En los medios

El Cronista Digital
14/10/11

Kirchner, el culto a la personalidad y el riesgo de reescribir la historia

Por
A punto de cumplirse un año de la muerte de Néstor Kirchner, calles, avenidas, plazas, monumentos, escuelas, hospitales, barrios enteros y hasta un torneo de fútbol fueron bautizados con su nombre. En Río Gallegos avanza la construcción de un impactante mausoleo que albergará sus restos, mientras su viuda, la presidenta Cristina Kirchner, aprovecha cada ocasión, campaña electoral mediante, para nombrarlo a "él" como si se tratase de un ser desprovisto de defectos, casi celestial, a riesgo de anular el análisis crítico de la época. Así, lejos de esperar el juicio equilibrado de la historia, despojado de pasiones coyunturales y miradas cortoplacistas, el kirchnerismo se ha lanzado a la faena de convertir a Kirchner en un prócer. El fenómeno no es nuevo y remite al peronismo (el culto a Eva Perón fue en el pasado una política de estado). Pero su falta de originalidad no lo exime de pecado.

"La interpretación del pasado contiene siempre un elemento político, pero cuanto mayor y mejor sea la investigación académica y periodística sobre nuestra historia, menor será aquello de que la historia la escriben los que ganan. Hoy la historia de Kirchner, por lo menos la que alcanza al gran público, la escriben los que ganan", sentencia Carlos Gervasoni, profesor del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la UTDT. 

El escritor, sociólogo y psicoanalista Marcos Aguinis coincide, y afirma que el kirchnerismo practica sin pudores "el culto a la personalidad que caracteriza a todos los autoritarismos. La ?beatificación? de ciertos líderes no está basada en sus méritos, sino en el uso distorsionado de su nombre y figura para acumular más poder, impúdicamente", dice. Y advierte: "El riesgo es confundir más a la ciudadanía y convencerla de que fue un prócer y sus seguidores son lo mejor del país. Esto lo han hecho Mussolini, Stalin, Mao y otros personajes de parecida calaña. Algo de lo que más adelante los pueblos toman conciencia y se avergüenzan".
En la vereda opuesta, Diego Reynoso, politólogo e investigadro de Flacso, disiente: "Una cosa es el culto a la personalidad y otra el autoritarismo. Videla y Massera eran muy autoritarios y no favorecían el culto a la personalidad. Yirigoyen fue acusado de personalista por sus contrincantes internos y fue un demócrata, aunque para algunos sectores (sobre todo los que lo derrocaron) era autoritario. Lo mismo con Perón. De todos modos, no creo que el kirchnerismo sea personalista en el nivel de Perón e Yrigoyen", dice. Y minimiza: "Me da la impresión de que el recurso de ?él?(como lo llama CFK) es producto de asesores de imagen y la inauguración de plazas y demás, de los políticos locales", que resultan más papistas que el Papa para congraciarse con la Rosada.
En el nombre de la Psicología (política y psicología se entrelazan, invariablemente) el psicoanalista Harry Campos Cervera también da su visión sobre el intento de elevar a Kirchner a la categoría de mito: "La mitología muestra héroes terrenales que superan su propia muerte a través de la resurrección como divinidad. Como tal, el mito de Néstor sigue idéntico camino de idealización. La muerte y el tiempo opacan al Néstor de los aprietes, de los pueriles desplantes parlamentarios, de las extorsiones con las cajas de la Coparticipación Federal, el descenso de su popularidad y la posibilidad de ser desplazado en las elecciones".

