprándose dólares”, concluye.

-A poco de la asunción de Milei, en 2023, dijiste que veías a la realidad “como detrás de un vidrio esmerilado”, sin nitidez. ¿Qué imagen ves ahora?

-En algunas cosas empiezo a ver algo con bastante más claridad; en otras, no sé todavía. Los historiadores nos tomamos un tiempo. Pero veo algo claro que se puede conectar con el pasado remoto de la historia argentina. Si yo tuviera que sintetizar, diría: Milei es un muy buen político, pero no sé si entiende del todo la dinámica de la economía y la sociedad argentina. ¿Por qué digo que es un buen político? Yo no diría que Milei es un “gran” político, pero sí diría que entendió factores estructurales que estaban modificándose y los convirtió en un activo político.

-¿Cuáles son esos factores?

-Hay dos cuestiones. Una de ellas es el cambio en el patrón productivo que está ocurriendo en la ruta 40: Patagonia, Salta, Jujuy, Catamarca. Todavía no conocemos del todo dimensión de ese cambio, y quizás estamos exagerando, pero hay un cambio. Cristina Kirchner también vio ese cambio. Vio Vaca Muerta en 2012, por eso hizo todo lo que hizo en materia petrolera, pero nunca pudo reconvertir esa visión en una oportunidad política visible que se transformara, por lo tanto, en una esperanza de progreso material. Ella sabía que había algo ahí, pero por ineficiencia o por lo que fuere, no se transformó en oportunidad política. Y mucho menos se transformó eso en oportunidad durante el gobierno de Alberto Fernández, por incompetencia y por los conflictos internos. Milei ve eso, lo ve como oportunidad, y produce cambios radicales. Uno puede decir: ¿no están exagerando los beneficios que les dan a las empresas que invierten en Patagonia y la ruta 40, porque, de todas maneras, buena parte de esa inversión se hubiera hecho? Puede ser, pero, en todo caso, es un hecho irreversible. Él dio cosas en exceso, algún día probablemente nos lamentemos de las cosas que da en exceso, pero está visibilizando políticamente un cambio estructural. A mí me hace acordar mucho a Roca.


Gerchunoff, sobre Milei: "Es un muy buen político, pero no sé si entiende del todo la dinámica de la economía y la sociedad argentina" -Fabián Marelli

-¿Por qué específicamente a Roca?

-¿Qué es, finalmente, Roca? Roca es ferrocarril y buque frigorífico. Ve eso, y dice: “Esto se conecta con un proyecto expansivo extraordinario”. Hace todo lo que es necesario para construir un predominio político en el sistema político de la época y se lanza a la aventura. Es cierto que también otros lo habían visto antes: Mitre lo había visto; también, Sarmiento; pero Roca lo hace. Roca inaugura una época de largo progreso material. La segunda cuestión que me parece que es de intuición política, además del cambio del patrón productivo, es la relación con Estados Unidos.

-¿Con los Estados Unidos o con Trump?

-Con Trump y con los Estados Unidos, pero tengo la sospecha, por eso dije “con Estados Unidos”, de que eso puede cambiar en los matices. Quiero decir: que, aunque gane un Obama en las próximas elecciones presidenciales, o pierda Milei, o ambas cosas, algo va a va a haber cambiado irreversiblemente en la relación bilateral. Y eso también es una oportunidad política, es la construcción de una esperanza. En la ruta 40 hay algo nuevo; en la relación con los Estados Unidos hay algo nuevo. Las dos cosas son hallazgos políticos. Él se lanza a la operación política de construir esos dos datos que estaban sueltos en un mensaje político. Y por eso, chapeaux.

-¿Dirías que Milei es mejor político que economista?

-Donde yo veo los grandes problemas de Milei es en la política económica, en la administración rutinaria de la política económica. Se suele decir que Milei resolvió la macroeconomía, pero no resolvió la micro. Yo diría: Milei encontró una oportunidad para dar un mensaje de esperanza en el horizonte económico de largo plazo y no logra resolver los problemas de corto plazo. Pese a que esos cambios están para quedarse, todavía está por verse si es él quien los va a aprovechar y los va a capitalizar del todo. Milei está haciendo una administración macroeconómica que pone en peligro, desde el punto de vista electoral, lo que construye en esa cosa más monumental. Hay que tener mucho talento político para administrar en el corto plazo un proceso de “destrucción creativa”, un concepto que está muy de moda ahora. Para ganar políticamente la partida en un proceso de destrucción creativa es necesario darles una salida a los perdedores, que no sea una salida a 20 años, a 30 años, a 10 años. No se les puede decir a los viejos trabajadores de la industria del Gran Buenos Aires que ahora trabajan en los servicios pobres: “No se preocupen, ustedes tienen dos cosas para hacer, esperar a que sus hijos aprovechen la oportunidad, o múdense a Añelo”. En un proceso de destrucción creativa no darles una salida a los perdedores no es una crueldad. Es, antes que nada, un error político. Tengo la sensación de que, si mañana el Banco Central acercara el tipo de cambio al techo de la banda que él mismo puso, algo así como 1700 o 1800 pesos, Milei casi se reaseguraría la reelección. Sería oxígeno para los conurbanos. Pero el Gobierno no cree en eso.

-Quizás la pregunta sería si puede haber una nueva Argentina y un horizonte a largo plazo, sin integrar a la vieja Argentina y sin atender el corto plazo.

-Todo ganador tiene que integrar al perdedor. Por eso cuando en un proceso de destrucción creativa no le das humanamente al componente que se destruye una oportunidad estamos en un problema. Hace poco leí un artículo interesantísimo que sacó la Universidad de San Andrés, que trata de medir la migración que puede haber a las provincias patagónicas, pero también a San Juan, Salta, Catamarca, Jujuy. Del artículo participa Federico Sturzenegger. ¿Y qué dice el artículo? Dice que en una transición se van a trasladar cuatro millones de personas desde Gran Buenos Aires a esas provincias. Dudo bastante de eso, pero, en todo caso, con mucha sinceridad, el artículo dice “hasta 2050”. Entonces, cuando alguien dice que una transición dura hasta 2050, creo que no está conectando el cambio estructural con la naturaleza de la democracia electoral. Quiero decir, aquí hay perdedores. Yo no creo en que los 14 millones de habitantes de los conurbanos que fueron industriales en algún momento, esperen hasta el 2047. No lo veo. Entonces, todo el tiempo va a estar latente la posibilidad de una impugnación al proceso de cambio por no integrar a los perdedores.

-En el glosario de Milei hay palabras que no aparecen como “democracia”, pero tampoco “industria”.

-No aparecen algunas palabras, pero creo que tiene idea de progreso material. En términos de la relación de Milei con la democracia creo que él pertenece a un club en donde la democracia es una cuestión secundaria, si no es un problema. Las dos cosas tienen el interés de que se insertan en un mundo en cambio y se insertan de una manera comprensible. Cuando yo iba a seminarios de historia económica, vamos a decir Berlín, por poner un ejemplo, ¿cuál era la pregunta habitual? Antes de que yo empezara a hablar alguien enseguida levantaba la mano y preguntaba, “¿qué es el peronismo?”. Esa pregunta desapareció. La pregunta de hoy es, ¿quién es Milei? Cuando yo hablo de Milei como intuición política bastante llamativa, estoy hablando de un conjunto de factores que lo colocan a él en la escena internacional, aunque mucho menos de lo que él cree, por supuesto. Milei está. Es una Argentina normalizada. Curiosamente, mirar a Milei y decir que es una Argentina normalizada, parece muy llamativo.

-¿En qué sentido decís “normalizada”?

-Normalizada en el sentido de que cualquiera que hable de la experiencia de Milei en el mundo entiende lo que está pasando. Y entiende lo que está pasando porque está pasando en muchos lugares. Cuando yo decía: “No entiendo, estoy viendo detrás de un vidrio esmerilado”, decía lo que auténticamente pensaba. Ahora te transmito de forma balbuceante lo que creo entender de la experiencia Milei. Y creo entender, además, que la puede derrochar políticamente, puede que no sea él quien termine capitalizándola. Tiene una oportunidad y la puede desaprovechar. Si no lo aprovecha Milei lo aprovechará el que siga.

-Para seguir con la analogía con Roca: la traza del ferrocarril integró y conectó un país enorme. No sólo no tenemos ferrocarriles sino además hay rutas destruidas y desfinanciadas. Y tampoco hay interés en solventar infraestructura.

-Cuando yo digo que él puede perder la oportunidad, estoy diciendo que hay en él un espíritu tan dogmático en materia económica, tan monofiscalista en la manera en la que ve el funcionamiento de una sociedad y de una economía, que lo puede desperdiciar porque, por ejemplo, los productores agropecuarios se harten de tener que transitar la ruta 7 o la ruta 3 en el estado en el que están. Roca necesitó infraestructura. ¿Para qué? Para darle una oportunidad productiva a los nuevos sectores y para integrar al país. Esa traza ferroviaria tiene dos componentes: uno, bajarle los costos al productor agropecuario de la provincia de Buenos Aires o del sur de Santa Fe, y el otro es que el ferrocarril también tuvo un componente de transacción política. Yo le doy a Tucumán o a Mendoza la llegada del ferrocarril, porque quiero un pacto nacional. Todavía no veo en Milei ese pacto nacional. Mientras la provincia de Buenos Aires sea el último orejón del tarro de todo esto, está latente una fragmentación, una debilidad y una crisis política potencial no menor.


