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1/05/24

Eduardo Levy Yeyati anticipa los cambios laborales en tiempos de la IA y la automatización

Eduardo Levy Yeyati, profesor de la Escuela de Gobierno y director académico del Cepe, fue entrevistado en Modo Fontevecchia sobre su libro "Autmatizados", que escribió con Darío Judzik, decano ejecutivo de la Escuela de Gobierno UTDT.

Por Jorge Fontevecchia


Eduardo Levy Yeyati | NA


Eduardo Levy Yeyati remarcó la dificultad de que los gobiernos regulen la tecnología debido a la pérdida de control que tienen frente a las grandes empresas tecnológicas y sugirió un enfoque que incluya la distribución de los beneficios tecnológicos y un cambio en la forma en que nos relacionamos con el trabajo. “Si no logramos esta redistribución, podría ser que el aumento de la productividad de la tecnología derivara en una depresión económica”, señaló en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) y Radio Amadeus (FM 91.1).

¿Crees que la Inteligencia Artificial va a reducir la cantidad de trabajo o que va a generar otros, como ha sucedido con la Revolución Industrial?

Creo que, a la larga, la cantidad de trabajos van a ser menores. Eso puede ser bueno o malo, pero me parece que la idea de que esto pasó antes, de que se crean tantos como se destruyen, basado en la evidencia muy antigua de la Revolución Industrial y de las primeras revoluciones tecnológicas, me parece que eso es una ilusión. Yo creo que a la larga hay diferencias entre lo que está pasando ahora y lo que pasó antes. En particular, la inteligencia artificial reemplaza o sustituye a la inteligencia, con lo cual le deja al trabajador humano muy pocos frentes en donde refugiarse.

Y creo que el desafío no es tanto rezar que esto no suceda, ni evitar que suceda, sino más bien empezar un proceso de adaptación, algo que es irreversible, un poco como el cambio climático, digamos. Yo creo que hay que empezar a adaptar nuestras vidas, nuestras regulaciones, incluso nuestros esquemas de distribución, para un momento en donde haya mucho menos trabajo, mucho menos empleo y mucho menos trabajo.

¿Y cómo? ¿Qué propones en “Automatizados”?

Mira, hay varias cosas. Primero analizamos las diferentes visiones que hay en el mundo sobre el problema. Por ejemplo, hay muchos, sobre todo economistas, muy conocidos, gente como Dani Rodrik, Daron Acemoğlu, Simon Johnson, que ven el peligro de la automatización en términos de distribución de ingresos, de sustitución laboral, y lo que piden es que la regulación, los estados, los gobiernos, se pongan al frente y favorezcan tecnologías que sean menos sustitutivas, más complementarias, y frenen las otras. Y hay varios autores que suscriben esto.

Yo en el libro argumento que esto es bastante difícil que suceda, por varias razones, pero fundamentalmente porque los estados han perdido un poco el control y la delantera en relación a las grandes empresas tecnológicas. Muchos de los reguladores, de hecho, ahora que se están viendo algunos inicios de regulación en Estados Unidos y en Europa, ni siquiera terminan de entender muy bien de qué se trata la tecnología que está apareciendo, cuando esta ya se está renovando y está en la siguiente etapa. Entonces, me parece que es ilusorio pensar que los Estados van a poder orientar y condicionar la tecnología.

Entonces, lo que yo sugiero en relación a esto, es un proceso de adaptación que tiene que ver más bien con, primero, cómo redistribuir los frutos de la tecnología, asumiendo que esa tecnología incremente la productividad del producto, pero que concentre esos frutos en unos pocos dueños de la tecnología.

Cómo hacer para que estos frutos lleguen al resto de la población, porque no nos olvidemos que si concentramos toda la tecnología y la riqueza en unos pocos hiper ricos, eso genera una caída de demanda, genera una presión económica, genera una distopía si se quiere. Y por el otro lado, hay muchas cuestiones que tienen que ver con el cambio en la manera en que nosotros entendemos e incorporamos el trabajo en nuestras vidas, porque el trabajo nos permite vivir, pero también culturalmente está en el centro de todo lo que hacemos. Y yo creo que a futuro lo que nosotros entendemos por trabajo tiene que cambiar de la misma forma que cambió a lo largo de la historia.

