En los medios

El Litoral
8/07/17

Corea del Norte y el balance de poder

El profesor de relaciones internacionales de la Di Tella afirma: "La consecuencia más importante del nuevo misil no es militar sino geopolítica. El dato estratégico fundamental es que un arma con alcance intercontinental en poder de Corea del Norte altera el balance de poder en Asia".

Por Mariano Turzi

Hace más de cuatro décadas que Estados Unidos ha intentado controlar a la dinastía Kim mediante amenazas, la realización de ejercicios militares, la intensificación creciente de sanciones diplomáticas y bloqueos comerciales, hasta llegar más recientemente al cibersabotaje. Nada de eso lo ha evitado. Ni siquiera la delegación en China.

Pyongyang ha resistido a sus enemigos en Occidente, tanto como a sus patrones orientales. Es más, ha aumentado el potencial y el alcance de su arsenal de misiles. De manera complementaria, ha logrado además avances en múltiples áreas, como el desarrollo de motores de cohetes de combustible sólido y capacidades de lanzamiento móvil, incluyendo cohetes que pueden ser disparados desde submarinos.

Casi todos los misiles balísticos anteriores norcoreanos -11 tipos diferentes en total- utilizaban motores basados en modificaciones de la tecnología más antigua de la era soviética. Pero desde el martes pasado, Pyongyang alcanzó un cambio cualitativo: un misil balístico intercontinental (Icbm). Esto constituye un hito en el programa armamentístico norcoreano. El nuevo misil bautizado Hwasong-14 alcanzó una altura máxima de 2.802 kilómetros y recorrió 933 kilómetros en 39 minutos. Los datos concuerdan con los obtenidos por la inteligencia militar estadounidense, surcoreana y japonesa. Un misil que exceda un rango de 3.400 millas se clasifica como un Icbm.

David Wright, científico principal de la Unión de Científicos Preocupados, calculó que, de volar en una trayectoria más típica, la capacidad del Hwasong-14 superaría las 4.100 millas (6.598 kilómetros) lineales. El régimen de Kim Jong-un se encuentra en posición de alcanzar rápidamente objetivos densamente poblados en el Asia Pacífico (Tokio en Japón, Hong Kong en China, Sydney en Australia). Y muchos analistas coinciden en que es suficiente para alcanzar Hawái o Alaska en los Estados Unidos.

Funcionarios de Corea del Sur han dicho que Corea del Norte puede montar una ojiva nuclear en un misil de alcance medio capaz de atacar a Japón y Corea del Sur, incluidas las bases militares estadounidenses en esos países. A ello hay que sumar las capacidades nucleares. Es imposible verificar el avance desde que Corea del Norte realizara la primera de sus seis pruebas nucleares hasta la fecha, en 2006.

El Instituto Americano para la Ciencia y la Seguridad Internacional estimó que Corea del Norte poseía entre 13 y 21 armas nucleares a junio del 2016. El Instituto Estadounidense-Coreano de Washington DC, en 2015, evaluó que el régimen tenía suficiente material fisible para construir entre 6 y 30 armas nucleares. El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri) en julio 2017 afirmó que Corea del Norte contaba con hasta veinte ojivas nucleares. Y, aunque cuestionado, la prueba nuclear de enero de 2016 podría haber involucrado un potente dispositivo de hidrógeno. Aunque aún no hay evidencia de que Corea del Norte sea capaz de construir una ojiva nuclear miniaturizada para colocar dentro de uno de sus misiles de largo alcance, hoy hay pocas razones para dudar de que lo logrará en el mediano plazo.

En enero de 2002, el entonces presidente estadounidense George W. Bush identificó un “eje del mal” integrado por Irak, Irán y Corea del Norte. De los tres, el único que no tenía un programa nuclear era Irak. ¿Quién fue invadido? ¿Cómo evitar el camino de Bagdad? Haciéndose fuerte, con armas nucleares. ¿A qué costo? A cualquiera, estaba en juego la supervivencia. En diciembre de 2003, después de largas negociaciones con Occidente, Libia anunció sorprendentemente que renunciaría a sus programas de desarrollo de armas de destrucción masiva y permitiría inspecciones incondicionales. Esto le valió elogios internacionales al histórico líder africano Muammar Gaddafi. Se instó a Kim Jong-il a seguir el ejemplo de su par libio. Hoy los Kim están en el poder. Los Gaddafi, muertos o en la cárcel.

La consecuencia más importante del nuevo misil no es militar sino geopolítica. El dato estratégico fundamental es que un arma con alcance intercontinental en poder de Corea del Norte altera el balance de poder en Asia. En capitales como Teherán y Pyongyang, la lección es que en este (des)orden mundial actual la única manera de sobrevivir en ese mundo hostil era hacerse fuerte. Se leen en Pyongyang como debilidad y payasada.

El escritor es PhD en relaciones internacionales. Autor de “Todo lo que necesitas saber sobre el (Des)Orden Mundial” (Paidós, 2017). Nota publicada en infobae.com