"Si Milei no pone el foco en los perdedores, va a ser un ajuste ciego y un proceso enormemente frágil y muy riesgoso para él" -Fabián Marelli

-Además de no integrar a los perdedores, ¿qué otro problema identificás que te lleva a decir “la macro no está bien”?

-Es una macroeconomía monótonamente fiscalista. Desde el punto de vista de un macroeconomista o de un ministro de economía, hay algo que debería inquietar muchísimo, que es que, tercamente, los sectores medios y altos, los que pueden ahorrar en la Argentina siguen comprando dólares. Entonces, una pregunta posible es: “¿Todo lo que generan las nuevas producciones de materias primas se lo llevan los sectores medios y altos que compran dólares o no?” Todavía no lo sabemos, pero si eso ocurre, es una debilidad muy importante del esquema económico de Milei.

-En un diálogo con Sebastián Mazzuca publicado en Seúl el año pasado te preguntaste: “¿Milei lidera un ajuste ciego o un proceso reformista?”. Me pregunto si son términos realmente opuestos. ¿Acaso no podría estar liderando un ajuste ciego y un proceso de reforma?

-Sí, perfectamente. Lo que creo es que, si él no pone el foco en los perdedores, va a ser un ajuste ciego y un proceso enormemente frágil y muy riesgoso para él. Que la Argentina no sea, en términos competitivos, solo la Pampa húmeda, es una cosa muy novedosa. Él tiene un punto de llegada, pero lo que no tiene es una idea de transición, y no tiene una idea de transición en términos sociales y en términos electorales. Perdió la oportunidad, por lo menos en el primer tramo de su mandato, de tener una moneda menos fuerte, una moneda un poco más devaluada. Una moneda más devaluada sería oxígeno para el Gran Buenos Aires. Y, por lo tanto, la posibilidad de incorporar a su coalición, en las márgenes de esa coalición, a los perdedores, o, por lo menos, tentarlos. Te cuento brevemente una anécdota que me Felipe González el año pasado, que creo que ha contado alguna otra vez también. Claramente él era un reformista estructural. Él estaba cambiando España, estaba cerrando astilleros, estaba haciendo cosas muy duras mientras gobernaba. Mucho tiempo después fue a Asturias y se encontró con un viejo socialista asturiano, que le dice mansamente: “desde que usted hizo las reformas y cerró los astilleros, yo no volví a conseguir trabajo”. La diferencia entre Milei y Felipe González es que Felipe González casi se pone a llorar, y Milei es incapaz de llorar por eso. A eso lo llaman maldad, impiedad o lo que fuere. A mí me parece que es más interesante que eso. A mí me parece una miopía política.

-Alguna vez describiste a Milei como un hombre solo. Al mismo tiempo, es un hombre apurado. Hizo sin demora lo que dijo que iba a hacer. ¿Qué me podrías decir del vector “velocidad” en Milei?

-En el libro “La demora y la prisa” digo que todo el ritmo de la política argentina, desde 1800 hasta ahora es demora y prisa. Demora en el progreso material por la pérdida del Potosí, demora por las guerras civiles, demora por la división entre la provincia de Buenos Aires y la Confederación Argentina. De modo tal que, en el momento en que aparece una oportunidad, en que el cielo se despeja y los astros parecen alinearse, la prisa es enorme. ¡El susto que tenían los ministros de hacienda en las buenas épocas agropecuarias! ¿Por qué? Porque veían la velocidad en el progreso material desde 1880 hasta 1913, y decían, lo voy a decir en palabras actuales: “En cualquier momento nos despistamos”. Milei frena en las curvas porque tiene astucia para negociar, por ejemplo, en el Congreso. Pero su tendencia, su reflejo es no frenar en las curvas. Después, afortunadamente, se convence de que tiene que frenar, pero cuando no se toma el tiempo de hacer una conjunción entre todo este cambio que está ocurriendo y la expansión de la infraestructura, ahí simplemente está siendo dogmático. A Milei lo domina la prisa porque sabe que puede ser derrotado.


Con el año electoral a la vista, Gerchunoff cree que "rería una torpeza creer que Milei ahora puede depreciar la moneda y construir un esquema macroeconómico más consistente" - Fabián Marelli

-Es el apuro para construir poder.

-Sí. Es el “tengo que construir poder ahora”. Es el Perón del 46 al 48. Eso también es Roca. Eso es Néstor Kirchner. Kirchner es pura prisa. En la época de las tasas chinas se le preguntaba a Kirchner, pero ¿no da lo mismo crecer al 6 por ciento que al 8 por ciento? ¿No lo podés capitalizar políticamente de todas maneras? Y Kirchner no podía parar porque veía siempre el fantasma de la derrota en un país caudillista, en donde la derrota no es tolerada. Guido Di Tella decía que Perón había hecho en 3 años lo que Australia había hecho en 50. Eso es la prisa de Perón. Una prisa de Perón que, además, tiene el problema de que, como era un tipo muy formado y muy inteligente, él quería ser Perón, y al mismo tiempo quería ser Roca. Es decir, quería tener un proyecto de futuro. Y la verdad que las circunstancias no daban para que él tuviera un proyecto de futuro, y recién se dio cuenta que podía hacer algo en términos de horizonte productivo, una vez que su capital político era de tal magnitud que era obsceno, era imposible de desafiarlo. Y eso fue en 1951.

-Desde los años 40 en adelante, hay una continuidad en la Argentina: el tipo de cambio bajo, el peso fuerte, el salario alto en dólares. ¿Hay un hilo rojo en las experiencias de Martínez de Hoz, Menem, Macri y Milei?

-Las palabras “plata dulce” están muy vinculadas a la experiencia de Martínez de Hoz y la dictadura, pero plata dulce, moneda peso fuerte, dólar barato para poder comprar cosas en bienes en el exterior o para ahorrar rápido en dólares, no es una característica de la secuencia Martínez de Hoz, Menem, Macri, Milei. Es una unanimidad argentina. De hecho, nace con Perón en 1946, 1948. Ahí se esconde una cosa que es muy interesante, porque responde a una demanda social. Es un rasgo sociológico.

-¿Y Milei cómo lo enfrenta?

-Milei es uno más de los que dicen: “Ya la riqueza está por llegar y la productividad está por aumentar para ser sostenible este tipo de cambio”. Uno más. Lo dijo Perón. Lo dijo Martínez de Hoz. Todos los que pudieron, lo dijeron. ¿Por qué no lo dijo Alfonsín? Porque estaba en una crisis de la deuda y no podía tener el tipo de cambio bajo. Pero todos los que pudieron, lo dijeron. En ese sentido, son todos iguales con una diferencia metodológica: mecanismos distintos, herramientas distintas. El corto plazo es el dulce de la plata dulce.


"Si es capaz de haber inyectado en esta sociedad altiva una dosis importante de resignación, Milei ganó" -Fabián Marelli

-¿Decís que Milei debería devaluar en el corto plazo?

-No, yo no estoy diciendo que Milei tiene que depreciar la moneda mañana, porque hay que tener un mínimo de sensatez. ¿Cuál es ese mínimo de sensatez? Está al borde de un proceso electoral. Yo no le puedo decir a él: “Devalúa mañana”. Lo dije muchas veces hasta hace 5 o 6 meses. Ahora ya dejo de decirlo, porque sería una sería una torpeza de mi parte creer que él ahora puede depreciar la moneda y construir un esquema macroeconómico más consistente.

-Si hay tantos perdedores, ¿por qué no explota socialmente?

-Quizás haya resignación frente a lo que ven, porque el pasado ha sido tan malo, tan terrorífico, que nace algo parecido a una aceptación, a una resignación.

-Esta idea de que las transformaciones traen dolor y que inevitablemente hay que atravesar el proceso.

-Si creyeran eso que estás diciendo, entonces quiere decir que Milei ganó. Si Milei es capaz de haber inyectado en esta sociedad altiva una dosis importante de resignación, Milei ganó. Y eso es el cambio en Argentina.

-Volvemos al principio de la conversación cuando decías que Milei hace política. ¿Ha dejado de ser “el outsider”?

-Definitivamente. Solo se es un “outsider” hasta que llegás; hasta que empezás a gobernar. Cuando empezás a gobernar, se terminó. La palabra “outsider” te puede durar políticamente un tiempo más, pero después sos los claros y los oscuros de la política.

-¿Crees que aún mantiene exitosamente la narrativa del outsider puro e incontaminado?

-No, definitivamente no. ¿Por qué? Se llama $LIBRA y Adorni. En un sistema futbolístico, 4 4 2, con dos delanteros que son $LIBRA y Adorni, estamos en un problema para hacer goles.