Entonces hay como un lado de política económica y hay todo un costado que es más bien cultural o individual. Nadie te puede decir cómo cambiar esto y espero que de generación en generación vaya cambiando la forma en que entendemos y nos relacionamos con el trabajo en nuestra vida cotidiana.

Escuchandote me viene a la memoria, por un lado, Turing planteando que la inteligencia artificial iba a ser en la segunda década del siglo XXI, en el momento en que la computadora pueda mentir; y por otro lado, me parece que Keynes había planteado que para el 2030 solo iban a quedar trabajos de servicios. ¿Cuánto hay de correcto en aquellas previsiones y cuanto se conectan con tu tema de “Automatizados”?

Lo de Keynes es interesante, él, en el medio de la depresión económica, en parte causada por los cambios tecnológicos, decía que dentro de 100 años la tecnología básicamente va a reemplazar muchas de las tareas y vamos a poder vivir trabajando 15 horas a la semana y dedicando el resto del tiempo al ocio, que en el caso de Keynes que era el ocio creativo, era un esteta miembro del grupo de Bloomsbury en esa época, un intelectual, pero podía ser cualquier otra cosa. De alguna forma decía vamos a tener más ocio, vamos a satisfacer nuestras necesidades básicas y vamos a tener tiempo de usar nuestro tiempo para lo que queramos.

Algo de eso sucedió en el sentido del aumento de la productividad, sin embargo la gente sigue trabajando mucho más de lo que hipotetizaba Keynes, me imagino que por cuestiones que tienen que ver más con la cultura. Nosotros consumimos mucho más que la gente de la misma clase social de la época de Keynes, o sea que ese tiempo o esa productividad que nos liberaba la usamos para trabajar más y consumir más, entonces en parte se dio el aumento de productividad pero no lo que Keynes presagiaba sobre el ocio.

Lo de Turing es más complejo porque en el imaginario social, mucho de lo que vemos de la inteligencia artificial la gente lo asocia a la máquina de Turing, pero la máquina de Turing partía de la base de emular el proceso de pensamiento del ser humano, o sea generar un cerebro, generar un proceso de conceptualización del tipo de características de los seres humanos.

La inteligencia artificial hoy no genera eso, lo que hace es, en todo caso, imitar al ser humano, se entrena con sus productos, con su conocimiento, con su saber, lo imitan en sus sesgos también, o sea mucha de esta inteligencia artificial cuando se ponen por ejemplo a juzgar personas, a juzgar delincuentes, tienen los mismos sesgos del profiling, los mismos sesgos étnicos que tienen los jueces o los policías del mundo. Entonces es una inteligencia en el sentido, por ahora, más imitativa, no es la máquina autoconsciente.

Dicho esto hay muchos tecnólogos que están anticipando que vamos a llegar a un nivel de inteligencia artificial tal que haga todo lo que hace el hombre pero un poco mejor en los próximos 20 años. Digamos tenemos 20 años para ese salto tecnológico que todavía no vemos, por eso decía que hoy es el momento de adaptarse.

Claudio Mardones: Luego de la aprobación de la ley Bases, Martín Menem, dijo que falta el camino del Senado, pero que la ley actual encierra cinco veces la reforma del Estado que impulsó Roberto Dromi durante la primera presidencia de Carlos Menem. Hace instantes, José Luis Bour, titular de FIEL, decía que las reformas de la ley se parecen más a lo impulsado por Martínez de Hoz. ¿Cómo evalúa usted este último borrador de la Ley bases y el paquete fiscal?

