En los medios

La Gaceta Digital
31/07/11

"La sensación es que pueden matar a cualquiera"

Las cifras eran el orgullo de la Policía tucumana. Más de una vez habían destacado que desde otras provincias -e incluso expertos de Interpol- habían mostrado asombro por las estadísticas. Tucumán tenía uno de los índices más bajos de homicidios en ocasión de robo. Pero en siete meses se quintuplicaron los asesinatos cometidos durante un asalto.

Según la información oficial que maneja la Policía, en 2009 y 2010 se produjo un crimen por año. Pero en 2011, ya son cinco los casos que conmocionaron a los tucumanos, y la violencia con la que actúan los delincuentes, al parecer, ha crecido. El primer hecho ocurrió el 18 de febrero. Delincuentes entraron al negocio de Juan Manuel Leguizamón, en el barrio Juan B. Terán, y el comerciante los enfrentó. En medio de la pelea, un disparó acabó con la vida del guardián del barrio, como lo recordaron los vecinos.

El entonces jefe de Policía, Hugo Sánchez se jactó de que esos hechos no eran frecuentes en la provincia. Había que remontarse al 13 de diciembre de 2009, cuando un ladrón mató a Silvia Castillo de Roselló al intentar abordar a su familia, cuando estos regresaban en la madrugada a su vivienda, en el barrio Ciudad Parque.

Diez meses después, el 9 de octubre de 2010, María Isabel Osores salía de su casa para tomar un taxi, en Villa Alem, y fue interceptada por arrebatadores, que la tiraron al piso y la golpearon salvajemente para quitarle la cartera. Osores falleció tres días después.

"Hace ya un año y medio que mataron a mi esposa, y en ese momento parecía un caso aislado. Pero hoy parece normal que maten a cualquier hora. Eso es lo grave", dijo Claudio Roselló, esposo de Silvia Castillo.

El hombre contó que desde que ocurrió el crimen, le cuesta caminar por la calle sin temor a ser víctima de un robo. "A los chicos los voy a buscar a todas partes en el auto. Estos delincuentes no tienen escrúpulos. Cambiaron los jefes de la Policía, pero todo sigue igual", manifestó el hombre.

Además del caso de Leguizamón, hubo otros cuatro hechos que fueron caratulados por la Justicia como homicidios en ocasión de robo. (Ver Casos Violentos) El asesinato de Elda Hovannes a manos de un arrebatador, que la ejecutó cuando la mujer se resistió a un robo, movilizó a una multitud el viernes en la plaza Independencia. "La sensación de que le puede tocar a cualquiera se hizo más fuerte que nunca", resumió Jeny Mendez, vecina de Elda.

El crecimiento de la violencia con la que actúan los delincuentes preocupa a la Policía, aunque desde la fuerza confían en que el nuevo Programa de Protección Ciudadana será exitoso. "Lamentablemente tuvimos estos hechos trágicos. Pero apostamos a que la gente recupere la confianza en los policías, al ver y conocer quienes son los que patrullan por su cuadra", dijo el jefe de Policía, Jorge Racedo.

En la Policía, además, aducen que este tipo de delitos son los más difíciles de investigar, ya que no hay una vinculación directa entre la víctima y el agresor. Aún así, afirman que salvo el crimen de Hovannes, todos los demás casos los se consideran esclarecidos. "En todos hay detenidos que están directamente involucrados en las causas, y en el caso de la señora del barrio Ampliación Kennedy ya hay sospechosos", manifestó una fuente.

A pesar de que creció este índice de homicidios, los especialistas afirman que no existen investigaciones que afirmen que la violencia ha crecido. "Todos los estudios que se realizaron hasta ahora indican que Argentina tiene una de las tasas más bajas de homicidios en ocasión en robo de toda Latinoamérica", explicó el camarista Carlos Caramuti.

De acuerdo al último índice de victimización elaborado por el Laboratorio de Investigaciones sobre Crimen, Instituciones y Políticas (Licip) de la Universidad Torcuato Di Tella, en junio, el 30 % de los habitantes del NOA han sido víctimas, ellos o su familia, de un delito.

Tal vez, la definición que resuma la sensación de la gente, es la que brindó Teresa Pantaleón, una jubilada del barrio Modelo: "lo más grave de todo es que estamos acostumbrándonos a decir ’me robaron, pero al menos no me hicieron nada’".