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Camila Perochena: "Tenemos presidentes que buscan conducir e imponer un liderazgo, pero también presidentes para los cuales el partido es importante" | La Nación 02 Jun 2026 09:19:13 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23405&id_item_menu=438 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23405&id_item_menu=438

Camila Perochena, profesora de la Licenciatura en Historia, fue entrevistada por Carlos Pagni en el programa "Odisea Argentina", de La Nación Más, sobre la gestión de las internas políticas de los presidentes argentinos.

"Vamos a ver otras internas para tratar de ver lo contrastante que hay en las internas hoy. ¿Por qué lo contrastante? Pero, ¿por qué tenemos un presidente que no está interesado en ordenar esas internas? Y esto es un contrato con presidentes anteriores. Es decir, presidentes anteriores se preocupaban por gobernar y por ordenar la política. Hoy tenemos un presidente que lo de ordenar la política no le interesa tanto. Los presidentes anteriores lo tuvieron que hacer. Vamos a ver. La situación es bastante distinta hoy por las redes, por la diferencia que hay con los partidos. Ahora vamos a ver un poco eso. Entonces, ¿cuáles son los contrastes? Vamos primero a Alfonsín. Hagamos Alfonsín, Menem, Cristina. ¿Cómo ordenaron las internas Alfonsín, Menem, Cristina? La interna básica de Alfonsín era la interna entre los alfonsinistas del Movimiento de Renovación y Cambio y los viejos radicales, los exbalbinistas, que veían a los alfonsinistas como demasiado socialdemócratas. Ahí Alfonsín tenía una herramienta clave para dar la pelea en la interna, que eran los jóvenes de la coordinadora, como el ala juvenil de su sector, que era una herramienta clave porque eran como la Cámpora de Alfonsín, podríamos decir. Los jóvenes que lo iban a acompañar, que no lo iban a cuestionar. Algo interesante es cómo se daban esas internas. ¿Por qué estas internas se dan adentro del partido? Porque la diferencia entre Alfonsín y todos los otros es que la Unión Cívica Radical es un partido institucionalizado y horizontal. Gerchunoff dice: Alfonsín era un caudillo que intentaba ordenar en un partido con tendencia horizontal. Muy difícil. ¿Eso qué implicaba? Que para ordenar la interna, ¿dónde tenía que estar Alfonsín? En la convención. Tenía que rosquear antes de la convención para que los no alfonsinistas lo acompañaran. Era como el momento clave para ordenar esa interna", sostuvo la profesora. 

"Entonces, acá lo que tenemos es una diferencia clave con el peronismo y con Milei. Con el peronismo porque en el peronismo el presidente es el jefe del partido y te ordena más fácilmente la interna, es menos horizontal en ese sentido. Y con Milei porque Milei no tiene un partido que lo haya llevado a la presidencia, lo está armando el gobierno. En eso se parece un poco al primer peronismo. Entonces, acá hay una diferencia clave. Veamos Menem. Porque Menem era un poco distinto a esta situación. Menem no había creado una organización como Alfonsín o como en el caso de Cristina. Era más verticalista, pero había internas en el menemismo. Es decir, nosotros tenemos ahí una interna grande entre los Rojo Punzó, que eran, podríamos decir, los del primer momento menemista, los más ortodoxos o más tradicionales, y los Celestes. ¿Qué hacía Menem con esa interna? Bueno, Menem dejaba correr la interna, dejaba que la interna se diera, pero cuando se estaba por pudrir todo, intervenía. Hay una anécdota que a mí me gusta de Luis Barrionuevo, en el momento en el que designan a Cavallo como ministro de Economía. Luis Barrionuevo dice: estaban Menem y Cavallo en Olivos, que él va furioso, dispuesto a pelearse con Cavallo directamente, no sé si a las piñas, pero a pelearse con Cavallo. Se lo lleva a dar una vuelta por los jardines de Olivos, le charla, le explica por qué tiene que acompañar la decisión, por qué es importante, por qué tiene que calmarse. Había como una intención de Menem de intervenir. Y además, Menem era el que tenía la decisión final, es decir, Menem delegaba la gestión, pero el momento de la decisión final intervenía dentro de la interna, la ordenaba", expresó Perochena. 

"Miremos a Cristina, ¿qué pasa con Cristina? En Cristina hay algo en común con Alfonsín: Cristina también va a tener su guardia joven que va a ser La Cámpora, su herramienta, que no la cuestionaban, sino que son los que dan la pelea contra los sectores más ortodoxos, Alfonsín contra los viejos radicales, Cristina contra los viejos peronistas. O los viejos kirchneristas. Exactamente, contra los viejos kirchneristas. Y ahí es interesante porque tanto la coordinadora como La Cámpora no funcionan como las fuerzas del cielo. Porque uno podría decir, bueno, Milei tiene que ponerle a las fuerzas del cielo, como los jóvenes. Bueno, no, no funciona porque no había autonomía en la coordinadora o La Cámpora, es decir, no hacían un juego libre. Lo de la fuerza del cielo es una cosa mucho más anárquica, es más difícil. Milei no sé si los quiere controlar como lo hubiesen querido controlar, pero tampoco sé si podría controlarlos como quisiera controlarlos. Entonces, teníamos este sector, pero igual en Cristina tenías poco margen para la interna, es decir, no había paciencia con las internas dentro del gobierno y poco margen para la operación en medios en relación con esa interna. Y hay un buen ejemplo que se puede tomar acá, que es en 2013. Cuando Cristina pierde las elecciones en 2013, frente a Massa, había sido la decisión de Massa, que también es interesante. Las internas iban a decisión. Cuando pierde eso, Cristina está unas semanas sin poder gobernar porque la operan, y en esas semanas sin poder gobernar se llenó de operaciones entre los distintos sectores del kirchnerismo en la prensa. Cosa que cuando Cristina sale, lo primero que hace es tratar de ordenar eso. Da un discurso, el día que retoma, da un discurso a la ciudadanía y a la tarde con ese principio tienen que tenerle miedo a Dios y a mí un poquito", indicó la profesora. 


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La historiadora Camila Perochena obtuvo un reconocimiento internacional para jóvenes científicos | La Nación 26 May 2026 12:01:23 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23392&id_item_menu=438 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23392&id_item_menu=438
La historiadora Camila Perochena - Hernan Zenteno - La Nacion

La historiadora Camila Perochena (Rosario, 1987) ganó el Premio Leonard Reiser para Jóvenes Científicos de la Federación de las Asociaciones para el Avance de la Ciencia en las Américas, que este año está dedicado a las Ciencias Sociales. Había sido postulada por la Asociación Argentina de Investigadores en Historia de la Argentina (Asaih), que preside la historiadora Beatriz Bragoni.

La doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires e investigadora asistente de la Universidad Torcuato Di Tella, se desempeña como profesora, escritora y divulgadora de la historia en LA NACION, en el programa Odisea Argentina, del periodista Carlos Pagni, y en plataformas de streaming. Es cocreadora y coconductora con los historiadores Roy Hora, Lila Caimari y Magdalena Candioti, entre otros, del pódcast Historiar, de la Asaih, y autora del libro Cristina y la historia. El kirchnerismo y sus batallas por el pasado.

Recibirá dos mil dólares y viajará como invitada a la 78ª Reunión Anual de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia, que tendrá lugar en Niterói (Rio de Janeiro, Brasil), del 26 de julio al 1° de agosto. La galardonada dictará una conferencia sobre su trabajo durante el evento. La Fundación Leonard Reiser y la Asociación Interciencia costearán los gastos de transporte y estadía de la investigadora argentina.

“El Jurado destacó especialmente la excelencia de sus publicaciones científicas, sus relevantes actividades de divulgación científica y la destacada investigación histórica desarrollada por la Dra. Perochena, constituyéndose en un valioso aporte al fortalecimiento de las ciencias sociales y las humanidades en la región”, comunicó el doctor Gabriel Bustillos Aguilar, presidente de la Asociación Interciencia.

“Me siento muy agradecida por este reconocimiento -dice Perochena a LA NACION-. No solo en términos personales; es también una valoración del trabajo colectivo que implica producir conocimiento en el campo de las ciencias sociales y humanas. Este premio llega además en un contexto en el que las ciencias sociales son objeto de desconfianza y ataques que buscan deslegitimar su aporte público. Se trata también de un momento muy difícil para el sistema científico argentino en su conjunto que está siendo desfinanciado de forma deliberada. Además, en una época en la que la esfera pública está cada vez más dominada por las ‘verdades’ de cada quien, la ciencia tiene la obligación de mostrarnos una realidad cada vez más neutral y objetiva que logre salir de las trincheras. Un reconocimiento al avance científico implica reafirmar el valor de la investigación y del conocimiento como bienes públicos”.

En la presentación para nominar a Perochena al premio, autoridades de la Asaih habían destacado, además del estilo propio de comunicación del conocimiento histórico y social, su capacidad de “traducir en lenguaje simple conceptos y procesos complejos para interpelar a audiencias diversas, y la originalidad de sus aproximaciones a los usos políticos del pasado en la Argentina y América Latina”.