Mira, la Ley Bases, y lo mismo creo que aplica al DNU, es una bolsa que contiene cosas muy heterogéneas. Entonces hablar de una reforma o hablar de si la ley está bien o está mal, creo que es imposible. Algunas cosas incluidas en esta ley, recordemos que la ley original es mucho mayor, que después uno puede perfeccionarlo.

Pero un paquete fiscal, si nosotros estamos en un proceso de ajuste fiscal y no le damos al ministro de Economía un paquete fiscal para que, como en este caso, suba impuestos o cambie la forma de los impuestos, o renueve o reforme la forma en que se pagan, por ejemplo, ahí se crea una figura laboral del colaborador, que en este caso es una forma de formalizar un trabajo que antes era informal, bueno, le damos herramientas para que haga política fiscal, más allá de la licuación que es lo que ha estado haciendo hasta ahora.

Entonces en ese sentido es lógico, uno puede criticar o pensar cómo esto se podría haber hecho mejor, pero era lógico tener un paquete fiscal desde el inicio, de hecho creo que el Gobierno lo postergó demasiado, tendría posiblemente que haber priorizado ese paquete fiscal en enero, por ejemplo. Entonces me parece que es natural que haya salido, y luego medida por medida la podemos evaluar.

La reforma laboral, por otro lado ya que estamos hablando de trabajo, me parece que hay algunas cosas también naturales que se han propuesto muchas veces, como por ejemplo la extensión del periodo de prueba. Pero esta extensión del periodo de prueba tenía como sentido que la gente que no tiene un track record laboral tenga tiempo de entrenarse, de generar una habitualidad laboral y de ser conocida por el empleador. No necesariamente que uno le dé más tiempo a las PyMEs que a las empresas grandes, ¿me explico? Entonces algunas de estas medidas parecieron haber sido redactadas por gente que escuchó la propuesta pero no entendió el argumento o la razón detrás de eso.

Lo mismo lo de la creación de los colaboradores. Uno querría que la persona que hoy es empleada informal o incluso independiente tuviera un puente, un terraplén más o menos fácil de transitar hacia el empleo formal. Y en cambio lo que estamos creando es más empleo independiente, precario, del tipo del monotributo.

Entonces también me parece que es un error en ese sentido, aunque lo que se intenta hacer tiene sentido, que es abrir un poco la puerta a que toda esta gente que está excluida del sistema, sobre todo del sector privado de empleo formal, encuentre una puerta para entrar e idealmente quedarse dentro del sistema. Entonces, como te digo, es muy difícil evaluar todo como si fuera una sola ley porque hay luces y sombras, pero me da la sensación de que alguna de estas medidas pudo haber sido debatida técnicamente más antes de iniciar el debate más político que lo que vimos.

Y después hay muchas cosas que estuvieron dando vueltas durante dos o tres meses y que ya sea dentro del gobierno de La Libertad Avanza como luego en el Congreso fueron de alguna forma filtradas por grupos de interés. Y hay muchas cosas que desaparecieron de las propuestas originales que tienen que ver con la fuerza relativa de algunos grupos de interés en Argentina. 

CM: Las retenciones, por ejemplo, no aparecieron más.

No, y muchas veces se ha hablado de qué hacer con el gasto tributario en Argentina. 

CM: Respecto a eso, ¿usted cree que en algún momento en este escenario avancen con ese punto o es solamente una declaración de deseos?

Yo creo que no van a avanzar. Creo que los dos grupos que se benefician de ese régimen, así como algunas empresas que tienen beneficios legales porque están sancionados, que entran dentro de este gasto tributario, es básicamente ingresos que el sector público deja de percibir y que son, según cálculos, entre dos puntos y medio y cuatro puntos del PIB, estamos hablando de una suma muy importante. Me parece que eso no va a volver. No va a volver por lo menos en lo inmediato.

Tampoco creo que vuelvan, por ejemplo, se discutió en algún momento la ley de Zona Fría, las instituciones que tenían en la Patagonia. Yo creo que eso fue parte de la negociación política en algún caso, o resultado de la influencia de ciertos grupos empresarios, pero lo cierto es que lo que no se sancionó ayer me da la sensación de que va a quedar para una etapa posterior.

