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Clarin.com
18/02/17

El magnate hace campaña para ocultar que retrocede

Según el analista y profesor de Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella, "Donald Trump puso su discurso en modo campaña porque trata de ocultar que está retrocediendo". En este sentido, "ya eligió su enemigo: la prensa"

Por Carlos Pérez Llana
En una reciente y agitada conferencia de prensa eligió su enemigo: la prensa. El resto fue todo desmentidas y acusaciones. Habría recibido una herencia caótica; no existe la conexión rusa; abundan las conspiraciones y su gobierno “funcionaría como una máquina afinada”. En verdad Trump buscó pasar al ataque apelando a la estrategia electoral para preservar el apoyo de la base que se mantiene firme. Luego de un mes en la Casa Blanca, Trump no logró tomar la iniciativa.

El punto de inflexión fue la renuncia del Consejero para la Seguridad, Michael Flynn. Las revelaciones de las conexiones de este General con Rusia han puesto sobre la mesa dos grandes cuestiones: el espionaje y apoyo de Vladimir Putin puso el cursor en la conexión rusa del círculo íntimo del magnate y consolidó la idea de la ilegitimidad de su triunfo, abonado por la derrota en las urnas frente a Hillary Clinton. A partir de ese momento el establishment de la seguridad americana entró en funcionamiento. Para ese sector, el hackeo electoral de Moscú constituyó una agresión que amerita cerrar el escenario Putin aliado.

Las recientes declaraciones del Secretario de Defensa, el general James Mattis, en la OTAN fueron terminantes: inició su discurso diciendo “estoy en mi segunda casa”. En campaña Trump había sostenido que la OTAN no servía.
También desestabilizaron a la Casa Blanca las acciones de la Justicia que paralizaron la expresión más grotesca del gobierno: las prohibiciones de ingreso a los EE.UU de ciudadanos islámicos.

Allí está crujiendo la percepción del enemigo externo. Para Trump, y sus asesores, la batalla global se inscribiría en una lucha Occidente v.s Islamismo. Asociando religión y terrorismo, el gobierno elaboró una lista de países islámicos enemigos encabezada por la obsesión de los republicanos: Irán, un “blanco militar” para los sectores que cuestionan el Acuerdo Nuclear que firmó Barack Obama con el régimen de Teherán.

Un detalle: la lista no incluye a ciudadanos de países que sí están bajo sospecha, v.g Pakistán y Arabia Saudita.
Respecto de China, el otro enemigo en el GPS trumpista, las ambigüedades marcaron los tiempos. El estreno de la nueva diplomacia constituyó un cambio de política: reconocer que existen dos China. Así se interpretó el diálogo con la Presidente de Taiwan.

Pero días pasados Trump se contactó con el presidente Xi Jinping y oficialmente Beijing informó que en esa conversación quedó claro que para Washington existe una sola China.

Este es el gran tema a seguir. Hasta ahora no se han conocido medidas y China adopta una paciencia estratégica.
Mientras aguarda el XIX Congreso del Partido, Xi continúa con la política anti-corrupción y gestiona un tema complejo: la preocupante fuga de divisas que erosiona las reservas.

El cambio de modelo económico sería la consecuencia natural de las ideas económicas de la Casa Blanca.
Beijing no ignora que el superávit comercial es insustentable, el mercado interno debería liderar la demanda.
¿Una transición revolucionaria? En Washington faltan definiciones.

Los republicanos no parecen dispuestos a otorgar un cheque en blanco; el armado del gabinete es tortuoso y las reformas complejas demandarán tiempo, v.g fiscal, salud y finanzas. En el medio del desorden el presidente redobla la apuesta: edita sus conversaciones telefónicas, ataca a la Reserva Federal y defiende el Muro. La sustentabilidad del gobierno obliga a Trump a resetear ideas y equipos. ¿Se adaptará o resistirá?

Luego de un mes en la Casa Blanca, lo cierto es que Donald Trump no logra tomar la iniciativa.

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