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Gerardo della Paolera y Verónica Pérez Mendoza: un debate sobre educar en valores en tiempos de IA | Infobae.com 14 May 2026 11:01:05 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23371&id_item_menu=438 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23371&id_item_menu=438 Educar en valores y en carácter es una propuesta transversal que permite entender la educación como parte de un vínculo cultural y social. Pensar el aprendizaje de manera multidimensional y en contexto permite abrir nuevas perspectivas para cada uno de los actores involucrados.

“Creemos en una mirada integral del desarrollo, que empieza en las personas y se proyecta en las comunidades. Trabajamos allí donde se forman capacidades, se produce conocimiento, se construye cultura y se cuidan los bienes comunes, convencidos de que esos espacios son clave para generar transformaciones sostenibles en el tiempo”, es la propuesta de Fundación Bunge y Born.

Desde el novedoso centro de Educación del Carácter y Liderazgo, desde la Fundación Varkey se plantea: “Creemos que la educación del carácter se puede enseñar a través de un liderazgo virtuoso y valiente. La escuela, junto con la familia, son los lugares clave desde donde impulsarla”.

Hacer florecer el carácter virtuoso

Dandelion significa “diente de león en español y se caracteriza por crecer en entornos tanto urbanos, en un zócalo, en una maceta tal vez abandonada, al costado de un cordón; como en entornos rurales a campo abierto. Sus semillas están diseñadas para volar con el viento y así multiplicarse.

“Dandelion es también nuestro emblema en el campo de las virtudes humanas, que nos ha llevado a preguntarnos ¿qué soplos pueden dispersar esas semillas? ¿qué pasa luego con ellas? ¿cómo hacemos para que florezcan nuevamente para los demás?”; con esta propuesta Fundación Varkey busca fomentar el desarrollo del carácter y las virtudes humanas.

“Hemos trabajado formando a equipos de gobierno en cinco estados en América Latina durante todo el año pasado en un proyecto que implicó formación profunda en el enfoque, pero también cómo eso se traduce en nuestra vivencia, en el día a día y en la forma también de hacer política y de trabajar. Y también estamos trabajando con distintos programas de formación docente y directiva para aterrizar el enfoque en las escuelas.”, explicó Verónica Perez Mendoza.


Verónica Pérez Mendoza, Directora del Centro de Educación del Carácter y Liderazgo Dandelion, en Fundación Varkey

Futurizaje: valores e IA

“Hay un tema con respecto a los valores que es la influencia de la inteligencia artificial. La inteligencia artificial de alguna manera te interpela para ver qué significa la formación de una persona”, reflexionó Gerardo della Paolera.

Y agregó: “El nuevo programa Futurizaje, que es el paralelo que tenemos de Fenomenautas, que es la enseñanza con módulos en 24 provincias argentinas de las ciencias naturales a partir de la evidencia y experimentación. Futurizaje exactamente es de alguna manera generar cursos articulados; porque la inteligencia artificial entró de manera espontánea pero no está enmarcada.”

“Futurizaje se dedica mucho más a temas de valores, ética, filosofía, arte, historia, ciencias sociales y básicamente ahí estamos con la incursión de la inteligencia artificial educando también a los maestros para que de alguna manera intervengan y se cambien algunos aspectos de la currícula académica.”, explicó della Paolera.


Gerardo della Paolera, director ejecutivo de la Fundación Bunge y Born

Educar más allá de la disciplina

“Desde la educación del carácter se vuelve a plantear la pregunta de por qué y para qué educamos y eso es lo principal que trabajamos desde nuestros programas; sea con el actor que sea, por qué venimos todos los días a la escuela y nos enfrentamos con la complejidad que nos enfrentamos. Y no sólo qué soy capaz de hacer, qué puedo o qué quiero hacer con mi vida, sino quién voy a ser. Y esa es una pregunta que en tiempos de inteligencia artificial tiene mucha importancia porque en el fondo tenemos que formar personas capaces de tomar buenas decisiones, más allá del conocimiento técnico y el desarrollo de toda la parte cognitiva”, explicó Verónica Pérez Mendoza.

Y destacó: “Temas que cada vez son más complejos que enfrentamos en nuestro día a día y personas capaces de tomar buenas decisiones y sobre todo capaces de estar conectadas con su propósito y con su sentido. Esa respuesta no te la va a dar ninguna inteligencia artificial sino que es una respuesta que surge de un proceso reflexivo, personal y social también.

Por su parte, della Paolera señaló que desde los programas de Fundación Bunge y Born no solo ponen el foco en los estudiantes sino también en los docentes: “Los docentes son el medio más importante a través del cual llegás a los estudiantes. Es muy importante en la Fundación también primera infancia, que es la plataforma Oportunamente que es para educar en valores y educar a los que son los cuidadoras o cuidadores. Está comprobado que la tasa de retorno social en la primera infancia es la más alta. Muchas cosas ocurren desde que nacés hasta los 3 años, eso está comprobado científicamente.”

Y reflexionó: “En este mundo metálico y tecnológico,hay una tendencia, una formación de programar y demás que tiene el riesgo de que vos, justamente, te transformes en una persona unidimensional. Por eso, la otra parte de humanidades es muy importante. O sea, la forma de enseñar humanidades o de enseñar historia o filosofía va a ser muy diferente a cómo yo aprendí las humanidades”.
 
E insistió, como lo suele hacer en otras oportunidades, que “la clase dirigente no le da importancia a la educación. Eso no es sexy. Entonces, yo siempre pienso en el pobre Sarmiento, si tiene que pensar que hoy en día tenemos que tener otra vez un plan nacional de alfabetización, es una regresión enorme esto.”


"Un organismo internacional te puede dar cien millones de dólares, pero si no sabés cómo invertirlos, básicamente en la escuela y en los cambios, con evidencia empírica, es como tirarlos al Río de la Plata", dijo Della Paolera

Virtudes humanas

Al profundizar sobre qué implica educar el carácter, Pérez Mendoza explicó: “Lisa y llanamente es educar para el florecimiento humano. Y eso lo entendemos como el desarrollo de todo el potencial de la persona en el sentido integral. Muy acompañado del desarrollo de virtudes, como todo el ambiente de la escuela, toda la cultura y el entorno escolar; cómo se vincula con el otro y para con la sociedad y en su ciudadanía.”

A la hora de diferenciarla con una educación tradicional, la Directora del Centro de Educación del Carácter y Liderazgo Dandelion señaló: “Diría que es quizá el foco en educar para el propósito y para la identidad. Entendemos la virtud como el desarrollo de tres aspectos de la persona en conjunto, que son el desarrollo cognitivo y de la razón. Yo para ser virtuoso tengo que entender primero, comprender en profundidad esa virtud y su complejidad desde la razón. Tengo que integrar también la parte afectiva desde ya, tengo que integrar la emoción y cómo uno se siente, cómo me siento yo al practicar y poner en práctica esa virtud. Y también la voluntad, es decir, el hacer. Para que una virtud sea efectivamente una virtud y no solamente un valor que se enuncia, tiene que integrar el hacer.”

“El problema es que muchas veces en la educación y en la historia hemos puesto el foco en una sola, o pura razón, puro cognitivo, o pura voluntad, que tampoco es la idea. Sí porque sí, como un deber ser sin sentido, sin motivación intrínseca. Y la virtud viene a integrar también esa motivación intrínseca, esa afectividad, esa emocionalidad, para integrar también el propósito personal en esa acción.”, resaltó.

Los estudiantes en su entorno: la escuela

“Nosotros intervenimos en las provincias y hacemos prototipos de intervención y evaluamos impacto. Ahí toca directamente al alumno. Hemos hecho una evaluación de impacto para el Domo Cósmico, que es un juego de patio, con la provincia de Mendoza; el programa Vector de Matemática, con la provincia de Entre Ríos, con el exgobernador Bordet”, indicó della Paolera.

Y detalló: “Tenés un grupo de tratamiento y un grupo de control. Hicimos siete evaluaciones de impacto en educación, que es muchísimo. Entonces ahí te quedó básicamente el prototipo, que es pequeño, es un muestreo. Y luego para la política pública es muy importante, porque le decís cuáles son las cosas que impactan desde el punto de vista cognitivo o no cognitivo, o en el caso del juego del Domo Cósmico, desde el punto de vista motriz, etc.”

Y subrayó: “ A vos un organismo internacional te puede dar 100 millones de dólares. Pero si no sabés cómo invertirlos, básicamente en la escuela y en los cambios, con evidencia empírica, es como tirarlos al Río de la Plata. La cantidad de miles de millones que ha recibido la Argentina dedicados a la educación, es incontable. Entonces nosotros intervenimos para los prototipos, ahí sí que nos dedicamos muchísimo al estudiante. Y nos dedicamos a los estudiantes básicamente en zonas de riesgo económico. Y tenemos un enfoque federal, estamos en las 24 provincias.”

