Di Tella en los medios

El valor de una capacidad disuasiva

La Nación

2 Febrero 2012

Por Juan Gabriel Tokatlian

No soy experto en las islas Malvinas; es decir, no soy un "malvinólogo". Tampoco adhiero a lo que percibo como un neonacionalismo estrecho, presente entre algunos sectores políticos, sociales e intelectuales. Esto implica que no soy promotor ni defensor de la causa "malvinera". No apoyé la guerra que la Argentina inició en 1982 y tampoco creo que una nueva confrontación sea la solución al tema: esto implica que no soy "malvinista".

Ahora bien, entiendo de relaciones internacionales, de cuestiones de defensa, de asuntos geopolíticos y de política pública en el campo de la política exterior. De allí que me atreva a afirmar que si la estrategia argentina frente a Malvinas se ciñe exclusivamente al terreno diplomático, al multilateralismo activo y a la persistente invocación al carácter democrático del país y a su anhelo de paz, tenderá a oscilar entre el excesivo idealismo y la peligrosa frustración.

La decisión de Londres de enviar a las islas un nuevo destructor de última generación, el HMS Dauntless, no puede responderse solamente desde el ámbito de la política exterior; es importante incorporar la dimensión de la defensa.

Rodear diplomáticamente a una impertérrita y enfurecida Gran Bretaña con múltiples declaraciones de diversos foros zonales, regionales y mundiales es necesario e importante, pero parcial e incompleto. Una prudente capacidad disuasiva es un componente fundamental de una estrategia integral de la Argentina hacia las Malvinas.

Y contar con esa capacidad no hace agresivo a un país: todavía le ofrece más razonabilidad y predictibilidad a su manejo internacional.
En este contexto, cabe recordar que en mayo de 2010 la entonces Ministra de Defensa, Nilda Garré, anunció que el país iba a comenzar los estudios técnicos necesarios para que buques de la Armada -eventualmente un submarino- estuviesen dotados de propulsión nuclear.
En la actual coyuntura sería clave que Buenos Aires anunciara que esa iniciativa se agilizará como parte, entre otras, de una política más amplia hacia el Atlántico Sur y que no entra en colisión con Brasil -que ya le compró recientemente a Francia un submarino nuclear- y que no antagoniza con Estados Unidos, que conoce y secunda la asertiva política de no proliferación de la Argentina.

Además, ya que está en circulación el último Libro Blanco, que brinda a la opinión pública nacional e internacional los grandes trazados en materia de defensa del país, es importante determinar, lo antes posible y con ese diagnóstico básico, la política específica de inversión, producción y adquisición militar.
De modo transparente, sin gestos grandilocuentes y con recursos moderados, la Argentina puede contar con una dotación defensiva suficiente.
Si el actual gobierno argentino apuesta (otra vez) a la política de incrementar los costos (de diversa índole) para los ingleses de mantener las islas Malvinas, eleva (todavía más) el discurso de la "recuperación pacífica" y confía (en exceso) en los pronunciamientos de otros actores (por ejemplo, el Mercosur, Estados Unidos, los países del Caribe) sobre el tema, sin contar con una estrategia de política exterior y de defensa complementarias, balanceadas y sólidas, Gran Bretaña deducirá, una vez más, que la política argentina hacia Malvinas es poco creíble, limitada y simbólica.

En serio
Una política seria y en serio hacia Malvinas comienza por robustecer el control civil, político y democrático de las fuerzas armadas, por gestar un verdadero consenso sociopolítico interno, producto de la deliberación y la convergencia, por sustentar tal política con un abanico de recursos realmente disponibles, y por validar con hechos cooperativos el compromiso con el derecho internacional.
El antídoto al conflicto no es la retórica del pacifismo y el no militarismo; a la negociación se llega cuando se cuente con atributos tangibles e intangibles de poder. En el camino, hay que hacer muchas cosas, muy bien hechas y durante mucho tiempo.

El autor es profesor del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella.