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9/05/17

Macron: una victoria que salva a Francia y Europa

Según el profesor de Relaciones Internacionales de la UTDT, "las viejas sombras del pasado se evaporaron en manos de un candidato que proponía modernizar la economía, mantener a Francia en el mundo, apostar a la Unión Europea y moralizar la vida pública"

Por Carlos Pérez Llana
Finalmente lo que parecía una desmesura política se corporizó. Cuando E. Macron dejó el gobierno de F. Hollande razonó estratégicamente: el sistema no daba para más. Nunca ha sido votado, es un joven sin partido, pero lo acompañaron en la empresa solitaria algunas de las cabezas francesas más lúcidas, convencidas que el país podía caer en manos del populismo instalado en los extremos del arco político y capaz de destruir el sueño de la generación pro-Europa.

Las cifras impactantes de su triunfo (66%) deben ser evaluadas a la luz de datos insoslayables: altísima abstención (25%) y el voto de París favorable a Macron (90%). El no voto refleja una Francia que duda, las urnas parisinas son el epítome de una fractura: grandes urbes v.s voto rural y de ciudades medianas y pequeñas.La suerte de Macron se jugó en dos instancias. La primera cuando J.F. Bayrou, líder del “centrismo”, apoyó su candidatura. La segunda, la campaña electoral del ballotage que le permitió sumar 12 millones de votos.

Muchos dudaron, porque M. Le Pen apostó a seducir a los votantes de J. L. Mélenchon, que se abstuvo de apoyar a Macron desde la izquierda, y de una derecha republicana que sucumbió ante el gran hallazgo M. Le Pen: logró des-diabolizar un movimiento racista y negacionista. Macron remontó esencialmente en el debate televisivo, explotando la gran debilidad de su oponente: ignorancia económica que la llevó a proponer la retirada de Europa y del Euro. Cuando ella advirtió que los franceses dispuestos a esa aventura eran minoría, dio marcha atrás con una propuesta inviable: dos monedas, un Franco fronteras adentro, el Euro puertas afuera. En ese momento se selló la suerte del Frente Nacional y de su utopía regresiva.

Las viejas sombras del pasado se evaporaron en manos de un candidato que proponía modernizar la economía, mantener a Francia en el mundo, apostar a la Unión Europea y moralizar la vida pública. En síntesis, una sociedad abierta, heredera de una tradición y capaz de romper las cadenas que aprisionan a la Francia bloqueada. En junio los franceses deberán enfrentar un nuevo desafío electoral. Las opciones en las legislativas son claras, le otorgan al Presidente una mayoría para que gobierne o no lo acompañan, obligándolo a armar un gobierno de coalición o a soportar una “cohabitación”, esto es convivir con un gobierno presidido por un Primer Ministro que representa a la mayoría legislativa.

La República Presidencial vs la República Parlamentaria. A la fecha, las encuestas señalan que el 34% de los franceses creen que Macron obtendrá la mayoría que requiere para formar su propio gobierno. Enfrentará allí a sus adversarios populistas, de derecha e izquierda. Con una coalición heterogénea, donde convive el voto de la razón y el del cálculo, el Presidente saldrá a seducir a los abstencionistas y descreídos. El viejo sistema, todavía sorprendido, se resistirá. La derecha republicana se debate entre la colaboración y la reconstrucción de una fuerza paralizada por su derrota en la primera vuelta.

Bajo la V República ella siempre compitió en la segunda vuelta. La izquierda de la “Francia Insumisa” debe construir una alternativa que le permita unir al bloque histórico de la izquierda. Muchas heridas están aflorando. J.L Mélenchon, que pretendió llegar a la segunda vuelta, no apoyó a Macron y rompió la vieja consigna anti-fascista de la izquierda francesa. Sin duda, implosionó el sistema y ahora se rearmarán los espacios políticos. Una vieja utopía moviliza al nuevo habitante del Eliseo: la fusión en el centro de partes de la izquierda y de la derecha histórica. Para el centro liberal y republicano, heredero del gaullismo, no es traumático incorporarse a esta nueva geografía política, aunque algunos ensayarán la reconstrucción de ese partido. En la izquierda, sólo quienes creen que el ciclo socialista concluyó están dispuestos a sumarse a un sistema político reconfigurado.

En los extremos populistas se instalará la resistencia. M. Le Pen, amparándose en la insoslayable progresión del voto Frente Nacional, buscará la jefatura de la oposición, liderando en el Congreso una cantidad apreciable de legisladores. Lo mismo ocurre con J.L Mélenchon, ambiciona liderar la izquierda convirtiéndose en el nuevo Mitterrand capaz de llevarla nuevamente al gobierno. El juego es similar, ambos van por más: el Frente Nacional pretende absorber al neo-gaullismo, por eso anunció que nombraría a un candidato de esa familia como Primer Ministro, y la “Francia Insumisa” persigue la destrucción del partido socialista.En pocos días el presidente electo E. Macron nombrará un Primer Ministro. Con ese gobierno deberá convencer a los franceses que las reformas prometidas requieren un voto de razón para consagrar una mayoría parlamentaria que haga posible lo necesario. Ese nuevo escenario es la condición necesaria para la sobrevivencia de la grandeza de Francia y del sueño europeo.

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