Y agregó: “Las matemáticas son fundamentales. Es decir, las matemáticas es radial. O sea que los músicos saben bastante de matemáticas. Los artistas están unidos muchísimo a la matemática. Y justamente en un mundo donde vos tenés que dominar y dialogar con un aparato, que es un aparato de algoritmos, vos tenés que tener bien claro el fenómeno matemático. En Argentina nunca fuimos demasiado estadísticos ni matemáticos. Y eso es realmente muy importante porque te ordena.”

2026: un nuevo mundo de proyectos y oportunidades

“En primer lugar, este año estamos muy enfocados con programas para trabajar con escuelas. Nosotros trabajamos con un modelo que tiene tres dimensiones para ayudar a aterrizar este enfoque que tiene que ver con una primera dimensión que es como identitaria, que es mirarlo desde lo institucional, desde el proyecto educativo y cómo el proyecto educativo puede poner esto en el centro y trabajarlo conscientemente. Una dimensión relacional que tiene que ver con lo que decían antes de cómo los adultos podemos modelar esto y cómo la virtud se aprende porque la veo vivida en otro. Entonces trabajamos mucho con el equipo directivo, con el equipo docente para el desarrollo de sus propias virtudes”, señaló Pérez Mendoza desde Dandelion de Fundación Varkey.

Y agregó: “Y después una dimensión áulica que es cómo podemos hacer esto transversal en las distintas materias y trabajarlo de manera integrada. Entonces estamos con programas en escuelas, estamos trabajando con nueve escuelas de la Ciudad de Buenos Aires, estamos trabajando con escuelas de Chaco, con escuelas en México también, en Uruguay también con este programa.”

Además de la novedad de Futurizaje, della Paolera se tomó un momento para reflexionar sobre su preocupación por lo que pensaría Sarmiento ante las alarmantes cifras de alfabetización que atraviesa el país: “Yo soy historiador económico, pero cuando Sarmiento instala el tema de la educación primaria a la Argentina le toma entre 60 y 70 años ir mejorando.”

“En una entrevista que me hizo La Nación, yo dije que si fuese presidente fusionaría el Ministerio de Economía y Educación, porque el Ministro de Educación de la Nación Argentina no tiene cartera, porque básicamente la educación es responsabilidad de las provincias, entonces debería ser una agencia de innovación. ¿Por qué es cercano a Economía? Porque Economía tiene la guita, y entonces, básicamente tenés que unir un poco el fenómeno educativo, la innovación educativa, luego con la salida laboral”, planteó.

Y reflexionó: “La educación es urgente aquí, porque si no, como dice Silvina Gvirtz, tal vez la suerte es que como tenemos un envejecimiento de la población, vamos a tener por ahí una mochila más chica, pero una mochila, básicamente”. Y no dudó en insistir que “El problema es que a la clase dirigente no le interesa la educación. A ver, ese es el grave problema. Si no, no tendrías la licuación de salario de los maestros que tenés. Me remito a los hechos.”

“Estamos en un momento en que necesitamos revalorizar la educación. Yo creo que todos los días en las escuelas pasan cosas increíbles. Si vos vas a una escuela, la escuela cree en el poder transformador que tiene, pero la sociedad no lo acompaña necesariamente y también le estamos poniendo una carga muy pesada a la escuela”, agregó Pérez Mendoza en una charla que abrió muchas preguntas, pero también la certeza de que el futuro está en y desde la educación. 
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Una roca institucional y ética en la construcción de la democracia, según Pablo Gerchunoff | Clarín 23 Abr 2026 09:00:50 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23327&id_item_menu=438 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23327&id_item_menu=438
Raúl Alfonsín. Archivo Clarín

El prologuista mayor escribió en su momento: “El prólogo, si los astros son propicios, no debería ser una forma subalterna del brindis”. Hay, en este ensayo, un par de razones para recoger el guante que arroja Borges, pero en este caso sí brindar. La primera razón es la palabra “huella” en el título, “huella democrática”, tanto más sugerente que la rutinaria y determinista “transición democrática”, que para mi paladar los autores de este ensayo usan con excesiva frecuencia por el influjo de la ciencia política. La segunda razón es que el texto le hace honor a la palabra huella y a lo que para mí tiene de hallazgo, su conexión con el misterio. Robaré palabras de Carl Gustav Jung para ilustrar lo que quiero decir: “Cada huella guarda un secreto del que la razón no sabe nada”. Lo que mi razón profunda no sabe es cómo los pasos de ese batallón frágil e inexperto para las lides del gobierno que dejó sus huellas entre 1983 y 1989 –de eso trata el ensayo– terminaron siendo no polvo disperso, un capítulo menor y frustrado de la historia, sino esa roca institucional y ética que persiste tercamente en Argentina, pese a tantos desalientos y espantos.

Invito a leer este ensayo más que nada por eso. No se va a encontrar quien acepte el convite con novedades historiográficas. El lector sabrá el final desde la primera página. La prosa no contiene concesiones demagógicas. El ingenio magnético del ensayo reside en la tensión que genera el tránsito que describe, una tensión casi literaria, un tránsito hacia lo desconocido, contando la historia de seres humanos persiguiendo objetivos a priori imposibles. Mucho se ha escrito sobre esos años, pero nadie nos había transmitido con tanta nitidez que… ¡vaya…! El Quijote no estaba peleando contra molinos de viento, sino contra gigantes. Estoy seguro de que todos los que estuvimos en la Academia de Ciencias Políticas y Morales en la tarde lluviosa del último invierno en la que se les entregó a los autores el Premio al Mejor Ensayo de 2024, y escuchamos las palabras de Jesús Rodríguez, compartimos esa sensación de quedarnos sin aliento ante una historia que, sin embargo, conocíamos: cómo se construyó la democracia argentina desde la nada, pisando a cada minuto campo minado.


Pablo Gerchunoff. Foto: Andrés D'Elía

Eso, en efecto, transmite el ensayo, y lo hace de un modo persuasivo. Cada párrafo consolida la idea de que las dificultades son tan enormes que, finalmente, resultarán insalvables. Al comenzar el último capítulo se lee: “Los desafíos a los que se enfrentaba la democracia inaugural de 1983 eran múltiples y mayúsculos”. ¿Por qué tanta austeridad? Las palabras “múltiples y mayúsculos” terminan siendo de escaso calibre a la luz de los desafíos que se enfrentaron y que el ensayo expone con un estilo deliberado y por momentos implacablemente despojado. Enumero: había que subordinar a las Fuerzas Armadas que durante décadas se arrogaron el derecho a tutelar la vida política, social y cultural de los argentinos, había que terminar con la impunidad castigando a los responsables del terrorismo de Estado y a los jefes de las organizaciones terroristas, había que dotar de prestigio internacional a la república después de una guerra perdida contra una potencia global y de (casi) una guerra con un país limítrofe, había que acercarse a Brasil como proyecto económico y como proyecto de paz, había que estabilizar la economía y simultáneamente satisfacer las demandas de progreso y bienestar en medio de la más grande crisis de la deuda desde 1890, había que reducir el poder de las corporaciones empresarias y sindicales y valorizar a los partidos políticos, había que modernizar un Estado que se descubría arcaico, había que repensar el federalismo deforme. Y había que avanzar en todos esos frentes sin un acuerdo político con el principal partido de oposición y sin espacios de negociación –a diferencia de Uruguay, Brasil, Paraguay y Chile– entre las autoridades militares en retirada y las jóvenes autoridades democráticas.

El solo listado es sofocante. Y para acentuar esa sensación de asfixia, los autores nos anuncian bien temprano que no les van a brindar a los lectores el alivio superficial de nombrar a los protagonistas de la historia. El ensayo es puro músculo. Una arrojada estrategia discursiva. No aparece el nombre de Raúl Alfonsín, ni tampoco los nombres de los generales, los dirigentes políticos, los sindicalistas, los congresistas, los dignatarios extranjeros, los filósofos, los intelectuales (para Raúl Alfonsín y para estos últimos, solo hay una concesión en los acápites). Las almas más débiles implorarán, digamos, a la altura de la página veinte: “¡Por favor!, ¡nombrá a Alfonsín!”. Pero créanme que se trata de una estrategia sumamente eficaz. Los actores son los procesos (así como lo leen). Y entonces el ensayo nos encierra contra la pared fría y dura, esa pared que no tiene psicología ni retórica, que no tiene rostros, que elude la descarga emocional. Ahora comprenderán los lectores cuando les advertí que están frente a un ensayo especial. En La huella democrática no se ven los pies de quienes dejan la huella. Pero no se desalienten los protagonistas de carne y hueso. “Nuestras huellas sobre el mundo son la caligrafía de nuestra existencia”, dijo Albert Einstein. No sé si es suficiente alivio.


La huella democrática. Alejandro Garvie y Jesús Rodríguez.