Una de las grandes tendencias es la reducción de la población mundial, y he escuchado que China piensa resolver con 800 millones de robots. Hay un punto a partir del cual el Producto Bruto de los países tiene una relación con la población, y su crecimiento tiene relación con el crecimiento de la población. ¿Cómo juega aquí la reducción de la población respecto de la inteligencia artificial? Y si no hay la suficiente cantidad de personas, el problema no es solo producir sino consumir, y los robots no van a consumir.

Esas son dos preguntas centrales. El tema de la demografía, claramente si yo tengo más gente trabajando por la misma cantidad de población total, a igualdad de productividad, de eficiencia en el trabajo, voy a tener mayor producto per cápita, mayor riqueza. Lo mismo a la inversa pasa con el envejecimiento poblacional. Tengo muchos pasivos, pocos activos, los que producen son los activos. Salvo que haya un aumento importante en la productividad de esos activos, y ahí es donde entra la tecnología, si yo envejezco como población me vuelvo más pobre.

Aparte que tengo una serie de problemas fiscales, intergeneracionales, en el sistema previsional, por ejemplo, caída de la inversión, una serie de problemas que pueden llevar a una depresión económica, en el caso de un envejecimiento que no esté acompañado por un aumento de la productividad de la gente que trabaja.

Imaginemos al robot. El robot puede reemplazar a un trabajador y es como si tuvieras más población. Lo que sucedía hasta ahora es que los países los reemplazaban con inmigrantes, por eso es que el envejecimiento poblacional es uno de los determinantes de las políticas migratorias entre países en el mundo. Y lo estamos viendo en Europa, lo estamos viendo en Estados Unidos también.

La idea de China es reemplazar a los trabajadores por robots industriales, o robots en general, y creo que es una política de Estado que ya tiene como 10 años. De hecho han reemplazado, han automatizado muchas fábricas. Se refiere específicamente a los trabajadores físicos, no a la inteligencia artificial en el sentido que estamos entendiendo en los últimos dos años.

Entonces, sí puede de alguna forma, si aumentás la productividad de los trabajadores remanentes o reemplazás físicamente a los trabajadores con robots, podría compensar, y esa es la idea de la política china, podría compensar el envejecimiento de la población, tener menos trabajadores.

Ahora, la otra pregunta que vos hacías yo creo que es una pregunta esencial, imagínate que la tecnología aumente la productividad y logre compensar la caída de los trabajadores, sustituyendo parte de estos trabajadores. Imagínate en ese caso China, el dueño del robot o el dueño de la tecnología es el que se lleva la rentabilidad, la plusvalía de la tecnología, de la misma forma que antes el trabajador a través de los sindicatos peleaba por la distribución de la plusvalía del trabajo. Y entonces se concentra la riqueza, la masa salarial, la participación del trabajo en el producto cae, y tenemos muchos ricos por un lado que consumen menos de su ingreso porque están saturados de consumo, y muchos trabajadores pobres que consumen muy poco.

Si no logramos, a través de la política, un esquema que sea justo, en el sentido que redistribuya sin abortar la inversión, el desarrollo tecnológico, si no logramos esta redistribución, bien podría ser que el aumento de la productividad de la tecnología derivara en una depresión económica, que a su vez lo que haría es inhibir nuevas inversiones e inhibir el desarrollo tecnológico. Ese es el escenario a evitar, y ahí es donde debería concentrarse la discusión económica relacionada a la tecnología.

¿Estás presentando automatizados en la Feria del Libro?

Estoy mañana en el stand de Ticmas hablando de cómo todo esto que mencionamos acá impacta sobre la educación, que tenemos que educar, para qué, cómo adaptarnos siendo trabajadores enfrentando esta ola tecnológica. Y después hay varias presentaciones a lo largo del mes, pero mañana voy a estar a las 7 en el stand de Ticmas hablando de todos estos temas en asociación con la revolución educativa.