En efecto; la imagen del ex presidente que promueve hoy el Gobierno poco tiene que ver con aquel político de carne y hueso que, con defectos y virtudes, para bien o para mal, ocupó -y ocupa aún después de muerto- un lugar central en la política del país. Y lo cierto es que la exaltación desmedida de su personalidad se ha vuelto a estas alturas un eje vital de la política kirchnerista. A casi un año de su muerte, ¿quién recuerda hoy al Néstor intransigente y exaltado, aquel que vociferaba ?¿qué te pasa Clarín?? y no dudaba en acusar al campo de "conspirar" para desalojar a Cristina del poder? ¿O al Néstor irascible de 2009 que admitía a regañadientes su derrota electoral en la Provincia, mientras juraba venganza por lo bajo contra los barones del conurbano que, según él, lo habían "traicionado"? 
Para Gervasoni, las inagotables acciones oficiales para honrar la memoria de Kirchner no son otra cosa que parte de la batalla cultural que libra el Gobierno para conquistar a la opinión pública. "El kirchnerismo ha tenido una impronta refundacional desde sus inicios y ha invertido mucho esfuerzo en reinterpretar la historia en su provecho", afirma y, a modo de ejemplo, recuerda que fue el propio Kirchner que a principios de su Gobierno se atrevió a hablar "de la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia las atrocidades cometidas por la dictadura", ignorando deliberadamente el histórico juicio a las Juntas impulsado en la primavera democrática por el entonces presidente Raúl Alfonsín. 

De héroes improbables
"Toda refundación necesita un discurso legitimador, de mitos, y de héroes y villanos. Kirchner es un héroe improbable: no luchó contra la dictadura, no defendió como abogado a las víctimas de la represión, no levantó la voz contra ninguno de los aspectos más cuestionables del menemismo, manejó el poder y las finanzas de Santa Cruz con escasísima transparencia, y disfrutó de gran fortuna y poder durante los últimos 23 años de su vida. Reconstruir esta figura demasiado terrenal en un prócer del movimiento requiere un esfuerzo comunicativo y simbólico enorme, esfuerzo que el Gobierno está llevando a cabo con bastante éxito", analiza Gervasoni.

Los riesgos de esa iniciativa están a la vista. Tanto es así, que Aguinis y Gervasoni hacen foco en el estilo autoritario de ejercicio del poder que caracteriza a los K. "En las democracias consolidadas, un líder puede ser más o menos popular, pero nunca el Estado se pone al servicio del endiosamiento del gobernante o de sus familiares", dice Gervasoni. Incluso, añade, aquí se corre el peligro de politizar aún más al Estado argentino. "De la misma manera en que Canal 7 o el Indec hace tiempo que dejaron de ser públicos y pasaron a ser gubernamentales, la política de nominación de escuelas y otros lugares estatales ha dejado de ser pública y se ha convertido en propiedad de una de las fuerzas políticas del país", sostiene el profesor de la UTDT. 
Aguinis y Gervasoni también dedican un párrafo ácido a los intelectuales K, por su aporte a la construcción del mito. "No merecen el nombre de intelectuales, porque no son independientes. Son funcionarios, con sueldos y disciplina humillante", dispara Aguinis. Gervasoni concuerda: "Si una persona ayuda a construir un mito no es un intelectual. Mucho menos si se trata de un mito legitimador del poder. Los intelectuales buscamos descubrir la verdad, no crearla, y tenemos un instinto crítico que nos aliena del poder, porque el poder exige callar las críticas". Reynoso, en cambio, los exculpa: "Lo que quizá ocurre es que ellos son conscientes acerca de que la historia es una construcción y hayan favorecido explícitamente la inicitiativa", sostiene.

Si Néstor es idea e inspiración celestial como insinúan los ultra-K, Cristina es, para Campos Cervera, heredera"corpórea y terrenal. Es la dirigente K por excelencia y a ella apuntarán de aquí en más amores devotos o enconadas enemistades, las que son legítimamente propias o vehiculizará las que generó su marido". 

Para Aguinis, CFK "construye su propia imagen, usando a su marido. Por eso muchos de sus cómplices prefieren hablar de ?cristinismo?, dejando atrás la K". Con todo, el autor del Atroz encanto de ser argentinos vaticina corta vida al Kirchner prócer. "Casi todo su accionar estuvo motivado por una ambición desorbitada de poder. Nada de patriotismo ni solidaridad. Para tener poder acumuló dinero (antes y durante su función pública). Dinero y poder son los dos factores decisivos de cualquier gobierno populista. Con ese fin se miente sin límite y se roba, también sin límite", dice. 

Será el rol de la historia encontrar el punto de equilibrio.