Naturalmente, si volvemos a la enumeración sofocante de los desafíos que enfrentó el primer gobierno democrático del Cono Sur, nos encontraremos, mirando a la distancia, con logros y frustraciones. ¿Qué otra cosa podía ocurrir? Pero creo que hay que saber ponderar. Lo central de la agenda de 1983 –la democracia constitucional funcionando sin interrupciones– está vivo, y no podemos sino celebrarlo. Pero como en toda sociedad vital, los ojos se posan sobre aquello que se mantiene como deuda, enceguecedoramente sobre la economía, y es así como finaliza este trabajo. El año de 1989 terminó con una hiperinflación que pareció opacar la huella democrática. El año de 2025 encuentra a los argentinos escuchando los ecos de aquella tempestad, como si casi nada hubiera ocurrido en el camino. Cito el último párrafo de los ensayistas: “Así, el naciente sistema democrático pudo sortear muchos obstáculos para poder comenzar una consolidación relativa, pero las restricciones del endeudamiento y de un sector público sobredemandado y sin recursos quedaron sin resolver porque no existe, todavía hoy, un consenso entre las fuerzas políticas sobre cuál es el patrón productivo sostenible que posibilite la realización individual y promueva el progreso social de los argentinos”.

No pocos de quienes compran libros repiten el antiguo y curioso ritual de guardarlos en la biblioteca sin siquiera abrirlos. Sobre todo para ellos, reitero, entonces, mi invitación a leer.

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Gerchunoff y Llach diseccionan los enigmas de las crisis argentinas | El Economista 22 Abr 2026 10:30:37 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23324&id_item_menu=438 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23324&id_item_menu=438
No es la Argentina, es la política económica: Gerchunoff y Llach diseccionan los enigmas del país

"El proteccionismo ha dejado de ser una unanimidad de los sectores populares: para un joven de los conurbanos, un celular barato puede resultar tan importante como el alimento barato". 

Son las palabras de Pablo Gerchunoff y Lucas Llach en "Ved en trono a la noble igualdad. Ascenso y caída de la economía argentina, de 1880 al presente". Así de directos, contundentes y magnéticos son todas las argumentaciones que despliegan en la reciente publicación de este libro por la editorial Siglo XXI. Con una escritura accesible y fluida logran lo que pocos textos conquistan en este momento: la inmersión entre las palabras, las ganas de seguir leyendo. En definitiva, escriben sin poses alambicadas, pero tampoco sin bajar o diluir el contenido teórico. 

La propuesta es estudiar el destino del país a través de las decisiones de economía política. Ahí los autores encuentran las claves de cómo llegamos hasta acá. Este libro es una reedición y revisión de otro originalmente publicado en 2004 por la misma editorial. No obstante, el contexto de su publicación impulsa la lectura del libro como una búsqueda de ensanchar la conversación pública. No se trata de opiniones personales sino de la exposición argumentativa profunda y de una invitación impostergable a pensar

Gerchunoff y Llach buscan mantener viva la llama del pensamiento de un país no kirchnerista, es decir, intentan poner de manifiesto las claves de lectura de una economía política que se diferencia a la vez del mileísmo y del kirchnerismo. 

En 120 páginas y tres capítulos, los autores desmontan mitos con precisión. El argumento central resulta ineludible: "La política económica puede ser decisiva". Las decisiones de los gobiernos forjaron el presente; la culpa no reside en psicologías colectivas insondables.

El fracaso económico argentino suele invitar a explicaciones psicológicas, lamentos sociológicos o fatalismos culturales. Frente a esa pereza intelectual, "Ved en trono a la noble igualdad" marcha exactamente en la dirección opuesta y ofrece una explicación de alto tenor intelectual sin perder claridad. 

Sus autores son expertos en la temática. Pablo Gerchunoff es historiador económico, profesor e investigador, y recibió, entre otras distinciones, el premio Konex. Lucas Llach es economista, profesor y fue vicepresidente del BCRA y del Banco Nación en 2019. Ambos dan clases en la Universidad Torcuato Di Tella. Este libro los encuentra llevando al papel un diálogo intelectual vivo

La ilusión óptica de los altos salarios

Como señalan en los primeros capítulos, el declive se dio en parte por la falta de lectura de las élites políticas y económicas. Esa incapacidad trágica para leer el contexto global condenó al país a marchar a contracorriente del mundo. Para ilustrar esta desconexión, el texto expone un pasaje sobre la volatilidad del comercio internacional. 

Ser una economía abierta resultó perjudicial durante el derrumbe de los años treinta, pero favoreció el desarrollo en la etapa posterior a la Segunda Guerra. Frente a esos cambios, las clases dirigentes operaron a destiempo. Señalan: "En los dos períodos (Depresión y posguerra) la Argentina se ubicó en la vereda más sombría". La estructura nacional exhibía una apertura extraordinaria al desatarse la crisis de 1930, para luego transformarse en una de las plazas más cerradas del planeta hacia los años cincuenta. La consecuencia fue compleja: el crac financiero golpeó con fuerza y las ventajas del renacimiento económico posterior quedaron por completo desaprovechadas.

La obra retrocede al inicio para comprender el origen del drama. A fines del siglo XIX, la escasez de población y la abundancia de tierras fértiles convirtieron a la Argentina en una nación de altos salarios. Esa prosperidad inicial dependía de un socio fundamental: "En la intensa apertura previa a 1930 fue decisivo el engarce perfecto entre la capacidad de oferta de productos primarios que existía en las praderas de la pampa húmeda, en especial a partir de que el ferrocarril permitió transportar con rédito una voluminosa producción agrícola, y la demanda de ese tipo de bienes por parte de una economía poderosa y dinámica pero pobre en tierras e importadora de alimentos como Gran Bretaña".

Fruto de ese modelo, surgió una sociedad caracterizada por una "pasión igualitaria". Los datos abruman: "Hacia 1929 la distribución funcional del ingreso era más equitativa en la Argentina que en Gran Bretaña y que en los Estados Unidos". Sin embargo, la Gran Depresión alteró el tablero. Factores estructurales externos explican el derrumbe comercial posterior. La respuesta local frente a esa crisis mundial fue cerrar la economía, una decisión estrictamente política. 

En palabras de Gerchunoff y Llach se trata siempre de desglosar cuándo "una política económica guiada por consideraciones distributivas de corto plazo acaba frustrando el crecimiento". 


"Hacia 1929 la distribución funcional del ingreso era más equitativa en la Argentina que en Gran Bretaña y que en los Estados Unidos", escriben los autores. 

1975: El año de la auténtica debacle

El libro identifica un quiebre estructural incuestionable. La caída definitiva no comenzó en 1930. La radiografía de esa bisagra histórica resulta demoledora. Desde 1975, desde el Rodrigazo, cambió la Argentina. Con Martínez de Hoz se institucionalizó la ruptura del modelo previo. Se creó otra Argentina.

Gerchunoff y Llach escriben: "Para 1975, la Argentina se encontraba en una posición relativa similar a la de cien años atrás". Y agregan: "Tomando solo las seis décadas anteriores a 1975, la Argentina se había retrasado frente a una mayoría de los países aquí analizados, pero no a todos: entre 1913 y 1975 creció casi lo mismo que el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, y bastante más que Chile".

La fractura posterior destruye cualquier atisbo de normalidad. "Lo que sucedió después de 1975 fue de otra naturaleza". El texto describe el desplome: "Ya no hubo, como hasta entonces, oscilaciones dentro de una franja entre el 80 y el 110% de la muestra, sino una auténtica debacle, especialmente en los quince años posteriores a 1975De representar el 83% del ingreso de los países de toda la muestra en 1975, el ingreso per cápita argentino retrocedió hasta un 50% en 1990, valor alrededor del cual giró en los treinta y cinco años siguientes, tocando mínimos (44%) en la crisis de 2001 y valores mayores en lo mejor de los años noventa y del ciclo expansivo kirchnerista, para estacionarse en un 50% en 2022, poco antes de escribirse estas líneas". Para dimensionar la tragedia, basta un contraste: "La Argentina era rica como España en 1975 y en 2023 su ingreso era la mitad del español".

¿Qué significa este porcentaje exacto? Revela que, hasta mediados de los años setenta, el país lograba sostener el ritmo de sus pares globales. En la práctica, un ciudadano argentino generaba ochenta y tres centavos por cada dólar de riqueza promedio que producía el grupo de naciones evaluadas, un pelotón heterogéneo compuesto por potencias industriales, países europeos y vecinos latinoamericanos. La Argentina integraba ese esquema de igual a igual. El derrumbe al 50% ilustra un desacople inédito y letal: la riqueza relativa nacional se partió literalmente por la mitad frente a la del resto de los países analizados. 

La trampa democrática y el fetichismo del cepo

¿Por qué un país elige repetidamente el estancamiento? La respuesta del libro reside en la dinámica electoral y las demandas sociales. El proteccionismo sin límites y el atraso del tipo de cambio funcionaron como atajos facilistas. Los autores exponen el núcleo del problema: "En nuestro país una política que atrajera las simpatías populares era aquella que combinara proteccionismo aduanero con una moneda nacional artificialmente cara, pero subrayamos que eso frenaba el crecimiento económico y le quitaba sustento a la felicidad social".

