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Clarín
11/05/17

El debate sobre las drogas se amplía en los libros

"La guerra contra las drogas ha generado ganadores y perdedores", sostiene Juan Gabriel Tokatlian, profesor de Relaciones Internacionales de la Di Tella, en su reciente libro "Qué hacer con las drogas"

Aunque en las campañas electorales la "mano dura" contra el narcotráfico suele ser una bandera que cosecha votos, muchos especialistas dicen que esa estrategia, tal como se aplicó en algunos países, fracasó. El negocio ilegal no se redujo. ¿La mayor presión debe dirigirse hacia el lavado de dinero para perseguir a los peces gordos y no a los "perejiles"? ¿Sería mejor aumentar políticas sanitarias que ayuden al adicto, antes que distraer recursos en detenerlo y enjuiciarlo? ¿El consumo personal de marihuana es muchísimo más dañino que el de tabaco o el de alcohol? El debate continúa. Y en la Feria del Libro se encuentran títulos recién publicados que lo desmenuzan.

"La guerra contra las drogas ha generado ganadores y perdedores", le explica a Clarín Juan Gabriel Tokatlian, experto en política internacional y profesor de la Universidad Di Tella. Acaba de firmar Qué hacer con las drogas (Siglo XXI; 249 pesos). "Es imperativo -dice- abordar el tema desde una perspectiva de economía política internacional: quién gana qué y cómo con la perpetuación de una estrategia fallida. En ese contexto, hay actores muy afectados. Por un lado, los campesinos vulnerables que, en tanto cultivadores en zonas de baja presencia estatal, están en el fuego cruzado entre capos del narcotráfico y autoridades locales corruptas. Por otro lado, los pobres urbanos, con frecuencia son maltratados por las fuerzas de seguridad que son vehementes contra ellos y bastante conniventes con las organizaciones criminales organizadas. Y está el usuario ocasional de drogas, que no produce violencia con su hábito pero es estigmatizado. Las minorías y los jóvenes son los más perseguidos y sentenciados con penas severas".

En su obra, este analista repasa datos oficiales. En 2014, la producción de opio en el mundo alcanzó las 7.554 toneladas, el segundo nivel más alto desde la década del '30, según informó la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. La misma entidad señaló que el número de sustancias psicoactivas ilegales de base sintética pasó de 126 en 2009 a 450 en 2014. La producción se diversifica. Al mismo tiempo, la “tasa de interceptación” global de lavado de dinero generado por el negocio de la droga no supera el 0,2 por ciento.

Mientras que los organismos multilaterales contabilizan 246 millones de consumidores de drogas, se considera que la mayoría usa marihuana y el consumo problemático atañe a unos 27 millones de personas, "Equivale al 0,36 por ciento de la población mundial total. Librar esta 'guerra contra las drogas' en función de un problema que atañe al 0,36 por ciento de la población mundial parece algo exagerado", evalúa Tokatlian, al describir un método que incluye la militarización de la sociedad. Mejorar programas de salud y contención para los consumidores y aumentar la persecución en otros eslabones del circuito aparece como una solución más efectiva.

El periodista Fernando Soriano escribió Marihuana (Planeta; 439 pesos), una historia sociocultural de esa planta en el mundo y en la Argentina. Le explica a Clarín que su objetivo fue "aportar información para vencer los prejuicios y los datos insólitos sobre esta 'droga' con los que nos vienen mal educando".

La investigación combina datos históricos, trabajos científicos y relatos olvidados. Manuel Belgrano proponía en su tiempo el cultivo de cáñamo (la planta del cannabis) para fabricar con su fibra telas para ropas y para la navegación, incluso sogas. Se trataba de un modelo de desarrollo económico, se cuenta en el texto. El libro repasa prácticas místicas de la antigüedad con esa hierba, su influencia en movimientos culturales, así como la época en que los cigarrillos de marihuana se podían comprar en las farmacias argentinas. También, su aparición en estas tierras: el consumo que hacían los esclavos llegados a América, en sus candombes. El "porro" se llamaba "pango", palabra de origen angoleño, y según el texto Juan Manuel de Rosas participó en muchos de esos festivales aromatizados.

El libro de Soriano retrata campañas de demonización que incluyeron películas de cine. "Una buena historia es Humo de marihuana (1968), de Lucas Demare, que plantea cosas ridículas alrededor de la planta", dice Soriano. En ese filme, un médico pierde a su mujer y, al investigar los hechos, es arrastrado a la adicción y la vida delincuencial. La hipótesis de Marihuana, apoyada en distintos informes, es que la demonización empezó en Estados Unidos y formó parte de una campaña para descalificar a grupos sociales no alineados: desde inmigrantes hasta los hippies de los '60.

"La guerra contra las drogas es un negocio principalmente para el narcotráfico y todos los que maman de ese desborde: políticos, fuerzas de seguridad, clínicas de rehabilitación" dice el periodista, que el sábado presenta su libro en la Feria, en diálogo con el escritor Juan José Becerra. El trabajo también repasa calvarios de consumidores encarcelados y el emotivo caso de las "madres del cannabis", que impulsaron la aprobación, en marzo último, de la ley que autoriza el uso medicinal de la sustancia.

¿Qué vínculos tiene y tuvo en la Argentina el narcotráfico con organismos oficiales? El periodista de Clarín Daniel Santoro acaba de publicar una larga investigación: La ruta de la efedrina (Ediciones B; 340 pesos). El subtítulo del libro empieza a responder la pregunta: "La trama secreta de las relaciones del narcotráfico con la política, la SIDE y la Aduana". Ahí se narra, por ejemplo, el financiamiento de la campaña electoral de Cristina Kirchner del 2007. Lo que más nos afecta como ciudadanos, dice, "es la protección política que Ibar Pérez Corradi y Sebastián Forza tuvieron para contrabandear 50 toneladas de efedrina traídas desde China y la India de parte de la SIDE, la Aduana, la Policía Federal y la Bonaerense. La jueza Servini de Cubría tiene los nombres que le dio Pérez Corradi sobre esos funcionarios que cobraron 20 millones de dólares en coimas y ahora se supone debe avanzar sobre esa pata política. La Argentina tiene ya unos 800 mil consumidores de cocaína. Es un mercado de mil millones de dólares anuales, sin contar el paco (la droga de los pobres). Hace años que dejamos de ser un país de tránsito. Y se contrabandearon 50 toneladas de efedrina a México para reexportarla, como metanfetamina a EE.UU".

En otro libro que acaba de aparecer, Neurociencias para presidentes (Siglo XXI, 339 pesos), uno de sus capítulos repasa estudios científicos que esclarecieron cómo funciona el circuito de recompensas del cerebro y quienes tienen mayor predisposición a una adicción. Una mirada científica para pensar en el desarrollo de políticas públicas. Ese apartado lo firman los investigadores Liliana Cancela y Rudy Bernabeu.

Dársela en la pera (Marea editorial; 275 pesos), también se ve en la Feria. Se trata de un trabajo de campo que realizó el Instituto de Investigación sobre jóvenes, violencia y adicciones (Ijóvenes), que depende de la Cámara de Diputados bonaerense-. Un equipo de periodistas, sociólogos, psicólogos y politólogos recorrió el Conurbano buscando comprender cómo se vinculan las carencias con algunos consumos.

El debate, continúa.

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