La democracia argentina quedó apresada en un hechizo difícil de romper, paradoja resumida en una frase magistral: "Ganar elecciones es caro en dólares, ganar crecimiento es caro en votos". El instrumento definitivo de esta trampa es el control de cambios. El cepo no es un mero accidente administrativo; sintetiza las políticas de atraso cambiario y proteccionismo utilizadas para sostener los salarios de manera artificial. Es una barrera infranqueable al progreso material.

Siglo XXI: el péndulo infernal

Gerchunoff y Llach sostienen que la Argentina previa a 1975 funcionaba bajo otra lógica. Mientras los pilares del modelo —industria local protegida, subsidios y un Estado activo— permanecieron en pie, el país mantuvo niveles aceptables de desarrollo e integración social. El quiebre definitivo llegó con la dictadura militar. Los autores afirman: "Cuando esos fundamentos comenzaron a ser derrumbados (fecha que puede ubicarse exactamente en marzo de 1976) se inició la verdadera decadencia argentina". 

Para reflexionar sobre el tiempo presente, los autores suman un análisis que la edición original no contenía: el primer cuarto del siglo XXI

Del dolor de 2001 nació una oportunidad. El país recuperó de forma fugaz una matriz que no visitaba desde los años veinte: economía abierta, dólar competitivo y superávit comercial. En el inicio del kirchnerismo, esa épica del dólar alto fue popular porque generaba empleo. Pero la ilusión fue breve. A partir de 2007, advierte el libro, la dirigencia recurrió a "formas más tradicionales de redistribución de la abundancia". La economía se deslizó hacia un modelo de salarios subiendo por encima del tipo de cambio, inflación camuflada y un esquema plagado de trabas e impuestos a las importaciones. El cierre de ese ciclo fue el cepo de 2011, un instrumento que "sintetiza la trampa histórica nacional: el uso de atraso cambiario y proteccionismo para sostener salarios de forma artificial".

"A partir de 2011 todos los gobiernos tuvieron al menos algún período con cepo, aunque muy breve y postrero en el caso del gobierno de Macri. En un conteo aproximado, en los noventa y seis años desde 1930 a 2025 la Argentina tuvo unos treinta y tres con libertad de cambio y sesenta y tres con alguna forma relevante de restricciones administrativas en la compraventa de divisas (y, como consecuencia, tipos de cambio múltiples)", enfatizan Gerchunoff y Llach. 

Lo que siguió fue un "experimento de laboratorio" sobre el impacto destructivo del corto plazo. Los autores describen el período entre 2011 y 2024 como una "larga década perdida" en la que "el crecimiento fue particularmente inestable, con seis años de expansión y ocho de recesión". 

La obra desmenuza la lógica de un stop and go impulsado por las urnas, donde "fueron muy frecuentes los 'años impares' de apreciación cambiaria en busca de un resultado electoral y los años pares, sin elecciones, con la inevitable corrección". Es la confirmación empírica de la tesis central de "Ved en trono a la noble igualdad": subordinar el futuro a las exigencias distributivas inmediatas acaba ahogando cualquier proyecto de desarrollo. Y sin futuro no hay país posible. 

Hacia el final, el libro interpela al presente y la irrupción de Javier Milei. Tras analizar el fracaso de las últimas dos décadas, los autores sugieren: "Está claro que no hubo una fuerza política dispuesta a pagar los costos distributivos de corto plazo que parecen necesarios para retomar [...] un camino de crecimiento". La pregunta que deja picando el libro es si el gobierno de Javier Milei podrá hacerlo. La pregunta que deja picando la lectura es si Milei lo hiciese, ¿a qué costo? ¿Hay sociedad que lo aguante? 

"Ved en trono a la noble igualdad" funciona como una brújula para leer el presente sin bajadas de línea ni soluciones prefabricadas. Al interrogar al pasado para descifrar un presente quebrado, Gerchunoff y Llach nos devuelven al punto de partida, despojados de excusas o fatalismos. Son capaces de ir hacia la zona más incómoda, esa que implica pensar "incluso" a contrapelo de una época. 

La lección final es que la ruina o la riqueza no están ganadas ni perdidas de antemano; en última instancia, la política económica es siempre el factor decisivo. Minuto a minuto, día a día, año a año. Un gobierno es, en definitiva, las decisiones de política económica que es capaz de tomar. Un país es, en definitiva, lo que puede hacer con lo que esas decisiones hacen de él.  

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Juan Carlos Torre: "Siempre hay una tensión entre la conducción de la economía y la conducción del Estado" | Ahora Play 21 Abr 2026 12:50:33 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23322&id_item_menu=438 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23322&id_item_menu=438

Juan Carlos Torre, profesor de las maestrías y doctorados en Ciencia Política y en Historia, fue entrevistado por Maximiliano Montenegro en Ahora Play sobre la dinámica política y económica argentina.

"Siempre hay una tensión entre la conducción de la economía y la conducción del Estado. La conducción del Estado siempre es mucho más que la conducción de la economía. En el caso de Alfonsín era ajustar las cuentas con el pasado. A la hora de las decisiones siempre tenés tres opciones: se hace lo que debe hacerse, se hace lo que corresponde hacer, y se hace lo que es posible hacer. La primera visión, a propósito de las decisiones, es la que está, de una manera u otra, formateada en un mandato moral. La segunda visión descansa en la ciencia y la técnica. Y después está la tercera decisión, se hace lo posible de acuerdo a las circunstancias. Cuando uno está en la gestión del Gobierno está todo el tiempo tironeado. En el caso de la tensión entre los equipos económicos y la gestión del navío de la nave está esa tensión entre esas tres opciones. Yo creo que, al inicio, el Plan Austral empezó a funcionar bien, y era un experimento, nadie lo había hecho. Ninguno de los que lo estaba poniendo en marcha conocía un eventual resultado, fue una apuesta. Después, no empezó a andar bien al cabo de un tiempo. La pregunta que yo me hago es, ¿está en la lógica de todos los planes que comienzan bien y después comienzan a funcionar mal? Yo no sé si eso es así. En el caso del Plan Austral comenzó a deshilacharse de acuerdo a la coyuntura política que se vivía en ese momento", sostuvo el profesor. 

La entrevista completa: 

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Pablo Gerchunoff: "No me gusta la idea de péndulo porque parece que siempre estuviéramos pasando por el mismo lugar" | Cenital 21 Abr 2026 10:26:34 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23320&id_item_menu=438 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23320&id_item_menu=438

Pablo Gerchunoff, profesor de las Licenciaturas en Economía, en Historia y en Ciencias Sociales, fue entrevistado por María O'Donnell y Ernesto Tenembaum en el programa "540°", de Cenital, sobre la política económica argentina. 

"A mí lo que no me gusta de la idea de péndulo es que parece que siempre estuviéramos pasando por el mismo lugar, ida y vuelta. Y yo creo que en cada una de las vueltas la Argentina cambia. 
No siempre para mal, como acabas de sugerir. A veces para bien. Si es un péndulo, va y vuelve y pasa por los mismos lugares. Entonces yo querría decir que uno podría predecir perfectamente la historia. Uno llama modelo agroexportador a lo que nació en 1870, 1880, más o menos, y duró hasta 1912, hasta los momentos previos a la Primera Guerra. Y la desesperación industrialista que tenían los dirigentes, la élite de ese momento era extraordinaria. No era una élite pro agropecuaria. Era una élite que buscaba la diversificación del país. Otra cosa es que no le salga. No le salió. Pero después me digo, ¿y a quién le salieron las cosas en la Argentina? A ellos les salió muy bien una cosa. Se interrumpió en 1912 y todo lo que ocurre desde la crisis del 30 en adelante es una historia distinta. El primer modelo, muy basado en las ideas de Alberti, no creía mucho en la democracia, decía, vamos a ver si la podemos postergar un buen tiempo. Y bueno, una vez que después del ocaso de Roca, desde 1904 en adelante, la clase dirigente, conservadora, liberal, dijo, es hora de la república verdadera. Y eso quería decir la democracia. Y eso también falló. Terminó con el golpe de 30. Y terminó con el golpe de 30 no solo porque había golpistas que detestaban a Yrigoyen, sino porque había deficiencias muy profundas en el experimento nacional-popular yrigoyenista", sostuvo el profesor. 

"Un clásico de la economía, clásico en el sentido futbolístico, es Kayek vs. Keynes. Se llevaban muy bien y no solamente se llevaban muy bien, sino que hay cierto pensamiento de Kayek joven, de fines de los 20' y muy principios de los 30', que parece en Keynes. O parece Daniel Heyman. Ejemplo. Kayek decía: las crisis no vienen automáticamente, no vienen solas, son provocadas por algo y lo que es muy habitual que origine las crisis es una expansión del crédito barato que haga que las inversiones tomen la tasa de interés baja como permanente y entonces inviertan en cosas que después resulta que no se pueden sostener y ahí aparece la crisis. Bueno, a ver, Keynes dijo después cosas muy parecidas. Irving Fisher dijo cosas muy parecidas. Quiero decir, yo tengo una postura, que es, hay, para cada uno de los bandos, llamémoslo así, hay hechos malditos. Entonces, yo tengo la costumbre de ver, quiero leer los hechos malditos. Por ejemplo, von Mises. Solo que como von Mises yo no me encuentro con la riqueza con que me encuentro con Kayek", expresó Gerchunoff. 

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Siete estaciones | Perfil.com 19 Abr 2026 10:12:29 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23316&id_item_menu=438 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23316&id_item_menu=438 La Buenos Aires de mayo de 1810 estaba atravesada por los vientos de autonomía, quizás inadvertidamente sembrados mucho antes por las reformas borbónicas, y en tiempos más cercanos por la invasión francesa a España, el desplazamiento de Fernando VII y el entronamiento de José Bonaparte. Al sudoeste del océano Atlántico, todo ello fue percibido por las élites criollas como una liberación y, primordialmente, como una oportunidad de autogobierno. En junio de 1810 se fundaría la Gazeta de Buenos-Ayres, la herramienta ideada por los revolucionarios para difundir en las ciudades y en los pueblos de las provincias las buenas nuevas (aunque pronto se revelaría que no todos las consideraban buenas).

Un traductor, que quizás haya sido el propio Mariano Moreno, hizo posible que se publicara una parte de un libro, Del Contrato Social, o principios del derecho político, según informaba la tapa, escrito por el ciudadano de Ginebra Juan Jacobo Rosseau [sic], “reimpreso… para instrucción de los jóvenes americanos”. El prólogo sí fue, sin duda, obra de Moreno, convencido, como estaba, de que la letra escrita podía cambiar al mundo. En el párrafo final puede leerse: “Como el autor tuvo la desgracia de delirar en materias religiosas, suprimo el capítulo y los principales pasajes donde ha tratado de ellas. He anticipado la publicación de la mitad del libro, porque precisando la escasez de la imprenta a una lentitud irremediable, podrá instruirse el pueblo en los preceptos de la parte publicada, entre tanto que se trabaja la impresión de lo que resta. ¡Feliz la patria si sus hijos saben aprovecharse de tan importantes lecciones!”.

La demora de la desvencijada Real Imprenta de Niños Expósitos; la prisa del revolucionario por transmitir las ideas transformadoras que –él creía– abrirían el cauce para edificar un equilibrio social, político, económico, sepultando al viejo régimen antiliberal y paralizante. (…)

¿Qué es el equilibrio social, según estas páginas? Es algo mucho menos ambicioso que el contrato de Rousseau o, me desdigo, quizás demasiado ambicioso para al estado inicial de estas tierras, social y culturalmente fracturadas, imposibilitadas de incorporar siquiera la idea de contrato.

Probemos, entonces, en línea con el prólogo, con una definición adaptada a la larga historia que vamos a narrar e interpretar: equilibrio social es la materialización de una aspiración colectivamente compartida de convivencia (o impuesta pero finalmente aceptada) en el seno de una sociedad que, porque es diversa y cambiante, también cambia ese equilibrio a lo largo de la historia, y como a veces no consigue establecerlo y se convierte en pura virtualidad, cada tanto lo pierde. En diciembre de 1951, durante uno de esos momentos de cambio, Juan Domingo Perón usó un término parecido, “el equilibrio económico del pueblo”, para transmitirle a la sociedad que había que superar con sacrificios una crisis económica, pero que después asomaría una nueva aurora productiva y salarial, una nueva normalidad, un nuevo equilibrio después de que aquel otro que él edificara se había perdido.

Vamos a proponer para la Argentina siete estaciones del equilibrio social a lo largo de 213 años (nuestra historia termina en 2023). La primera estación fue la del equilibrio criollo en una economía todavía primitiva y semiestancada, con población escasa y tierra abundante y potencialmente fértil en el litoral de la cuenca del Plata, con población más abundante y tierra más escasa y menos generosa en el resto del territorio. Se trataba de una Argentina que en su nacimiento como proyecto de nación perdió rápidamente su riqueza minera, se embarcó en una larga guerra civil y, por ambos factores, demoró –subrayemos una vez más esta palabra central– la efectivización de una utopía: la de construir un Estado central temprano que contuviera la totalidad de lo que hasta días antes había sido el virreinato.

Nos referimos al período que fue de 1810 a 1860, cincuenta años durante los que se combinaron las aspiraciones crecientes y el igualitarismo libertario del litoral, la desigual distribución de su tierra, el atraso en las provincias del norte y el oeste, los primeros y no poco significativos pasos hacia la inserción del país en el comercio internacional a través del océano Atlántico.

La segunda estación fue de 1860 a 1880 (¿o 1890?), la de una demora sorpresiva, la de una larga transición inesperada cuando tantos esperaban, después de la caída de Rosas, la rápida instauración de un régimen perdurable que dejara atrás las tempestades pasadas. ¿Cómo fue que la nación del progreso material acelerado que la élite política y social daba por descontada con la desaparición de “la tiranía” tuvo que esperar a Roca y finalmente a Pellegrini para plasmarse como una rutina con sobresaltos menores si se los comparaba con las guerras civiles?

*Autor de La demora y la prisa, editorial Edhasa. Fragmento

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Juan Carlos Torre: "La idea del impulso igualitario hace referencia a la sociabilidad de la vida cotidiana" | Seul 16 Abr 2026 11:19:16 -0300 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23315&id_item_menu=438 nota_prensa.php?id_nota_prensa=23315&id_item_menu=438

Juan Carlos Torre, profesor de las maestrías y doctorados en Ciencia Política y en Historia, fue entrevistado por Hernán Iglesias Illia en Revista Seúl sobre el impulso igualitario argentino. 

"La idiosincracia democrática que yo llamo, una en la que los argentinos se sienten parte de, y que no hay posición alguna que por definición está fuera de su alcance. Ese es el contraste entre una sociedad jerárquica y una sociedad no jerárquica. En la sociedad jerárquica hay posiciones, el rey, el príncipe, el duque. En las sociedades democrácticas no. Todas las posiciones son de una manera asequibles en principio. Por lo tanto, allí donde hay una traba o un obstáculo genera una actitud de bronca. Por lo tanto, una sociedad que vive comandada por impulso igualitario es una sociedad que vive a la sombra de la necesidad de plasmarlo. Ahora, en realidad no se plasma todo el tiempo, y como esto no ocurre hay allí una fuente de conflicto", sostuvo el profesor. 

"Si uno piensa a la Argentina en términos de la ampliación de la ciudadanía, piensa en los radicales. Si uno piensa a la Argentina en términos de la ampliación de la justicia social, piensa en los peronistas. Si uno piensa a la Argentina como se piensa a la Argentina, es la clase media. La clase media es la realización, el sueño de hacer la América, y trajo tantos inmigrantes a la Argentina, y que hizo ese sueño verosímil para tantos. Por lo tanto, la clase media es el punto de llegada. Tanto es así que se dice cada cinco años que es el fin de la clase media. La clase media es un test de la salud de la sociedad argentina. Es el punto de llegada de la gente de abajo. De ese modo, una sociedad con impulso igualitario es una sociedad que, de una manera u otra, está a la sombra de un conflicto", explicó Torre.

"Guillermo O'Donnell permite una disgresión. Él vive en Brasil, y en Brasil hay un antropólogo, Roberto Damata, que tiene un artículo que se llama '¿Usted sabe con quién está hablando?', y habla del caso de una señora que quiere, con sus credenciales, sus recursos, estacionar el auto donde no corresponde. Aparece un funcionario que le dice 'Señora, aquí no corresponde', y entonces ella le espeta '¿Usted sabe con quién está hablando?', y el funcionario retrocede. Guillermo utiliza esa anécdota para darle un twist argentino, y le dice '¿Sabe qué, señora? ¿A mí qué mierda me importa?'. La diferencia se mantiene, sólo que él se encoge de hombros. Hay una respuesta alternativa, que la menciona Tito Palermo, y es '¿Y usted quién se cree que es?', y es una cosa distinta. Esa frase descansa sobre la idea de que todos, en principio, estamos en pie de igualdad. Esa pregunta es tan argentina que ahí se respira algo de la sociabilidad argentina", expresó el profesor. 

"La idea del impulso igualitario hace referencia a la sociabilidad, al dato social. De allí no se extrae una moraleja en término de política, simplemente es cómo nos encontramos en la vida cotidiana. Lo importante aquí es llamar la atención a que hay tal cosa. Yo estoy dispuesto a aceptar que ese impulso igualitario ya no brilla como antes. Pero lo que me importa a mí destacar, y esa es la premisa del ensayo, es una Argentina que se cuenta en dos claves. Una famosa clave que muestra el ejercicio de la discordia como parte del ADN argentino, Joaquín V. González en 1920. O la otra Argentina contada en términos del conflicto distributivo, o la lucha de clases. Estas dos narrativas tienen detrás otra narrativa posible que es el impulso igualitario. Este hilo rojo no te lleva mucho más allá de cómo la gente se trata entre sí, en términos jerárquicos y en términos no jerárquicos", indicó Torre. 

La entrevista completa: 

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